Una figura solitaria caminaba por un sendero polvoriento que serpenteaba entre colinas cubiertas de hierba. Llevaba una mochila desgastada a la espalda y botas gastadas que habían recorrido muchas millas. Su cabello castaño claro ondeaba con la brisa, y sus ojos verdes observaban cada detalle del entorno con curiosidad.
Se detuvo junto a un arroyo cristalino para beber un sorbo del agua clara.
La figura se incorporó lentamente, dejando caer unas gotas de agua de sus dedos. Sus ojos verdes escanearon los alrededores con una mezcla de cautela y fascinación. El sonido del arroyo era un murmullo constante, acompañando al canto de los grillos que comenzaban a despertar con la llegada de la noche.
Continuó su camino por el sendero, sus pasos ahora más lentos mientras la luz disminuía visiblemente. Las estrellas empezaban a aparecer en el cielo oscurecido, parpadeando débilmente contra la inmensidad de la oscuridad.
De repente, un sonido nuevo rompió la paz del lugar: el relincho agudo de un caballo y voces distantes pero claras. Se detuvo en seco, agachándose instintivamente detrás de unos matorrales densos.
Las voces se acercaron, y pronto pudo distinguir dos figuras montadas a caballo que avanzaban por el mismo sendero. Eran hombres armados con espadas y arcos, vestidos con ropas de cuero y metal que brillaban bajo la luz menguante.
"¿Seguro que viste a alguien por aquí?", preguntó uno de ellos con voz grave, su caballo moviéndose nerviosamente bajo él.
"Sí, juraría haber visto a alguien cerca del arroyo hace apenas unos minutos", respondió el otro, ajustando su agarre en el arco. "Podría ser uno de esos viajeros extraviados o incluso algo peor".
Mientras tanto, la figura oculta detrás de los matorrales contuvo la respiración. Su corazón latía más rápido contra su pecho mientras escuchaba cada palabra de los jinetes. Sabía que si la encontraban allí sería difícil explicar su presencia sin levantar sospechas.
Los jinetes detuvieron sus caballos a solo unos metros de su escondite, y la figura pudo escuchar claramente sus conversaciones. Uno de ellos desmontó con un gruñido de esfuerzo, sus botas crujiendo contra el suelo polvoriento.
"Mira alrededor", ordenó el jinete aún montado. "Revisa esos arbustos y detrás de esas rocas. No quiero dejar ningún rastro suelto".
El hombre que había desmontado comenzó a caminar lentamente hacia su posición, su espada desenfundada y lista para atacar ante cualquier señal de movimiento. Sus pasos eran cuidadosos pero decididos, cada paso más cerca de descubrirla.
Detrás de ella, el arroyo continuaba fluyendo sin preocupaciones mientras la tensión crecía en el aire nocturno.
La figura permaneció completamente quieta detrás de los matorrales, su cuerpo tenso como una cuerda de arco. Cada sonido parecía amplificarse en sus oídos: el crujido de las hojas secas bajo las botas del hombre armado, el relincho impaciente del caballo, incluso el zumbido de los insectos nocturnos parecía más fuerte que nunca.
El hombre se acercó peligrosamente a su posición, su espada reflejando débilmente la luz de la luna creciente. Podía ver sus botas deteniéndose justo al borde de su escondite, y contuvo un gemido de miedo que amenazaba con escapársele.
"¿Encontraste algo?", gritó el jinete montado desde la distancia.
"No todavía... pero estoy seguro de que está cerca", respondió el otro en un tono más bajo y peligroso.
¿Qué deseas hacer?
No hago nada, espero manteniendo la respiración.
El hombre se agachó ligeramente, su rostro apenas visible entre las hojas. Su respiración era audible ahora, y la figura pudo distinguir la cicatriz que cruzaba su mejilla. "Puedo sentirlo... como si el aire mismo estuviera más denso aquí".
Sus dedos rozaron los matorrales que la protegían, y ella pudo ver cómo se tensaban los músculos de su brazo mientras buscaba cualquier señal de vida. El corazón le martilleaba contra las costillas, y sus pulmones ardían por la necesidad de aire que no se atrevía a tomar.
"Maldita sea, ¿dónde estás?", murmuró él, su voz cargada de frustración. "No puedes esconderte para siempre".
Detrás de él, el otro jinete comenzó a llamar con más insistencia.
