El ratón era huesos y pellejo, pero era muy alto y pesaba mucho más de lo que parecía. Ember no podía levantarlo y no fue fácil sacarlo de ahí. Por suerte se iba espabilando aunque murmuraba cosas incomprensibles.
¿Grilletes? ¿Shelley? ¿Soltarla? ¿Hablaría de alguna amiga suya que tenían presa los policías o los mafiosos? Pobrecillo, la verdad es que estaba peor de lo que parecía ¡Y ella que pensaba que su vida era una mierda!- Va venga, salgamos de aquí y luego ya puedes ir a ver a Shelly o a quien tú quieras- dijo con la intención de que se animara y pusiera un poco más de esfuerzo.
¿Ponme? ¿Ponerle qué? Seguro que ya estaba pensando en sus drogas... - Síiiii... veeenga...- respondió con tono condescendiente- ahora te ponemos todo, tú sigue andando, así muy bien.- Le iba a tirar en la primera cloaca que encontrara una vez abandonaran la puta feria.
Antes de salir de la carpa le hizo la señal a uno para que recogiera el abrigo que se había dejado en el suelo y se lo pusiera por encima, después de eso, siguieron avanzando.
Oliver se encogió ligeramente al notar la mano de Miss Holmwood en el hombro, no como si fuese reacio al tacto pero se notaba que estaba tenso. La miró mientras le hablaba y se forzó a hacer un gesto que podía interpretarse como una sonrisa si uno era generoso. - Lamento no haber sido más útil a la hora de detener la locomotora – Dijo, con un suspiro. No quería regodearse en su propio fracaso, así que esperaba que el tema quedase ahí. A fin de cuentas tenían temas mucho más importantes que tratar que su dañado ego.
Lo de los asesinatos sonaba mal pero era algo que creía iba a convertirse en algo común. Los sentimientos de superioridad que tenia De Wynter difícilmente eran únicos. El mismo se sentía diferente al resto de humanos. No se consideraba por encima, pero comprendía como se podía adaptar esa óptica. Se mantuvo en silencio, pensativo, mientras seguía a Helen de vuelta al tren.
Ember había descubierto, otra vez, que eran pocos con quienes podía contar, que las buenas palabras se las llevaba el viento y que existía demasiada desconfianza y miedo en los corazones de la gente como para fiarse de ellos. Por un momento pensó que tendría un futuro en aquel lugar, pero estaba claro que en cuanto había un problema... todo era huir y alejarse, y que no estaban dispuestos a confiar en ella.
Y luego estaba Ned, ese chiquillo que había montado todo aquello, no sabía cómo ni por qué, y que al ponerle en pie empezó a murmurar palabras que no tenían sentido, nombrando a aquella... "Madam Shelley". Pero Ember parecía demasiado preocupada por alejarse de allí, mandar a todo el mundo al infierno y volver a la vida que conocía. Seguramente hasta la cita que había concertado con aquel poli sonaba ahora diferente a tan solo hacía un minuto, porque también le había prometido mucho y después... quién sabía cómo terminaría.
Claro que no la había detenido y eso era siempre un punto a su favor.
Ned se fue despertando poco a poco y para cuando llegaron a los límites del circo, ya estaba más o menos consciente, aunque con un fuerte dolor de cabeza y la sensación de que no había dejado de correr desde... ¿siempre?
Todo estaba todavía un poco confuso, como si una niebla le cubriese los ojos, pero al menos Jack no estaba allí... por fin, porque por un momento, eso era todo lo que había. Claro que ya no tenía sus grilletes, ese pequeño "extra de seguridad" que llevaba siempre consigo, además del láudano. Podía volver a por ellos, por supuesto, pero al mirar hacia atrás, fue como si un ejército de hormigas se hubiera puesto en marcha. Había gente que empezaba a entrar y salir de las tiendas, por lo que seguramente, no tardarían demasiado en encontrar a Shelley y sus preciados grilletes.
Quizás ahora solo pudiese mirar hacia delante, fuera donde fuese.
Último mensaje y cerramos el capítulo.
Aún arrastraba un poco los pies, pero se detuvo en seco, mirando a su alrededor como si viera su entorno por primera vez. Estaban fuera de los límites del circo; se irguió y se volvió a echar un vistazo a su espalda, pero sin soltar aún el hombro de Ember, porque las sienes le palpitaban como a punto de estallar y todavía no tenía claro que las piernas le fueran a sostener del todo.
