Partida Rol por web

En busca de Bennett (Tierra Hueca II)

Diarios personales

Cargando editor
24/12/2024, 20:41
Aloysius Stephen Bennett

-¡Es de noche y son las dos de la tarde! ¡No me jodas! 

El destino me la tenía jugada, como si hubiera estado guardándomela hasta que por fin fuese capaz de echármela en car. ¡El muy cerdo! En realidad, ignoraba por qué pensaba en términos de tío cuando nos referíamos al destino, porque para mí que era una zorra de campeonato, de esas que te calientan con sobeteo de manos y restriego de muslos y después te sueltan que tienes que dejarte una pasta si quieres hacer algo con ellas.

A la última que me dijo algo así se lo dejé muy clarito.

Mira, guapa, que estás muy buena y todo eso, pero llevo mucho tiempo con mi hermana y te aseguro que eres tú quien se lo pierde porque ella tendrá lo que quiere aunque se lo tenga que dar yo, que dicho sea de paso, lo he hecho tantas veces que puedo hacerlo hasta sin manos.

Y en cuanto me bajé los pantalones y los gayumbos, la puta lo entendió. Pocas veces había visto algo tan hermoso como lo que yo tenía entre las piernas así que claro, al final fue ella quien tuvo que pagarme a mí, con varios servicios continuados por el precio infantil.

Me reí al recordarlo y estuve a punto de correrme al pensar en todo lo que había hecho.

Pero joder, volaba a ciegas y el avión dio un salto que me hizo golpearme la cabeza contra la parte superior de la carlinga.

-¡Coño! -exclamé, mientras recuperaba el control del aparato... aunque para ir a dónde, me pregunté. Miré la brújula y esta seguía dando vueltas como una zorra en una orgía. Vamos, que no tenía ninguna dirección de vuelo que seguir. Eso sí, estaba seguro de que había perdido a los tres aviones que me perseguían, porque o bien se habían vuelto, o los malditos estarían ahora tan perdidos como yo.

-Pero claro, no tienen el mismo ingenio que yo -pensé en voz alta -. Seguro que chocan entre ellos. Estos japos no son capaces ni de tocar dos tetas al mismo tiempo.

Mientras que yo, tocaba dos, tres, o las que hiciera falta, con lo que hiciera falta.

El sonido del motor me distraía pero no tanto como para no darme cuenta de lo que sucedía. Tenía poco combustible, por lo que yo sabía, podía haberme desviado bastante de mi dirección original a causa de aquellos "japos", y no tenía ni idea de hacia dónde me dirigía. Lo mismo estaba encima de Australia, o bien de los rusos. Ah, esos sí que sabían de la vida. En una mano, el vaso de vodka. En la otra, el culo de una rusa fría para calentarla.

Y al pensar en eso, recordé a mi Sarah. Con ella sí que se podían hacer cosas. Aquella timidez era fingida, porque rápidamente caía bajo mi embrujo y hacíamos lo que se nos antojara, incluso con el pelmazo ese de Jester merodeando por ahí. ¡Menudo sosaina!

Otra sacudida del avión volvió a meterme de lleno en la carrera por sobrevivir, aunque en aquella ocasión, no fue por culpa de los vientos, sino porque....

-¡Mierda! ¡Se acabó lo que se daba!

Me había quedado sin combustible y el motor estaba haciendo más aspavientos que cuando yo discutía con mi retrete, aunque el resultado era virtualmente el mismo.

Una gran cagada.

La hélice acabó por detenerse y miré a mi alrededor por si veía algo entre aquella maldita niebla, que se parecía sobre todo a estar debajo de los hábitos de una monja, y no lo decía porque alguna vez me hubiera encontrado en una situación así, aunque la verdad, en mi colegio había una joven monja que estaba para mojar... bueno, lo que se pudiera, pero si que había estado debajo de unas cuantas faldas durante mi corta pero intensa existencia y sabía de lo que hablaba.

Descorrí la carlinga para poder ver mejor aunque dudaba que abajo hubiera algo más aparte de mar, y cual fue mi sorpresa cuando por fin, la niebla se disipó y vi....

-¡¡Coño, pero si hay tierra!! -exclamé, lanzando un grito de júbilo. En ese momento hubiera sido capaz hasta de darle un beso con lengua al mismísimo emperador japonés, y mira que para esas cosas soy tremendamente exquisito. Si no hay agujero entre sus piernas, y no me refiero al de retaguardia, no me interesa.

Pero por sobrevivir podía hacer una excepción.

Intentaba planear con aquel ladrillo, cosa que era ya suficientemente difícil como para encima tener que buscar un sitio para aterrizar, pero podía hacerlo. ¿En dónde coño estaría? ¿En Japón? ¿Habría seguido bajando y andaría por Birmania? Joder, lo mismo me encontraba hasta en Kamchatka, así que a saber.

Y entonces, distinguí un claro, y en mitad del claro, algo, animales o una mierda así. ¿Caballos? ¿Elefantes? Joder, a ver si me había desviado hasta la India y estaba viendo elefantes. No creía que la gasolina me hubiera dado para tanto, pero de nuevo, no tenía ni idea de hasta donde me habían empujado los vientos.

Empujé ligeramente el timón hacia delante, sabiendo que ganaría velocidad pero también que eso me permitiría planear y ver mejor en dónde estaba.

-Pero qué...

-Miiieeeerrrdaaaaa

Notas de juego

¡¡Surprise!!

Aloysius tiene derecho a ir escribiendo cosillas, y Sarah también, por supuesto, e incluso Rick.

Cargando editor
02/01/2025, 01:03
Sarah "Mac" Heatherly

La guerra...

La guerra no sirve más que para destruir vidas, hogares, tierras...

