Partida Rol por web

Crónicas Giovanni: La Ultima Cena(+18)

Preludio: La Invitación

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16/05/2026, 21:38
Director

Inicios del Año del Señor 1444

Una epoca bastante turbulenta para que cualquiera, desde nobles hasta pobres, vivan en paz.... Y eso depende de a quien le preguntes.

Si eras de los que vivian en la parte occidental de Europa, entonces las penurias recientes no eran poco más que noticias de tierras lejanas. Sin embargo, en las parte central y oriental eran todo lo contrario, con una tensión y miedo formando ya parte de la vida cotidiana del pueblo llano. En Valaquia, ubicada al Sur de donde nos concierne, Vlad Dracul(padre del que en un futuro será recordado como Vlad el Empalador.... aka Dracula)se encuentra enfrentando a necesidades conflictivas y a lealtades que simplemente no puede concretar. En otro lugar, una nueva cruzada se esta llevando a cabo; dirigida por los generales Janos Hunyadi, Phillippe el Bueno, Vladislao III de Polonia, el actual Voivida de Transylvania y el Duque de Borgoña. Y la presencia de los turcos, quienes no paran de acumular poder e influencia en el mundo, hace que el panorama a futuro se vea demasiado... Incierto hasta para los sabios.

Sin embargo, todos esos problemas no nos competen para esta historia. Solo eran acontecimientos que ocurrieron a la par que esto.

Nuestra historia comienza, por asi decirlo, de una manera más tranquila.... Con un mensajero.

Este mensajero, leal sirviente de un noble tan poderoso como enigmatico, viajo por casi toda Europa para encontrar a las trece personas dignas de recibir las cartas que su señor pedia entregar urgentemente. Fue tardio y arduo, pero su meta ha sido completada. A algunos se le hizo más facil que a otros, mientras que a algunos les fue más complicado de lo que esperaba en un inicio; pero lo importante era hacerle entrega de dichas cartas.

He aqui lo que decia:

"El honor de vuestra compañia es muy respetuosamente solicitado para un banquete en la casa de Claudius Giovanni, señor de Stavlaquia, el Cuarto Día de Abril del Año de Nuestro Señor de 1444. Será enviado para recogeros y proporcionaros transporte a los Cárpatos, donde se encuentra la casa de Claudius Giovanni, cuanto sea necesario

Muchos de sus allegados reaccionan con asombro, pues los Giovanni resultan ser una familia de origen italiano que se gano su incomensurable fortuna a base de comercio. Incluso para los más acaudalados de vosotros, una invitación como esta es algo que simplemente no se puede rechazar a la ligera....

Incluso cuando los Giovanni arrastran una reputación cubierta en un siniestro misterio.

Notas de juego

Okey, aqui quiero que me digan como reacciona sus pj's ante semejante invitación.

¿Sienten emoción ante la invitación?

¿Sienten angustia por ser invitados por alguien muy por encima de su estatus social?

¿Sienten curiosidad por lo repentino de la invitación?

Anda, diganme que sienten los invitados.

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17/05/2026, 04:59
Beatriz Allegretti Da Milano

Aquel día comenzó como cualquier otro bajo los techos de Sant'Agnese. Desperté con las primeras luces del alba en un cuarto que, si bien carecía de las ostentaciones de un palacio, resultaba a todas luces opulenta en comparación con el camastro de cualquier otra monja. Era un espacio superior al que aspiraría jamás un hijo del pueblo llano, e incluso más digno que los aposentos de la baja nobleza provinciana. Tras higienizarme, descolgué del perchero mis prendas; un hábito que, bajo la apariencia del rigor monacal, ocultaba la caricia de un tejido de excelsa calidad. Me reuní entonces con el resto de las hermanas en la penumbra de la capilla. Las letanías y los rezos mecánicos se prolongaron durante dos extenuantes horas antes de que se nos permitiera marchar al refectorio, donde me aguardaba un desayuno que, gracias a mi gestión de las ofrendas, era considerablemente más digno para esta fiel sirvienta de Dios que el simple mendrugo que muchas personas tenían al empezar el día.

Ocurrió al mediodía. Me encontraba absorta entre libros de contabilidad y pergaminos, examinando los registros de nuestros ingresos mensuales, cuando recibí la citación de la abadesa. Al principio, asumí con cinismo que la buena mujer querría que desviara alguna de las últimas donaciones para costearse un lecho más cómodo o nuevos hábitos de mejor confección. Sin embargo, al cruzar el umbral de su despacho y escuchar sus palabras, la sorpresa fue mayúscula: no se trataba de asuntos del claustro, sino de una carta sellada a mi nombre. Claudius Giovanni me invitaba formalmente a un banquete en Stavlaquia.

Nos tomó casi media jornada deliberar sobre el curso de acción, aunque el veredicto terminó siendo el más obvio. Los Giovanni eran un clan de mercaderes con una influencia y una riqueza inimaginables para muchas de nosotras; si lográbamos congraciarnos con ellos y ganar su favor, sus generosas donaciones no tardarían en engrosar las arcas de nuestra congregación. Serían riquezas que, por supuesto, nos encargaríamos de administrar para el supuesto «bienestar del pueblo llano» ... tras deducir, desde luego, nuestra merecida porción por tan piadosa gestión.

Durante los días que pasé esperando a ser recogida, no pude evitar obsesionarme con una duda: ¿qué desearía alguien como Claudius Giovanni de mí? Tenía cierto renombre entre la nobleza local y la burguesía, pero estaba muy lejos de llegarle a los talones. ¿Quería algo de la Iglesia? Quizás me mandaba llamar pensando que yo era quien manejaba los hilos en este convento... o tal vez mi influencia estaba más extendida de lo que creía. ¿Pero y si estaba equivocada? Quizás tenía algo que ver con mi padre, aunque, hasta donde yo sabía, él ni de cerca frecuentaba los mismos círculos. ¿Cómo podrían coincidir? Aquel Giovanni era cien veces más importante que mi progenitor.

