Partida Rol por web

Viaje a la luna

Ambientación

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05/02/2014, 19:03
Director

El fin de una era

En diciembre de 1901, la reina Victoria yace moribunda en su cama. Le acompañan sus familiares y allegados, entre los que se cuentan sus hijos, el príncipe Jorge y el káiser Guillermo, siempre distanciados. Durante el largo periodo de paz y prosperidad entre las grandes potencias de Europa, en vida de la reina, Inglaterra y Alemania jamás pelearían entre si. Sin embargo, tras casi cincuenta años de expansión en las colonias, los imperios europeos están chocando, y las alianzas están claras. Hay un conflicto en ciernes, y a pesar de que la reina les hace jurar en su lecho de muerte que no llevarán a Europa hacia la guerra y la destrucción, el conflicto se va haciendo cada vez más inevitable.

Terminaba así un glorioso periodo de "paz armada" y "espléndido aislamiento", en el que el progreso de las naciones civilizadas ha aumentado su riqueza, a costa de hacerlo con la desigualdad en el mundo. Las rugientes calderas de las siderúrgicas y el monótono traqueteo de las selfactinas anunciaron una nueva era industrial, en la que gloriosas maravillas tecnológicas se dieron la mano con avances sociales que cambiarán la faz del mundo. Los trabajadores, ahora asociados en sindicatos, luchan por sus derechos y una vida mejor, mientras manejan monstruos mecánicos en las fábricas donde la tecnología es cada vez más puntera: el teléfono, la radio, la electricidad, el uso de combustibles como el diésel, las máquinas lógicas (ordenadores), los exoesqueletos mecánicos, los dirigibles militares...

Con la llegada del nuevo siglo, los primitivos automóviles recorren las calles de Londres por decenas, suplantando a los viejos y honorables coches de caballos. Los aeroplanos comienzan a hacer su aparición, y se vuelven tan populares como los teléfonos, que ahora decoran las mesas de trabajo de cualquier secretaria en Nueva York. Pero los avances no son solo en lo material, ya que surgen nuevas tendencias artísticas, nuevos derechos y conquistas sociales, nuevas modas que irrumpirán con fuerza para cambiarlo todo... El avance parece imparable, y solo el fantasma de la guerra parece teñir el horizonte de negras nubes.

Para los patriotas y los militares, proteger la nación y el imperio son máximas inamovibles. No están solos, ya que una ola de fervor patriótico recorre el país cada vez que sus tropas triunfan en las colonias o desfilan por sus calles. Las mujeres lanzan flores a los veteranos que desfilan en el día nacional, mientras el rey mira desde el palco. Casi con la misma fruición, los trabajadores crean a destajo en las fábricas las herramientas de muerte diseñadas por los científicos: enormes buques acorazados, aeroplanos y zeppelines, submarinos de ataque, cañones de enorme potencia, ametralladoras, armas químicas... La industria de los armamentos prepara a las naciones de la Triple Entente (formadas por la alianza de Francia, Reino Unido y el Imperio Ruso) para la batalla final contra la Alianza Imperial (formada por Alemania, el imperio Austro-Húngaro e Italia), mientras crecen las tensiones entre las potencias en las colonias y en zonas de influencia como los Balcanes.

La nueva sociedad

Los cimientos de la vieja y buena sociedad victoriana se tambalearon antes de que terminara el siglo. Una de las causas más comentadas por los historiadores fue la Gran Huelga de 1889, cuando los trabajadores que reclamaban mejores sueldos y condiciones fueron duramente reprimidos por la policía en Londres, París y San Petesburgo. Sin embargo, el pueblo no se amilanó, y a la reivindicación obrera se sumó la de las mujeres, que pedían el voto y la igualdad laboral con los hombres. En una fatídica carga de caballería policial en Manchester, siete sufragistas murieron a golpe de porra y bajo los cascos de los caballos.

Este fue el inicio de un movimiento internacional, la llamada Women Revolution, en la que las mujeres boicotearon la economía y los hogares con una huelga masiva. El marido ya no tenía quien le cocinara, y el patrono no tenía mujeres que trabajaran en las textiles. A pesar de los intentos de boicotear la protesta, que se benefició de la mejora de las comunicaciones a través de la red internacional de teléfonos, el Reino Unido, aún en vida de la reina Victoria, fue pionero en la promulgación de las Nuevas Leyes. Estas leyes se pueden resumir en el trinomio Igualdad, Sueldo digno y Equidad en el trabajo. El fenómeno comenzaba a ser imparable, y colectivos que estaban vetados a ciertos trabajos y puestos de responsabilidad, como mujeres o minorías raciales, comenzaron a ocupar el lugar que les pertenecía en un estricto orden de meritocracia.