Ya habíamos servido en suficientes, no entendía como podían hacer que tanto mi marido como...¿nuestro amante? a su edad sobre todo y posible padre de nuestro hijo, pues Arthur era hijo de ambos hombres, de eso estaba segura... Rick estaba en la reserva, ya había cumplido con todo. Aloy estaba retirado, tenía su pensión y aquel trabajo por el cual nos conocimos.

Yo también me había retirado no solo para cuidar a nuestro hijo, sino para poder llevar una pequeña clínica. La pensión que saqué por mi retiro, dado que querían que así fuera puesto que lo siguiente era ascenderme y eso para una mujer no lo querían y el dinero extra por aceptar mi marcha, hicieron que las cosas nos fuesen bien a los tres.

Miro atrás, cuando dejamos el ejército, antes de quedarme embarazada, en aquel punto donde empezamos los tres aquella vida juntos... No podía amar a Rick más de lo que le amaba y amo aún, pero Aloyssius era una perdición para mí. Era el pecado carnal en la Tierra. Su mirada solo me infundía deseo... o puede que mi cuerpo fuese así, ardiente, fogoso... tanto como para dejar exhausto a mi amado Rick y atado a mi lado a Aloy, quien parecía no tener ganas de salir a por más con otras mujeres...

... y llegó Arthur y Aloy le acogió al igual que Rick, como si fuese su propio hijo.

Con ambos hombres como padres, sabía que Arthur crecería en buenas manos y que no sería tan pardillo como fuimos Rick y yo, aunque esperaba que fuese capaz de sentar la cabeza y no ser un inconsciente con las mujeres. Además, esperaba que fuese el mayor de muchos más hijos. Daba igual quien fuese el padre real de cada uno de ellos, sabía que la familia sería extraña pero maravillosa...

La guerra...

Acabó con gran parte de nuestros sueños cuando perdimos a Aloy. Fueron unos días muy duros para mí. Rick aún no había vuelto a casa cuando recibí la noticia y estaba sola con el pequeño Arthur.

Lloré por él. Por Aloy. También por el Mayor Arthur Coverley, quien deseé que viviese en aquel momento de soledad para poder abrazarme y sentir su consuelo hasta la llegada de Rick.

La información sobre lo ocurrido con aquel hombre tan especial para mí, aquel que hacía que mi vida acabase siendo perfecta junto a Rick y nuestro primer hijo, fue muy breve. "Desaparecido en una misión de reconocimiento. Dado que fue sobre el mar, se le ha dado por fallecido."

No había nada más útil. No tenía un cuerpo sobre el que llorar ni despedirme y una información que el ejército no daba ni a Rick a pesar de estar activo en él. Así que me tocó recurrir a alguien del pasado, alguien en quien confié y confió en mí en Rusia y quien también estuvo cuando lo necesité. Por aquel entonces le conocí como Coronel Cornelius, ahora era el General Cornelius. Una llamada fue suficiente para que, días después, recibiese el informe detallado sobre la desaparición de Aloy.

No había muerto. Habían escuchado sus últimas palabras antes de que perdiesen contacto con él y por lo que había allí escrito, Bennett había ido a parar la Tierra Hueca de nuevo.

Una sensación de alegría invadió mi cuerpo en aquel momento, dado que sabía que vivía... luego llegó la tristeza, sabiendo que no podía ir a buscarle, no con su hijo tan pequeño entre mis brazos. Después me vino a la cabeza aquel recuerdo, donde Aloy disfrutaba de aquellas mujeres de aquella tribu, donde se jactaba de lo que disfrutaba, donde sin cortarse las metió mano y seguramente acabó tirándoselas delante de los demás cuando salí de aquella cabaña dispuesta a acabar con mi existencia al haber perdido al amor de mi vida y a aquel imán que era para mí, en los mismos veinte segundos que duró todo...

Recordé a la metomentodo tratando de consolar lo que no podía porque no lo entendía y como yo esperaba que, precisamente uno de aquellos dos hombres, saliese a por mí, antes de disparar... pero el arma estaba descargada y fue Rick quien salió finalmente, sin comprender porqué había tardado tanto en hacerlo.

Nunca se lo pregunté.

Jamás le preguntaré a Aloy que ocurrió cuando salí, ni a Rick, dado que la respuesta a aquello aún me dolería.

Pero mejor dejar el pasado donde está y volver al presente, donde tengo ese documento desde hace días, donde aún espero que Rick vuelva de esa estúpida guerra con vida... donde poder tener de nuevo unos brazos donde llorar y descansar por nuestra pérdida. Dado que, aún con vida... jamás podríamos ir a buscarle y para entonces, seguramente no querría volver y me rompería el corazón de nuevo.

Y es que a pesar de amar con toda mi alma a Rick, Aloy siempre ha tenido y tendrá su hueco especial en mi corazón, como lo tuvo el Mayo Arthur... bueno, él lo tuvo más pequeño... aunque no tanto teniendo en cuenta que casi me caso con él a pesar de estar completamente enamorada de Rick, pero... esa es otra historia.

Arthur acaba de despertarse, es una lástima y no puedo evitar dejar de llorar por ello, que vaya a crecer sin uno de sus padres. Espero que mi amado vuelva pronto cuando toda esta pesadilla termine, porque no sé como será la vida de nuestro pequeño sin ninguno de sus dos padres.

Voy a atender a mi pequeño... seguiré escribiendo más adelante en este pequeño diario. Quizás así mis miedos y el dolor sean más llevaderos. Quien sabe.

Mac

Cargando editor
02/01/2025, 17:47
Aloysius Stephen Bennett

Nadie que no fuera tan buen piloto como yo habría sido capaz de hacer aterrizar mi avión y salir indemne, pero claro, cuando me alistaron, ya sabían que se hacían con lo mejor de lo mejor y eso era un lujo que yo mismo había tenido la oportunidad de comprobar en numerosas ocasiones. Aquella vez con las trillizas fue de las mejores que podía recordar, porque sentía que me faltaban manos, no mías, por supuesto, sino de ellas. Seis manos no son suficientes para estimular todo el cuerpo de Aloysius Bennett de manera adecuada.