Aquel día el sol brillo con intensidad y el verde se veía mas vibrante… el viaje era largo y seguramente incomodo pero las oportunidades eran infinitas… como el amor de dios… ja.

Notas de juego

Se siente: ansiosa e interesada ¿que podría querer alguien tan poderoso? 

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17/05/2026, 08:05
Mattias Krähenfeld

El día había comenzado antes incluso de que el sol decidiera mostrarse sobre los tejados húmedos de Mainz. El frío de la madrugada todavía se aferraba a las piedras cuando Mattias abandonó su taller, envuelto en una capa gastada cuyo corte disimulaba apenas la deformidad de su espalda. Su figura inclinada avanzaba lentamente entre calles aún medio dormidas, ignorando las miradas furtivas y los murmullos de costumbre. Algunos lo conocían como artesano. Otros como copista. Unos pocos, en voz baja y siempre lejos de oídos indiscretos, como el hombre extraño que frecuentaba hospitales más de lo saludable.

Aquella mañana la había pasado ayudando en un hospital de caridad cercano al barrio mercantil. Ayudando… si podía llamarse así. La enfermedad nunca abandonaba del todo los rincones húmedos donde se hacinaban pobres, peregrinos y moribundos. Mattias limpiaba heridas, cambiaba vendajes y asistía a cirujanos barberos demasiado cansados para rechazar un par de manos diligentes, incluso si pertenecían a un hombre cuya presencia provocaba incomodidad. Observaba mucho más de lo que hablaba: la tensión exacta de un tendón, el color de la carne enferma, el instante preciso en el que la respiración abandonaba un cuerpo. Tomaba notas mentales con una obsesión silenciosa. A veces escritas también, ocultas entre registros médicos y diagramas que jamás mostraría a ojos piadosos.

Aquel día un muchacho no había sobrevivido a la fiebre. Demasiado joven. Demasiado parecido. Mattias permaneció observando el cuerpo unos segundos más de lo apropiado antes de cubrirlo cuidadosamente con la sábana. Sus dedos temblaron apenas. No por miedo. Por frustración. Otra máquina imperfecta. Otro diseño fallido. Aquello lo acompañó el resto de la jornada.

Por la tarde recibió la visita de un mercader renano interesado en sus experimentos con bloques de impresión y moldes de metal. Hablaron durante horas entre el olor a tinta, aceite y plomo caliente. El comerciante deseaba abaratar copias de textos religiosos; Mattias, en cambio, insistía en algo distinto.

No comprendéis —dijo, con voz cansada y dedos ennegrecidos—. No se trata solo de copiar palabras… se trata de preservarlas. De impedir que desaparezcan.

El mercader no entendió realmente, aunque sí pareció entender algo mucho más práctico: dinero. Antes de partir dejó unas pocas monedas sobre la mesa y la promesa de regresar con un socio interesado.

El taller quedó finalmente en silencio. El sol moría lentamente tras las ventanas estrechas, proyectando sombras alargadas sobre el caos cuidadosamente organizado de Mattias: matrices metálicas, hojas cubiertas de símbolos anatómicos, páginas manchadas de tinta y dibujos demasiado precisos del cuerpo humano. Bajo un paño oscuro, algo de forma vagamente humana permanecía inmóvil sobre una mesa de madera. Mattias apenas lo miró. Aún no.

El dolor de la espalda rugía como cada anochecer y sus manos olían a hierro, tinta seca y muerte reciente. Había comenzado a ordenar unas anotaciones sobre articulaciones humanas cuando escuchó golpes en la puerta.

Tres. Firmes. Ni apresurados ni tímidos. No eran horas para visitas.

Durante un instante pensó en un sacerdote. O peor, un funcionario local haciendo preguntas sobre ciertos rumores desagradables relacionados con cementerios.

Abrió con visible cautela.

El hombre que aguardaba fuera no parecía un cobrador ni un clérigo. Vestía bien. Demasiado bien. No ostentosamente, pero sí con la sobriedad elegante de alguien acostumbrado al dinero antiguo. Un caballo aguardaba unos metros más atrás y, pese al barro del camino, el mensajero parecía intacto, casi impropiamente limpio para alguien que hubiese viajado tanto. Sus ojos recorrieron brevemente la figura torcida de Mattias sin rastro de incomodidad. Eso, más que cualquier otra cosa, llamó su atención.

—¿Maestro Mattias Krähenfeld? —preguntó con una cortesía extraña.

Mattias tardó un momento antes de asentir. El hombre extrajo una carta sellada. Cera oscura. Un emblema extranjero. Italiano, quizá.

Mi señor pidió expresamente que esto llegara a vuestras manos.

Nada más. Ni explicaciones. Ni preguntas. El mensajero hizo una leve inclinación de cabeza antes de marcharse con la eficiencia de alguien acostumbrado a no quedarse donde no era requerido.

Mattias permaneció varios segundos inmóvil en el umbral. El aire frío se colaba en el taller, agitando ligeramente algunos pergaminos. Cerró la puerta. Observó el sello. No reconocía el nombre… al principio.

Pero el apellido sí. Giovanni.

Incluso un hombre de condición humilde como él había oído historias. Comerciantes italianos. Banqueros. Gente cuya riqueza parecía no tener fondo. Hombres capaces de comprar favores, ciudades… silencios.

Frunció el ceño. ¿Por qué él?

Un impresor apenas conocido. Un anatomista sin reputación pública. Un hombre al que la mayoría prefería no mirar demasiado.

Abrió la carta lentamente. Leyó una vez. Después otra. Y una tercera. El silencio del taller se hizo más pesado. Un banquete. Los Cárpatos. Transporte pagado. Claudius Giovanni.

Sus dedos, ennegrecidos por tinta y trabajo, permanecieron inmóviles sobre el papel. Su primera reacción no fue emoción.

Fue sospecha.

La segunda… Curiosidad.

Porque los hombres poderosos no invitaban a desconocidos. No sin motivo.

Su mirada terminó desviándose hacia la mesa cubierta por el paño oscuro. Hacia sus bocetos anatómicos. Hacia las páginas de un tratado que jamás debería existir.

