El marine, alegre por descubrir que todo estaba bien sonrió. - Si, es que pronto llegó la solicitud de repuesto y el Albarán nos lo selló el Jefe del Arsenal directamente. Te diste cuenta que era el más alto mando del "lugar" quién se había hecho cargo de todo. Y claro, los subordinados, si lo firma "El Jefe" se darían patadas en el culo porque todo saliera perfectamente. Y asintió a tu comentario de los desechos y reutilizar o reparar otros materiales. Siempre era más económico intentar reparar una pieza o un sistema que tener que comprarlo nuevo e instalarlo.
Los marines se retiraron.
Algunas cosas pesaban bastante, pero en los sistema de transporte que estaban (Unos carritos gravíticos, sin ruedas) no te costó gran cosa meterlo todo. Al terminar, Perro Curioso se burló de ti: - Joer Jefe, ¿Te has dedicado a charrar con los marines en lugar de aligerar las reparaciones? No pensabas que hubieras tardado mucho, pero, ¿Por qué esta Inteligencia Artificial estaba.... "haciendo bromas"?
Te echo una mano. Estamos en Marzo del 1112.
jaajajajaj
Gracias
;P
Luego de un par de viajes, llevando y trayendo aquellos carritos gravíticos, suspiró del esfuerzo cuando lo interceptó otra de las curiosas bromas del perro. Levantó la vista, como queriendo interceptar la mirada inexistente de la I.A., y dijo— Ja, ja. ¡Qué gracioso! Ya podrías poner en marcha esos drones de reparación. Para así poder darme una mano con esto ¿No? —Suspiró de nuevo, con algo de sudor en la frente. A pesar de que los carritos ayudaban con su transporte, seguían siendo contenedores cuyo peso era demandante.
Si todo estaba correcto habría que rellenar el inventario que los marines le habían solicitado y tendrían al perro (esta vez, la nave) reparado en un santiamén. No podía esperar por tener todo listo y preparado para continuar con su viaje.
Lamento la tardanza, he tenido unos días ajetreados.
- Los drones están trabajando Señor. Respondió lacónicamente, sin sentimientos, y como si encina lo tuvieses que saber.
Al poco rato de estar descansando, ya con el aliento recobrado y el sudor solo marcando tu ropa te llegó otra comunicación. - Señor, La Pasajero, que viene con su hijo, desea hablar con usted. Por lo visto quiere marcharse y continuar por sus propios medios.
Más tardo yo, así que no padezcas.
Tras el esfuerzo, mientras que las maquinarias hacían su parte para poner en condiciones aquella nave, un nuevo mensaje del perro llegó hasta su puesto de mando— Bien, dile que pase. La esperaré en el puente para conversar. —Se llevó la mano al mentón y rascó su rasurada barbilla pensativo—. ¿Estará bien si la dejamos desembarcar acá? Podríamos llevarla aún más lejos. —Se quedó un momento reflexivo— Será mejor que primero escuchemos lo que quiera comunicarnos. —Y se acomodó el mono de trabajo levantándose de su asiento con ganas de iniciar aquella amable entrevista.
No nos preocupemos. A nuestro ritmo.
Entraron con mucha humidad y paciencia. Como si lo que le corriese por las venas fueras vergüenza. Al acercase pudiste ver dos uniformes que habías estudiado los primeros días, pero, que ya os advirtieron que si los encontrábais, sería un una extraña situación, y que casi nadie de aquella sala conseguiría verlos jamás. Eran los de Acólito Psiquico y Psiquico Imperial. Eran muy parecidos a los de los Navales, pero tenían algo raro en el cuello. Los botones también eran diferentes y un ancho cinturón, muy, pero que muy ancho. Eso del cinturón no lo recordabas, pero, pasados tantos años era posible haber olvidado detalles.
Empezó hablando la mujer: - Muchas gracias por su ayuda Señor Pascal. El chiquillo estaba ante la mujer, y las manos de ella descansaban sobre los hombros del muchacho. Este se giró levemente, para mirarle a la cara. Ella dio dos golpecitos como para calmarle con la mano derecha. - A partir de este lugar ya podemos ir nosotros solos. Muchas gracias por habernos liberado de aquellos desgraciados y más aún por traernos aquí. No sabemos como ha descubierto quienes éramos, pero da igual. Este era el mejor sitio donde podía traernos. Alargó la mano para darte un papel. Era un cheque de 100.000.-CR a tu nombre y por detrás estaba anotado un código. - Por favor, mande este código al puente, digo... a Control de Tráfico y me reitero: muchísimas gracias por traernos. Miraste otra vez la cantidad, y estaba firmado por el propio Emperador. Esto era muy raro de ver, pero sabías que los cheques así eran considerados dinero. Eran considerados incluso por algunos, como bienes coleccionables, llegando a pagarse verdaderas burradas. La verdad es que la teoría era que mientras circulasen, eran válidos, y al llegar al Banco Central era destruido.
Ante los agradecimientos de la mujer dijo— No ha sido nada. No tenéis de que agradecer. Solo quisimos ayudar. —Se rió un poco avergonzado ante tantos "gracias". De pronto la mujer mencionó aquel lugar, como si él mismo hubiese pensado en ir hacia allí por algún motivo—. Bueno... Nos dirigimos hacia aquí por mera intuición, diría yo. No teníamos idea de que pudiese serle de especial utilidad. —Miró hacia atrás, como tratando de ver la base a través de las paredes de la nave. Se giró de nuevo a la mujer— Bueno, si creen que es el sitio adecuado no los detendré más y les dejaré desembarcar. Gracias por viajar con aerolíneas el perro fisgón. —Agregó simpático. Como respuesta, un cheque un tanto peculiar fue aproximado hacia sus manos— ¿Y esto? —Levantó la cabeza atónito mirando a la mujer sin podérselo creer, ese tipo de cheques no eran habituales en el espacio— ¿Está segura de esto?¿No cree que lo necesitará más usted que nosotros? —Se quedó esperando una respuesta.