Pero siempre he sido un tipo normal y me he adaptado a las limitaciones de la vida cotidiana.

De cualquier manera, eso es otra historia, y en lo que estaba pensando era en que había salvado mi vida y el miembro viril de más de un millón de dólares, porque seguro que eso es lo que iban a dar todas las féminas por él cuando, una vez muriese, lo empleasen para hacer un bonito molde que continuase sirviendo para satisfacer las necesidades de las pobres viudas del mundo.

Todo por el bien de los demás, así soy yo.

Una vez logré detener el maldito avión, abrí la carlinga y salí a toda pastilla. Tenía el traje como si acabase de volver de mi propia despedida de soltero, si es que algo así hubiera podido darse, con la camisa rota y los pantalones a medio romper, pero estaba de una sola pieza. Al tocar tierra y mirar al cielo, vi la roca sólida formando una bóveda nacarada sobre mi cabeza y a lo lejos, un paisaje lleno de montañas, volcanes y un horizonte que parecía no terminar nunca.

-Maldita sea. Voy a tener que encontrar una manera de salir de aquí porque esto se me va a hacer verdaderamente pesado -dije para mí.

Un bramido me hizo volverme ciento ochenta grados y para mi sorpresa, vi como una enoooorme criatura que se aproximaba hacia mí. No parecía muy agresivo, pero claro, era grande como uno de esos rascacielos de la gran manzana y la verdad, parecía muy distraído, tanto que en cuanto estuvo lo suficientemente cerca, una de sus patas a punto estuvo de aplastarme.

-¡¡Eh, ten cuidado por donde pisas, bestia!! -le dije, aunque me parecía que ni siquiera se había dado cuenta de que yo estaba por allí.

Visto que corría peligro, decidí que lo mejor era abandonar aquel claro y dirigirme a toda velocidad hacia el bosque, que no estaba muy lejos. Empecé a correr, no a correrme, porque eso en esos momentos requería de concentración y energía, algo que no podía permitirme si quería sobrevivir, pero todo llegaría. Le di un par de caricias a mi pequeña amiga, no tan pequeña, y salí a toda velocidad.

Era como si no me moviese, porque el avión estaba cada vez más lejos, pero el maldito bicho siempre me daba la sensación de estar igual de grande.

-¡Cómo echo de menos un taxi!

Cuando llegué al claro, me agaché un momento, exhausto, y entonces vi la sombra de algo que por fortuna, supe identificar perfectamente. Eran un par de enormes melones que colgaban a escasos centímetros de mí y al enderezarme y mirar hacia delante, vi quién los poseía. Era una mujer joven, indígena, con aspecto de africana o algo así, con un tapachochos y sus dos hermosos y gigantescos senos oscilando como si quisiera hipnotizarme.

-Madre del amor hermoso. Creo que este lugar no va a ser tan malo después de todo -comenté, mirando a la mujer y notando como mis pantalones echaban de menos algo más de espacio.

Y estaba seguro de que la chica no era nada tonta porque sus ojos descendieron y su boca pareció abrirse en un gesto de sorpresa.

-Sí, amiga. Esto es todo tuyo si lo quieres. Eso sí, tendrás que utilizar las dos manos, pero no te preocupes, yo haré el resto.

 

 

Cargando editor
02/01/2025, 19:56
Rick "Jester" Heatherly

La guerra.

Esa maldita guerra, como todas, igual que tantas otras, acercaba espíritus, creaba camaradería y también extraños lazos que podían durar un suspiro, una mirada, o toda una vida.

Para Sarah y para mí, la vida había sido muy especial, pero nos había dado un hijo, una familia, y a pesar de que me hubiera gustado que ese pervertido de Bennet no formase parte de ella, lo hacía, porque era importante para Sarah, lo que significaba que también lo era para mí.

Sin embargo, el maldito conflicto terminó por destruir una parte de todos nosotros... al desaparecer Bennet. Cuando supimos de la noticia, los dos entendimos a la perfección lo que había sucedido, aunque eso no hizo sino crearnos mayor ansiedad, una imperiosa necesidad por buscar soluciones a algo que no iba a ser nada sencillo.

Estaba en la base cuando recibí la llamada de Sarah, sentí emociones encontradas, pues lamentaba la pérdida de un camarada, y en especial de Bennet, que era parte de ambos, pero en cierta manera encontré algo de alivio en su ausencia, pensando durante unos momentos que podíamos volver a ser Sarah y yo, y nuestro hijo Arthur, nada más.

Pero fue un espejismo que duró lo mismo que un parpadeo. Para nosotros, sería algo así como quedar postrados y obligarnos a luchar cada día por volver a caminar, porque en este caso, la rehabilitación consistiría en emplear todos nuestros recursos para intentar regresar a la Tierra Hueca y encontrarlo.

Había esperanza, y cuando hablé con Sarah, y después la vi, así se lo hice saber.

-Lo encontraremos, Sarah, te lo prometo. Será difícil, pero estoy convencido de que ese malnacido está vivo y aguantará todo lo que sea necesario hasta que vayamos a buscarlo. 

Miré a Arthur y vi aquella mirada que parecía no perderse nada, y sus dedos juguetones moviéndose, inquietos, en busca de algo entorno a lo que cerrarse. También él lo necesitaba de vuelta, porque debía reconocer que Aloysius Bennett podía darle muchas cosas que yo no podía. 

Iba a ser un buen padre; quería serlo, y haría todo cuanto pudiera. Amaba a Sarah con todo mi corazón y a Arthur, como el hijo que llevaría mi nombre y me haría sentir orgulloso. Pero entendía las necesidades de mi amada y mi pequeño, y tenía que dejar mi orgullo a un lado, algo que había hecho ya hacía mucho tiempo, para hacer lo que me obligaba el corazón: todo cuanto pudiera por el bien de mi familia... que incluía, como no podía ser de otra manera, a Bennet.