Y una idea incómoda comenzó a abrirse paso en su mente:

Quizá alguien había visto su trabajo.

Quizá alguien comprendía realmente lo que intentaba hacer.

O quizá…

Había ido demasiado lejos.

Aquella noche apenas durmió. No por miedo.

Sino por algo mucho más peligroso:

Esperanza.

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17/05/2026, 10:42
Tomasso Vieri

La carta había llegado a Tommaso en el puerto de Nápoles, mientras supervisaba la descarga de varias cajas procedentes de Sicilia. Oficialmente contenían iconografía litúrgica dañada por la humedad marina. Extraoficialmente, entre los dobles fondos descansaban dos relicarios robados y un códice griego cuya mera posesión habría bastado para que ciertos sacerdotes exigieran una hoguera.

El mensajero había recorrido una buena distancia para encontrarlo, lo que había despertado la curiosidad del italiano. 

Tomasso leyó la carta un par de veces, tratando de recordar donde había oído ese nombre: Giovanni. Sí, lo conocía.

No personalmente, claro. Nadie “conocía” realmente a los Giovanni. Se hablaba de ellos en puertos, comercios y otro buen número de lugares con la cautela reservada a familias demasiado poderosas para criticarlas abiertamente: banqueros, comerciantes, prestamistas, coleccionistas. La clase de gente que le gustaba.

Tommaso dobló cuidadosamente el pergamino mientras el viento del puerto agitaba los estandartes sobre los almacenes. Sus hombres lo observaban desde la distancia, fingiendo ocuparse de las mercancías mientras intentaban averiguar quién demonios enviaba cartas selladas con lacre negro a su patrón. Fisgones.

Claudius Giovanni. Había oído hablar de ese hombre. Sus dedos rozaron inconscientemente el rosario oculto bajo la ropa.

Durante unos instantes pensó en rechazar la invitación: un hombre inteligente sabía cuándo mantenerse lejos de familias peligrosas. Había sobrevivido hasta entonces precisamente gracias a eso...pero esto era una oportunidad.

Tomasso sonrió. Luego llamó a uno de sus asistentes.

—Cancela el envío a Ancona. Y encuentra a Paolo. Quiero saber todo lo que pueda sobre Stavlaquia antes de abandonar Italia.

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17/05/2026, 11:05
Luca Dandolo

Dentro de la laberíntica Venecia, entre el bullicio de sus mercados y el fluir constante de sus canales, hay una residencia que destaca con luz propia en esta historia.

Desde el exterior, solo llega el chapoteo amortiguado del agua contra los cimientos y el grito distante de los barqueros que negocian los giros de los canales. La fachada del palacio es sencillamente exquisita, pero su interior resulta aún más ostentoso. Al final del pasillo principal, el espacio se abre a un patio interior donde el suelo está pavimentado con sobria piedra de Istria. El recinto queda delimitado por altos muros góticos, una majestuosa escalera exterior de piedra esculpida y, justo en el centro, el brocal de mármol de un pozo.

El sol de la mañana entra en diagonal, cortando las sombras del patio. A estas horas tempranas de principios de año, el frío muerde, pero el ambiente está caldeado por el eco de golpes y el jadeo humano que rebota en los muros. Varios bravi bien pagados, que cumplen las funciones de guardia personal, entrenan en el patio. Se turnan entre ellos con un único objetivo: cansar, que no vencer, al joven que se mantiene firme en el centro. Luca combate con el torso al descubierto; tanto su cuerpo como su cabello rubio están empapados en sudor, el cual, al entrar en contacto con el aire gélido de la mañana, emana un vapor denso, casi fantasmal.

El entrenamiento se interrumpe abruptamente. No es un mensajero quien cruza el umbral, sino un hombre regio, entrado en años y convenientemente abrigado con ropas de la más alta calidad. No necesita articular palabra; su mera presencia basta para que las espadas sean escondidas de la vista y la actividad cese. El señor de la casa camina con paso tranquilo hacia su hijo. En la mano porta una misiva cuyo sello de cera ya ha sido quebrado.

Se la extiende en silencio.

Padre —saluda el joven a modo de deferencia.

Luca acomoda su espada de madera bajo el brazo, toma el papel y procede a leer. Su expresión, inicialmente de confusión, se torna pronto en una sutil complacencia.

Parece que mis tratos con esa familia prosperan. El patriarca, nada menos —comenta con un entusiasmo contenido, aunque evidente—. Quizá valga para algo más que para sostener el acero, después de todo.

Quizá —responde el anciano con severidad—. Aunque a mí me escama. Si tienen todos sus negocios en esta ciudad, no entiendo por qué hay que viajar hasta los Cárpatos, tan cerca de Constantinopla y de los turcos.

El joven se pasa la mano por la frente, retirando el sudor que ya le nublaba la vista, y clava su mirada seria en su progenitor:

—Si veo a un turco, padre... le daré una lección de combate cuerpo a cuerpo.

—De eso no me cabe duda —replicó el anciano, como si la capacidad marcial de su hijo fuera se diera por sentado—. Ya he ordenado que preparen tu equipaje. Partirás mañana mismo para complacer a Messer Giovanni.

El padre, habiendo manifestado su voluntad, dio por terminada la conversación. Se dio media vuelta con parsimonia, buscando el regreso a una zona más cálida y resguardada del palacio.

Cuando Luca se quedó finalmente solo —a excepción de los guardias, que permanecían firmes a una distancia prudencial—, liberó toda la tensión acumulada. Sin la mirada severa de su padre vigilando su decoro, se permitió un momento de puro entusiasmo juvenil: apretó los puños a la altura del pecho, agitando los brazos en un gesto de triunfo efusivo y contenido, mientras una sonrisa amplia y libre de protocolos se dibuja en rostro

Como si hubiera ganado una batalla y puesto fin a una guerra. Para el segundo hijo de los Dandolo, el viaje a los Cárpatos no era un destierro; era la oportunidad que llevaba la vida esperando.

