Partida Rol por web

Carnival

Ian Brown

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03/06/2011, 02:56
Director

Aquí te voy a colocar información sobre Ian. Cualquier cosa que quieras preguntar sobre el personaje, por aquí.


 

.- Historia

Cuando naciste era un día bastante frío: tan friolento era que parecía un preludio de lo que te iba a ocurrir. Tuviste la mala suerte de formarte en el vientre de una madre que no te deseaba, demasiado joven para criarte y sin dinero. Al llegar a este mundo, fuiste entregado a orfanato, esperando una futura adopción.

En ese orfelinato consumiste trece años de tu tiempo. La vida allí era un desastre. La comida era mala, no había suficiente calefacción durante el invierno, a las cuidadoras les gustaba mucho hincar el codo y pagaban su borrachera con ustedes, y la palabra “diversión” parecía no existir en aquel mundo desolado.

Ante tamaña crianza empezaste a experimentar lo que era el odio. Las clases que recibías allí te enseñaron a leer y a escribir, pero manejar un cuchillo lo aprendiste tú solito. Tus compañeros te tenían miedo, y te juntabas con la peor clase de chicos, todos tan peligrosos como tú. Nunca habías usado el arma para infligir daño hasta que un buen día, en una de las golpizas que te propinaba una cuidadora, clavaste el objeto en su corazón.

El asesinato te valió la cárcel a los trece. Te mandaron a la correccional, donde te endureciste con las peores calañas. Para cuando a los quince años saliste, ya eras un muchacho al que se debía temer, bebías como un loco y fumabas marihuana.

Como no tenías a donde ir dirigiste tus pasos hacia la calle. Allí la vida fue dura, pero te adaptaste rápido. Aprendiste a robar, trabajabas vendiendo droga y licor y te hiciste amigo de una pistola que nunca abandonabas. Al alcanzar los dieciséis eras tan famoso por esos lares que no había nadie que no se acordara del buen Ian Brown. Eras irresistible, encantador y cínico. Eso a las chicas les gustaba. Se derretían por ti, y no ponían ningún reparo cuando te las llevabas a la cama.

La vida siguió así para ti hasta que alcanzaste las veintiún. Paseabas a altas horas de la noche cuando presenciaste un robo a una chica de las altas esferas. Sin saber por qué te lanzaste a su defensa. Acabar con los maleantes fue fácil: un par de puñetazos bien dados a la cara y no representaron más problemas. La muchacha, por otra parte, resultó que era muy bonita; y cuando te agradeció, acordaron salir.

Fuiste a esa cita y a otras más, enamorándote de la buena y rica muchacha. Tú le contaste tu historia. Ella te prometió conseguirte un buen trabajo con su padre, hasta quizá la oportunidad de terminar el colegio y ejercerte en una carrera decente. Entre promesas y salidas terminaron siendo novios. A los dos años ella decidió que serías su esposo.

¡Vaya problema! Ustedes se amaban, pero la familia no te quería. ¡Por Dios, un ladrón casada con su hija! Pusieron el grito en el cielo cuando lo supieron. Pero la chica estaba decidida. Gabrielle, como se llamaba en ese entonces, amenazó con cortar los lazos con su familia. Los padres te miraron con mala cara, pero no se opusieron, con tal de que se cambiara el nombre.

En menos de un mes desde entonces Gabrielle, ahora Patricia, era la señora Brown. Aquel era el único suceso hasta el momento feliz que te había pasado. La amabas locamente. Trabajaste como un esclavo para buscarle la mejor casa. Cuando le entregaste a tu esposa las llaves de una casita de clase media ella estaba tan feliz que terminó llorando en tus brazos.

Para aquel entonces habías dejado el negocio de las drogas. Un ex convicto, amigo tuyo, te dio trabajo en su panadería. No ganabas tan bien como en la calle, pero sí lo suficiente para mantener a una esposa feliz.

Tu felicidad dio un aumento brusco cuando te enteraste que ibas a ser padre. A los dos meses de casados, Patricia estaba en cinta. Planearon juntos como un par de tortolos todo lo que le tendrían preparado al bebé. Después de nueve meses nació tu primogénito, un niño muy parecido a ti. Tu esposa le puso Ian en tu honor.

