Partida Rol por web

Cadent (+18)

Intrigas Palaciegas

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18/02/2018, 21:10
Narrador

------------------------------------------ 7 de abril de 1453 -------------------------------------------

A pesar de que los primeros rayos de sol asomaran por el horizonte llevabas levantado un par de horas. Estabas acostumbrado a madrugar, el duro trabajo que requería horas previsoras de preparación en la herrería.

La forja estaba candente, saliendo pequeñas llamas traviesas de las brasas, troncos secos que Helena, la nieta del dueño, había buscado a modo de leña. Las paredes de piedra estaban recubiertas de hollín, sobre todo aquellas partes más cercanas al fuego, y ahora lo recorría un sinuoso sistema de aprovechamiento hidráulico que conectaba con el Cuerno de Oro.

Un trozo de hierro todavía sin definir descansaba sobre la mesa de trabajo, al igual que restos de espadas desechadas por errores o indiferencia del comprante, listas para ser reutilizadas en otro momento.

La pesada puerta se abrió, resonando las bisagras a su paso, para dejar entrar a Helena, una joven que no llegaba a la veintena ataviaba en esos momentos con un abrigo con capucha blanco cerrado en torno al pecho, dejando entrever bajo la tela un vestido verde. Colgado de su brazo traía una pequeña cesta hilada cargada con hermosas y coloridas flores.

- Disculpe señor Blanco. Hacía una mañana preciosa para desaprovecharla.- Sonrió al herrero mientras dejaba la cesta en un pequeño mueble y se retiraba la capucha, dejando que sus cabellos despeinados rubios cayeran por sus hombros. Tras quitarse el abrigo y dejarlo cuidadosamente doblado en una de las sillas se aproximó al fuego para acercar sus manos buscando un poco de calor.- Había pensado en colocar unas flores para darle vida a la herrería, espero que no le importune.- Las llamas bailaban bajo sus manos, era un movimiento hipnótico que la revitalizaba lo suficiente como para aguantar el frío invernal del exterior. Cuando sus manos volvieron a la temperatura corporal idónea se puso manos a la obra, pidiendo primero permiso antes de retirarse a limpiar.

Retiró los hierros desechados para apilarlos a un lado que no molestara pero que los tuviera a mano, frotó la pared con fuerza con un trapo y preparó un nutritivo desayuno compuesto por un pan de trigo con un poco de cebada que había comprado en el Gran Bazar el día anterior junto una copa de vino, depositándolo todo en una bandeja para que comiera cuando quisiera.

- Mientras recogía flores escuché a los guardias hablar.- Recordó el momento en el que estaba frente al Gran Palacio de Jucendiae, el recinto imperial, una estructura de tres plantas cubierta por una capa de mármol. Su entrada, flanqueada por una hilera de columnas que soportan un balcón y un extenso y frondoso jardín de flores que está constantemente vigilado. El exterior se distinguir por sus ventanas de arco alto y sus balcones que ofrecen una vista privilegiada de los jardines de los alrededores, el campo y la línea costera del Mármara al sur. Allí, oculto tras el palacio se situaba los dormitorios de los criados, establos y pocilgas, un granero, el cementerio privado y la herrería de Caín.- Cada vez son más numerosos los rumores sobre el Emperador, incluso sus propios súbditos comienzan a preocuparse.- Negó con la cabeza mientras lavaba el trapo en el grifo, haciéndolo una bola y estrujándolo entre sus dedos para quitarle toda la suciedad que tuviera.- Lleva tiempo desaparecido, solo esas extrañas misivas parecen comunicarlo con el pueblo.- Recuerdas las cartas, al igual que los importantes cargos de la ciudad también recibiste las tuyas por la labor que tenías. Cada una de ellas eran edictos sin sentido, impuestos y nuevas normas que parecían contradecirse entre sí aunque firmadas por su puño y letra.- Lamento distraerle, tiene un gran encargo entre manos y yo aquí, elucubrando.- Cerró el grifo tras apretar unas últimas veces el trapo, haciéndote recordar el último pedido que te habían encargado. Hace dos noches recibiste la última carga del comandante, pidiendo expresamente un pedido de armamento de calidad con urgencia, el triple que solías producir.

¿Qué habría pasado para el aumento?