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17/05/2026, 15:04
Erica Trobat

Podía sentir la calidez del sol mientras caminaba por la calle antes de reunirme con un contacto. Mientras pasaba por un mercado le robé con sutileza una pieza de fruta a uno de los mercaderes. Nadie se había percatado de mi presencia y aproveche para con  toda naturalidad darle un buen mordisco. Me había detenido y apoyado contra una pared mientras disfrutaba de la manzana hasta que mi contacto me interrumpió.

-Erica, me han pedido que te entregue esto en persona.

Deje la manzana caer al suelo y agarre la misiva para leerla atentamente. Mi estimado contacto pudo ser testigo de cómo mi expresión cambió de un leve interés hasta genuina curiosidad. Yo no era capaz de entender que podían querer de mi esta familia bien posicionada ¿Acaso me había metido en sus negocios? Le devolví la mirada a mi amigo esperando que entendiera lo que me pasaba la cabeza. Por desgracia, mi amigo no era capaz de leer la mente así que tuve que hacer el ejercicio de pensar. Si hubiera algo personal contra mi, no me habrían invitado a cenar ¿Por que me invitaría alguien de este estatus a una huérfana buscavidas? Me tomé unos segundos para suspirar lentamente. Era obvio: no me quería meter en sus negocios, seguro buscaba que me metiera en los de otro.

Alguien me había dicho una vez que las oportunidades no caen del cielo, posiblemente desconocía que pueden llegar en forma de misiva. Si ese tal Giovanni me invitaba aprovecharía la oportunidad, era una buena forma de hacer dinero. Estaba interesada y emocionada, fuera como fuera esa cena, pensaba sacar algo de provecho y si no podía…Pues me las ingeniaría para hacerlo.

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17/05/2026, 20:31
Conde Drago Basarab

El sol de la tarde se filtraba con dificultad a través de las altas ventanas del salón principal del Castillo de Pazin. Drago Basarab permanecía sentado tras su escritorio de roble negro, revisando con gesto imperturbable los últimos informes traídos por sus informantes en Venecia. La pluma se detuvo en seco cuando su mayordomo entró con una reverencia más profunda de lo habitual.

—Mi señor, ha llegado un mensajero. Trae una carta con sello extranjero.

Drago alzó una ceja apenas perceptible. Extendió la mano enguantada sin decir palabra. El lacre oscuro y el emblema le resultaron desconocidos al principio, pero el nombre que contenía la misiva no lo era en absoluto.

Claudius Giovanni.

El conde leyó la invitación dos veces, en completo silencio. Su rostro no mostró sorpresa, emoción ni inquietud. Solo esa mirada gélida y calculadora que solía reservar para cuando olía una posible intriga.

Un banquete en los Cárpatos. En la casa de un mercader italiano cuya familia se movía entre fortunas descomunales y rumores mucho más oscuros. Invitar a alguien de su posición no era algo que se hiciera a la ligera. Los Giovanni no necesitaban congraciarse con un conde de Istria… a menos que desearan algo específico.

Drago se recostó ligeramente en su silla, tamborileando con un dedo sobre el pergamino.

—Interesante —murmuró para sí.

Sabía perfectamente quiénes eran los Giovanni. Banqueros, comerciantes, coleccionistas… y, según algunos susurros que había capturado en sus investigaciones, algo más. Gente que acumulaba no solo oro, sino también secretos. El tipo de secretos que a él tanto le interesaban.

¿Una simple cortesía? Improbable. ¿Una trampa? Posible. ¿Una oportunidad? Muy probable.

Se levantó con elegancia felina y se acercó a la ventana que daba al patio de armas. Abajo, sus hombres entrenaban. Su mente, sin embargo, ya estaba varios pasos por delante: quién más habría recibido la invitación, qué querría realmente Claudius Giovanni de él, y qué información podría obtener a cambio.

No sentía angustia. Un Basarab no se inquietaba por ser invitado por alguien de mayor riqueza; la sangre y el linaje valían más que el oro recién adquirido. Tampoco sentía una emoción desbordante. Sentía interés. El interés frío y preciso de un estratega que acaba de detectar un nuevo movimiento en el tablero.

—Prepara mi equipaje y avisa a mi escolta personal —ordenó sin volverse—. Partiremos hacia los Cárpatos. Quiero saber todo lo que se pueda sobre Claudius Giovanni y su casa antes de llegar.

 

Notas de juego

Notas de juego:
Drago se siente curioso e intrigado, pero mantiene su habitual frialdad aristocrática. Ve la invitación como una posible oportunidad política y de información, aunque desconfía de las verdaderas intenciones de los Giovanni. No está nervioso por el estatus social (se considera por encima de un mercader, por rico que sea), pero sí alerta ante el posible peligro o la jugada oculta.

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17/05/2026, 20:42
Lord Edward Drax Plunkett Moreton Dunsany

 

El asedio había terminado hacía apenas tres días. Las murallas ennegrecidas todavía humeaban en algunos puntos y el olor a sangre, cal viva y madera quemada continuaba suspendido sobre el campamento hospitalario como una niebla invisible. Los estandartes con la cruz blanca de la Orden ondeaban sobre las torres conquistadas mientras los supervivientes turcos eran escoltados lejos de las brechas abiertas por los bombarderos. Lord Edward Drax Plunket Moreton Dunsany observaba el horizonte desde lo alto de una muralla parcialmente derrumbada.

Incluso sin yelmo seguía imponiendo respeto. Alto, cubierto todavía por un gambesón oscuro manchado de hollín y sangre seca, sostenía el casco bajo el brazo mientras el viento mediterráneo agitaba su cabello negro húmedo por el sudor de la batalla. Había luchado en primera línea durante el asalto final; algunos hombres juraban haberlo visto atravesar el humo como si pudiera ver perfectamente entre las cenizas y la oscuridad. Quizá no estuvieran equivocados.

