Lentamente, la cápsula Destiny se acercó a la mole creciente de la Estación Espacial Almirante Nelson. En realidad "lentamente" no era el término que más se ajustaba, pues la experiencia de la distancia y la velocidad era muy relativa en el espacio. Iniciaron la aproximación a velocidad de escape y Hewson debió frenar y ajustarse a la trayectoria. Era como acertar a unos palos de crickett que se movían de forma helíptica a razón de cientos de kilómetros por hora con una pelota mucho más pequeña. Pero lo hizo.
En realidad, Gorsky estuvo pendiente al otro lado. A pesar del cansancio y el hambre parcamente saciada con la lata de conservas, lo suyo era pilotar aquel gigante. Ajustó el ángulo de guiñada para presentarles la espina de atraje y deceleró para ajustarse a la trayectoria de la Destiny. En menos de 15 minutos la operación fue completada y con un gigantesco "clanc" metálico ambas naves se acoplaron la una a la otra.
Durante los largos minutos en los que se llevaba a cabo la presurización de la cápsula para igualarse a la Nelson, los astronautas de la Destiny se deshicieron de sus trajes de lanzamiento, que no serían necesarios en la estación espacial. Cuando hubieron terminado, unas manos giraron la válvula de su puerta y la abrieron dejándoles ver el interior de aquel monstruo surcado de tubos e instrumentos de medición. Al otro lado pudieron ver flotando en la ingravidez a un sonriente cosmonauta que, al fin, había encontrado "nuevos sujetos de estudio" con los que compartir su nave.
Un breve asentimiento era todo lo que había habido por parte de Rachel ante las palabras de Paul. Del mismo modo que sólo había habido un leve entrecerrar de ojos ante la desobediencia de Savannah. Su propio silencio aprobaba el silencio de David mientras la cápsula se enfrentaba orgullosa contra el infinito, contra la falta de soporte y auxilio que significaba la completa falta de resistencia en el vacío. Los ojos de la comandante se ciñeron sobre el cronómetro, que continuaba su marcha inexorable. No volvió a mirar al piloto, como si supiera exactamente que no era necesario. Miró a través de una de las escotillas, en la cual comenzaba a recortarse la Tierra.

Y su atención se dividió, entonces, entre la medición silenciosa del tiempo y el control irrestricto del espacio.
Veinticinco.

El primer avistaje a la Nelson sin duda lo hizo Paul, pero Rachel fue la primera en reaccionar a ello, como si lo hubiese percibido con un sexto sentido.
- Señorita Keeraghan - llamó con voz neutra, por segunda vez. Aquello era un prodigio de paciencia y tolerancia. Rachel no ordenaba dos veces - Mantenga su atención en la órbita y trayectoria de las naves. El encuentro es inminente.
Sus ojos, siendo la persona más alejada de la parte frontal de la cápsula en la cual se abría ante Paul la inmensidad de la estación espacial, atravesaron el vidrio y se posaron sobre la gigantesca mole de metal que permanecía suspendida en la nada, como si se tratara de una enorme marioneta cuyo hilo permanecía camuflado entre el manto de estrellas. El espacio tras la Nelson era un mar de púrpura y gas, un océano de brillos engañosos y de ondas invisibles al ojo y al oído. Un vacío misterioso y atractivo como un abismo, al cual todos miraban de pie en el borde mismo antes de la caída. Los ojos de Rachel se entornaron, reflejando las luces, aunque ninguno de los otros los vio.
Deberías ser tú, John. Y Augustus. Y Craig. Pero deberías ser tú.
- Capcom, aquí Destiny - dijo, repentinamente, un segundo antes que el cronómetro comenzara a replicar - Iniciando acoplamiento con la Estación Espacial.
Paul no necesitaba que nadie le dijera qué hacer, ni le interrumpiera, y Rachel no lo hizo. Pocas veces lo hacía. El piloto contaba con su confianza, y la comandante se limitó a hacer una seña a Savannah y a David para que cada uno estuviera atento y tranquilo en su campo de acción. Una de las cosas que habían aprendido de ella en el tiempo que habían trabajado juntos era que Rachel daba pocas órdenes, sólo las necesarias, y pocas veces ordenaba a la gente hacer cosas que se esperaba que éstas estuvieran haciendo por sí mismas. Aquello era bueno, para quienes sabían manejar la libertad que daba ese tipo de confianza. Y era malo, para quienes no sabían o bien qué tenían que hacer, o bien qué de Rachel podían esperar.
