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Pongamos que hablo de Madrid

Prólogo II: Hernando Marañon

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09/01/2012, 16:52
Director

Madrid, 10 de diciembre del año de nuestro señor de 1624.

La mañana comenzaba con unos tímidos rayos de sol colándose por el cristal de la ventana. Llegaste ayer mismo a madrid y te acomodaste en el primer sitio donde te acogian, por supuesto pagando. Entraste de noche y nisiquiera conoces el nombre del hospedaje.

La habitación es mas estrecha que ancha, con una cama de colchón de lana y sábanas raídas de amarillo debido a las veces que las han lavado. A un lado, un taburete y una mesilla donde se encontraba una vela de sebo. debajo de la cama, un bacín.

Esperas que tu nombre pronto recorra las calles de la ciudad y puedas conseguir dinero, amén de una casa decente. Mientras tanto, tendrás que anunciarte y buscar amigos que te promocionen.

 

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09/01/2012, 18:09
Hernando Marañón

Me levanto de la cama con algo de parsimonia. Pese al sol, hace un frío de justicia, y esa habitación hace las veces de nevero. Qué asperas son las sábanas, espero que mis conocimientos me ayuden a hacer fortuna en esta villa de Madrid. Que a mis años tenga que buscarme la vida y empezar de nuevo como si fuera un mozo de pueblo es el colmo. Me visto. Desenvaino mi estoque del bastón. La hoja sigue en tan buenas condiciones como siempre. Simulo algún movimiento, combatiendo contra un enemigo imaginario para entrar en calor. Guardo el estoque. Procuro mantenerme en forma, nunca se sabe cuándo puedes encontrarte en problemas. Intento acomodarme el cabello de forma digna como puedo, ya que carezco de espejo. Empiezo a tener gana. Abro la puerta, veamos qué pueden ofrecerme de desayuno en este lugar.

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09/01/2012, 19:17
Director

Bajas las escaleras precedido por el crujir de las maderas. Abajo, una taberna con un gran asador, calientan el ambiente producido por el hogar y la leña de encina.

-Buenos días nos de Dios.- Te saluda el mesonero.

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09/01/2012, 19:31
Hernando Marañón

-Buenos días, mesonero. ¿Qué desayuno podría ofrecer a este médico?

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10/01/2012, 16:22
Director

El hombre, bajo de estatura, con mostacho de soldado viejo, camisa blanca y jubón verde oscuro, delgado. Coge una jara de barro y la llena de vino mientras prosigue.-¿Un médico?, vaya, no me fijé ayer cuando llegó su merced a mi mesón. Claro que era de noche entrada y ya sabe lo que dicen, que por la noche, todos los gatos son pardos.-El hombre te trae la jarra de vino templado para el frío.

Ya de cerca puedes verle las cicatrices de su época como soldado en manos y cara. La más significativa cruza su ceja derecha partiéndola por la mitad.

-¿Quiere usted un bizcocho con unos garbanzos con carne de ayer?.  

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10/01/2012, 18:46
Hernando Marañón

—Si tiene un huevo pasado por agua y algo de pan para acompañar al vino se lo agradecería, caso contrario daré buena cuenta de la carne y los garbanzos si me los calienta un poco a la leña. Lamento haber dicho poco anoche, vine cansado del viaje y mis huesos no aceptaban otra cosa que entrar en una cama. He venido a Madrid con intención de establecerme y ejercer mi oficio. ¿Qué nuevas hay en la capital? Bebo con calma el vino.

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10/01/2012, 19:07
Director

El mesonero iba a contestar cuando otro cliente, estoque y vizcaína al cinto, alto y con cara de pocos amigos, baja las escaleras acomodándose en otra mesa.-Quiere algo de comer?.-Le pregunta el soldado viejo. Algo se hablan mirándote el amigo. El mesonero llega hasta una puerta que abre detrás del mostrador y pide a una susodicha isabel que sirva dos esportillas de garbanzos calientes y saque el bizcocho. Mientras, le sirve una jarra de vino caliente al otro y vuelve contigo.
-Poca cosa, aparte de lo de siempre.- El mesonero se secó las manos con un trapo.-Dicen que el jefe de alguaciles está buscando a un hombre y los corchetes están a la que salta para ver quién se lleva el gato al agua.-Una mujer asoma con los platos de comida, poniéndoos uno a cada comensal y el bizcocho lo parte el hombre con un cuchillo.-Pero de su oficio, nada.     

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10/01/2012, 20:09
Hernando Marañón

—Lástima —digo con algo de pesar. Demasiada suerte habría tenido de encontrar trabajo nada más llegar. Pese a la mirada excrutadora del fulano que ha bajado a desayunar, me mantengo impasible. Siento la tentación de preguntar al mesonero por quién es, ya que presumo que él habrá hecho lo propio, pero me guardo de hacerlo. Otro hijodalgo que busca problemas y los encuentra. Tengo demasiada escuela de la vida y suficiente clase como para no rebajarme a un tira y afloja con un matasiete. Me desayuno tranquilamente. Seguro que estos garbanzos me terminan sentando como un tiro. Hace quince años me tragaba lo que fuera y lo hacía bueno sin problemas.

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11/01/2012, 20:11
Director

El jaque parece interesado en la noticia, pues, apurando tinto de un trago, llama discreto al mesonero hablando en baja voz.

El mesonero contesta mientras le repone el vino.-Al parecer,-comenta torciendo el mostacho,-unos lindos encontraron a dos bravucones en sus salidas nocturnas de mancebías y flirteos cuando estos, al paso por la calle de los peligros, que se acogian a casa, resolvieron que dos mas dos son cuatro y de cuatro reales, dos pa cada uno. Asi que se encomendaron a santa Eufemia con mucho alboroto. Cuando llegó la partida de alguaciles y corchetes, uno de los lindos estaba herido grave con uno de los barateros, con la gola atravesada, mientras el otro se acogía a las de villadiego.-Dejando la jarra de vino en la mesa del contrario se encoje de hombros.-Ignoro sus nombres y su religión, pero deben ser hijosdalguien para mover tanta gura.-

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12/01/2012, 09:38
Hernando Marañón

Curioso es este país, me digo. Puedes encontrar hasta debajo de las mesas a alguien que no tendría inconveniente de vender a su madre por un maravedí. Pobres muchachos. Entonces me pongo a pensar. Si los lindos eran gente principal y acabaron como un puerco en San Martín, puede que necesiten de los servicios de un médico competente. Seguro que ya lo tienen, pero nunca está de más preguntar. Iré a hablar con los corchetes. Pago al mesonero y me marcho, sin decir nada más.

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12/01/2012, 18:44
Director

El mesonero, que te vé levantarte y pedirle echar cuentas, se acerca. -Por la habitación 18, 1 por el vino y 2 reales de la guarnición.-Dice conocedor del oficio contando con los dedos las monedas a la vez que las vas sacando y exponiendo en la mesa. Antes de atravesar el umbral oyes una voz detrás.-Quiere que le guarde cama para esta noche señor médico?.-

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12/01/2012, 20:33
Hernando Marañón

—Sí, guárdemela, gracias. Atravieso el portal hacia la calle, en busca de los corchetes.

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12/01/2012, 23:57
Director

Al salir te cruzas con un hombre alto y joven, aunque bien puesto. Sombrero ancho con pluma y tizona al cinto entra al mesón.

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13/01/2012, 13:34
Hernando Marañón

Me quedo unos segundos mirando al joven con algo de curiosidad de forma disimulada, para luego continuar mi camino en busca de los corchetes.