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19/02/2018, 19:39
Caín Blanco

Le gustaba saber que, para cuando ha amanecido, una parte del trabajo ya está en proceso. Le gustaba sentir el calor del fuego sobre mi piel y también le gustaban las cosas bien hechas, como podía dejar claro el montón de espadas que eran sólo materia para otros trabajos que descansaba en un lado de la posada.

Observaba el rojo incandescente del trozo de metal sin definir que pronto se convertirá en una herramienta más que, como siempre, dependerá de las manos en las que caiga. Por su parte el trabajo sería excelente.

En esas cavilaciones se encontraba cuando la puerta dejó unos pasar unos rayos de sol y a su vez estos reflejaban contra el blanco y el rubio de la nieta del herrero. Gruñó por lo bajo mientras arrugaba los ojos un tanto cegado. Ya, ya me acuerdo... tengo que consentir su ayuda. Pensó antes de esforzarse en sonreír a la chica, al menos venía con buen humor y su presencia era mucho más agradable que la de la mayoría de energúmenos que tenía por clientes.

Inspiró profundamente y el olor de flores mezclado con el de las brasas llegó hasta su nariz y la arrugó, no era algo desagradable, pero sí extraño. No obstante, la intención era buena y era algo a lo que quizá podría no estar tan mal. No había que olvidar que esto era un lugar de trabajo... no obstante, había resultado realmente bien de precio a cambio de tolerar algunas cosas como esta. Y tal vez le recordaba a su tierra.

Estará bien tomar algo.

Tomó el hierro incandescente entre pinzas para dejarlo cerca del fuego para que no perdiese el calor tan rápidamente y se sentó a degustar lo que le había traído. Un trago de vino y un par de bocados al pan mientras ella sigue hablando. En algún momento él ladeó la cabeza para mirar directamente a los ojos de la chica.

Ten cuidado, Caperuza Blanca, a algunos guardias no les gustan que escuchen.

Le advierto con suavidad. No tenía porqué, pero no era la primera vez que se encontraba con algunos guardias que malinterpretaban todo lo que les rodeaba.

Tal vez esté enfermo -concedió, dándole un poco de labia mientras continuaba con su desayuno- y por eso se comunique mediante cartas. Pero claro, eso no es lo que tú piensas ¿cierto?

Preguntó, terminando de desayunar y poniéndose en pie. En ese instante se preguntó si haberle dado pie a seguir hablando había sido la mejor idea. No obstante, tenía mucho trabajo por delante y ya estaba acostumbrado a trabajar mientras escuchaba a su hermano, hacer dos cosas a la vez no era ningún misterio para él. Una leve sonrisa asoma en mi rostro cuando veo mi víctima, ese hierro que ha perdido algo de calor y que pronto se transformará en otra herramienta más de tantas. No me lo iba a tomar con prisa pese al pedido. Una vez había leído que no se le podían meter prisas a la calidad. Sencillamente debía trabajar más. Y con lo que me pagasen podría tomarme un tiempo de descanso.

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26/02/2018, 18:49
Narrador

Ten cuidado, Caperuza Blanca, a algunos guardias no les gustan que escuchen.

La joven tiñó sus mejillas de rojo, avergonzada por la breve reprimenda como una niña pequeña, avergonzada no solo por los actos inconscientes que había hecho sino por decirlos en voz alta y que se los recordara, sonriendo a modo disculpa a Caín mientras retiraba los restos del desayuno cuando hubiera terminado, pasando también la mano por la mesa para retirar los restos de migas de pan.

Pero claro, eso no es lo que tú piensas ¿cierto?

La pregunta le pilló por sorpresa, como si le hubiera preguntado sobre el quid de la existencia. Agachó la mirada, sin saber a ciencia cierta si debía responder a la cuestión del hombre mientras las enseñanzas de su abuelo corrían por su mente, “debes obedecer y callar, no tienes voz ni voto muchacha”. Su opinión era un silencio incómodo donde sólo los pasos y las candentes brasas llenaban los vacíos hasta que la puerta volvió a abrirse tras un leve golpe de nudillos.

- Herrero.- Un guardia imperial abrió únicamente el resquicio, hablando sin necesidad de soltar el pomo de la puerta. Su rostro cansado con un atisbo de preocupación, aquél que desconoce el motivo exacto de su cometido, vestido con una armadura que ha perdido el brillo que en algún momento tuvo, algo que sabías porque tú mismo la diseñaste. Un golpe de cabeza te señaló hacia el exterior, donde podías vislumbrar varios transeúntes, todos hombres del Imperio caminando hacia la entrada principal en filas incompletas.