Teníamos que hallar la manera de ir en su búsqueda. 

Todos lo necesitábamos de regreso, incluso él mismo, aunque ni siquiera se diese cuenta.

Cargando editor
02/01/2025, 23:30
Sarah "Mac" Heatherly

A pesar de que aquella guerra, conocida como la Segunda Guerra mundial, acabase el 9 de mayo de 1945, nuestro gobierno continuó enfrentándose a Japón, haciendo que Rick tardase más en volver a casa.

La desaparición de Aloyssius pesaba sobre mi corazón, pero más importante era que mi amado volviese de una pieza a mi lado. Cuando aquel fatídico 9 de agosto lanzaron la bomba atómica sobre Nagasaki, creí que todo volvería a empezar. Pero no fue así... Japón, a ver como nuestro país iba en serio y que la próxima podía caer sobre ellos, se rindió, firmando aún casi dos meses después la rendición incondicional... una semana después, volvía Rick a casa.

Ya había pasado un largo año desde que Bennett había desaparecido de nuestras vidas. Un año eterno desde que le dije a Rick lo de su desaparición y de golpe lo sola que me sentía. Un año sin vernos, sin que Arthur viese a sus padres y, a pesar de que mi amado me aseguró que le encontraríamos, yo no estaba tan segura. Por eso esperé paciente su llegada para poder hablar con él aquel tema... pero antes, teníamos mucho tiempo que recuperar y yo mucha soledad en mi cama que satisfacer.

Por desgracia para mí, descubrí que a pesar del amor incondicional que sentía hacia Rick, en la cama me seguía faltando Aloy. Rick era un gran amante, pero yo necesitaba más, mucho más de lo que me daba mi amado... de ahí que Aloyssius fuese tan importante, puesto que él sabía saciarme o acercarse a ello al menos y, entre ambos, descansaba más tranquila.

Así que el reencuentro entre los tres, puesto que Arthur estuvo allí también, fue lo más gratificante que pude tener aquel día. Rick había vuelto de una pieza, con algunas heridas y cicatrices nuevas para descubrir. Cansado por el viaje, regresamos a casa donde me dio las noticias sobre su retiro del ejército, ahora sí concedido con honores, cuya celebración se realizaría en una semana en el cuartel cercano.

Feliz por ello, le abracé y besé mil veces, mientras que Arthur se distraía jugando con algo, llamando nuestra atención de vez en cuando. Pero mi amado estaba demasiado cansado para mis atenciones y nuestro pequeño necesitaba las suyas. Recuerdo como le preparé un baño de agua caliente con espuma, donde acabamos los tres metidos. Rick se apoyó en la bañera y yo me senté entre sus piernas, añorando aquello que descansaba en aquel momento entre ambos.

Arthur jugaba en el agua mientras le sosteníamos y nos divertíamos con él, dejando así que el cuerpo de Rick se fuese relajando para que pudiese descansar mejor.

- Nunca le conocerá. - Le dije a mi amado en aquella bañera, refiriéndome al otro padre de nuestro pequeño. - Nunca volveremos a verle... y nunca dejaré que otro hombre entre así en nuestra vida. - Había tenido un año para serenarme y olvidarle, pero no lo había hecho y, a pesar de hacerme la dura, por dentro estaba rota, aunque hubiese estado muerta si hubiese ocurrido todo al contrario. Y es que aquel hombre, a pesar de los pesares, era toda mi vida y sin él la mía se acababa.

- Por desgracia sé que nunca le olvidaré, mi amor... y quiero que Arthur sepa de su existencia, aunque eso nos convierta en una familia extraña... distinta a las demás. Me gustaría que sí supiese de él, puesto que cuando llegue nuestra hora... quizás él si pueda y quiera encontrar a su otro padre y conocerle... - Hice que Rick me abrazase por la espalda, manteniendo a Arthur a salvo de poder ahogarse.

- Sé que dijiste que daríamos con él, pero he tenido un año para pensar y... ¿cómo ir a buscarle con nuestro pequeño a un lugar salvaje como aquel? Si nos vamos y le dejamos, sabes que nos perderemos años de su vida. Podríamos dejarlo con Marion y su tío Harry. - Cuanto me costaba aceptar a la metomentodo como parte de nuestra pequeña familia. - Pero... no quiero perderme como crece... ni él, ni todos los hijos que tengamos. Será difícil para mí, dado que hablarle de Aloy, será hacerme no olvidarle nunca... y según crezca tendremos que irle contando todo, sobre todo el color de sus ojos de donde vino.

Recuerdo abrazar a Arthur en aquel momento, antes de seguir hablando.

- De dos hombres maravillosos. Sé que no le viste nada especial a Aloy, sé que le aguantaste por mí, Rick. Pero yo sí llegué a ver que había mucho más a parte de esa fachada egocéntrica, de aquel fanfarrón mujeriego que, tras... ¿dos días que llevará allí? Seguramente ya se ha olvidado de ti, de mí y lo que es peor, del que seguramente es el único hijo que ha conocido de todos los que haya dejado por ahí... y si como dices vive... - Cerré los ojos. Aún me dolía pensar en que estuviese con otra mujer, así que no podía ni decirlo en voz alta.

Era la gran diferencia entre Rick y él. Jamás podría desconfiar de mi esposo, dado que su amor era único y solo había pensado en mí durante aquellos años en los cuales pensábamos que no nos interesábamos más que solo como amigos y estábamos enamorados realmente el uno del otro. Quien cometió deslices, antes de estar con él y durante... fui yo. Con Arthur porque creí que con aquella enfermera iba enserio, dado que la llevaba a nuestro sitio, donde veíamos las puestas de sol, dejándome de lado por ella. Dejando de venir a dormir en aquellas frías noches a mi cama... donde comencé a compartir lecho con el Mayor. Donde la necesidad de mi cuerpo por placer y cariño al sentirme tan sola y herida, me dejaron caer con facilidad en los brazos de mi superior.

