Partida Rol por web

Proyecto Halcón Etéreo

Epílogo

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30/11/2011, 21:19
Pierre Dunoyer

El Nido del Halcón, Francia

Mientras escuchaba el informe que les daba el agente secreto, Dunoyer no sabía qué decir. Lo que había empezado como una misión de rescate había terminado suponiendo que varios hombres acabaran prisioneros en Prusia, mientras que no se había conseguido ningún logro. Sus acompañantes también escucharon silenciosos, y ese silencio continuó un largo rato tras el final de las explicaciones.

Dunoyer sacó un cigarrillo de su tabaquera, recordó la presencia de la dama, y lo dejó sin encender, jugueteando nerviosamente con él entre sus dedos. Era un militar veterano, había perdido sangre en varios países de Europa y se había ganado sus galones y el respeto de los hombres que comandaba. No era ningún jovencito inexperto. Y sin embargo, apenas sabía qué decisiones tomar. Comparadas con las intrigas políticas en Europa, el mando de una batalla era algo simple.

-¿Qué opinan?-Dijo al fin.

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01/12/2011, 00:07
Kamo Tsubasa

-Al menos ahora tenemos algunas pistas. El Emperador será informado. Mandaremos a un grupo a investigar la zona.

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01/12/2011, 00:13
Friedrich Otto Wenning

Wenning no había dicho una palabra mientras le habían comunicado las noticias sobre el rapto de su hija cuando ya casi estaban en la frontera, tampoco sobre la traición que habían sufrido. Se había mantenido con una expresión indescifrable en el rostro, sentado en la silla y con las manos apoyadas en el puño de su bastón.

Alzó sin embargo la cabeza al oír hablar a la mujer, y negó.

-Informe al Emperador, pero recuerde que sólo actuarán bajo mi mando. Hay otros planes en marcha.

Tsubasa no pareció muy satisfecha con la respuesta, pero indicó con un gesto que la acataría. Wenning suavizó su expresión con una sonrisa.

-No se preocupe, no me gustaría impedirle conocer Prusia. Pero ¿qué le parece empezar por Schwerin? Aunque me temo que ya no llegará a tiempo al baile. Tendrá que conformarse con las noticias que le cuente mi esposa.

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03/12/2011, 21:52
Kamo Tsubasa

Tsubasa le miró durante unos segundos, intentando descifrar la expresión de Wenning. Desistió. El docto profesor tenía una gran práctica en mantener su aspecto de inocente y venerable científico.

-Será un placer poder conocer a su esposa.-Dijo con una inclinación y una sonrisa

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04/12/2011, 00:04
Lord Alfred Ireton

Schwerin, Prusia

-Wilfred Ullrich ha sido enviado a Pomerania. La señorita Wenning tendrá menos motivos para mostrarse rebelde si no puede garantizar su seguridad. En cuanto a los enanos de la Ciudad del Vapor, su rey ha sido informado de que su hijo podría ser colgado si tenemos motivos para pensar que forman parte de alguna conspiración contra Prusia. En cuanto a las otras personas de las que nos ha informado nuestro hombre,-Ireton consultó sus notas- Zimmerman ya está bajo vigilancia, aunque no parece ser más que un contacto de la familia del tal Atreides. También sería aconsejable interrogar a Melissa Baldwin

 

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05/12/2011, 00:18
Lady Alma Foxtroth

-No, no lo sería.-Interrumpió con suavidad Lady Foxtroth-Las relaciones con los bávaros son ya suficientemente tensas, y no ganamos nada acosando a alguien de la Bandera del Oso, que probablemente no sepa nada, más allá de ser la madre de nuestra joven Miranda. Además, puesto que la Señora Baldwin es una figura pública y está bajo la protección de los delegados rusos, sería difícil hacerlo discretamente.-Lady Foxtroth no pudo evitar reír al ver la cara que ponían algunos de los presentes al oír la última información.-Quizás deberían leer más los cotilleos sociales. ¿Es que no lo sabían? Tsiolkovsky es un gran amante de la ópera. No se ha perdido ninguna de las funciones, y siempre ha acudido con algún regalo. Parece que al final la Baldwin se ha dejado seducir.

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05/12/2011, 23:39
Lord Alfred Ireton

-Dejémoslo entonces. ¿Y en cuanto a la Condesa? ¿Qué se hará al respecto?