La vida no podía ser más feliz. Estabas casado con una mujer maravillosa, que te había hecho padre y las cosas en la panadería no podían ir mejor. Empezaste a ganar en grande. Tu familia y tú se daban la gran vida. Durante los primeros años de Ian Jr. fueron a Gran Bretaña, España y Francia. Recorrieron la mayor parte de Estados Unidos, llenos de ganas de vivir y de una alegría sin fin.

Para cuando tenías veintiséis (tu hijo tenía tres), Patricia volvió a quedar embarazada. Esta vez era una niña. La llamaron Giselle, y la trataron como una princesa de cuentos de hadas. Estaban tan contentos con sus dos hijos que no vieron la nube negra que se les avecinaba encima.

Un buen día mientras trabajabas descubriste que tu jefe negociaba con drogas. Él te ofreció meterte en el negocio, pero tú negaste: tenías dos hijos pequeños para ponerte a jugar con fuego. Pero aunque te habías negado, la policía no estuvo tan convencida de tu inocencia cuando descubrió la droga. Volviste a parar a la cárcel.

Tu segundo encarcelamiento fue peor que el primero. En tu primera ocasión no tenías nada que extrañar, ahora era muy seguro que te perderías ver como tus hijos crecían. Las pesadillas inundaban tus noches, no dejabas de pensar en Patricia, Ian Jr. y Giselle. Sólo veías a tu amada esposa cada dos días por unas pocas horas.

De repente las visitas bajaron en su frecuencia. De dos días pasaron a una por semana, luego a dos veces por semana, luego al mes, y después nada. Estabas en tu quinto año de cárcel cuando perdiste contacto con tu familia. Aquello te destrozo moralmente. Ya no tenías ganas de vivir. Habías intentado suicidarte varias veces, pero sin éxito.

Haría falta un año más para que el gobierno tuviera compasión de ti. Después de todo te habías portado bastante bien durante tu permanencia en la cárcel, y además un alma caritativa había pagado tu fianza. Pensaste con alegría que Patricia había conseguido el dinero para sacarte de ese infierno, pero no podías estar más equivocado. Otro viejo amigo tuyo, que se había encargado de tu caso, había desembolsado los doscientos mil dólares por tu cabeza. Éste te dijo, cuando saliste, que esperaras lo peor.

¿Qué había pasado en esos seis años? ¿Tus hijos y Patricia estaban tan mal como para que te advirtiera de aquella manera?

Cuando llegaste a casa lo supiste todo. Dentro se encontraba un abogado de la familia millonaria de tu esposa. Cargaba con él un papel de divorcio. ¡Cómo! ¡¿Patricia se quería separar de ti?! El letrado te dijo en escuetas, pero dolorosas palabras que tu esposa se había enamorado de otro hombre, del agrado de su familia, y que Ian Jr. y Giselle estaban con ella. Al escuchar aquello te enfureciste. Rompiste la hoja y gritaste que no firmarías nada. “Será en los tribunales como se arreglaran las cosas entonces, señor Brown. Nos veremos”, dijo tu visitante, antes de salir.

Y así fue. El mismo día que cumplías los treinta y tres años te sentaste frente a Patricia, con el abogado que te había pagado la fianza al lado tuyo. Todo el amor que sentías por ella se había truncado en odio. Si hubieras podido la hubieras matado ahí mismo.

Para aumentar tu frustración, el arreglo de divorcio terminó consumándose. Patricia te dejaría la casa, pero tenías terminantemente prohibido acercarte a los niños. Eras un ex convicto por comerciar con drogas, y la madre y los jueces estaban totalmente de acuerdo en que dejarlos contigo sería una muy mala decisión.

Cuando saliste del tribunal estabas tan molesto que de buena gana hubieras matado a medio mundo. ¡Dejarte sin tus hijos! ¡Maldita Patricia! ¡Te las pagaría!

Ese día descansaste mal. La cama matrimonial te quedaba demasiado grande y solitaria sin tu pareja, y la casa terriblemente silenciosa sin las voces de tus hijos. Al final decidiste venderla. Con el dinero que acumulaste te fuiste de allí.