-Maldita sea... -gruñó al ver el personal corretear abrumadora pero eficientemente por todas partes-. Se revolvió el avispero.
Suspiró: no podía volver a por los grilletes, y tampoco se sentía con fuerzas de hacerlo. Más bien, quería tirarse al suelo y quedarse allí una semana, o hasta que se lo comieran las alimañas, lo que pasara primero. Ya ni siquiera tenía hambre, sólo un cansancio debilitante e infinito y un terrible dolor de cabeza. La buena noticia era que en ese estado nadie podría sacar mucho partido de él, así que no era probable que necesitara encadenarse, al menos a corto plazo. La mala era que, al parecer, ahora eso tampoco le aseguraba ser de ninguna utilidad para contener a Jack.
Probablemente Madame Shelley sí que fuera en realidad una buena persona. Una ingenua que creyó poder ayudarle. Pero Ned arrastraba una condena demasiado pesada.
-Se lo advertí... mira que se lo advertí -masculló, camuflando su pesar con un saludable enfado.
No esperaba que las cosas se desmadraran tanto. Al menos, no de ese nuevo e innovador modo. Aunque ella solita se lo hubiera buscado, le entristecía haber tenido que huir de ese modo tan violento y le preocupaba haberle hecho daño, aunque fuera por su bien. Al menos no debía preocuparse porque la encontraran: estaba claro que lo harían más pronto que tarde, si es que no lo habían hecho ya.
Ned sabía que no debía acercarse por el centro de la ciudad en una temporada. No podía pedirle a Arthur las cadenas. Pero a ese paso seguro que conseguía pronto otros grilletes, pensó con una amarga media sonrisa. Y otra agradable estancia gratuita la prisión. Cielos, no. Más señora Perkins, no, pensó sin poder evitar un estremecimiento, aunque dudaba que volviera a por su juguete después de la historia que se había inventado frente a su marido.
-Bueno, dejé la llave en la mesa. Al menos podrán soltarla rápido -frunció el ceño, se tambaleó un poco y sus dedos se agarraron con más fuerza a la ropa de Ember, mientras con la otra mano se agarraba la cabeza y apretaba con fuerza los ojos en un gesto de dolor, pero retomó la marcha-. Y después, probablemente van a estar todavía más cabreados, así que seguramente querrás largarte -se forzó a abrir los ojos y mirarla; no entendía ni quería entender por qué le había ayudado a salir de allí, pero no tenía por qué seguir haciéndolo-. Puedes robarme las botas, si quieres. Pero la petaca no se te ocurra tocarla -aún seguía agarrado a su hombro y estaba demasiado débil como para defenderse ni siquiera de una pequeña libélula como ella-. En realidad, las botas valen más, créeme.
Pobre Ned, menudo viajecito... ¿Lo de llamar a este capítulo "Santuario" era una trampa, o sólo cruel ironía? xDDD
Estaba cabreada, MUY cabreada, y tener que cargar con un trapo de metro ochenta llorón no estaba mejorando su humor. En cuando salieron del recinto de la feria, Ember buscó un lugar un poco apartado donde pudieran hacer un descanso. Ella no podía más. Débil y mal nutrida, la chica tenía una resistencia muy baja.
¡Allí! En ese callejón no parecía haber nadie... Fue hasta una esquina donde parecía que se acumulaba la basura y lo dejó caer. Al menos cayó en blandito. Aunque luego le propinó una dolorosa patada en la espinilla. -¿Pero qué mosca te ha picado? Has conseguido que nos echasen del mejor sitio del mundo ¡Hay que ser cretino!-
Libre de la carga que era llevar a Ned, caminó en círculos, furiosa, soltando unos improperios que serían capaces de hacer sonrojar a un marinero, hasta que soltó algo de presión contenida.
-¿Robarte? ¡¿Pero tú te has visto?! ¡Si te meto mano para buscar entre tus pertenencias, debería cobrarte el masaje! - refunfuñó un rato más.
Ember tenía la sensación de que había estado a las puertas del paraíso y que se las habían cerrado en las narices. Ahora tendría que volver a su mierda de vida y lo malo es que ahora parecía más mierda todavía que antes. Solo quedaba una salida; probar lo que le dijo el viejales.