"¡Vamos, tenemos prisa!", llamó el jinete montado con impaciencia. "No podemos perder toda la noche buscando a algún pobre diablo perdido".
El hombre que buscaba se enderezó con un gruñido de frustración, limpiándose el sudor de la frente con el dorso de la mano. "Está bien, está bien... pero apuesto mi mejor espada a que estaba aquí hace un minuto". Volvió a mirar hacia los matorrales una última vez antes de darse la vuelta y regresar a su caballo.
La figura soltó el aliento que había estado conteniendo durante lo que pareció una eternidad, sus hombros temblando ligeramente por la adrenalina residual. Podía oír cómo los caballos se alejaban lentamente.
La figura permaneció inmóvil durante varios minutos más después de que los sonidos de los caballos desaparecieran por completo en la distancia. Su corazón seguía latiendo con fuerza contra sus costillas, y podía sentir el sudor frío pegándose a su piel bajo la ropa.
Finalmente, con movimientos cuidadosos y silenciosos, emergió de su escondite entre los matorrales. Sus piernas temblaban ligeramente por la tensión acumulada mientras se sacudía las hojas secas del pelo y la ropa.
Miró a su alrededor con nuevos ojos, evaluando cada sombra y cada sonido como si pudiera ocultar otra amenaza potencial. El arroyo seguía fluyendo tranquilamente a pocos metros de distancia, pero ya no parecía tan acogedor como antes.
Decidió que lo más sensato sería encontrar un refugio más seguro para pasar la noche antes de continuar su viaje al amanecer.
Comenzó a moverse con cautela por el sendero, manteniéndose cerca de los árboles y matorrales para aprovechar cualquier cobertura disponible. Sus ojos escaneaban constantemente el horizonte, buscando cualquier indicio de movimiento o luz que pudiera delatar la presencia de otros viajeros o patrullas.
El viento había ganado fuerza, haciendo que las hojas susurraran secretos ininteligibles en la oscuridad. A lo lejos, un lobo aulló solitariomente, recordándole cuán vulnerable era en este vasto paisaje nocturno.
Después de caminar unos quince minutos, avistó una pequeña cueva semioculta entre rocas y vegetación densa. Parecía ofrecer suficiente protección contra la intemperie y los depredadores nocturnos.
Con renovado propósito, aceleró el paso hacia la entrada de la cueva mientras preparaba mentalmente un plan para asegurarse de que nadie más hubiera elegido ese mismo refugio temporal.
Al llegar a la boca de la cueva, se detuvo abruptamente, sus sentidos alerta a cualquier señal de ocupación. Escuchó atentamente durante varios segundos, pero solo oyó el sonido del viento y el eco de sus propios latidos acelerados.
Sacando una pequeña linterna de su mochila, la encendió con un chasquido metálico y la levantó precariamente para iluminar el interior.
Dentro todo parecía tranquilo; ninguna huella fresca en el suelo de tierra ni señales obvias de animales o viajeros anteriores.
La figura de Sashat se adentró completamente en la cueva, dejando caer su mochila contra una pared interna antes de inspeccionar mejor su nuevo hogar temporal. La luz de la linterna bailaba sobre las paredes curvas y el techo abovedado, revelando detalles que antes habían estado ocultos en la oscuridad.
Después de asegurar que estaba realmente sola, comenzó a explorar el espacio con más confianza. Encontró una pequeña área cerca del fondo que parecía ideal para dormir, con un suelo ligeramente más plano y una roca baja que podía usar como almohada improvisada.
Mientras se quitaba la chaqueta y la extendía sobre el suelo como una manta, no pudo evitar pensar en lo cerca que había estado de ser descubierta por aquellos hombres armados. Un escalofrío recorrió su espalda al recordar la cicatriz en la mejilla del hombre y la determinación en su voz cuando la buscaba.
Sacudiendo la cabeza para deshacerse de esos pensamientos inquietantes, se sentó con las piernas cruzadas sobre su chaqueta y abrió su mochila.
Rebuscó en el interior de su mochila hasta encontrar una pequeña bolsa de cuero que contenía algo de tabaco de liar, de debajo de la bolsita sacó un tupper. Mientras masticaba lentamente un trozo de carne salada, su mente divagó hacia los eventos del día y las decisiones que la habían llevado a este punto.