El sonido de acople de la Destiny fue inmediatamente precedido por el de desacople, de las correas y cinturones de Rachel. La comandante se soltó de su asiento con una rapidez mecánica, y se desplazó hacia un costado con un movimiento fluido, como si aún estuvieran en la Tierra y ella sólo hubiera dado un paso a la izquierda. Pero no lo estaban, por supuesto. Hacía ya un rato que algunos mechones blancos de Rachel escapaban de su hacia arriba y hacia cualquier sitio menos abajo, y el larguísimo cabello de Savannah se había vuelto una sábana que flotaba hipnótica alrededor de su rostro.
- Capcom, aquí Destiny - volvió a decir, no sólo para la Tierra, sino también para registro escrito posterior - Iniciando presurización de la cabina - Rachel comenzó a quitarse los guantes del traje de lanzamiento, apretando con la mano desnuda varios botones que se complementaban con los mandos que estaría apretando Paul, y volvió a poner el cronómetro - Tiempo estimado para completarla: seis minutos.
Miró a los otros tripulantes de la Destiny, para evaluar si se encontraban bien y operativos, o si había algo de lo que preocuparse. O algo en lo que ayudarles. No les dijo que se desprendieran de sus trajes: eso era algo que daba por descontado, mientras ella misma se deshacía del suyo con una facilidad envidiable, con movimientos que en otra persona podrían haber resultado arrogantes. Para Rachel eran simplemente movimientos mecánicos, intuitivos, como desnudarse antes de un baño o de una ocasión mejor.
- Bienvenidos la gran colaboración de la humanidad, materializada - comentó, mientras echaba un vistazo al cronómetro y sus oídos prestaban atención a un entorno casi vacío de sonidos - Quien nos dará la bienvenida a la estación, como ya nos fue informado en la Tierra, será el señor Alexander Prokudin-Gorsky, aunque tengo entendido que prefiere ser llamado Aliosha - Rachel hizo una pausa conciente, una tan flemática que parecía tener mucha más información que la que sólo daban sus palabras. Y por supuesto que lo hacía: era su trabajo - Es el último de los astronautas de la Estación Espacial en permanecer en ella y, por sobre todas las cosas, una participación determinante del Imperio Ruso, símbolo de la lealtad y colaboración de la Triple Entente, en esta arriesgada misión del Reino Unido.
La comandante sabía que sus palabras estaban siendo grabadas, y que los rusos leerían con avidez todos los registros del viaje en búsqueda de ver su ego acariciado o tomar las represalias necesarias ante la falta de reconocimiento. Allí estaba, entonces, para ellos. El reconocimiento y, a la vez, el límite. La colaboración era evidente y necesaria, aceptada y utilizada, pero la misión era de Gran Bretaña. El mundo lo sabía, y lo sabría desde este mismo momento hasta el instante en el cual la completaran con éxito. Sólo que aquellas cosas se decían de esta forma, un poco por lo bajo, un poco directamente. Se decían al estilo británico. Y Rachel sabía muy bien cómo era hablar en aquel idioma.
Giró la cabeza cuando comenzaron a escucharse los ruidos.
- Capcom, aquí Destiny - dijo, mientras la válvula continuaba girando en el exterior - Iniciando contacto con el personal de la Estación Espacial. Fase 1 de la misión, completada - agregó, mientras escuchaban el clac de la puerta cediendo para abrirse - Cambio y fuera.
Miró a David, Paul y Savannah. Sus ojos decían lo que sus labios callaban. Una pregunta cómplice, una pregunta militar.
¿Preparados?
No sé por qué quedan unos saltos de línea donde no debería. He probado arreglarlo cuatro o cinco veces, pero sigue así.