- Mira, no sé cuál es tu deformidad a parte de lo feo que eres, o lo que te hace "especial"- por fin parecía que hablaba con coherencia- pero está claro que algo tienes porque sino Marcus no te habría traído.
Yo he quedado esta tarde con un tipo muy viejo que me ha dicho que hay una especie de escuela en la que ayudan a gente como nosotros -no sabía porqué le ofrecía a ese ratón ayuda, quizás se estaba volviendo una blanda -. Si quieres puedes venir conmigo. Me ha dicho que me presentaría a la señora que lleva ese sitio. Y antes que lo preguntes... No creo que sea una trampa porque me citó en comisaría. Si hubiera querido arrestarme, lo podría haber hecho en ese momento, así que estoy segura que no va a arrestarme. No pierdo nada si voy a comprobarlo.
Qué me dices ¿Te vienes?-
Ned se desplomó sobre el montón de basura en un lío desgarbado de piernas y brazos larguiruchos, y decidió que no se estaba tan mal. Probablemente ese fuera su sitio. Al menos no era el duro suelo, y sin duda olía mejor que la celda de la que lo habían sacado a patadas esa misma mañana; y mucho, muchísimo mejor que el insidioso perfume de Patricia Perkins, que todavía le daba náuseas.
-Auch -se quejó simbólicamente y sin ganas ante la patada de Ember, porque el dolor de cabeza no le deja a sentir mucho más-. Te diría que no ha sido a propósito, pero tampoco ibas a creerme -gruñó, molesto, y dejó caer la cabeza hacia atrás, derrotado, respirando hondo de puro cansancio-. Y también te diría que dudo que fuera el mejor sitio del mundo, si es que algo así existe. Ese Marcus me daba mala espina.
Nunca te fíes de las cosas que parecen demasiado bonitas para ser ciertas, sobre todo si están bajo el mando de alguien tan controlador, pensó. Suelen terminar pidiendo más de ti de lo que eres humanamente capaz de dar.
-Caramba, bichito, tienes la lengua más sucia que un carretero -añadió, levantando brevemente la cabeza para mirarla pasear furiosa arriba y abajo con una sonrisa socarrona-. Eh, son unas buenas botas -apostilló con ácida ironía moviendo un poco los pies, pero aún espatarrado sobre la basura como un rey entre cojines bordados de oro.
Dejó caer de nuevo la cabeza: habían vuelto al núcleo urbano, y tenía que empezar a pensar en como salir de allí, porque no podía dejarse caer muerto en aquel lugar, por mucho que le apeteciese. A pesar de ser un callejón vacío de las afueras, seguía estando demasiado cerca de la gente.
-Hay cosas que saltan a la vista, hermana. Como tus... -señaló a donde creía que estaría la espalda de Ember haciendo un círculo difuso con el dedo-. Lo dices como si ese tipo tuviera una especie de sexto sentido para ver... cosas raras -dijo en tono despectivo y aún sin mirarla, con la vista clavada en la pequeña porción del nublado cielo londinense que se se atisbaba desde aquel estrecho callejón-. Cosa que dudo mucho. Si me hubiera dejado en paz en vez de empeñarse en remover la mierda, no habría pasado nada -cerró los ojos-. Lárgate, anda. Me das dolor de cabeza -refunfuñó, hosco.
Nada; aquel bichito zumbón no se callaba ni a tiros. Ned resopló y comenzó a hacer un esfuerzo por levantarse, aunque se sentía tan débil que dudaba que fuera a llegar muy lejos antes de que volvieran a atraparle. Se alejó de la basura apoyándose en las oscuras y sucias paredes. Aún estaba decidiendo si soltarse (qué lejos está el suelo, demonios), cuando una de las palabras de Ember le hizo volverse bruscamente, exasperado y sorprendido.
-¿A comisaría? ¿Pero te has vuelto majara, bichito? -su rostro era todo un poema de incredulidad y desdén-. A lo mejor tú te puedes permitir pasearte por allí como si nada, pero yo no. Es probable que todavía me busquen -sabía que necesitaba un lugar donde esconderse, y en aquel momento le daba igual si aquel sitio que había mencionado Ember era una escuela, una especie de aspestoso orfanato o un campo de prisioneros de guerra, mientras le dieran un lugar donde ocultarse, un plato de comida y un rincón mínimamente limpio y convenientemente aislado de todos donde le encerraran bajo siete llaves para poder descansar, pero sencillamente no podía entrar en una comisaría-. Yo no tengo nada de especial -afirmó con seca rotundidad-. Salvo lo de ser un loco peligroso, ya sabes. Ah, y un violador. ¿Eso no te lo había dicho? -el sarcasmo de su voz era furioso y estaba cargado como las coces de una mula terca.
