Estaba claro que se trataban de alguna clase de animales, o eso parecía, pero sobre todo, despertó la urgencia por hacer algo. Si se trataba de criaturas buscando cobijo o que habían olido posible alimento, debíamos actuar con rapidez y asegurarnos de que no podían entrar.
Miré a Andrés y después, me puse en pie y agarré un leño medianamente encendido, mientras me asomaba a la ventana a mirar, con precaución, pero temiendo que de nuevo, podíamos tener problemas y esta vez, quizás fuese más difícil librarse de ellos.
Andrés había desaparecido por el hueco de la puerta. Al mirar por la ventana una bola de pelo de metro y medio de larga, rolliza y con mucha prisa, salía corriendo alejándose de la casa. Parecía un oso pardo pequeño. No sabrías asegurar, pero algo así era. De cuando en cuando se llevaba una de las patas delanteras al hocico, como si algo le molestase.
Oiste un tarugo caer al suelo de madera y Andrés apareció por el hueco de la jamba de la puerta con uno de los brazos sangrando y el la otra mano, aún con el tarugo. Tenía varios rasguños menores en el pecho y el centro de la frente ennegrecido por algo. Nada más levantar la cabeza y verte, se desplomó de morros. Estaba muy pálido.
Antes de que me diese cuenta, Andrés había desaparecido. Yo me había asomado solamente para mirar, pero él, antes incluso de que pudiésemos descubrir lo que había al otro lado de la puerta, había tomado la iniciativa. No me gustaba; era peligroso y tampoco había motivos para darse tanta prisa.
Seguí mirando por la ventana y distinguí lo que me pareció podía ser alguna clase de oso, huyendo. No era nada peligroso pero en cualquier caso, Andrés había conseguido espantarlo.
Cuando reapareció Andrés, coloqué mis brazos en jarra.
-Hombres. Siempre haciendo las cosas sin pensar. ¿Y si hubiese sido...?
Pero no lo terminé. Estaba sangrando y un segundo más tarde, caía al suelo.
Me dirigí hacia él rápidamente examinando las heridas que tenía en pecho y brazo. Eran arañazos profundos, aunque quizás resultaba igual de preocupante que desangrarse, las posibles infecciones que pudiera sufrir.
Sin perder demasiado tiempo, examiné la herida. Disponía de hielo para hervir agua, aunque no sabía si habría algún recipiente para hacerlo y poder así limpiarle la herida. También podía hacerle un torniquete, pero eso era siempre algo temporal de lo que no podía abusar.
Empecé con lo básico, viendo si la herida era profunda o no, y tomando decisiones poco a poco.
Motivo: Medicina
Dificultad: 26
Tirada base: [2], 5, 4
Modificador: -5
Resultado: 6, Éxito
22:11.- HZ del 9 de septiembre de 2024.
Casita del lago (Cerca del Pueblo de Hielo)
Cielo despejado (0 Octas). 1 km/h viento. -23ºC. (Sensación térmica en el exterior -24ºC).
Por la noche. Sin precipitaciones. (Hay neblina baja, que emana desde el hielo).
No tardas demasiado en hacer una vendas y torniquetes con la ropa. En la caída se había fracturado algunos dedos, pero, eso no era importante ahora. Habías visto colgadas unas cuantas cacerolas de cobre y una de buen acero. Lo malo eran los cortes sobre el deltoides y biceps. En el cuádriceps también tenía algo, pero, eso con un vendaje te valía. Después de estabilizar las heridas, y soldado cada unos pocos minutos el torniquete, al final, dejó de sangrar. Ya era de noche del todo, y moverlo, aunque fuera a rastrar por el hielo, podría ser peligroso. Ya no había luz y no te conocías la zona. El viento estaba cesando del todo. Parecía uno de esos periodos de descanso entre tormenta y tormenta.
Al final fuiste a ver la habitación.
Un colchón grande, de matrimonio, o tal vez más grande aún, descansaba desnudo sobre un somier de láminas. Lo trajiste todo. Estar separados del suelo siempre era mejor que helándose los pies. Parte de la ropa estaba seca, pero hecha girones por el tratamiento improvisado.