El primer rostro que vio Aliosha fue el de Rachel, aquel rostro pálido y transparente de los hijos de Albión, que estaba de pie inmediatamente al lado de la puerta que acababa de abrir. De pie, en realidad, era sólo un eufemismo que podían compartir todos con una sonrisa, una reminiscencia de la gravedad de la Tierra. Estaba en posición "vertical" y "bípeda" únicamente porque llevaba el pie enganchado en un agarre de la pared de la cápsula. Los ojos azules de la mujer le dijeron al ruso que ella era la comandante mucho antes que Aliosha pudiera fijarse en los galones que llevaba su traje, identificándola como tal.
- Señor Prokudin-Gorsky - dijo Rachel, sus cabellos blancos intentando escapar de su sitio, y se soltó del agarre para flotar en la ingravidez hacia él - Soy Rachel Bach, comandante de la Destiny. Los demás tripulantes se presentarán por sí mismos - lo cual era una deferencia militar de valor incalculable, que ellos entenderían. Rachel extendió la mano hacia el ruso, como si la falta de gravedad no le afectara en lo más mínimo - Gracias por recibirnos en la Estación Espacial. Un placer conocerle, por fin, y un placer estar aquí con usted compartiendo esta misión.
Keeraghan esperò a que su capitàn se presentara y de inmediato lo hizo ella.
-Dr. Savannah Keeraghan, señor Prokudin-Gorsky.
Extendiò la mano ligeramente temblorosa, a pesar de que el viaje estaba siendo precisamente lo que creìa que serìa, no dejaba de ser impresionante y a pesar de que ella era una científica, lo cierto es que aùn habìa cosas que la sorprendìan por mucho que estuviera esperàndolas. Mientras repasaba en su mente lo vivido hasta ese momento, casi sentìa que habìa pasado nada de tiempo y podìa decirse que de no ser por el momento que estaban viviendo, habrìa dicho que se sentìa como niña con juguete nuevo. Quizàs habrìa maneras de demostrar su emociòn pero de momento, aguardò al resto de las presentacio. Para Prokudin ya tenìa preguntas pero todo a su debido tiempo.
Canturreó durante toda la maniobra de atraque, en su cabeza aquello no era algo mecánico era la unión de dos criaturas maravillosas, una danza astral con el privilegio del beso que se le negaba a los cuerpos celestes. Cuantas referencias en algo tan aparentemente mundano, mitologías y filósofos cobraban sentido como el eco del conocimiento universal que subyace en el interior de todas las cosas que conforman el todo en el que vivimos inmersos. Le gustaba pensar, le arrullaba y consolaba pensar que todos somos polvo de estrellas y por tanto algo mucho mas hermoso de lo que habitualmente era la masa humana, que cada vez se le asemejaba más a una especie de plaga.
El acoplamiento acabó con un gran temblor estructural, llegaba el fin del éxtasis y el comienzo de la parte fea del trabajo, relacionarse con humanos. Tuvo el extraño impulso de decirle algo a Sam pero no llegó a materializarse, retiró el dedo de la consola de comunicación y acudió a la escotilla.
Suspiró con muy poco entusiasmo al ver girar los goznes de seguridad.
Los individuos salieron de la capsula bajo los analíticos ojos de Gorsky “Hmmm, dos machos y dos hembras, una de las hembras parece dominante aunque uno de los machos parece tener aptitudes de alfa” la proporción le parecía aceptable, los individuos podían emparejarse sin problema, lo cual presuponía ayudaría a mantener un cierto equilibrio y le dejaría tranquilo para seguir con sus asuntos, mucho mejor que si fueran todo hombres, le aburrían las peleas de gallos.
Sonrió, tenía algo nuevo que estudiar y con lo que entretenerse, aunque seguramente la tripulación pensó que se alegraba de verles.
Inclinó la cabeza como gesto de saludo, no le gustaba el contacto humano y menos con desconocidos, a la vez que con el brazo hizo un amplio gesto que invitaba a pasar.
-Llegados hasta aquí habría estado feo no abrir la puerta ¿No cree comandante? Por lo demás no adelantemos acontecimientos, para mi que soy un eremita esto es el paraíso. No se queden ahí, entren, cuanto antes se familiaricen con el lugar antes acabaremos con las exigencias sociales... ejem
Carraspeó deteniendose a si mismo mientras su cerebro regresaba al análisis de los recién llegados
“Como suele ser habitual las hembras muestran una mayor capacidad social y diligencia organizativa...”
No estoy del todo contenta con lo escrito pero bueno... a ver si retomo el ritmo y la costumbre...