- Mira, no sé cuál es tu deformidad a parte de lo feo que eres,
"...Eres mala, Muriel" xDDDD
Ember se quedó por un momento paralizada al escuchar lo que Ned decía sobre sí mismo. Lo de loco peligroso estaba claro, pero lo de violador... Nah, los violadores no admitían nunca que lo eran.
- Tú lo que eres es un imbécil. - Casi escupió la palabra. -Porque hay que ser imbécil para dejar pasar una oportunidad como la que nos ha dado Marcus y más imbécil aún para volver a dejar pasar otra oportunidad cuando te dan una segunda. Ratón, si quieres sobrevivir en las calles no debes dejar pasar las oportunidades de esa forma.-
Su mano actuó rápido y, sin que Ned pudiera darse apenas cuenta, Ember había sacado uno de sus cuchillos y lo sujetó contra su cuello. Ella no era fuerte pero sí muy rápida. Antes de que él pudiera reaccionar, apartarse o atacar, ella ya había retirado el cuchillo, lo había girado con gran habilidad en su mano y, sujetándolo por la hoja, se lo ofrecía por la empuñadura.
- Toma. Si quieres quitarte la vida porque eres un cobarde y ya no puedes aguantar más, córtate ahora las venas y nos haces un favor a todos. Pero si aún te queda una pizca de valor, deja de lloriquear y toma la oportunidad que te estoy dando. Mira, yo no te debo nada ni me importa lo que sea de ti, pero me gustaría que, estando en tu lugar, alguien me la diera, así que aquí la tienes.
Si lo que te hace cagarte en los pantalones son los 'bobbies', podemos hacer una cosa; tú te quedas fuera, en algún sitio que acordemos, y yo voy a la comisaría, hablo con esa señora y luego salgo y te cuento.
Ahora decide tú ¿Daga o salida de tu pozo de mierda?- definitivamente, ese viejales la había ablandado el corazón.
"...Eres mala, Muriel" xDDDD
Sabía que te gustaría ^^
-Si, también soy un imbécil -respondió, más que harto y empezando a elevar la voz por el enfado-. Pero no he dejado pasar la oportunidad que dices porque realmente nunca tuve ninguna. Estoy cansado de falsas oportunidades y de sermones de alguien que no tiene ni puñetera idea de lo que habla.
Ember zumbaba como un mosquito cojonero y era igual de rápida. Cuando se quiso dar cuenta había puesto el filo de una hoja en su cuello, y Ned apretó instintivamente la espalda contra la pared. Las ganas de apartarla de un empujón o una patada eran cada vez más grandes, le hervían en la sangre junto con la rabia a punto de estallar.
Sin embargo, cuando ella le ofreció el cuchillo empezó a reírse primero por lo bajo, pero después cada vez más fuerte: un risa un poco amarga pero también algo sarcástica y con un toque desquiciado ligeramente inquietante.
No tienes ni idea de lo adecuado que es tu ofrecimiento, Bichito.
-¿Me la puedo quedar para luego? -preguntó con retintín-. Ya sabes, para cuando estemos metidos hasta el cuello en el pozo de mierda y pueda dejar caer un "te lo dije" antes de hacer mutis por el foro. Si no te importa que te la manche de sangre de ratón -extendió la mano hacia la daga y ladeó la cabeza con una mirada cínica, convencido de que no se la iba a dar-. Podemos intentar comprobar si ese sitio que dices existe siquiera; total, no pierdo nada, solo algo más de tiempo. Te esperaré fuera, en algún callejón -al final se iba a acabar acostumbrando a estar con la basura-. Cagándome a gusto en los pantalones, por supuesto. Aunque no sean los "bobbies" los que me ponen las tripas a bailar, precisamente.