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05/12/2011, 23:44
Wernher von Braum

-La Condesa me ha asegurado que sólo los ayudó movida por su preocupación por los problemas en sus territorios, y por el deseo de calmar las preocupaciones de una amiga suya sobre el bienestar de su hija. También me dió acceso libre al Castillo de Schwerin, dándome permiso para registrarlo de arriba a abajo si con ello calmaba mis temores, lo que por supuesto rechacé- Lord Ireton consiguió mostrar lo que opinaba del tema con un escueto enarcamiento de cejas-Incluso a pesar de que me aseguró que ella misma se ocuparía de explicarle todo a su esposo y conseguir que el resto de sus amigos y familiares en la nobleza se dieran cuenta de que no se trataba de ningún acoso, y que se encargaría de que todos supieran que las actividades del gobierno en sus territorios sin permiso ni información no eran ningún intento de privarles de su capacidad de gobernar sobre sus tierras.

Ireton sonrió. Había que admirar a una mujer que conseguía convertir una oferta de ayuda en una amenaza velada. En ese momento llamaron a la puerta y entró una joven mujer rubia con un vestido rojo de atrevido escote.

-Creo que ya hemos terminado aquí por hoy. Tengo que ir a revisar los últimos detalles del baile. Nos veremos allí esta tarde.

Tras despedirse, los tres abandonaron la habitación. Los dos ingleses, para descansar y vestirse en sus habitaciones. Y von Braum, del brazo de su amante, para asegurarse de que los soldados estaban en su sitio y no había más brechas en la seguridad.

 

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06/12/2011, 14:02
Melissa Badwin

Schwerin, Prusia. 2 días más tarde.

La última función había sido un éxito. A pesar de que cada día cambiaban las flores, su camerino parecía casi un pequeño jardín. Era cierto que Schwerin no era tan grande como otros lugares en los que había cantado, pero el pequeño teatro en el que estaban le recordaba a los primeros tiempos.

Terminó de cepillarse el pelo y cogió su abrigo. Su equipaje ya estaba en la estación, asi que sólo le quedaba recoger unsa últimas cosas antes de partir hacia Francia.Sacó de su bolsillo un pequeño colgante. Unos pequeños aros de cobre imbricados entre sí, no era gran cosa como joya. Lo hizo pasar por encima del biombo tras el que normalmente se vestía y al otro lado, una mano femenina lo recogió.

-Creo que era esto lo que quería.

Notas de juego

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06/12/2011, 15:52
Kamo Tsubasa

Tsubasa permaneció sentada en su silla, sorbiendo el té que le habían dado. O lo que en Europa tenía el mismo nombre.

-Me sorprende que pudiera conseguirlo delante de todo el mundo.-comentó

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06/12/2011, 15:54
Melissa Badwin

-Por supuesto que no, yo sólo fui como madre preocupada. Pero Tsiolkovsky accedió a ayudarnos. No a cambio de nada, pero por un precio que podemos pagar. Y tiene a gente muy cerca de von Braum. Muy cerca, si entiende lo que quiero decir. A Maria no le costó mucho conseguirlo.

Se puso el abrigo y se colocó el pelo delante del espejo, antes de ponerse el sombrero.

-Mi hijo la ayudará a salir dentro de una hora. Un carro la dejará en las afueras de la ciudad.-Dió la vuelta al biombo y se encaró a la otra mujer-Sé lo que usted tiene en juego aquí. Pero espero que recuerde que tiene en sus manos la vida de otra gente, entre ellos mi hija.  Si los deja de lado por recuperar las joya, le juro que haré que lamente el día que nací. ¿Me he explicado con claridad?

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06/12/2011, 16:11
Kamo Tsubasa

Tsubasa la miró durante un rato en silencio, hasta que al fin dijo:

-Con claridad meridiana. Le juro por mi honor que haré lo posible por sacarla de allí. Pero no le mentiré, las joyas de la marea son mi prioridad. Y eso haré, al precio que sea.

Melissa se inclinó a modo de despedida y se fue del camerino. Las cartas estaban sobre la mesa, y ya no había más que se pudiera hacer, excepto confiar en el destino.

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08/12/2011, 23:45
Jacob Moreau

Pomerania, Prusia.