Helena se retiró al interior de la herrería, echando una última mirada a Caín sin entender muy bien su reclamo antes de que el guardia formara parte de la comitiva dejando la puerta abierta.

Notas de juego

Te doy a elegir si le sigues, te quedas... o cómo lo haces ;)

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27/02/2018, 20:15
Caín Blanco

El silencio de la joven hizo que le siguiese con la mirada mientras ella se movía, aguardando si respondería o no a su pregunta. Más viendo que el mutismo sería lo único que obtendría decidió resoplar y ponerse en pie. Era bueno saber que la chica aprendía a cerrar la boca, pero había despertado cierta curiosidad acerca de saber qué pensaba sobre todo este tema.

Se disponía ya a volver al trabajo, a golpear el metal y formar las piezas que le habían pedido, buscando que cada una de ellas cumpliese perfectamente su labor. Mas el golpe de los nudillos hizo que voltease y la curiosidad hiciese aparición junto al imperial de armadura desgastada.

Un gruñido malhumorado es cuanto recibió por respuesta, no estaba dispuesto a perder mucho el tiempo y más le valía al guardia que fuese algo valioso o quizá iba a haber algo más que un sencillo intercambio de gruñidos.

Le hizo un ademán a Helena para que terminase de entrar y aguardar hasta mi regreso.

¿Qué sucede?

Espetó al pasar por el lado del soldado, tras haber tomado uno de los filos que he desechado, que para muchos daría el pego por espada pero a sus ojos era algo que no duraría lo que debería durar. No se fiaba de una horda de hombres yendo hacia la entrada, su sexto sentido le decía que algo olía más. Es más, apestaba. Al salir por la puerta se detuvo un momento para echar la llave en la puerta. Si querían algo de él, tendrían que aguardar a que hiciese todo bien.

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01/03/2018, 19:49
Narrador

Al salir te uniste a las filas, percatándote que prácticamente venían del campo de entrenamiento militar, soldados cualificados, la mejor armada imperial reunida en torno la exuberante entrada en silencio, obedeciendo al guardia.

El recinto, a pesar de su longitud, parecía lleno. El camino pavimentado estaba ocupado por una perfecta comitiva dispuesta que pausaron sus pasos casi al unísono cuando una figura salió del portón principal. Su rostro anciano, apoyado en un bastón para soportar el peso de la edad y la curvatura de la espalda mientras que con la otra sostenía un pergamino amarillento plegado y atado con un delicado lazo rojo.

No alzó el rostro para comprobar que ya habían llegado todos, ni siquiera miró a los guardias, mantuvo la mirada fija en el pergamino. A los pocos segundos, con manos temblorosas y dedicándole su tiempo, cogió con dos dedos un extremo del lazo para tirar de el y deshacerlo, dejando caer al suelo el trozo de tela. Abrió el pergamino mientras se relamía los resecos labios y comenzaba a leer de manera pausada y obligándose a alzar la voz.

Por orden y gracia de nuestro ilustre Emperador Constantino XI, aquellos que porten armas o sean duchos en el noble arte de la lucha, deberán prestar servicio y ayudar a sus hermanos, so pena de expropiación de bienes o cárcel.

Es menester tornen a la nuestra grandiosa ciudad para proteger a los cristianos para propiciarle refugio en el Foro de Constantino, donde recibirán protección y suministro.

Dios guarde vuestros actos y nos proteja.

Antes de que pudiera terminar todo fue demasiado rápido. Apenas en unos segundos en la lejanía se escucharon fuertes siseos en el cielo, una bola de fuego que descendía hacia las altas murallas. Era como un castillo de naipes, un simple golpe en el lugar preciso provocó el derrumbe, cayendo grandes trozos de piedra.

Habían conseguido derruir parte una porción de muralla, el único elemento defensivo capaz de repeler los continuos ataques.

La guerra había comenzado.

Notas de juego

Fin del prólogo (avisé que sería algo cortito de un par de post). Cierro esta escena porque tengo que abrir otra donde continuaré posteando la continuación y podrás seguir a partir de ahí, así que calma :)

Por cierto, te dejo un mapa para que veas dónde estás, donde ha sido y, por si te interesa, la posición de tu hermano (que es algo me imagino que sabrás)