Aunque hubo organismos que se resistieron, como la Universidad o el Ejército, la necesidad de trabajadores cualificados para la febril producción bélica y el aumento del número de tropas alistadas (que dejaba a las fábricas y negocios sin mano de obra masculina) llevaron a que la imagen de la mujer emprendedora fuera cada vez más común. A pesar de las reticencias de los retrógrados, las barreras se fueron rompiendo: la primera mujer soldado, la primer mujer piloto o el primer negro empresario. El mundo había cambiado, y el cambio parecía haber llegado para quedarse.

El Proyecto Prometeo

En medio de las tensiones entre potencias surgió en 1905 el proyecto Ulises, que perseguía crear una nueva generación de superarmas capaces de atacar al enemigo sin necesidad de cruzar la frontera. Se crearon así las primeras flotas de bombarderos dirigibles, las armas químicas o el más interesante cañón intercontinental. Un diseño alemán, el cañón intercontinental perseguía como objetivo un arma de gran potencia y enorme alcance, capaz de disparar una enorme bala de cañón enriquecida con uranio a cientos, luego miles de kilómetros.

Así se inició el gran juego, la carrera de armamentos. Uno de los científicos fugados del proyecto Ulises, el doctor Meyer, llegó al Reino Unido vendiendo los secretos de las fábricas de armamento del káiser. Para responder al desafío, comenzó una carrera para diseñar la batería de cañones más grande, con mayor alcance, precisión y poder destructivo. Sin embargo, el precio a pagar era desorbitado, y los nuevos ciudadanos con derecho a voto podían oponerse en masa a semejante gasto. Es por ello que los alemanes comenzaron a enmascarar su desarrollo con un nuevo objetivo, aparentemente pacífico y progresista: la conquista del espacio. El lanzamiento en 1906 del satélite "König" motivó el comienzo del Proyecto Prometeo: ya se habían repartido el mundo, ahora tocaba lanzarse al espacio. Los éxitos fueron encadenándose, y los primeros seres vivos dieron paso al primer astronauta en orbitar la tierra (el profesor Cavor), la primera estación espacial tripulada, el primer paseo alrededor de la Luna... La Luna, este era el objetivo que según el rey Guillermo se había fijado el Reino Unido: "Antes de que termine esta década de 1910, un británico pisará la luna". La maquinaria se puso en movimiento, y Alemania respondió al desafío.

La primera misión tripulada británica a la luna, la de la cápsula Blenheim, fue un fracaso. El veterano astronauta Craig Pendleton se estrelló sobre la superficie lunar y, aparentemente, murió a los pocos minutos sin llegar a pisar la superficie del planeta. Corría 1913, y los alemanes mandaron una segunda expedición a la luna, mucho más ambiciosa y con una tripulación de 4 astronautas. A pesar de que todo estaba saliendo como lo habían planeado, un fallo catastrófico en los motores de impulsión alejaron a la cápsula de la órbita lunar, haciendo que la tripulación alemana se perdiera para siempre en el espacio profundo.

Aprendiendo de sus errores, los británicos preparan una segunda misión en 1914. La nave/bala HMS Destiny y su tripulación de 4 astronautas se reunirá en la Estación Espacial Almirante Nelson con un quinto astronauta, iniciando el que se espera sea el primer alunizaje tripulado con éxito. Cuidadosamente seleccionados por sus capacidades físicas y mentales, la tripulación es una fusión entre la sociedad tradicional de la Entente y representantes de la Nueva Sociedad, hermanados ahora (y quizá con fines propagandísticos) frente a un desafío que a todos nos iguala.

En mayo, los héroes desfilan de camino hacia el espacio-puerto de Greenwich, donde el gigantesco cañón intercontinental victoria y la nave Destiny aguardan el inicio de esta histórica misión en medio del fervor de las masas. Un fervor no solo patriótico, si no en el que se cifran las esperanzas y deseos por la paz y el futuro de la humanidad.