Nos habíamos acoplado, y el acople, la verdad fue emocionante, no tanto como el despegue, pero no estuvo mal. Uno a uno van saliendo para ir al módulo donde esta el último de ésta expedición a la luna. Me quito el traje y voy siguiendo al resto hasta encontrarnos con un tipo, que de seguro tenía algún tipo de tara mental fijo.
-Hola, soy David, bonita casa, vives aquí tu solo o te has comido al resto de los que estaban aquí?- Bromeo guiñando un ojo al hombre.
La sensación de ingravidez molaba bastante, era agradable, pero poco funcional para mis armas, aunque a priori no tendría que usarlas aquí...
-Bien simpático Grosky, dónde esta el tigre? dónde puedo echar un caño, un meo vamos...- Pregunto a Grosky, pues tras el viaje me habían entrado ganas de miccionar, y sería interesante, de paso, conocer la estación espacial.
-Por que me da tiempo a mear antes de irnos no?- Pregunto a la comandante elevando una ceja, suponía que si claro, pero como se las gasta la comandante prefería preguntar.
Hewson fue el último en presentarse, parco en palabras. Aunque el "honor" de entrar el primero en la Nelson recaería normalmente en la comandante Bach, fue la urgencia urinaria de Man la que rompió el hielo. Pronto se sintió algo desorientado en aquel lugar, la unión de dos hileras de cápsulas tubulares conectadas entre si y otras dos que las atravesaban perpendicularmente. Casi dos kilómetros de pasillo, contando los espacios de almacenamiento, los módulos de habitación, la estación de lanzamiento y recepción de víveres y los laboratorios.
De hecho, una parte muy importante de la estación, situada bajo "sus pies" (si es que esa descripción se ajustaba en la ingravidez espacial) era una a la que no tenían acceso: el módulo habitacional que iban a desplegar antes del aterrizaje y que constituiría su hábitat durante su estancia en la Luna. Todo estaba pensado a lo grande, sin reparar en gastos y con una arrogancia propia de la revolución industrial en la que estaban inmersos.
Aunque la mayoría de los pasillos eran sobrios y funcionales, casi mecánicos, llenos de tubos y válvulas, había una excepción con los compartimentos centrales: los camarotes de los astronautas, cocina y zona de esparcimiento. Allí es donde Man encontró el urinario, que funcionaba con un ingenioso sistema utilizado en los submarinos para mandar los desechos al exterior con un chorro de CO2, dándole un "uso" al tóxico subproducto de sus respiraciones. En esta parte de la nave había paneles de madera (en realidad era un conglomerado impermeabilizado y con un tratamiento innifugo) y decoraciones que, aun empotradas, resultaban elegantes. Allí tenían una mesa donde podían "anclarse" y disfrutar de un té, un calefactor que imitaba a una chimenea (y sobre él un armero coronado por un haz de banderas plegadas, las de las naciones de la entente), sillas tapizadas y hasta un sofá al que podían adherirse con velcro.
Cada uno poseía una litera, o más bien un nicho en la pared, con una cama y junto a ella una taquilla compartida en dos alturas (la de arriba para el usuario de la litera superior y viceversa). El equipo de la misión y de uso común se guardaba en el compartimento anexo, algo así como un vestidor y a la misma vez zona de juegos. Tenían allí juegos de mesa, cartas adhesivas e incluso una indiaca y unas raquetas.
En general, todo el lugar recordaba a un submarino, por su distribución en diferentes compartimentos que podían cerrarse y volverse estancos en caso de que la estación sufriera una brecha y tuvieran que aislar un compartimento para no perder oxígeno. Esa sensación se acentuaba especialmente en la sala de mando, que contaba con un primitivo sónar, dos periscopios para realizar observaciones en 360 grados y con 90 grados de inclinación con respecto a su propio eje (uno para ver "por encima" y otro "por abajo" y unos ventanales de metacrilato reforzado junto a los timones de impulsión, el rectificador de guiñada (una especie de esfera que, girándola con la mano, controlaba la expulsión de gas en diversos puntos de la estación para rotarla en ajustes de trayectoría sobre su propio eje) y otros tantos cachivaches que conocían al dedillo, aunque algunos solo en teoría.