Al comentarles que fue MERA INTUICIÓN, se miraron con mucha sorpresa. Parecía que querían decirte algo, pero se lo guardaron. No le diste más importancia. Pero al comentarles lo del cheque se les puso el rostro muy triste. - Sabemos que su "amiga" falleció intentando ayudarnos, así que, dele un último adió bonito y con el resto, disfrute de la vida, que como ya podido comprobar.... es algo muy efímero y especial. Un gesto de quitarle importancia hizo la mujer, pero el joven tenía prisa. - Y no olvide mandar el código....
Volvió a mirar el cheque en su mano—. En ese caso, está bien. —Se quedó pensativo mirando aquel papel sellado— Ella se lo merecería. —Levantó la vista y se dirigió al pequeño muchacho— No te preocupes, no lo olvidaré. Mandaré el código. —Suspiró pesadamente, la despedida estaba cerca— Bueno, no les detendré más. Disfruten también de su vida. Ha sido un gusto compartir el viaje con ustedes. —Se dirigió hacia las computadoras del puente de mando para prepararlo todo y abrirles las compuertas cuando llegaran a la exclusa. Ya habría tiempo luego de preocuparse de enviar los códigos.
Hiciste el proceso, pero, nadie venía. Nadie era capaz de entender lo que pasaba, y desde la esclusa escuchaste una voz infantil dentro de tu cabeza. - Capitán, ha olvidado mandar los códigos. Era como si fuera capaz de gritarte desde allí y conseguir que llegase a tus oidos. O más bien, a tu mente directamente. Le estaba hablando a tu "alma".
La voz infantil insistía en mi mente que no me olvidase de los códigos. No habían pasado ni 5 minutos desde que nos habíamos despedido pero ya estaban ahí haciendo alarde de su inexplicable presencia. Qué más tenía que perder. Estaba allí en el puente de mando y tenía algo de tiempo mientras los drones terminaban las reparaciones. Pondría en el computador los dichosos códigos.
Al mandar los códigos sentiste como un alivio. Como si esa presencia coñona que te estaba chinchando con un dedito en la oreja desapareciese. Te habías quitado un peso de encima.
Ahora la nave parecía vacía. Estabais Astrid y tú, solos. Incluso ella estaba en su cuarto descansando. Sería interesante manejar la nave entre los dos, y que nadie más hubiese dando la lata. Lo bueno es que erais libres de viajar, visitar, adquirir cargas con la que especular, o lo que fuese que se os ocurriera.
Algo pareció cambiar en su cabeza y de pronto sintió como un alivio indescriptible. Como si una pequeña e incesante molestia se detuviese, sin haber llegado nunca a ser suficientemente punzante como para ir más allá de un pequeño fastidio. Suspiró finalmente, se sentía como si un largo y pesado viaje hubiera terminado, como si el universo entero lo esperase.
Estaba divagando y pensando en que hacer ahora, cuando vino a su mente que solo se encontraban en la nave ellos dos: él mismo y su pupila. Se llevó la mano al mentón pensativo— Y ahora... ¿A donde deberíamos partir? —Corroboró que las reparaciones estuvieran terminadas. Revisó las rutas de viaje y, curioso él, revisó que el acceso de los códigos no hubiese generado inconvenientes. Esperaba que la paga estuviese allí y aquel extraño cheque no despertara sospechas ni problemas.
Todo eso hacía cuando a su mente vino una idea. Ya tenía un destino pensado.
Si pagaron, y eso no trajo ninguna complicación. Si las reparaciones están listas. Creo que podemos partir.
Destino: Hishumaki (2312) (CORRIDOR - Naadi).
- Necesitaré 18 horas más para terminar Señor. Incluso parecía molesto. Como si necesitase tranquilidad para seguir trabajando.
El alumno que tenías entró como en tropel.
- ¿Señor.... señor?. Cuando te ve parece que se tranquiliza. - He soñado que se estaba quemando porque había un incendio en la .... Y empieza a dejarlo, viendo que solo era una pesadilla. Aún así se la ve ajetreada. Afectada por el sueño que acababa de sufrir.
Ante la respuesta del Perro respondió— Pues en ese caso, sin problemas. Dejemos que la nave y sus reparaciones estén terminadas antes de hacer nada. —No terminó de decir aquello que, con sudor en la frente, apareció su pupila divagando sobre lo que parecía ser un sueño— Tranquila —dijo, volteando y levantando una mano amistosa en señal de saludo— Tal parece que has tenido una pesadilla o algo parecido. Por aquí todo marcha más que bien. En unas horas volveremos a estar operativos. Ya tenemos destino. Solo es cuestión de asegurarnos de que los arreglos se concluyan correctamente.
Astrid miraba alrededor tuyo, desconfiada. - ¿Y esa voz? ¿Pensé que había alguien más? No movía los pies, pero estaba escudriñando todo el puente, buscando a alguien más. Intentaba ser discreta, pero no le salía especialmente bien.