Si le detenían y la señora Perkins volvía a por él, estaba seguro de que esta vez se ganaría a pulso la horca, porque no se sentía con fuerzas, paciencia ni ánimos (ni, sobre todo, con esperanza) suficientes como para volver a lidiar con algo así y lograr escapar.
-¿Y tú que sabes si tengo idea o no de lo que hablo, listillo?- le sacó la lengua en un gesto infantil aunque cargado de inquina.
Darle a un loco un arma no era muy sensato y no se la entregó pese a que ella tampoco es que fuera sensata precisamente, pero sí que apreciaba su vida. -Nah, si no te vas a cortar las venas delante mío, prefiero quedármela yo- no fuera a atacarla por sorpresa.
- Pues venga, pongámonos en marcha y busquemos un lugar donde puedas ocultarte mientras yo estoy dentro -. Seguramente el ratón desaparecería cuando se metiese a al comisaría pero eso ya no era su problema.
Ember se guardó la daga en uno de los pliegues de su chaqueta y comenzó a caminar hacia el distrito donde estaba el lugar en el que la habían citado. Caminaba a paso normal, intentando mantenerse al lado de Ned, como si fueran dos pordioseros más de los miles que pululan por aquellas calles.
- Y bien ¿no vas a contarme qué es eso que tienes de "especial"? Tú ya sabes lo mío... ¿No es justo que yo sepa qué te pasa a ti? ¿Qué te dijo esa adivina para que salieras corriendo como si te persiguiera un demonio?-. No es que hubiera elegido el mejor tema de conversación, pero caminar juntos en silencio sería más sospechoso que ir charlando.
No, no tienes ni puñetera idea, pensó Ned. Si la tuvieras no me habrías ofrecido la salida fácil. Si la tuvieras, probablemente tú misma tomarías esa misma salida.
Pero no dijo nada de eso, aparte de porque no le daba la gana, porque la defensa del argumento de Ember fue una mueca infantil que le granjeó una mirada escéptica de Ned con una ceja enarcada.
-Guau. Tú ganas. Me has derrotado con esa sacada de lengua. Ha sido un razonamiento aplastante -el gesto despectivo y sarcástico de Ned se mantuvo mientras continuaba hablando-. No esperaba que fueras de las que les gustan los espectáculos sangrientos -mira que bien; se llevaría genial con... No, mejor detener ese pensamiento antes de terminar de formarlo. No era cierto y no tenía ninguna gracia.
Intentaba no mirar a todas partes mientras caminaba, pero le resultaba imposible. Todavía podían estarle buscando. Aquello era una locura, una temeridad. Pero ¿qué otra cosa podía hacer? Si existía la posibilidad de encontrar un sitio seguro donde esconderse, al menos por un tiempo, tenía que que intentarla.
Estaba tenso como una vara, y aunque se metió las manos en los bolsillos para esconder las marcas de los grilletes en sus muñecas e intentó hacer como si nada, se sentía demasiado cansado para mantener un paso que no pareciera un poco el de un borracho. Todavía le dolía la cabeza, tenia las piernas de gelatina y a veces le asaltaba un mareo difícil de disimular. Había demasiada gente. Recordó que ahora tenía que alejarse de la gente.
-A mí no me pasa nada. Ya te he dicho que no tengo nada de especial -gruñó; y no estaba mintiendo, eran... otros los especiales, eran otros a los que les pasaba "algo", y le daban la murga a él-. No como tus... ¿De donde salieron, por cierto? Aparte de... de tu espalda, claro -estaba disperso, con la cabeza llena de algodón-. Y la pitonisa no me dijo nada -de nuevo, tampoco mentía: no era de ella de quien había huído-. Solo era una ingenua, me temo -Ned tropezó un poco, y recuperó el ritmo del paso pero pareció perder el hilo de sus pensamientos y sus palabras, hablando sin pensar-. Tuve que dejarla esposada con los grilletes. Por su propio bien -estaba farfullando un poco-. Se puso como... Marcus... -sacó una mano del bolsillo para frotarse la cara-... No, se puso peor. Bastante peor. No suelo enfrentarme a él, y menos de esa forma, y tuve que... No tenía ni idea de a él también... No esperaba que se pusiera... Conmigo... -estaba pensando en voz alta, le recorrió un escalofrío y se tapó la boca con la mano para obligarse a dejar de hablar hasta que su vista volvió a centrarse un poco; agachó la cabeza y volvió a esconder la mano en el bolsillo-. Si no encuentro pronto un sitio donde dejarme caer, te vas a quedar sin espectáculo, porque me voy a morir de puro cansancio, en serio.