Detrás, muchos años después, vino Aloy, quien rompió mis cimientos con su sola presencia y manera de hablar, viendo detrás de aquel telón de puro espectáculo y teatro, al hombre que realmente se ocultaba tras aquella fachada. Uno cuyo secreto acabó llevándose consigo a la Tierra Hueca, lugar del cual jamás descubriría cual era.

- ... quizás le tomen de nuevo como un dios y esta vez le salga bien y sea feliz allí. - Miré a Arthur con pesar. - Dudo que vuelva para cuidar de su hijo y seguir atado a nosotros... por el motivo que fuese, quería ser libre o sentirse libre... porque la realidad es que siempre ha estado y estará enjaulado en su propio secreto.

Me coloqué como pude en la bañera, para que Arthur pudiese sentir también la calidez del abrazo de su padre, del que le quedaba y le quedaría hasta el fin de sus días. Porque no iba a permitir tampoco que nuestra ya mermada familia se rompiese más, dejándole ir a buscar a quien yo deseaba más que amaba, solo para hacerme feliz.

- Aprenderé a ser feliz sin él, solo con Rick. Solo con nuestra familia que irá creciendo y, cuando me de cuenta, no necesitaré a mi lado a nadie más que a Rick, como fue antes de la llegada de Aloyssius a nuestras vidas y dejarle entrar así en ellas.

Notas de juego

  • Nunca le contó Aloyssius (con dos S) a Sarah nada sobre que su mujer se fugó con su propio hermano y que se mataron en la huida de su hogar.
  • Sarah, jamás le contó a Rick que mantuvo relaciones sexuales con el mayor allí en Rusia.

Te lo dejo aquí por si no lo recordabas.

Cargando editor
03/01/2025, 11:36
Rick "Jester" Heatherly

Recuerdo mi regreso de la guerra, cuando por fin todo hubo terminado y sentí que, milagrosamente, había sobrevivido para volver a estar con mi familia. A pesar de la ausencia, sentida, de Bennet, existían posibilidades de ser felices, sobre todo porque había aprendido a aceptar que una pequeña dosis era más que suficiente. Muchos no habían tenido suerte y sus cuerpos se habían podrido en los campos de batalla, dispersos en trozos irreconocibles. Casi era mejor decretarlos como "desaparecidos en combate" que decir que habían recibido un proyectil que les había atravesado completamente y separado brazos, piernas y cabeza, como si fuera un muñeco viejo.

Definitivamente, nosotros habíamos tenido mucha suerte y por eso me conformaba con lo poco que la vida pudiera entregarme. Pero sabía que debíamos intentar encontrar a ese maldito pervertido, porque era parte importante para nosotros, para Sarah, y en consecuencia, para mí.

Aquel primer día, en el que estábamos los tres juntos en la bañera, con mi cuerpo pegado al de Sarah, mis piernas rodeándolas y mi miembro medio sumergido, fláccido, en su espalda, ambos sonreíamos al ver al pequeño Arthur, pero sabía que había mucho que decir antes de seguir adelante.

-No digas eso. Si algo tiene Aloyssius es una capacidad de resistencia fuera de toda duda. Si existe una posibilidad de que haya sobrevivido, lo habrá hecho, estoy convencido, y él volverá -le dije, aunque la resignación, llena de tristeza, impregnaba cada una de sus palabras.

Ella confiaba en que regresara, pero ¿y si hacerlo no era posible para él, porque salir no fuese una alternativa real? 

Sarah continuaba hablando como si jamás fuese a volver a verlo. La abracé, mientras pensaba en voz alta, más que otra cosa. 

-Claro que debe saber de él, mi vida. Al igual que es parte de nosotros, también debe serlo de nuestro hijo. Además, como te he dicho, estoy convencido de que volveremos a verle.

También era cierto todo cuanto planteaba Sarah. Cómo viajar hasta donde creíamos que estaría, con un niño pequeño, o sin él pero con el riesgo de que perdiese a todos sus padres. Ambas alternativas eran arriesgadas. Yo no pensaba que fuésemos a tener más hijos, sobre todo porque no veía a Sarah animada para ello, pero no dije nada. Sin embargo, sí que tenía que hablar ante sus palabras, llenas de pesimismo y temor.

-Para empezar, una expedición de estas características necesita muchos recursos, algo de lo que carecemos. Nos llevará tiempo prepararnos, disponer de dinero y el equipo necesario. Debemos ser pacientes y aceptar que puede que pasen muchos años para nosotros antes de que podamos embarcarnos en algo así. Le hablaremos al pequeño Arthur de Aloyssius siempre, para que cuando nos reunamos con él, sepa, sin lugar a dudas, quién es, y cuanto más tiempo transcurra, más consciente será de la importancia de ir a buscarle.

Sarah era consciente de que era por ella que lo aceptaba como parte de nosotros. No había otra alternativa, pues así me lo había pedido directamente. Como hacía ya mucho tiempo que lo había hecho, que había decidido que Sarah era siempre lo más importante, ya prácticamente no me dolía que hablase de él como lo hacía. 

Por el contrario, sentía auténticas puñaladas en el corazón cuando veía el dolor que experimentaba Sarah a causa de él, de su ausencia, de lo que no hacía o podría estar haciendo.

-Mi opinión sobre Aloyssius Bennett no ha cambiado, pero no puedo hablar en su contra sin motivo. Dudo que se olvide de ti y de Arthur, porque sois lo único bueno que posiblemente tenga o haya tenido en su vida. Puede que su naturaleza sea la que es, pero en su interior sabe perfectamente lo que tiene y puede perder. No, no se olvidará de vosotros. Se agarrará a eso para intentar volver o permanecer con vida -le dije, apoyando la barbilla en el hombro de Sarah y dejándome envolver por el vapor.