Los lugares preferidos del cosmonauta eran los laboratorios de investigación, donde llevaba a cabo sus experimentos, y que les enseñó como un niño enseña a su padre el nuevo dibujo que ha hecho, y del que se siente particularmente orgulloso. El resto de la nave era, en esencia, una sucesión de compartimentos de carga, esclusas de aire para salir al exterior, salas para generación de energía, depurado de oxígeno y otros imprescindibles de su soporte vital. Por último, tenían la sala de emisión/recepción de paquetes, con aquel ingenioso cañón de aire comprimido con un sistema de compensación de tiro parecido al cañón Victoria, y el apéndice exterior que se desplegaba, nada más y nada menos que una gigantesca red de veinte metros cuadrados con la que Gorsky "cazaría" los objetos que le mandaran desde la superficie lunar.
En realidad, hechas las presentaciones, se acercaba el momento de encender los motores e iniciar su nueva singladura, abandonando la órbita de la Tierra para aproximarse a la de su satélite. Quedaban quince minutos, y algunos ya se estaban poniendo cómodos.
La voz de Sam sonó a través del comunicador de la sala de control, insistente.
-Aquí capcom, ¿Nelson, me oye?
Había que comenzar a pensar en toda la operación, y seguro que los cerebritos en casa tenían datos que mandarles para que todo fuera sobre ruedas. O sobre motores, como era el caso.
Rachel mantuvo una mirada impasible puesta en el ruso, todo lo que duró su respuesta, sobre todo sus confesiones exhaladas a media voz. Sus ojos, con el estoicismo de los hijos de Albiòn y la atención que sólo una mujer podía poner, observaron los derroteros de lo que parecía subyacer detrás de lo que decía y, particularmente, lo que no. No sonrió ante el intento de broma, si es que eso había sido, de Aliosha al referirse al sitio, a su propia condición, a su desprecio por la etiqueta necesaria. Lo que sí hizo fue asentir, aceptando lo ofrecido y ofreciendo el respeto debido a cambio. Si guardaba alguna opinión personal sobre algo de todo lo que había sido dicho, o callado, no lo dio a conocer ni con voz ni con gesto.
Salió de la cápsula por completo con facilidad, obedeciendo así no sólo el pedido del ruso sino también su propio interés y curiosidad. Su mirada se deslizó por los alrededores, aunque con una rapidez y agudeza que parecían imposibles en su vaguedad. La comandante británica esperó, sin embargo, a que los otros miembros de la tripulación de la Destiny emergieran de las entrañas de hierro y se decidieran a hacer las presentaciones correspondientes. Miró a David, dejando que descansara en sus pupilas una mirada tan fría e impenetrable que pareció por un momento ceñir la temperatura del espacio sobre la piel ahora desnuda del explorador. Aún en silencio, sin embargo, miró hacia Paul, esperando en vano que el piloto cumpliera el rito de la presentación. Su falta dejó a Rachel con un sabor amargo en la boca.
- Podrá orinar, por supuesto, señor Man - respondió la comandante. Para quien no la conociera, en un tono circunstancial - Aunque confío en que puede esperar a que llegue el momento adecuado. Sin embargo, si se ve realmente incapaz de controlar su necesidad, hágamelo saber.
Para quien la conocía, aquel tono era la antesala de algo más. Sin embargo, Rachel giró hacia el ruso y le indicó con un gesto que estaban a su disposición para seguirlo, a su voluntad.
La Nelson llamó la atención de Rachel inmediatamente, y sólo una enorme habilidad por su parte le permitió mantener una conversación seria con el ermitaño y el resto de su propia tripulación mientras casi la totalidad de su mente se concentraba en los alrededores. De sus labios emergían palabras de aprobación, empatía ante la emoción del ruso y el laboratorio, pragmatismo al señalarle a Savannah lo que podía ser su sitio en el mundo durante todo ese tiempo, tecnicismos cuando señaló parte de las máquinas de la sala de comandos a Paul. Sin embargo, y más allá de todo eso, la comandante bebió de cada detalle y diseño, almacenándolo en su memoria mientras construía en ella un plano artificial que desarmaba los que ya había visto o le habían insinuado al respecto. La Nelson era todo lo que había sido prometido y más, más aún dado que era real, y estaba suspendida en medio del espacio con sólo el futuro por delante. Permaneció un momento de más mirando el sitio donde se adivinaba el equipo de primeros auxilios y la rudimentaria enfermería para la que ninguno de ellos, realmente, se encontraba capacitado.