3 meses. Ese era el tiempo que llevaba Jacob allí encerrado. En dos meses había esperado un rescate y perdido la esperanza, trazado planes de fuga y desistido de ellos. A veces, lo más duro era no saber lo que ocurría en el exterior. Llevaban allí casi una semana cuando Jean Paul llegó como prisionero. Supieron entonces que tampoco sus demás compañeros y amigos lo habían tenido fácil, aunque al menos parecía que du Lapin y Hochner seguían libres, y quizás incluso podrían tener éxito en sus propósitos. Pero esa ilusión no duró demasiado. Alrededor de una semana, el tiempo que pasó hasta que el misteriosos hombre encerrado en la celda de aislamiento fue trasladado a una de las celdas normales. Con una barba enmarañada y aspecto delgado, el pobre tipo parecía que llevaba bastante tiempo en aquel sitio, y no en demasiado buenas condiciones. Incluso alli encerrado, Jacob seguía siendo un periodista. Por supuesto, en cuanto tuvo la ocasión, aprovechó para hacer todas las preguntas con las que saciar su curiosidad sobre él. Las respuestas fueron de un tipo que Jacob nunca se hubiera imaginado. El nombre de aquel hombre era Sven Hochner y procedía de Bavaria. Se le había concedido el puesto de subjefe de seguridad del Halcón Etéreo, pero antes de poder incorporarse a él, había sido secuestrado y llevado hasta allí. Aislado de todos e interrogado sobre todos los detalles de su vida, Hochner llevaba meses allí. Mucho antes de que Jacob conociese al Sven Hochner al que había llegado a considerar un camarada.

Poco después comenzaron los interrogatorios para ellos, a manos de Alfred Ireton, el hombre que en Francia se había presentado como John Seagal. Un hombre que podía extremadamente encantador y cortés cuando quería serlo, y extremadamente despiadado, cuando le convenía. Jacob se alegró de no tener demasiada información que pudiera ser de utilidad. Ireton utilizó las herramientas a su alcance: los agotó física y mentalmente, los quebró mediante el hambre y el dolor, e incluso se rebajó a usar las amenazas más viles contra la seguridad de sus amigos. Y funcionó. Los tres fueron incapaces de resistirse. Acabaron contando todos los detalles que recordaban del Nido del Halcón, y Jalabar fue obligado a trabajar en la creación de los motores del carro de Selene. El único consuelo que le quedó a Jacob, fue que logró que no supieran que las extrañas joyas que habían rescatado aún estaban en su poder, en lugar de en el fondo del mar.

Al menos, cuando volvía de trabajar en el Carro, Jalabar podía contarles algunas cosas. Se enteraron de que Wilfred y miranda habían sido liberados, y luego recapturados por el falso Hochner y estaban de vuelta en aquella fortaleza. El Carro de Selene comenzaba a avanzar. El motor habia sido un obstáculo importante en el Carro para los prusianos, y aunque finalmente los planos que Miranda había "robado" habían resultado ser un engaño, gracias al genio de Wilfred, y a la ayuda de Jalabar, ya estaban muy cerca de lograr un prototipo funcional. Y aunque su principal arma había sido desbaratada, Jacob se preguntaba cuanto tiempo tardarían en crear otra invencción demoníaca capaz de inspirar el terror en los demás países.

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10/12/2011, 13:56
Director

Pomerania, Prusia. 2 semanas más tarde.

Habían tardado varios meses en encontrar el escondite del Carro de Selene y prepararlo todo. Durante ese tiempo, la dama Tsubasa había usado el artefacto mágico que había estado en posesión de Miranda para obtener información sobre el interior de la fortaleza. El artefacto tenía una conexión con otro semejante en posesión de Jalabar, y aunque no podían comunicarse con él, había servido para que pudieran ver y oír todo lo que el ingeniero veía y oía. Aunque la magia siempre tenía un precio. Los había despedido en la cubierta de la embarcación en la que habían llegado, pálido y agotada aún por el esfuerzo que había dedicado, pero gracias a ello habían podido saber la localización de muchas salas y pasillos, y donde encontrar a la gente que buscaban. Todo había ido acorde al plan al principio. Habían logrado acercarse a la fortaleza sin ser detectados, gracias a la oscuridad y a la tormenta creada por un motor mágico aportado por los bávaros. La combinación era suficiente para esconder un barco. Y fue suficiente para esconder a un dragón en vuelo cuando el hombre del Imperio del Sol Naciente que lo acompañaba, uno de los hijos del Emperador en persona, adoptó su verdadera forma.

Rene y Simon Valade ascendieron en su lomo por encima de los riscos, y si alguien alguna vez ha deseado volvar a lomos de un dragón, eso es porque no lo ha hecho en plena tormenta, golpeado por la lluvia y temiendo resbalar de sus escamas mojadas en cualquier momento.

El príncipe dragón arrancó con sus garras los barrotes de una ventana e incluso parte de la pared para crear una abertura por la que entrar a la zona de las celdas. Someter a los guardas, que sólo estaban allí para vigilar a prisioneros encerrados tras candados y barrotes y no para enfrentarse a un dragón y dos agentes secretos entrenados, no fue demasiado dificil. Rene se sintió aliviado al ver a Moreau y Atreides, sanos y salvos, aunque probablemente no tanto como ellos se alegraban de verlo a él. Pero no había tiempo para celebrar el reencuentro. El príncipe estaba agradecido a Moreau pero también deseoso de recuperar las joyas sagradas de su familia y ponerlas a salvo, y aún faltaban por liberar los tres científicos, que estarían en los laboratorios.