En el fondo, me parecía que se sentía culpable por depender tanto de él, pero no había nada de lo que avergonzarse. Todos teníamos necesidades y yo no era un súper hombre, capaz de cumplir con todas y cada una de las de Sarah. Me conformaba con creer en el amor que sentía por mí y dejarme un lugar a su lado.

-Si lo toman por un dios, será su perdición -dije, riéndome. Lo último de todo era imaginármelo como si alguien fuese a creer que era todopoderoso. 

Pero entre mis risas, se perdió un suspiro silencioso de Sarah. Podía ver en sus gestos, y también en su voz, como todo aquello le afectaba más de lo que quizás estaba dispuesta a reconocer.

Y no podía permitir eso.

-Escucha, Sarah. Te prometo que haré todo cuanto esté en mi mano para organizar un equipo e ir a buscarle. Si está vivo, lo encontraremos. Sé que para él será poco tiempo, por lo que en realidad no se olvidaría de ti y de Arthur. Así que lo más importante es que nosotros lo mantengamos con vida. Puedo vivir con ello, si tú confías en mí y cuidas de nosotros dos, que te queremos incondicionalmente.

Alargué una mano para girar su rostro hacia mí, y entonces la besé con suavidad. Al hacerlo, noté como mi miembro despertaba de su letargo, se endurecía y salía a la superficie, encontrándose con el cuerpo de Sarah.

-Vaya, parece que alguien está volviendo a la vida -dije, sonriendo -. Sé que no soy Aloyssius, pero supongo que de algo te serviré mientras tanto.

Y lo dije sin segundas intenciones, sin pensar en que no sería suficiente para ella, pero sí que tendría que trabajar muy duro para conseguir que Sarah no se viniese abajo. Sarah y Arthur eran ahora mi responsabilidad, pero con ella venía también Aloyssius.

¡Maldito seas!. No podías haber desaparecido para siempre o no hacerlo en absoluto. Tenías que ponérnoslo difícil, pensé.

Notas de juego

Pues lo recordaba con una "s". Nombre más complejo busqué jajajajajjaa

Cargando editor
03/01/2025, 17:25
Sarah "Mac" Heatherly

Cuando Rick comenzó a hablar sobre las cualidades de Aloy para salir de situaciones pésimas, me hizo sonreír levemente, recordando que así era, pero a la vez, sabía que unos días allí eran años aquí. Puede que él no nos olvidase, pero temía hacerlo yo dado que a pesar de todo, era el padre de Arthur también. Y es que le mirásemos por donde le mirásemos, tenía rasgos tanto de Rick como de él. Algo que con los años se acentuaría mucho más.

Solo la calidez del abrazo de mi amado me hizo volver un poco a tener algo de esperanza, no mucha, precisamente por conocer a a Aloyssius Bennett: el hombre que jamás amó a una mujer y que dudaba que supiera lo que era valorar a una familia.

- Esperaba que me dijeses que no. Que lo mejor era que Arthur no supiese nada de él, dado lo complicado de todo... - Y es que yo misma estaba hecha un lío con todo aquello. Era el primer día que tenía a Rick en casa, que disfrutábamos los tres de un momento de paz y tenía que estar hablando de Aloy en lugar de nosotros... pero es que no había un nosotros sin dar con una solución a quien era aún tan importante para mí.

- Ojalá tuviese la mitad de la esperanza que tienes tú sobre volver a verle. Pero no quiero aferrarme a algo que veo imposible y soñar con un reencuentro que no existirá, dejándote  de lado precisamente por él. Sí, me gustaría que estuviese aquí de vuelta, que todo fuese como antes de la guerra... incluso mejor si se podía hacer algo para ello. Pero debo ser consciente de a quien tengo de verdad ante mí y sois tanto tú, como Arthur. - Sabía que llevaría todo por dentro, pero no podía ni debía menospreciar al hombre al que amaba de verdad, aquel que el destino sí había dejado a mi lado.

- Yo... no quería tocarlo, ni quiero tocarlo para esto... pero Coverley me dejó todo en su testamento y ese patrimonio no se ha tocado desde su muerte. - De hecho no acabé siendo también receptora de la pensión de viudedad por unos días. Me pregunto que pensaría Rick si se enterase de todo lo que pasó entre él y yo en Rusia, porque el tema de la petición de mano si supo de ello en su momento, al igual que me costó confesarle que iba a ser un "sí". Quizás eso hizo que todo fuese más lento entre los dos. - Pero sabes que está ahí porque así lo quiso Coverley, no porque yo se lo pidiese y... nos ha ido muy bien sin tener que tocar nada de eso y prefiero que sea para nuestros hijos. Y no, no quiero tener que interrumpir la infancia de nuestro pequeño ni de sus futuros hermanos... no sé si estoy siendo egoísta y dejándole a su suerte... me da miedo equivocarme con las decisiones que tomemos...

Pero así estaban las cosas. Era un tema que no podía esperar y Rick debía estar molido del viaje, así que era el mejor tema a tratar y solucionar al menos por el momento, durante aquel agradable baño, donde de alguna manera sentía que estábamos los cuatro juntos.

Escuchar a mi amado hablar así de Aloy, me daba fuerza y esperanza, algo que necesitaba ahora que sentía que había tirado la toalla por todos lados con Aloy y es que siendo como era... si al menos le recordase alguna vez decir lo feliz que estaba con nosotros, con su hijo... pero en ese momento no había ningún recuerdo de él sobre nada de aquello y solo me podía permitir dudar cada vez más.