Había partido de su casa hace apenas una semana, impulsada por un deseo ardiente de aventura. Aunque sabía que el mundo exterior podía ser peligroso, nunca había imaginado que se encontraría cara a cara con hombres armados tan pronto en su viaje.
Mientras terminaba de comer, su mirada se posó en un pequeño objeto metálico que había estado guardado cuidadosamente en un bolsillo interno de su chaqueta. Era un medallón antiguo, con intrincados grabados que parecían contar una historia propia.
Lo sostuvo en su mano, sintiendo el peso familiar contra su palma. Ese medallón había pertenecido a su abuelo, quien se lo había dado antes de morir, junto con una advertencia misteriosa: "Cuando llegue el momento, sabrás qué hacer con él".
Hasta ahora, no había descubierto ningún uso para el objeto más allá de su valor sentimental. Pero después de los últimos eventos, no podía evitar preguntarse si este viaje no sería parte de un propósito mayor del que aún no era consciente.
Con un suspiro profundo, guardó cuidadosamente el medallón y se acurrucó bajo su chaqueta. Aunque la noche aún era joven y las preguntas sin respuesta abundaban en su mente, sabía que necesitaba descansar para enfrentar lo que el nuevo día pudiera traer.
Mientras se acurrucaba bajo su chaqueta, Sashat no podía evitar sentir una mezcla de emociones contradictorias. Por un lado, estaba el miedo y la incertidumbre sobre lo que depararía el futuro inmediato; por otro, había una chispa de excitación y curiosidad por descubrir qué la esperaba más allá de las colinas y los bosques que aún no había explorado.
Cerró los ojos, intentando dejar que el cansancio la venciera. Pero incluso mientras el sueño comenzaba a envolverla en su abrazo suave, su mente seguía activa, dando vueltas a las experiencias del día y las posibles consecuencias que podrían haber tenido sus acciones.
Justo cuando estaba a punto de caer completamente dormida, un ruido repentino la sobresaltó. Era un sonido leve pero distintivo: pasos cautelosos fuera de la cueva. (105)
Su corazón se aceleró instantáneamente mientras se incorporaba lentamente, tratando de mantenerse en silencio. (53)
Motivo: Alerta
Tirada: 1d100
Dificultad: 50+
Resultado: 72(+33)=105 (Exito) [72]
Motivo: sigilo
Tirada: 1d100
Dificultad: 50+
Resultado: 3(+50)=53 (Exito) [3]
Sashat se quedó completamente inmóvil, su respiración contenida mientras escuchaba atentamente los pasos fuera de la cueva. Cada músculo de su cuerpo estaba en tensión, preparado para reaccionar ante cualquier amenaza.
Los pasos se detuvieron brevemente justo frente a la entrada, y por un momento terrible pensó que había sido descubierta. Pero luego continuaron, alejándose lentamente hacia la noche.
Con cuidado, se arrastró hacia la entrada de la cueva, manteniéndose baja y fuera de la vista. Asomándose ligeramente, pudo distinguir una figura solitaria que caminaba con cautela por el sendero. Era un hombre alto y delgado, vestido con ropas marrones y oscuras que parecían fundirse con las sombras.
Motivo: Sigilo
Tirada: 1d100
Dificultad: 75+
Resultado: 85(+50)=135 (Exito) [85]
La figura se detuvo momentáneamente, como si hubiera percibido la presencia de alguien dentro de la cueva. Se quedó inmóvil durante varios segundos, su cabeza girando lentamente hacia la entrada. Por un momento espantoso, Sashat, desde dentro de la cueva temió que sus ojos se encontraran, revelando su escondite.
Pero el hombre continuó su camino sin detenerse, desapareciendo finalmente en la oscuridad de la noche. Sashat soltó un suspiro tembloroso, su corazón latiendo con fuerza contra sus costillas.
Regresó lentamente a su lugar junto a la pared del fondo, su mente dando vueltas a las implicaciones de este nuevo encuentro. ¿Quién era ese hombre? ¿Qué lo había llevado a caminar por este sendero solitario en medio de la noche? ¿Era una amenaza o simplemente otro viajero como ella?
Estas preguntas quedaron sin respuesta mientras se acurrucaba bajo su chaqueta, intentando encontrar el sueño una vez más. Pero ahora estaba más alerta que nunca, sus sentidos atentos a cualquier sonido fuera de lo ordinario.