Dejaron a aquel Hochner desconocido encargado de asegurarse de que los prisioneros llegasen a salvo al suelo con las cuerdas que habían traido consigo, mientras que el príncipe y Valade se encargaban de acudir a rescatar a Miranda y Wilfred, que deberían estar trabajan en ciertos sistemas auxiliares. Jalabar, por su parte, estaba en el hangar, ocupándose de ajustar el motor al prototipo y sería Rene quien iría a por él, No era bueno tener que separarse, pero el tiempo era esencial. Moreau y Jean Paul insistieron en ayudar a Rene, así que serían tres.

El primero en alcanzar su objetivo fue el príncipe. También el primero en encontrar dificultades. Rene y los demás no sabían lo que había pasado pero oyeron paredes derrumbarse, gritos, una explosión. La fortaleza entera estaba en pie y ellos ni siquiera habían conseguido llegar a donde debería estar el enano, cuyos guardianes estarían ahora sobre aviso. No eran demasiado pesimistas. No había posibilidad de sorpresa y tuvieron que abrirse paso disparando, y no sin sufrir algunas heridas. Habían llegado junto a Jalabar, pero volver por donde habían venido era prácticamente imposible. Aún así lo hubiesen intentado, si el ingeniero no hubiese sugerido una alternativa: usar la nave prusiana. Volaría lo suficiente para sacarles de la fortaleza si conseguía acabar con su trabajo.

Durante largos minutos esperaron  vigilando la puerta, manteniendo a raya a los que intentaban acercarse mientras Jalabar hacía las últimas conexiones. Demasiado lento. Se les estaba acabando la munición cuando llegó una nueva patrulla, dirigida por caras conocidas: Lady Alma Foxtroth y el espía que se había hecho pasar por Hochner. Y aunque Jalabar acabó y pudieron subir a la nave, Lady Foxtroth y Hochner se introdujeron en ella antes de que tuvieran tiempo de cerar la puerta, apuntándolos con sus pistolas, mientras sus hombres les apoyaban desde el exterior. El corazón de René dio un vuelco al tenerla allí y pensó en la ironía de que su carrera como espía empezaría y acabaría gracias a la misma mujer.

Ella no le vio al principio. Pero entonces se fijó en él.

-René...-dijo. Y él nunca supo si la forma en la que pronunció su nombre se debía a la sorpresa, el odio o... por otro tipo de sentimientos.

Los cuatro que le habían acompañado en aquella malhadada aventura en Prusia le miraron confusos y sorprendidos. No era extraño, después de todo, no había habido mucho tiempo para explicaciones y ellos aún le conocían como Charles du Lapin.

Pero ese instante, fue el desencadenante de todo lo que ocurrió después. Puede que la sorpresa sólo durara unos instantes, pero esos instantes de distracción fueron aprovechados por Jalabar para accionar los controles del prototipo. El impulso de los motores los lanzó al suelo de la nave antes de que tuvieran tiempo de reaccionar. Sintieron el impacto contra la cubierta del hangar, y como ésta cedía y salían al exterior, donde la tormenta aún estaba en su apogeo. A pesar de la fuerza que apenas les permitía moverse, Rene logró cerrar la puerta de la nave y su última imagen de aquella tierra fue la de un enorme dragón alzándose hacia el cielo entre las llamas que envolvían una de las alas de la fortaleza. Jalabar intentaba frenéticamente hacerse con los controles del aparato, y parecía que lo conseguiría cuando un rayo les golpeó, destrozando los paneles. Después de eso, ya nada pudo hacerse. Cada vez ascendían más y el aire empezaba a ser tan tenue que apenas podían respirar. Rene se desvaneció con la certeza en su mente de que no volvería a despertar.

 

Pero lo hizo. No sabía cuanto tiempo había pasado, pero notaba el viento en su piel y la suavidad de la hierba sobre la que estaba tendido. ¿Estoy en tierra? pensó confusamente antes de abrir los ojos y ver el cielo nocturno y las estrellas.

-¿Has despertado?-sonó con dulzura una voz- Bienvenido.

René se incorporó y al ver el extraño rostro de su interlocutora supo que cualquier tierra en la que hubiese despertado, no era la suya.

Detrás de aquella mujer de piel azul podía verse el castillo más extraño que hubiese visto nunca. Parecía que el camino a casa iba a ser más largo de lo que había creído aquella mañana.