La victoria había sido costosa. Muchos buenos hombres habían muerto tomando aquella fortaleza costera controlada por corsarios aliados de los turcos. Pero la victoria seguía siendo victoria, y los sacerdotes ya preparaban oraciones para los caídos mientras los ingenieros revisaban las murallas capturadas. Fue allí donde encontraron al mensajero.

Nadie supo explicar cómo había atravesado el campamento sin ser detenido. Apareció simplemente escoltado por dos sirvientes de Dunsany, exigiendo audiencia privada con el barón irlandés. No parecía asustado por los soldados cubiertos de sangre ni por los cadáveres todavía alineados cerca del patio interior. Edward lo recibió en una estancia improvisada dentro de la fortaleza conquistada.

El mensajero se arrodilló, entregó la carta y se retiró sin apenas pronunciar palabra. Lord Dunsany permaneció en silencio varios segundos observando el sello. Un noble llamado Giovanni. Aquel apellido le sonaba a Venecia... Mercaderes. Banqueros. Hombres obscenamente ricos incluso para los estándares italianos. Había escuchado rumores sobre ellos en Venecia y Génova, siempre acompañados de medias voces y silencios incómodos. No rumores criminales ni políticos… sino algo más difícil de explicar. Como si la gente evitara hablar demasiado de aquella familia por puro instinto. Edward rompió el sello lentamente.

Leyó la invitación una sola vez. Después volvió a leerla. Su rostro no mostró miedo. Ni entusiasmo. Ni ansiedad. Solo una calma pensativa.

—Los Cárpatos… —murmuró finalmente.

Aquello era extraño incluso para él. Los Giovanni no necesitaban invitar caballeros hospitalarios irlandeses a banquetes privados. Mucho menos enviar mensajeros a través de media Europa en plena guerra. Hombres como Claudius Giovanni no hacían nada sin motivo.

Y sin embargo… Edward notó algo incómodo recorriéndole la espalda mientras sostenía la carta entre los dedos. No era miedo. Curiosidad. La misma maldita curiosidad que le había llevado a comprar manuscritos prohibidos, hablar con eruditos condenados por obispos y estudiar textos que otros hombres preferían quemar. Aquella invitación olía a misterio. Y Lord Edward Drax Plunket Moreton Dunsany, héroe cruzado de la orden de Malta, enemigo y azote de los turcos, jamás había sabido resistirse a uno.

Sus hombres esperaban alguna reacción: orgullo por semejante invitación, preocupación por tratar con una familia tan poderosa o incluso desconfianza. Pero Edward simplemente dobló la carta con cuidado.

Luego alzó la vista hacia la oscuridad que comenzaba a caer tras las murallas conquistadas.

—Preparad mis cosas —ordenó con voz grave—. Iremos a los Cárpatos.

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18/05/2026, 04:15
Duquesa María Borgia

         - "El honor de vuestra compañia es muy respetuosamente solicitado para un banquete en la casa de Claudius Giovanni, señor de Stavlaquia, el Cuarto Día de Abril del Año de Nuestro Señor de 1444. Será enviado para recogeros y proporcionaros transporte a los Cárpatos, donde se encuentra la casa de Claudius Giovanni, cuanto sea necesario -

         Estaba la duquesa en un cuarto bien arreglado para recibir el cuerpo del duque Sforza, porque la muerte de su esposo que ha sido notificada reciente le tenía un poco confundida, y ciertamente algo afortunada, porque era en secreto de su corazón el deseo de liberarse de ese viejo noble truan. Un mal nacido que le dió el titulo de duquesa para ganarse los recursos generado por la familia.      Pero al morir en tan "desafortunadas" circunstancias aparentemente le dan la oportunidad de  buscar caminos  más similares a los objetivos ya planeados por ella para su familia y ella misma.

 

          Fue así como a mediodía un hombre de Dios, le entrega esta carta hecha de los más finos pergaminos tras haber sido llevada al Interior del feudo Sforza a las afueras de la bella ciudad de Florencia.          Después de recibir y leer tan extraña invitación por parte de un señor noble, socio de su recientemente difunto marido, la duquesa María Azkarizade Borgía le pidió al mensajero al que revisaron sus guardias, antes de permitir acercarse con un fluido italiano, pero con acento español:

          " Bona tarde ragatzo!    Te presentas ante la duquesa María Azkarizade Borgia, viuda de Sforza, por favor dígame en primer lugar su nombre.   Cuando el señor Claudius Giovanni le a mandado a entregarme esta misiva ... le ha explicado alguna razón por la cuál me ha llamado a su presencia?  ¿A donde y cuando será enviado el carruaje para recogerme a mi, mis criados y guardias de confianza señor? " -      Tras leer atenta la carta enviada y mientras la duquesa Borgia se presentaba y esperaba la respuesta de su interlocutor miro de reojo a sus dos guardias de confianza para que les dieran cierto espacio para que el no se sintiera mas presionado, pero que estuviesen atentos ante cualquier sorpresa desagradable antes de leer una segunda misiva detrás de a primera:

       Lamento enterarla apenas un mes después de su apreciada boda por la santa iglesia mi estimada Duquesa María Samara Azkarizade Borgia de Sforza de ha muerto de camino a nuestras tierras en Stavlaquia su apreciado y recién querido esposo en situaciones misteriosas, yo soy Constantin Andrei, un escribano del aristócrata llamado Claudius Geovanni, antiguo socio de su prometido, por eso es muy importante que usted, su reciñen casada recoja el cuerpo de su marido y unos importantes documentos de éste que venían en su carruaje.

Notas de juego

       Espera Maria atenta las respuestas del mensajero para reaccionar y decidir, pero ella se siente un poco nerviosa por el tema de su recién difunto marido, curiosa e intrigada por el motivo del inoportuno momento para la inversión, pero mantiene su habitual paranoia aristocrática.    Ve la invitación como una posible oportunidad política y de información, aunque desconfía de las verdaderas intenciones de los Giovanni.       No está nerviosa por el estatus social (se considera ahora por encima de un mercader, por rico que sea), pero sí alerta ante el posible peligro o la jugada oculta que pueda descubrir su elaborado engaño.

