Para después de clase, Hikari tiene dos prioridades claras, conectadas entre sí.
La primera es el concierto del sábado: necesita saber si sigue en pie o si ha habido algún tipo de veto desde la discográfica o los representantes. Eso marcará su estado de ánimo y sus decisiones inmediatas. Si el concierto continúa, la presión aumenta; si no, el golpe emocional también.
La segunda prioridad es el entrenamiento. Independientemente de la respuesta sobre el concierto, Hikari va a ensayar como si no hubiera un mañana: coreografía, puesta en escena y vestuario. Su entrenamiento no pasa por gimnasio clásico, sino por baile intensivo y trabajo de resistencia (ensayos largos, cardio, práctica de escenario cantando y moviéndose). Es una forma de prepararse… y también de canalizar la ansiedad.
Ambas cosas están muy ligadas: la incertidumbre del concierto alimenta la necesidad de entrenar, y el entrenamiento refleja el precio físico y emocional que está pagando.
De camino a la estación, Hikari hará una parada rápida en un konbini. Es un gesto casi automático, aprendido a base de repetición: entra, coge un par de bebidas energéticas y pastillas de cafeína, paga y sale sin entretenerse. No es por gusto, sino por necesidad; le ayudan a aguantar las horas de ensayo, el cardio constante del baile y el entrenamiento físico que viene después de clase.
Es uno de esos hábitos poco vistosos que forman parte de su rutina como idol: pequeñas muletas químicas para sostener un cuerpo adolescente sometido a un ritmo que no se detiene, incluso cuando ya debería estar cansada.
No quise estar dando la lata durante las "vacaciones". Este año he tenido poca pausa y he estado entrando casi a diario.
Tengo muchas ganas de continuar y ver "cositas" ^_^