John, tú deberías ser el que estuviera aquí. Y Craig. Incluso Augustus.
Pero no era tiempo para el pasado, sino para el presente. La voz de Samantha la sacó de sus pensamientos.
- Capcom, aquí Nelson. Los recibimos fuerte y claro - contestó Rachel, sin ningún atisbo de duda, como si hubiese estado esperando ese momento - Hemos abandonado con éxito la Destiny e iniciado el contacto con el señor Prokudin-Gorsky. El mismo nos ha conducido a un detallado reconocimiento de la nave, para familiarizarnos con ella - explicó, asintiendo hacia Aliosha aunque desde la Tierra no podían verlo - Estamos en posición de recibir instrucciones. Escuchamos atentamente, Capcom - Rachel miró a los demás, invitándolos con un gesto a escuchar con atención - Cambio.
Savannah escuchaba con atenciòn y aunque algunas palabras se le iban quedando pero realmente estaba màs atenta a otras cosas y a sus pensamientos mismos. Siguiò el recorrido de la capitàn mientras intentaba olvidar otras de las cosas dichas, no por nada en especial, al fin y al cabo ella era una científica pero habìa cosas con las que preferìa no tener mucho trato. Mientras la capitàn se comunicaba, ella miraba alrededor y se decìa a sì misma que aquello era lo mejor que le habìa pasado en la vida o bueno, lo segundo mejor o algo asì, realmente la doctora nunca estaba segura de nada que no pudiese ser comprobado científicamente. Aguardò con cierta impaciencia, ella era asì, instrucciones, nuevas cosas para hacer y en què pensar; siempre eso era lo mejor.
Disculpen el post tan pobre pero no me da la cabeza para màs...
La estática volvió a romperse con un mensaje.
-Muy bien. Les damos los datos para ajustar la maniobra ITL*, que deberá realizarse exactamente en 10 minutos, cuarenta y cinco segundos. Ajusten el reloj.
Esperó hasta que lo confirmara. Luego les dio los datos del ángulo de guiñada, velocidad de impulso inicial y rumbo. Básicamente el piloto debía mantener fijo en la mirilla de observación el contorno de la luna durante todo el encendido del motor. Cuando se produjera el apagado el impulso que habían dado a la Nelson bastaría para llevarles allí en el tiempo estimado de cuatro días, seis horas y veintidos minutos. Luego tendrían que realizar la maniobra de estabilización orbital para lo que usarían los retromotores.
*Inserción trans lunar, el impulso que hace escapar de la órbita terrestre y aproximarse a la órbita lunar.
Se requiere una tirada a nivel "Grande" de la habilidad "Pilotar astronave".
Rachel giró para buscar el reloj correspondiente, con un movimiento fluido. A pesar de ser muy claro el hecho de que la persona con más rango era la encargada de ordenar a los cuerpos y manejar el tiempo, sus ojos se detuvieron por un instante en Aliosha. No ofrecían, porque era su deber y no el de otro; no pedían permiso, porque era su prerrogativa y la de nadie más. Sin embargo, el ruso había sido el único habitante de aquella cueva de eremita durante mucho tiempo, cuidándola y haciéndola vivir por su cuenta, con sus manos y su sangre como el único sustento de aquella vida. Por ello, en la mirada que le dedicó Rachel había reconocimiento. Había aceptación, había respeto, y había entendimiento. La comandante mantuvo la mirada los segundos necesarios para que Aliosha se diera por aludido.
Inmediatamente después, extendió la mano enguantada y seteó las manecillas del cronómetro.
Este no irá hacia atrás, como el otro, por lo que veo. Hay quienes no aprecian el mérito, sólo aprecian la raza.
- Ajustado, Capcom - dijo Rachel, mientras volvía a su posición original.
Hizo un gesto a David y a Savannah para que se posicionaran donde les correspondía, con la segunda mirando los datos enviados, e invitó a Aliosha a posicionarse donde quisiera.
- Señor Hewson - dijo, girándose hacia el piloto.