Y, probablemente, de hambre, aunque ya ni siquiera la sintiera. En realidad, tenía la impresión de que caminaba como respiraba, por pura inercia.
¿Acaso se creía que estaba en la universidad y había que ganar los argumentos mediante la razón? En las calles de Londres la razón era lo que menos importaba. Los argumentos los ganaba el dinero y la fuerza bruta, aunque algunas veces el ingenio y los engaños. No le extrañaba que el pobre estuviera tan perdido si intentaba buscar la lógica en lo que no lo tenía.
- Ya, sí claro, no te pasa nada, y lo mío es solo un disfraz que me pongo para tomar el pelo a colgados como tú... La alas me las dio Marcus para hacer el numerito en el circo, ya se las devolveré algun día...
Entonces, ¿esposaste a la pitonisa que intentaba ayudarte, la violaste y saliste huyendo por la puerta equivocada? Ya veo que eres todo un caso... Sinceramente, como delincuente eres bastante torpe. Eso de salir corriendo llama demasiado la atención, a parte de que gasta mucha energía.-
Ember ni se fiaba ni se creía la mitad de las cosas que estaba contando Ned, a parte de que no les encontraba sentido. Claro que seguramente estuviera muy mal de la cabeza con todo eso que se metía así que era mejor no hacerle caso ¿Se puso como Marcus? ¿Se puso conmigo? Soltaba incoherencias sin sentido.
Lo único que tenía sentido era aquello de que no podía más. Ella misma se notaba agotada con todo lo que había hecho ya aquel día que no era poco, y si no se metía algo en el estómago, seguramente caería igual que el ratón. Era momento de robar algo de comida de algún puesto, lo que fuera.
- Pillemos algo entonces, yo también me muero de hambre...-
Ember se concentró en buscar una posible víctima; un puesto callejero, una tienda con mercancía al alcance, la parte de atrás de un restaurante...*
*Jefa, ¿cómo hacemos esto de buscar/robar comida? ¿Quieres ponernos tú alguna cosilla o nos lo montamos por nuestra cuenta?
-Pues enhorabuena, te ha quedado un disfraz muy logrado -ironizó-. Me recuerda a los cuentos que nos contaba Doris en el orfanato, los del Buen Pueblo, la Gente Pequeña. Y eres pequeña, pero no tanto. Además de las alas, ¿también secuestras gente en círculos de setas, o concedes calderos llenos de oro? Dicen que el oro de las hadas no nes de fiar -se rió para sí mismo: ahí iba estar ese bichito zumbón si tuviera una sola moneda de oro, aunque fuera temporal e ilusoria.
Torció la boca: no quería seguir hablando de Madam Shelley ni recordar a la señora Perkins.
-No, no fue a ella a quien... fue una ricachona gorda como una vaca y con el cerebro de un verraco la que... No importa -suspiró exasperado-. Lo único en lo que has acertado es en que soy un delincuente torpe. Es lo que tiene estar loco -dedicó a Ember una sonrisa cínica pero cansada, y la vio mirar a su alrededor, buscando algo como si... Ned frunció el ceño-. Yo no robo -dijo simplemente-. Y no tengo hambre. Al menos, ya no. Creo que mi estómago se ha olvidado de cómo es eso de comer. Lo que necesito es descansar. O desmayarme, aún no lo he decidido.
- ¿Tú no robas? - dejó de escrutar la calle para centrar de nuevo la atención sobre Ned - ¿Tienes entonces un trabajo?- no parecía que fuera capaz de mantener un trabajo así que lo más seguro es que fuera entonces chapero. Ember prefería robar a prostituirse.
- Está bien, si no quieres comer pues nada...- si el tipo no tenía experiencia en birlar cosas solo la iba a dar problemas así que mejor aguantarse el hambre.
Continuaron pues el camino hasta la comisaría sin decir mucho más. Ember estaba cansada de escuchar frases inconexas sin sentido y no pensaba que le fuera a sacar nada en claro. Al llegar, buscaron un lugar donde él pudiera ocultarse y echarse a descansar mientras ella entraba en la comisaría y preguntaba por el inspector Jonas Bulstrode.