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18/05/2026, 05:33
Vittorio Toscano

Llevaba ya bastante tiempo lejos de la duquesa Sofía, para quien había trabajado durante años antes de emprender nuevamente su “gira”, ofreciendo sus servicios a nobles, cortes y comerciantes que buscasen un bardo talentoso. Ahora se encontraba descansando en una posada modesta; no era especialmente lujosa, pero tenía lo suficiente como para pasar la noche y dormir cómodamente.

Mientras bebía cerveza y charlaba distraídamente con el cantinero, un hombre lo interrumpió para entregarle una carta. Vittorio miró al tabernero antes de girarse por completo hacia el mensajero.

Seguramente sea la duquesa Sofía. No puede pasar demasiado tiempo sin mí.

Una sonrisa ladina se dibujó en sus labios mientras abría la carta que le correspondía. Sin embargo, la expresión desapareció casi de inmediato. Aquello era una oportunidad que llevaba esperando desde hacía mucho tiempo. Tocar para un hombre reconocido y adinerado era el sueño de cualquier hedonista; podía sacar una enorme tajada económica de todo aquello antes de regresar a los brazos de Sofía.

Debo retirarme a mi habitación. Espéreme aquí.

Murmuró aquellas palabras mientras releía la carta varias veces, casi anonadado. Depositó unas monedas sobre la barra y subió las escaleras hasta encerrarse en su habitación. Colgó el laúd sobre sus hombros, guardo la carta debajo de la almohada, acomodó su cabello y volvió a bajar.

Aquella era la oportunidad de su vida para forjar, finalmente, una reputación duradera en todo el continente. Y con ella llegarían los lujos, las mujeres y los interminables festines que siempre había deseado.

Esperaré el transporte aquí —le aseguró al mensajero antes de volver a pedir otra cerveza, esta vez con una sonrisa de oreja a oreja.

Y así pasaron los días, entre una mezcla de alegría y ansiedad que lo empujaba a festejar noche tras noche. Vittorio tocaba el laúd para los presentes de la posada, mientras los locales reían, brindaban y bailaban al ritmo de su música junto a él, aguardando el dichoso transporte para viajar a los Cárpatos.

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18/05/2026, 19:11
Cesare Vega de Medina

La invitación me toma por sorpresa, pero es algo emocionante y una buena oportunidad, yo mismo ya planeaba a futuro hacer una petición para una reunión con ellos, esperando poder tener acceso a algunas hiervas exóticas de oriente y otros lados, tenía una colección de "amigos" que eran útiles, pero no se acercan a la versatilidad que los Giovanni podrían aportar.

Lo siguiente, sería deducir¡ ¿qué fue lo que llamo su atención? Sería necesario saberlo antes de presentarme, si fue por una de mis habilidades o acciones, es necesario explotar ese aspecto, si cause alguna ofensa o problema, sería mejor ocultar ese aspecto... últimamente mi nombre se volvió un poco más popular al hacer algunos tratamientos que permitieron recuperaciones poco comunes y afortunadas, alguno que otro que salvo la vida a costa de extremidades y estética... algunas de mis jugarretas con la taxidermia y curtidos que dejaban productos "buenos" aunque poco realistas. Algunos de mis medicamentos que generaban cierta euforia y condicionaban a un uso constante... debo recordar diluirlos un poco más para aminorar ese efecto...

Paso a revisar mis libros de cuentas, debería de poder ver qué cosas buenas o malas pudieron causar este evento, para bien o para mal, y hacer apaño de lo que tenga para poder ofrecer una mejor perspectiva de mis acciones, es posible que ocupen de mis servicios médicos poco ortodoxos. Pasaría un tiempo examinando mis libros antes de tener una posible justificación a mis actos y luego organizar mis pertenencias para el viaje, dejar algunas indicaciones a mis empleados.

Notas de juego

Le emociona la oportunidad, podría traer contactos y recursos para sus experimentos.

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19/05/2026, 07:42
Floki Skarsgard Romanov

Inicios del año de dios nuestro señor 1444 en alguna ribera de los Países Bajos


         Temprano al amanecer un poblado de Dordrecht, muy cercano a la ciudad amurallada de Brujas, ubicada en la actual Bélgica, que era el epicentro financiero y comercial del norte de Europa.     Las ciudad a 10 KM como otras del Imperio Borgoñón, funcionaban como prósperos centros independientes y comerciales conectados al Mar del Norte y Báltico, tenia para sus pobladores una escena que pudo haber sido de otro tenor en otras épocas cuando 2 o 3 de embarcaciones Vikingas atracaban en las costas entonando la música, ropas, armas y cuernos que anunciaban junto a tambores el arribo de una avanzada de conquista .... y cuando los desconcertados pescadores corrieron para pedir ayuda y la guardia llegó con muchos curiosos fue cuando de la tercer embarcación emergieron los supuestos líderes de la invasión para presentarse, hablando Ladgerda Skagards Wallace:

            " Buenos días estimados damas y caballeros del poblado de ... Dordrecht, nosotros somos la poco humilde compañía artística y cultural nórdica errante y hemos venido a su bello poblado para presentar en los siguientes días en Brujas el Viking Fest 1444 ...  ¿Verdad hermanos y camaradas Vikingos? -      Pregunta la rubia y alta mujer con voz alta y segura antes de Chocar su espada con el escudo, mientras que 10 o 12 vikingos tatuados responden al unísono en tierra y más aun desde los barcos, en donde otros dos aun mas altos Vikingos disfrazados gritan al tiempo que dejan a un lado sus instrumentos musicales para azuzar a los bailarines y cantantes que comenzaron una pequeña y generosa muestra gratuita del espectáculo que atraía cada vez a mas gente del poblado, incluyendo a los guardias bastante entretenidos ante el espectáculo, mientras que en el poblado una cuadrilla de mujeres y hombres de limpieza con ropas típicas del lugar se presentaban a los negocios de la zona mercantil de Dordrecht bajo la dirección de Floki y Natasha, su madre, quienes solo mostraron sus armas cuando el negocio tenía algún guardia que se había quedado para amagarlo y dejarlo  fuera de combate y una vez que juntaron en varios carros su botín e iban a emprender la huida con el para alcanzar al resto de la compañía en el punto acordado del plan ... apareció un muy oportuno y misterioso mensajero levantando las manos con una carta diciendo en un par de idiomas diferentes hasta que le pudieron entender en lengua rusa:

           " Buenos días viajeros, solo vengo a entregar esta carta a nombre de Floki Skargards .. Romanov de parte de mi señor el Conde Claudius Giovani "

         - "El honor de vuestra compañía es muy respetuosamente solicitado para un banquete en la casa de Claudius Giovanni, señor de Stavlaquia, el Cuarto Día de Abril del Año de Nuestro Señor de 1444.     Será enviado para recogeros y proporcionaros transporte a los Cárpatos, donde se encuentra la casa de Claudius Giovanni, cuanto sea necesario -

            - Claro por qué no ... un noble sureño truena los dedos y los bárbaros nórdicos van corriendo a su fiestecita, jajaja!    Por mi bien puedes decirle que se meta su invitación por ... -      Estaba respondiendo con desenfado la joven gitana rusa cuando de golpe le tapa la boca su madre e interviene también en lengua rusa:

            - Por favor mensajero le agradecemos por traernos la invitación del ilustre conde Giovanni y mi hija viajara cerca de los Cárpatos por el cauce del rio Danubio, indíquenos la fecha y el lugar mas apropiado para el encuentro?      Por favor amigos ofrezcan le una copa de vino de las cosas que estamos ayudando a mover en la mudanza -    Natasha en silencio le clavó una mirada a su hija cuando se quejó e iba a replicar, pero el respeto que Floki siente por la sabiduría y la decisión de su madre con la que tomo el control de la situación la hicieron dudar, así que obediente temporalmente guardo silencio mientras que ambas esperaban la respuesta del mensajero para aceptar la invitación y esperar que se alejara para alejarse del pueblo lo más pronto posible con el botín mientras encontraban un lugar para platicar entre ellas acerca de lo que había pasado

Notas de juego

        Espero respuestas del mensajero para poder concluir la escena incompleta 

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20/05/2026, 22:50
Director

Con una satisfacción de haber completado su encomienda, el mensajero se retiro.

En algunas ocasiones se iba casi tan pronto como la carta ya no estaba en sus manos, mientras que otras veces le dedicaba algunas palabras al destinatario. Pero en cada ocasión, tras despedirse cordialmente, se retiraba del lugar. Y, tal y como estipulaba en la carta, el transporte que les iba a llevar a su destino no tardo demasiado en llegar. A lo mucho, tardo casi una semana tras recibir la invitación; debido principalmente a la dificultad en el terreno y la distancia entre ambos. Pese a todo, llego más rapido de lo que cualquiera hubiera estimado.

Cada uno tenia sus propios pensamientos al respecto.

Sus propios miedos.

Sus propias preocupaciones.

Pero sobretodo..... Su propia curiosidad.

Notas de juego

Para Maria: El mensajero no sabe que hay escrito, pues tenia ordenes de no abrirlas para nada.

Para Floki: Lo mismo que le dijo a Maria, pero esta vez diria que en la carta debe de estar la fecha.

Aqui se termina la escena, pues es más bien de introducción para los personajes. Luego abro la proxima escena, donde llegarán a un lugar en la noche del 3 de Abril; en donde los personajes se podrán conocer entre si.

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21/05/2026, 20:50
Duquesa María Borgia

Con una satisfacción de haber completado su encomienda, el mensajero se retiro.

En algunas ocasiones se iba casi tan pronto como la carta ya no estaba en sus manos, mientras que otras veces le dedicaba algunas palabras al destinatario. Pero en cada ocasión, tras despedirse cordialmente, se retiraba del lugar. Y, tal y como estipulaba en la carta, el transporte que les iba a llevar a su destino no tardo demasiado en llegar.

 

Inicios del año de dios nuestro señor 1444 en el feudo Sforza, a las afueras de la bella ciudad de Florencia, Italia


 

           - Espere por favor mensajero un momento, ya que ha venido hasta aquí de ten lejos para traerme esta importante invitación, le pido por favor y sino le ordeno que tome un respiro y un mínimo de la hospitalidad del feudo Sforza en Florencia ... por favor no se vaya sin que me recupere de la amarga noticia que me acaba de dar, mis sirviente le ofrecerán en mi nombre y como agradecimiento a mi recién finado esposo un simple y breve banquete antes de que se retire para que me de tiempo de ofrecerle una carta que le pediré por favor le entregué a su señor Giovanni de mi parte como respuesta para que le llegue antes de me reciba -    Le responde María al mensajero mientras que su par de guardias personales Carlo y Cristobal bloquearon la entrada de la puerta de la estancia y otro la del camino al comedor, donde se encontraban aun sin desenvainar sus armas, entonces Cristina una de sus criadas de confianza de la duquesa le sonrió al mensajero y le indico que le siguiera mientras que el par de guardias les escoltaron al tiempo que la duquesa toco una campana y un par de sirvientes mas se acercaron para decirles mientras que escribía un par de cartas:

           - Petro de inmediato ve a la torre y dale este par de misivas al buhonero para que las palomas sean enviadas al palacete de mi padres en Sevilla y tu mi querida Leonor busca de inmediato a mi maestro y consejero Ard Farid, que tal ves este en la biblioteca o los establos para que me alcance en el salón y avísale a Cristina que deje al mensajero con los guardias y me alcance en mis aposentos para ayudar a cambiar me de ropa como es apropiado -            Entonces la ahora joven viuda miró un momento el cuadro pintado de su marido y ella recién pintado en su lujosa boda por un momento y rezó por su alma mientras que escribía una carta más en italiano para enviársela al lord Giovanni, al termino un par de lágrimas fluían y se deslizaban por sus mejillas de camino a sus aposentos con la carta apergaminada y sellada con el Escudo Sforza ... cuando llego a la habitación busca y se viste con ayuda de su criada de confianza a quien le susurra con lengua española:

           - Es muy importante que nos preparemos durante los siguientes días para que puedas interpretar el papel que te va a tocar por unos días espero que no sea necesario extenderlo por más tiempo y no creo que te expongas a un peligro grave realmente, vas a contar con la importante asesoría de Mease Arid, quien prácticamente será el responsable y tomará las decisiones, pero tu me acompañaras al viaje y regresarás cuando hayamos dimensionado el riesgo -      Termina la duquesa Borgia, viuda de Sforza de ser ataviada con ropas apropiadas para una viuda noble de su categoría con la ayudad de su criada de confianza antes de terminar de ponerse de acuerdo y juntas ir al salón, en cuya entrada les espera el experimentado hombre llamado Arid Farid fumando una pipa, que dejo de usar en la presencia de María antes de entrar a la habitación decir en un fluido árabe con acento turco:

          - Me he enterado de la lamentable muerte del duque Sforza mi señora .. Azkarizade y de que las malas noticias fueron traídas por un mensajero del noble Giovanni, en algunos aspectos dicha familia es reconocida, a veces aliada y en otras competidora de los Azkarizade en el comercio del Mediterráneo, en otras con créditos posiblemente también con los Sforza, que van a querer retomar el control del feudo de tu marido, así que será muy importante que tengas control del cortejo fúnebre y la información exacta de lo ocurrido antes, durante y después de la muerte del duque Sforza para que puedas mantener cierto control del futuro del feudo -    Escucha atenta y respetuosa María a su maestro, mientras que le señala a Cristina que avise al mensajero Giovanni que le alcanza en un momento más la duquesa antes de responder a su consejero en un árabe con acento español:

          - Muchas gracias sabio maestro Farid, como siempre usted varios turnos adelante en el ajedrez político, aunque ya tenía algunas de esas ideas en la cabeza una siempre puede seguir aprendiendo de usted y es por eso que además de que requiero que me acompañe le pido que lea mi carta hacia el lord Giovanni y me de una recomendación al respecto.    ¿Así como algunas ideas con respecto a los siguientes pasos para con él y el tema que usted sabe acerca de mi ... recién difunto marido, nuestra familia política y mis actividades extracurriculares? -    Tras leer la carta, hacerle 2 o 3 modificaciones y susurrarle alguna palabras su consejero y maestro antes de entrar al salón con él ataviada con negras ropas nobles en señal del luto correspondiente por la muerte del honorable duque de Sforza para beber y comer de manera discreta y sencilla antes de ofrecerle la carta lacada con el sello Sforza al mensajero para pedirle al noble Giovanni que cuide y prepare el cuerpo del duque para que se mantenga de manera apropiada para ir por el para darle sagrada sepultura en la capilla Sforza dentro del feudo a las afueras de Florencia 

 

 

Notas de juego

        Continuara la escena .... antes del encuentro en la posada de los Cárpatos, en el tema correspondiente

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23/05/2026, 02:21
Floki Skarsgard Romanov

           - !Esta bien amigo mensajero!    Como le ha dicho la señora yo estaré allí con tu señor el Lord Giovanni.    ¿Hay algo mas que deba considerar?      Que tenga buen viaje y disculpe las molestias -     Termina por decirle Floki mas conciliadora con su primer reacción y tras darle algo de vio que beber para su viaje de vuelta se despiden del mensajero partiendo con el resto de la brigada de las "mudanzas" antes de alejarse con los carromatos hacia un punto designado del Danubio para alcanzar al resto de la kumpañia con los 3 barcos para cargar los artículos de las mudanzas.     Ya en el camino y a solas, a Floki su madre le indicó que su padre le dijo que había viajado al sur para hacer barcos para un noble llamado Giovanni, así que debía estar relacionado con él y ... que la linea de la vida en su mano crecía bastante en una visión que tuvo, por lo que podría ser importante para ella asistir

          - ¿Acaso crees que mi padre requiere de nuestra ayuda?   ¿Ir con el noble ese Giovanni crees que es parte importante de nuestro destino?   Convenceremos al resto del grupo  Que nos acompañen?   ¿Que debo contarle a Ladgerda? -     Pregunta con curiosidad e incertidumbre la alta y joven pelirroja a su madre mientras que alcanza a ver a la distancia a su media hermana saludando las desde uno de los barcos atracados en la orilla del río y mientras que ambas le responden el saludo, Natasha le contesta con voz baja en ruso:

         - Es posible que más adelante nuestros destinos se vuelvan a cruzar, pero me parece que en esta ocasión es importante que la prueba que te prepara el destino la enfrentes tu sola, solo recuerda las herramientas y valores con los que las hemos educado tu padre y yo, a la familia, pero sobre todo a ti misma para decidir de acuerdo a lo que enfrentes tu destino en cada ocasión -    Cuando los carromatos llegaron a la ribera rápidamente todo el grupo en equipo y sincronía movió su botín, desarmó los carromatos y con varias lanchas subió todo a los tres barcos con varios viajes y cuando todo estuvo listo y antes de que la flota se moviera Natasha y Floki contaron casi todo lo sucedido excepto el dato de que su padre estaba involucrado, razón por la cual Ladgerda no entendía porque Floki iba a visitar a ese noble sureño tan misterioso, tras una larga discusión se decidió que dos de los barcos viajarían como se había propuesto originalmente hacia el norte por el Danubio hasta el límite con el mas Báltico y en un solo barco iría la familia de Natasha con unos amigos nórdicos de su padre para dejar a Floki en el sur para aprovechar y conocer la región; esperarla por cierto tiempo en lo que visitaba a lord Giovanni, pero nadie evito que la aun mas terca de Largerda la acompañara al carro o la siguiera a la taberna para conocer más acerca de quienes la invitaban a la presencia de un desconocido noble sureño que parecía conocer a su padre

Notas de juego

             Continuo en la escena del nuevo tema