Alquilaste un piso en un edificio donde ni las cucarachas quisieran vivir. No había buen sistema de luz ni de agua, la señal por cable no llegaba hasta allí, pero vivirías en paz, que era lo que buscabas. Allí conociste a Richard Thompson, que te ayudó con el trabajo. Sabías manejar armas y tenías poco respeto por la vida humana. Eras el perfecto asesino a sueldo.

Al poco tiempo empezaron a contratar tus servicios. Eran sobretodo millonarios que se querían deshacer del estorbo que ensuciaba sus pies. Entre trabajo y otro tu odio hacia tus contratistas fue en aumento. Te asqueaba el trato que estos prodigaban, y si te lo permitirían, con gusto de cargarías a uno. Y ¡voilá!, tu deseo se hizo realidad.

Christopher Von Hausen, abogado de profesión, quería que mandaras al otro mundo a su suegro, un millonario terco que separaba a él y su esposa del beneficio de sus millones. Tú aceptaste a cambio de una condición, la de volver a ver a tus hijos. Von Hausen sonrió con malicia y aceptó el trato. Tú mataste al viejo y él te devolvió a tus niños.

La primera vez que volviste a ver a Ian y a Giselle después de tu período en la cárcel fue uno de los más emocionantes. Las lágrimas nublaban tu vista mientras abrazaste a tus hijos, que ahora habían crecido para convertirse en dos hermosos niños. Los llevaste a pasear. Ellos, gustosos de tener un padre tan bueno, se terminaron de confiar a ti.

Te enteraste por medio ellos que Patricia, quien volvía a ser Gabrielle, estaba otra vez embarazada, de gemelos esta ahora, y que por ello la familia de la mujer había relegado a tus hijos a un segundo plano. La ira te volvió a embargar. Tramaste un plan rápido, y les contaste a tus niños a manera de chiste que querías darle una sorpresa a su madre, que le informaran.

Aquella noche te acercaste a la mansión donde vivían tus hijos. Patricia esperaba afuera, abrigada con un simple abrigo que revelaba su corta gestación. Te acercaste a ella, viéndola más hermosa que nunca. Sentiste rabia de no verla tuya, de saber que le pertenecía a otro hombre que iba a destruir todo lo que te uniera con ella. En tu mente sólo había una firme intención: ibas a acabar con esa farsa.

Pero cuando te acercaste más tuviste que hacer acopio de tu fuerza de voluntad. Patricia corrió hacia ti, abrazándote. Te decía que te amaba, que te la llevaras de allí, a ella y a los niños. Cuando acercó su rostro al tuyo buscando tus labios no pudiste resistir la impulsividad de besarla.

Oh, sí, todavía la amabas. Aquella mujer te volvía loco. A su lado no eras más que un perrito faldero que se arrastraba hasta los pies de su dueña. Deseabas llevártela, volver a estar con ella como antes… tus fantasías se fueron al traste cuando sentiste su panza de embarazo. Separaste tu boca de la de ella y por primera vez le levantaste la mano. Patricia cayó hacia atrás por la fuerza de tu cachetada. Te miraba sin comprender.

Gritándole lo mucho que la odiabas, le exigiste que arreglase las cosas para con tus hijos. Si les pasaba algo a ellos, la matarías. Ella te miro con los ojos muy abiertos por el terror mientras te ibas.

Después de tantos años de infierno se puede decir que vuelves a estar feliz. Ves a tus hijos con más frecuencia y en el trabajo te está yendo bastante bien. Ganas de lo lindo, y todo ello lo inviertes en tus niños. Pero la vida te había dejado muchas marcas de la que difícilmente te recuperarás. Aún extrañas a la mujer que te sacó de las calles y al final te terminó traicionando.

 

.- Ian Brown

Voy a contarte un poco sobre la personalidad y la vida de Ian, para que te sirva como guía:
Ian es un hombre hecho para la dureza de la vida. Ha estado dos veces en la cárcel, ha vendido drogas, alcohol, se le ha inculpado por cosas que no ha cometido y ha matado a demasiadas personas como para contarlas con los dedos de la mano.