- Lo sé y eso es lo que me duele. Haberte tenido ligado a él todo este tiempo y escucharte ahora tener más esperanza y motivación que yo en dar con él. Quizás Arthur y yo seamos lo único bueno que hayamos tenido en su vida, al menos en estos últimos años, pero nunca le escuché decirlo a pesar de haberse comportado como un padre con Arthur todo este tiempo. Y... no quiero pensar más en él... no ahora... Sé que debemos dejar el tema claro, pero no quiero llorarle cuando aún puede que esté vivo. - Me acurruqué sobre su cabeza sobre mi hombro, dejándome llevar por la ternura del momento, mientras que el pequeño Arthur salpicaba con el agua y la espuma todo lo que podía y reía, inocente aún de lo que ocurría a su alrededor.

- Ya lo hicieron una vez... - Le dije en referencia a tomarle por un dios, pero no reí. Todos aquellos recuerdos eran malos y dañinos para mí.

- Sabes que siempre voy a cuidar de vosotros, mi amor. No debes dudar jamás de eso. Sois mi vida y ahora que no hay guerra, ahora que todo se ha terminado, podemos ir en busca del resto de la familia que deseábamos tener, dado que como bien has dicho, no podremos ir a buscar a Bennett hasta mucho más adelante y no te dejaré ir solo. Eso nunca.

Entonces sentí como su mano giraba mi rostro y me besaba con suavidad y junto con aquel beso, la presión en mi cuerpo de su virilidad despertando.

 - Creí que estabas demasiado cansado del viaje para intentarlo hoy... de ahí el baño para que descansases mejor y mañana, empezar a ponernos al día. Pero si te apetece realmente... Arthur se dormirá en cuanto le seque y le acueste y no molestará hasta la hora de la cena... tendremos un buen rato por delante para divertirnos a solas...

Si es que recordábamos como era divertirnos sin Aloy presente.

Cargando editor
07/01/2025, 11:43
Aloysius Stephen Bennett

Que extraña era la noche en aquel lugar. Parecía como si no terminase de anochecer nunca y hubiese estrellas por todas partes. Joder, de vez en cuando me sorprendía a mí mismo pensando y hablando como un auténtico poeta, claro que ya hubiera querido Homero tener lo que tenía yo. 

A mi lado yacía aquella hembra que había resultado ser bastante dócil y complaciente, consiguiendo que descubriese que en aquel lugar podía estar bastante bien. Pero... maldita sea, yo también tenía mi corazoncito, aunque fuera pequeño, lo único pequeño, por supuesto, y no podía olvidar lo que había dejado atrás.

Cuando llegué la primera vez, era un hombre sin ataduras, que podía hacer lo que quisiera y montármelo como me diese la gana. Pero ahora... ahora todo era diferente. Había tenido un hijo. ¡¡Mi hijo!! Y lo había hecho con la única mujer que de verdad había sido capaz de seguir mi ritmo, incluso a pesar de tener un marido peñazo, que debía reconocer había sido bastante comprensivo.

Coño, tenía una familia, algo que no había pensado en conseguir nunca.

Vamos, que mi cuerpo estaba bien, pero mi cerebro era ya otra cosa. No hacía más que recordar lo bien que estaba con el pequeño diablo y lo mucho que me había ilusionado al pensar en todo lo que podía enseñarle. Y Sarah... ah, bendita fuese su boca y aquellos muslos que apretaban como si estuviese ordeñando la teta de una vaca, aunque lo que ordeñaba era, por supuesto, algo bien distinto.

¡Qué bien nos lo pasábamos!

Miré a la joven que estaba tumbada casi a mis pies, con sus tetorras apoyadas en mis muslos, y pensé que aquello estaba bien para un diita o dos, pero que no era igual, y además, no tenía a mi hijo, el pequeño Aloyssius Jr., que debía ser mi heredero en todo.

Mierda, iba a tener que buscar una manera de salir de allí, y contaba con una ventaja. El tiempo no era igual para mí que para ellos. ¿O era una desventaja? Si dormía una noche, quizás allí pasara un año. Joder, me había perdido ya un año del pequeño Aloy. ¡¡Eso era algo que no podía consentir!!

Me incorporé de un salto, enfurecido, mirando en todas direcciones y activando mi cerebro, algo que ahora podía hacer, una vez mi cuerpo estaba ya relajado.

A ver. Piensa, Aloy, piensa. Llegaste por aire, y está descartado regresar por el mismo lugar. Tiene que poderse acceder de otra forma, quizás a través de una montaña, o a lo mejor hasta por mar. Pero no, lo lógico es que sea por la montaña más alta. La otra vez lo hicimos por un volcán. ¡¡Eso es!! Debía buscar lo mismo, un volcán en erupción y dejarme llevar por la lava. Si había funcionado otra vez, podía hacerlo más veces... 

Pero para eso tenía que localizar un volcán que fuese el adecuado y al mirar... joder, todos parecían ser adecuados, o más bien, infiernos, porque había lava por todas partes.

La Tierra Hueca era muy grande, pero podía intentar hallar el que nos había servido la otra vez para subir.

Eso es. Aloyssius, eres un genio.

A mi lado, la tetona comenzó a removerse, inquieta. Quizás fuese la hora de su medicina, pero yo tenía otras cosas en la cabeza. Sus necesidades tendrían que esperar.

-No te agobies, Sarah. Tu cuida del pequeño Aloy que en cuanto pueda, me reuniré con vosotros. Maldita sea si lo haré. Si estas manos y esta boca pudieron llevarte a diez orgasmos seguidos, este cuerpo saldrá de aquí, por mucho que me cueste. No voy a dejaros en manos de ese mentecato de Heatherly, que es más soso que follarse a una puta de cien años.

Mierda, eso no lo he probado aún. Me lo apuntaré en la lista.