El hombre duerme. Está fuera de peligro y no temes infecciones, ya que pronto lo limpiaste todo. Aunque las bestias no solían lavarse los dientes o las manos.
Un viaje de susto en susto.
Parecía increíble pero había conseguido salvarle... otra vez, aunque en aquella ocasión, había sido él quien me había salvado a mí, previamente. Sin embargo, necesitábamos salir de allí.
Lo primero había sido contener las hemorragias, pero una vez hecho, tocaba decidir. No podíamos permanecer allí, así que en cuanto amaneciese, tendríamos que movernos. Seguramente, alguien nos estaría buscando, o puede que no, pero por si acaso, había que moverse, que iniciar el intento de regreso.
Aunque para eso, necesitaba que Andrés mejorase, que estuviese lo suficientemente fuerte como para ponernos en marcha, y yo también.
Tenía que descansar.
Así que me eché a su lado, aprovechando el calor de ambos, y cerré los ojos para soñar con calor y comida, y un mundo distinto, más tranquilo, menos peligroso, y con un futuro.
11:07.- HZ del 10 de septiembre de 2024.
Casita del lago (Cerca del Pueblo de Hielo)
Cielo despejado (0 Octas). 17 km/h viento. -29ºC. (Sensación térmica en el exterior -40ºC).
Por el día. Sin precipitaciones. (Hay neblina baja, que emana desde el hielo del lago).
Te despertaste con un beso en la frente y una palabra. - Valeria. No sabías quién era, pero el muchacho aún dormía. Te sorprendió en contacto en la frente y no había nadie más allí. Debía haber sido él. También notaste que algo estaba "bien arriba". O estaba soñando con algo excitante, o era tu olor, o era tu contacto. También podía ser que la próstata le estuviese haciendo una mala pasada por las ganas de mear que tenía. Pero estaba "tan tieso" que era casi .... molesto. O tal vez no.
Valeria debía ser alguien importante para él, alguna conocida, una antigua pareja o simplemente alguien a quien deseaba. Eso no fue lo que me inquietó, ni tampoco el beso, sino aquella erección tan poderosa que tenía, y que me apuntaba directamente. Sabía que por las mañanas, era algo típico en los hombres, así que tampoco me escandalicé.
Lo había visto también demasiado a menudo tratando a la gente en los hospitales, en otros tiempos, en otro mundo.
Por otro lado, hacía mucho tiempo que no estaba con nadie. Quizás demasiado. No me parecía muy mala idea aprovechar el momento.
Me incorporé ligeramente, mientras lo observaba dormir, pensando en cómo sería volver a hacer cosas normales, o que se suponían normales.
A los pocos minutos ya estaba bastante más normal. También dio signos de recuperarse. El fuego fue necesitando combustible para hacer su trabajo, y cerrando la puerta que daba a ese cuarto, se estaba bastante bien. tras un par de horas recuperó la consciencia, y tu estómago empezó a protestar... de nuevo.
Teníamos que regresar, pero para eso, necesitaba ver que estuviese fuerte de nuevo. ¿Cuánto tardaría en poder volver a caminar?
Puesto que el fuego se estaba apagando, podía asegurarme de mantenerlo o por el contrario, dejar que expirara y estimularnos así a marcharnos cuanto antes.
Cuando despertó, le miré preocupada.
-¿Cómo te encuentras? ¿Con fuerzas para moverte? Si no, tendré que ir a buscar algo de comer.
- Puffff. Resopló. - Me parece que no voy a alejarme nunca más de ti. Le brillaban hasta los ojos, y su voz en un susurro le daba un aire tierno. Sus palabras so podían tomar... de varias maneras.
Sonreí.
Sonaba atrevido, pero tampoco sabía hasta qué punto.
-Está bien, no lo hagas. He de reconocer que a mí tampoco me apetece alejarme demasiado -le confirmé, colocando una mano sobre su pecho.
Se intentó acercar a besarte en los labios. Fue muy tenue. Algo que sin fuerza podrías parar con tu mano en su pecho. Un intento bajo, si fuerza, tanteando la situación. - Pues sigo vivo porque estás aquí. Te susurró con tiempo, antes de llegar a tus labios.