Partida Rol por web

Rodarán Cabezas (HLdCn)

Capítulo 2: El pan nuestro de cada día

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17/08/2014, 23:31
Muerto Fray Bernandino Duchamps

El fray toma un bote con agua bendita y lo abre lanzando ese agua Pope,hace aspavientos y toma su crucifico entre las manos, se arrodilla y grita a los parroquianos

Esta poooooseido hermanos, tomadlo,tomadlo y llevemoslooooooo a la orcaaaaaaaaaaa, el demonio, el demonio hijos mios habla por el,roguemosle a Dios nuestro creador, pleno de bondad y sabiduria que le acoja en su seno cuando sus piernas no toquen el suelo,quememosle y salvemos las almas de los inocentes de este pueblo

Apresadloooooo!!!!

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18/08/2014, 00:24
Abigail "Abbie" Irving

Abbie, todavía apoyada en la pared de la iglesia, dio un pequeño respingo al escuchar los gritos que salían del interior. No llegaba a entender todas las palabras, pero sí distinguió la voz de Isaac P y se encogió un poco sobre sí misma. 

Permitió que el muchacho separase sus manos de su rostro, por el que se deslizaban todavía las lágrimas y tomó aire por la nariz, intentando contenerlas al mirarlo. La dulzura del gesto de él, secando sus lágrimas tiernamente provocó que el corazón de Abbie empezase a latir con más fuerza y su estómago se encogiese mientras una calidez extraña subía por sus brazos. Nunca había tenido un momento de intimidad semejante con ningún joven, pero las palabras del fraile todavía resonaban en su cabeza y la muchacha empezó a negar con la cabeza, con la mirada triste y haciendo una mueca con los labios. - Oh, p-pero es... Es q-que ese hombre... - Empezó a decir con la voz entrecortada y ronca por los sollozos. Sin embargo, no terminó su frase, pues en ese momento sintió con asombro la mano de él deslizarse hasta su nuca para deshacer el nudo del pañuelo que sujetaba sus cabellos. 

La cascada de su melena pelirroja cayó sobre sus hombros, descontrolada y abundante, liberando un leve aroma al romero con el que la perfumaba cada vez que la lavaba. Abbie llevó una mano a su cabeza mientras sus labios se abrían por la sorpresa y buscó los ojos de Isaac con los suyos llenos de dudas. Su rostro había abandonado la palidez previa y sus mejillas se sonrojaron rápidamente una vez más. Sentía un nudo de nerviosismo en el estómago y demasiadas emociones como para ser gestionadas chocaban en su interior unas con otras mientras lo miraba paralizada y confusa, sin saber qué hacer.

No vio venir las intenciones de Isaac hasta que sus labios se posaron sobre los suyos en el primer beso que Abbie recibía en la boca. Sintió cómo su aliento se fundía con el del joven, suave y cálido, y contuvo la respiración mientras sus ojos se cerraban por instinto. No fue un beso apasionado o fogoso, Abbie era demasiado inocente y no estaba preparada para algo así. Tan sólo mantuvo sus labios contra los de Isaac, de una forma dulce, casi cándida, sintiendo cada pequeño roce amplificado. Las manos de la muchacha empezaron a temblar y por un instante tan sólo parecieron existir ellos dos, como si estuvieran protegidos por una burbuja de aire que los aislase del mundo y los horrores que lo poblaban. Dejó que la abrazase y su ánimo se calmó envuelta en sus brazos.  

Sin embargo, el momento fue breve, pues pronto nuevos gritos empezaron a salir del interior de la iglesia, con la voz inconfundible de Fray Bernardino. Abbie dio un respingo, sobresaltada al captar alguna de las palabras que el sacerdote lanzaba a Isaac a pesar de no tenerlo delante y se separó del joven, tan asustada como avergonzada por lo que acababa de suceder. Llevó la punta de los dedos a sus propios labios, rozándolos como habían hecho los de Isaac hasta un instante antes. Sus ojos verdes brillaban desconcertados cuando buscó los suyos y con manos temblorosas cogió el pañuelo de las de él para empezar a enredarlo en sus dedos, en un gesto nervioso. No sabía qué decir, ni qué hacer, pero temía que algunos de los aldeanos pudieran hacer caso al fraile y salieran a apresar al muchacho. 

- Ha enloquecido... - Murmuró en voz baja. Apartó entonces la mirada de él y miró al suelo, avergonzada y nerviosa. - T-tal... Tal vez de-deberíamos... -empezó a decir, tartamudeando, con la voz afectada y las mejillas granates- No, no sé... ¿Irnos? - Preguntó, mostrándose dubitativa e indecisa. No sabía si pedirle que la acompañase hasta su casa sería demasiado impropio, o si él esperaría entonces que le invitase a entrar y ella no estaba dispuesta ni preparada aún para algo así, pero lo cierto era que tenía miedo de caminar sola hasta allí con la amenaza del jinete pendiendo sobre sus cabezas. 

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18/08/2014, 00:40
Muerto Isaac Pope

Isaac cogió a Abbie de una mano y salieron corriendo no por miedo a que les hiciesen algo sino porque no quería mas disgustos ahora. Al final llegaron a las puertas de la mansión de Seraphim.

-Siempre que paseo por aquí de doy cuenta de que siempre hay una ventana abierta.

Rodeando aquella estructura encontraron lo que parecía una ventana normal comparada con los grandes ventanales la cual estaba abierta y daba lugar a una sala que parecía ser una especie de sala de estar gigante. Ayudó a Abbie a entrar por esta.

-No te preocupes, aquí estaremos bien durante la noche ya entré antes para asegurarme de que no había nadie más.

Caminamos por un largo pasillo hasta llegar a unos aposentos.

-Puedes dormir aquí, yo me quedaré en la puerta para que nadie entre-digo señalando un sofá al lado de esta adornando el largo corredor-

-Buenas noches.