Es frío y calculador, un as cuando se trata de desempeñarse en su trabajo como asesino. Tiene mal carácter, se enfurece con facilidad y no es de esas personas que te caen bien a la primera. Pero, si bien es así para el mundo exterior, para su familia y amigos más cercanos es totalmente diferente. Puede ser divertido y ocurrente, alegre y dicharachero cuando está con sus pequeños, o con Richard Thompson, su único gran amigo en está vida.

Es divorciado de hace ya varios años, aunque aún profesa un amor que quiere opacar por su esposa. De este matrimonio nacieron dos hijos: Ian Jr., de doce años, y Giselle, de nueve. Después de todo lo que ha tenido que vivir y hacer para conseguir estar con ellos, los ve con bastante frecuencia y suelen quedarse con él en fechas importantes como cumpleaños, navidad o feriados largos.

Sentimentalmente no ha tenido demasiada suerte. Después de su divorcio no ha conocido a ninguna mujer que quite a Patricia de donde se ha ubicado. Tiende a compararlas con su antigua esposa, y siempre suele terminar perdiendo en ese punto. Lo más cercano que tiene a un amor es una amante, Cassandra, una chica latina bastante hermosa, que cree que podrá con el tiempo convertirse en su señora.

En cuando a enemigos tiene bastantes. Sin ir más lejos la policía, que les sigue los pasos como si fueran perros guardianes dispuestos a saltar sobre su presa. Por suerte para Ian se ha hecho amigo de su más fiel cliente, Christopher Von Hausen, un rico abogado, podrido por dentro, que ha dejado a los agentes policiales y a sus acólitos más de una vez en jaque defendiéndole por casos en su contra.

A pesar de que tiene bastante dinero, vive en un apartamento sin mucho lujo, los suficientes para que sus hijos se queden de vez en cuando. Lo que sí ha invertido – además de la vida de sus pequeños -, y bien, ha sido en un automóvil último modelo, al igual que en una moto de envidia y en un armamento digno de un militar.

Odia profundamente a los millonarios, odio arraigado por su trabajo y por los clientes que le contratan.

Suele beber y fumar, pero no tiene ni quiere tener algo que ver con las drogas. Cuando esta despechado suele ir con Richard a clubs nocturnos, donde se emborrachan y se quedan esa noche con alguna linda chica.

Ésta es a grandes rasgos la personalidad y la vida de Ian Brown. 


Cualquier duda, y en serio CUALQUIERA, que tengas, pregúntame. Honestamente pienso que entre más sepas de Ian, más herramientas tendrás para familiarizarte con el personaje.

Notas de juego

Por cierto, no sé si es la primera vez que juegas Kult. Si no es la primera, no problem, pero si es la primera, incito a que me preguntes cualquier cosa que quieras saber sobre la ficha y que no te reprimas en hacerme preguntas durante la partida. ¿Vale?

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03/06/2011, 09:52
Ian Brown

Creo que lo he cogido. Un tipo duro y amenazante hacia los demas, pero tierno y amable co sus hijos y su amigo. Ademas tiene ciertas asperezas que le han ido dejando ciertas etapas de su vida.

Cargando editor
11/06/2011, 01:27
Ian Brown

Gran gran gran gran gran gran historia, se me han saltado las lágrimas y todoxDDD

Cargando editor
04/06/2012, 21:56
Ian Brown
Sólo para el director

Muy buena historia si señor.

Me gusta el personaje.Su imagen de niño bueno engaña...

;)

Voy a leer las escenas.

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09/10/2012, 07:08
Ian Brown

Como ya no tengo a mano el manual de Kult debo preguntar.

¿Que es Sexto sentido?
¿De enserio tiene 35 años? Carajo!, como se mantiene este hombre.

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09/10/2012, 16:11
Director

El sexto sentido es que Ian va, por ejemplo, por la calle y mira a una mujer que está hiper-super-buena. Quiere ir a conocerla, pero entonces al acercarse siente que la dama es peligrosa y que algo no le atrae de ella. Más o menos ese es el sexto sentido. Ian presiente cosas, se le levantan los pelitos del brazo, pero no sabe con exactitud que es ese algo que le causa inquietud, sólo sabe que algo va mal.

¡Sí! Creo que es porque asesina tanto que se ve tan rozagante, y porque hace ejércicios y eso. Los 35 le asientan muy bien :P