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En la mente de Sherlock

Epílogo

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04/07/2022, 23:25
Director

Watson en su lecho de muerte, había dejado instrucciones precisas para que su hijo ayudara a Sherlock Holmes. Se lo hizo prometer. Los legajos que dejó cautivaron a John Albert y permitieron un reencuentro, por otra parte necesario, con las historias con las que su padre había disfrutado de joven junto a su padrino y que posteriormente éste había olvidado debido a su enfermedad. Holmes padece demencia senil, en su primera fase.

Por ello, John Albert comenzó a preparar una singular caja de recuerdos. Era necesario. La vida es como un tapiz, se teje con recuerdos de personas y acontecimientos. Un entretejido tapiz único te recuerda quién eres, dónde has estado y qué has hecho.

Al principio de la enfermedad, Sherlock tenía algunos problemas para crear nuevos recuerdos, pero los recuerdos de los primeros años de vida solían conservarse de manera relativa. No podía dejar que se esfumara todo eso. Lamentablemente, su demencia senil se llevó estos recuerdos progresivamente, su distanciamiento era grande, hasta tal punto que ni siquiera recordaba la muerte de Watson ni ponía nombre a la cara de John Albert, su ahijado.

Watson -ya en su lecho de muerte- le dijo a John Albert que, si estás cuidando a un ser querido que tiene demencia senil, puedes ayudarlo a controlar la aparición de la pérdida de memoria creando un banco de recuerdos tangible. A la vez que una caja o un banco de recuerdos también puede ayudar a disminuir los sentimientos de depresión que pueden manifestarse con la enfermedad.

Todas esas historias y volúmenes dejados en herencia, llevaron a John Albert Watson al estudio metódico de Sherlock Holmes, y a tejer este elaborado plan de acción. No valía con recordar vagamente sus casos. Había que dar detalles puntuales. Había que fabricar la mejor caja de recuerdos posible.

Esto no era más que una añagaza de Watson, su gran amigo y compañero de aventuras, que había preparado una adecuada despedida. Lo cierto es que se había tomado mucho interés en que fuera un recuerdo memorable. ¡Y créanme que lo consiguió!

Holmes, nunca quiso asumir que su querido compañero de aventuras había fallecido. Consideraba al doctor Watson parte de su familia, así que el fallecimiento de aquel buen hombre, unida a la reciente pérdida de la señora Hudson, fue como si una puerta se cerrara de golpe sobre todo lo que lo había vivido previamente.

Cuando alguien muere siempre queda algo para el recuerdo. Sherlock ajeno a la muerte, simplemente no lo recordaba. Siempre pensó que el distanciamiento con su compañero de aventuras tenía que ver más con la mala relación que tenía con su esposa. No se llevaba demasiado bien con la tercera esposa, a la que encontraba aburrida y controladora y, después de recordar algunas de sus aventuras juntos, se dio cuenta de que ya no tenía demasiado en común con el doctor Watson. Lo echaba de menos.

Lo que estaba claro es que había llegado en la senectud a la última de sus etapas detectivescas. El tiempo no perdonaba.

FIN