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Rippers: Cazadores de monstruos

Episodio 1 - La Boda

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06/02/2018, 22:41
Narrador

Lord Aidan y Francis se dirigieron a la mansión y empezaron a preparar todo lo necesario para hacer desaparecer los cuerpos de los caídos. Allison se fue con ellos a ver a sus padres y a tranquilizarlos. Mientras tanto los hermanos McBride, el noble y el boxeador, aún sin comprender en toda su profundidad por lo que habían pasado las últimas horas, intercambiaron comentarios sobre lo ocurrido y sobre las extrañas palabras del militar y descansaban, permitiendo que la extraña magia del casaca roja hiciera su efecto.

Después de un tiempo Francis volvió donde les habían dejado, llevando con él la prometida botella de whisky, y compartió con ellos el ambarino liquido y unos momentos de calma antes de volver donde su superior, para seguir con sus labores de “limpieza”.

El resto de invitados fueron despertando poco a poco de su estado de letargo y, mientras tomaban infusiones calientes para relajar los nervios del momento, fueron informados sobre lo sucedido, sin entrar en los detalles más macabros de la historia. Entendieron que nadie les creería, si trataban de dar explicaciones a la policía, y decidieron que guardarían en secreto lo sucedido en la terrible mansión.

Poco a poco cada uno de los invitados fue abandonando el lugar y la familia Graham se despidió de ellos. Cuando llegó el turno de los involuntarios héroes, a quienes debían sus vidas, les ofrecieron quedarse a pasar la noche y recuperarse y, tras rechazar estos la propuesta, pues de momento solo pensaban en alejarse cuanto antes de allí, les ofrecieron su ayuda cuando la necesitaran.

Caminaron juntos hacia las caballerizas. Aunque irían algo ajustados, Sir Sutton se había ofrecido a acercarlos hasta la ciudad de Londres en su carruaje. Salvo algún que otro comentario suelto, hicieron el viaje de vuelta casi en completo silencio. Pero realmente no necesitaron hablar. Las últimas horas habían creado una relación intensa en un grupo de hasta hace poco completos desconocidos. Unos lazos a los que quizás no se podía llamar aún amistad, pero que eran igualmente fuertes. Intuían que sus vidas no volverían a ser lo que habían sido. Sabían que volverían a verse.