Cargando editor
17/01/2025, 16:06
Sarah "Mac" Heatherly

Estar sin Aloy se notaba. Si ya le añoraba cuando se fue a la maldita guerra con Rick, ahora todo era peor, porque sabía que tardaría demasiado tiempo en volver a verle. Muchas veces me quedaba sentada en el sillón, mirando a Arthur jugar sobre la moqueta y recordando a Aloy, con nuestro pequeño en sus brazos, orgulloso de él y llamándole su pequeño Aloyssius Junior.

A Rick no le hacía mucha gracia escucharle decir aquello, dado que era realmente complicado saber quien era el padre real del niño o si inclusive era, como yo pensaba, de ambos, pues médicamente se había demostrado que sí se podía dar ese caso.

Pero en ese punto de mi vida, habían dos cosas que me preocupaban y me frustraban. La primera era que aquel estado de excitación que había despertado Aloyssius Bennett en mi interior, Rick no era capaz de saciarlo y estaba segura de que él lo notaba por aquellas pequeñas ausencias mías, donde le dejaba con nuestro pequeño y me masturbaba a solas para que luego no tuviese que esforzarse más de lo que ya hacía. Y es que le amaba tanto, que me dolía en el alma pensar como se sentiría él en aquellos momentos, sabiendo satisfacerme, pero sin llegar a saciarme.

El siguiente problema era que... solo me había quedado embarazada dos veces y por mucho que lo intentásemos, no había embarazo alguno. El primero en nacer fue Arthur, el segundo lo perdí cuando me avisaron de la desaparición y que se había dado por muerto a Aloy. Jamás le conté nada de aquello a Rick, dado que sabía que el padre que aquella criatura era de Bennett.

Había estado unos días de permiso en casa y aquello fue un no parar. Fue como si llevase semanas sin hacerlo y me cogiese con aquellas tremendas ganas de alguien incluso que no solo deseaba estar con su pareja, sino que la amaba. Pero Aloyssius Bennett no amaba a nadie que no fuese a sí mismo y a su Jr. Pero yo tenía aquella necesidad no solo de él, sino de que me aliviase de aquel fuego interno que había encendido en mí tiempo atrás.

Aloy regresó a filas y dos semanas después no manché, ni la tercera semana... y vino Rick y no me atreví a decirle nada de aquel embarazo que ya sabía que se gestaba en mi interior. Hasta los tres meses podía perderlo y no sabía como se tomaría que fuese de Aloy... pero, lo perdí para siempre y con él perdí mi capacidad de quedarme en estado.

Fueron muchos y muchos intentos. Rick no desfallecía, siempre estaba a mi lado y siempre era capaz de mantenerse en pie por los tres. Así que Arthur pasó a ser nuestra pequeña bendición y como habíamos hablado, le hablábamos de su otro padre, al principio diciendo que era su tío para que no tuviese problemas con otros niños y en el futuro, cuando lo comprendiese de verdad, cuando fuese capaz de entender que era el amor y el sexo, contarle que aquel tío suyo no era otro que parte de él al igual que de Rick y mía.

Y hablarle del tío Aloy cuando preguntaba por él, no era nada fácil, dado que recordaba a Aloyssius y sentía esa añoranza de nuevo. Añoranza que arrastraría en silencio durante años, para no perturbar a Rick. Ya me bastaba yo sola para sentir aquella tortura sobre mi cabeza y mi espalda, como para añadírsela al hombre de mi vida. No. No podía hacerlo. Además notaba a Rick más tranquilo sin Aloy en casa y me di cuenta de mi error al hacerle, por amor hacia mí, dejarle entrar en nuestras vidas y en nuestra cama de aquella manera.

Fueron muy buenos años y los recordaba con cariño y añoranza. De ahí que mantuviese mi promesa a mi amado de que no habrían más hombres entre él y yo a pesar de que... ¡Dios! ¡Disfrutaba tanto con los dos! Pero era algo mal visto en la sociedad y repetirlo era imposible y mi promesa era mi promesa y más hacia él. Hacia mi marido.

Pero sí, habían pasado los años y yo no me hacía a estar sin Bennett en mi vida. Quizás de haber tenido los hijos que habíamos deseado ambos, hubiese cambiado todo al volcarme con ellos, pero ahora tenía a Arthur, el cual con su cara alargada y su ojo azul, tenía más parecido a Aloy que a Rick y cada vez veía más claro lo que pasaba. Para eso había estudiado medicina, de manera accidental, pero conocía cual era el problema y ya dudaba de que Arthur tuviese un solo gen de Rick, pero lo que no tenía cabida alguna a dudas, es que a pesar de eso, Rick Heatherly era su padre.

A pesar de echar tanto de menos a Bennett, procuraba no hablar de él a Rick, pues seguía empecinado en montar una expedición para ir a buscarle y yo no quería perder a nadie más de mi familia. Bastante duro fue perder a Aloy y a quien era su hijo, el mismo día y terminar ingresada en el hospital tres días debido a la cantidad de sangre perdida en el aborto. Aloy muerto, Rick lejos sin poder estar a mi lado y sin saber nada de mi estado y yo creer que no sobreviviría a aquello.

Tres días en los cuales Rick llamó a casa y nadie respondió y me tocó mentirle diciéndole que había salido con Arthur a dar una vuelta o le había llevado al médico. Tres días que mi niño al menos estuvo con su tío Harry y la pesada de Marion, que se encargaba de venir a verme y a estar horas conmigo cuando yo no podía ni verla.

Ellos tampoco supieron que fue un aborto, salvo que algún médico se lo dijese y les hice prometerles que jamás le contarían nada a Rick sobre aquella hospitalización, dado que todo fue un susto y no pasó nada. Al cuarto día estaba en casa, bajo la supervisión de Harry y Marion y con Arthur y su primo jugando juntos, sintiendo de nuevo que tenía una familia, donde me dolía saber que Aloy jamás volvería y tener a Rick tan lejos aún, añorándole a cada segundo que pasaba y siendo un mar de lágrimas cada noche por lo desgraciada que me sentía con aquello.