
Donde comienza la aventura.
Las murallas están hipotecadas tres veces, las almenas tienen carteles de “Se Vende” y el foso está alquilado por horas a pescadores locales.
Aquí reside el rey bonachón (y negligente) junto al escriba real y otros empleados pasantes.
Un lodazal pegajoso donde cada paso que das te cuesta el doble del anterior.
Criaturas conocidas como Usureros del Fango ofrecen préstamos rápidos… a 200% de interés compuesto.
Quien no paga, se hunde literalmente en el barro.
Árboles altos con hojas que parecen contratos enrollados y facturas vencidas.
Cada vez que alguien habla demasiado alto, un duende notario aparece con pluma y exige firma de consentimiento.
Se rumorea que en lo profundo hay un Abogado Centauro que ofrece consejos legales a cambio de la firma un crédito hipotecario… o de tu almuerzo...
Punto de reunión popular. El cartel muestra un dragón con monóculo guardando monedas en una hucha de barro.
Aquí los aventureros pueden encontrar rumores, información… o perder todo en dados contra los enanos corredores de bolsa que beben cerveza negra sin parar.
El posadero asegura haber visto al Dragón Contable “pasando balances” en la barra, pero nadie le cree porque siempre está borracho.
Un laberinto subterráneo lleno de túneles excavados por criaturas que viven de encontrar agujeros legales.
Cada túnel lleva a un vacío jurídico distinto, y algunas criaturas intentan convencer a los aventureros de que “no pagar impuestos es legal si silbas fuerte al firmar”.
Peligro: el lugar es inestable porque demasiadas lagunas legales colapsan la realidad misma.
Una feria bulliciosa donde se venden objetos mágicos que fueron confiscados.
Puedes encontrar espadas, armaduras, varitas… pero todo viene con etiquetas como “pago en cuotas” o “sin garantía mágica”.
Aquí suele haber rumores sobre la ubicación del Dragón, que ha comprado varias cosas con su tarjeta de crédito dracónica.
El titulo lo dice todo...¿A que sí?
Está decorada con montañas de recibos, libros contables y montones de oro perfectamente ordenados por trimestre fiscal.
El Dragón Contable no escupe fuego: escupe auditorías mágicas que obligan a revelar tus gastos más vergonzosos.
Un lugar "secreto" en las montañas donde monjes financieros practican el arte milenario de cuadrar presupuestos imposibles y "blanquear" ingresos no registrados.
Se dice que guardan la clave para negociar con el Dragón Contable… siempre que uno soporte su cantinela de “mantra de balance” repetida durante horas.