Pues nada, nos saltamos el almuerzo ^^'
Helen, Oliver y Madelyn regresaron al tren y este reanudó su marcha en cuestión de minutos. Con todo el pasaje a salvo, podían empezar a concentrarse en lo que les esperaba por delante en Londres, que Helen sabía bien no iba a ser nada sencillo.
Mientras el tren aceleraba, Helen observó las dos figuras que tenía delante de ella. Ambos estaban aún mojados, pero sus ropas se secarían pronto. Valoraba sobre todo que Madelyn se hubiese lanzado en pos de Oliver a ver a este en peligro, lo que significaba que entre los dos se había creado un lazo que, antes o después, aseguraría su supervivencia y crecimiento como individuos.
Satisfecha, miró a través de la ventanilla y disfrutó del paisaje por primera vez en todo el trayecto.
Todo estaba saliendo bien.
FIN DEL CAPÍTULO 1
En cuanto pueda, abro el CAPÍTULO 2
Ember aceleró para llegar a la comisaría y no perderse aquella cita. Ned, por su parte, no parecía demasiado interesado en hacer aquello, sino más bien en quitarse de en medio. Las calles a aquellas horas, ya próximas al anochecer, no eran nada confiables, porque la oscuridad abría el paso a todo tipo de gente, honesta... y deshonesta, dispuestas a todo... y ocupadas únicamente en su propio disfrute.
Eran las horas más peligrosas, cuando la libertad se confundía con la anarquía, aunque en el fondo existía un cierto orden en aquel desorden, el de buscar dinero donde fuera y como fuera, y aprovecharse de los pobres que se adentrasen en un mundo completamente nuevo, el de la noche de Londres.
FIN DEL CAPÍTULO 1
Cuando pueda, empezaré el CAPÍTULO 2
Aquel momento era único y especial no solo para mí, sino que para mi amado también. Helen me había animado antes de que todo cambiase a que me lanzase a decirle lo que sentía, pero mi miedo a todo, mi timidez... era imposible que me abriese a él.
O eso creía yo.
Las cosas no sucedían como uno esperaba ni deseaba, pero allí estábamos ambos, en mi cama, abriendo nuestros corazones y desafiando a nuestros propios miedos e inquietudes, siendo sinceros el uno con el otro a cada palabra que cruzábamos.
- Cariño... que bien suena esa palabra en sus labios. - Mi corazón se aceleraba cada vez que me hablaba así, sintiéndome cada vez más segura de nosotros, más grande y más feliz por lo que teníamos entre ambos.
- El dolor no, mi amor... sentir la muerte tan cercana a mí. Eso me dio el valor para... desvelar todo lo que siento por ti... ha sido demasiado tiempo sola... y no voy a dejar escapar a quien me ama, si yo siento lo mismo por él... por ti. - Le susurré emocionada con mis propias palabras, viendo que me repetí de nuevo, pero era lo que sentía en aquel momento. Y es que sería demasiado tonta si dejase escapar a quien amaba tanto desde hacía tanto tiempo en silencio, después de confesar él mismo su amor por mí. - Y sí, desde ahora para siempre. - Repetí sus palabras con una tímida sonrisa.
- Confío en ti y en mi amor hacia ti, Robert... eso no lo puedo cambiar ya. Mi mente... me jugará malas pasadas... no cesará, hasta que confíe en mí misma y saber que estoy a vuestra altura mi vida.
Mi cuerpo tembló cuando sentí como Robert tomaba mi mano y la colocaba sobre su pecho. Su cálido y duro pecho. Uno cuyo corazón latía con fuerza, como el mío, deseoso seguramente de amar y ser amado como reclamaba el mío. Algo que aún tenía que aprender a hacer, pero aquel contacto físico con Robert me estaba ayudando a dejar fluir todo y mi necesidad de tocarle y de estar próxima a él, iba en aumento a cada roce o frase dicha por cualquiera de los dos.
Sus palabras me confirmaron que él deseaba lo mismo que yo. Pero todo en esta vida había que ganárselo de alguna manera y él consideraba que, para llegar a ese punto, debía demostrarme algo. Era tan diferente a los hombres que frecuentaba Lady Flecher, que casi lloro emocionada por escucharle hablar así.
- Oh, Robert. Sois tan atento, tan... honrado, tan leal... que siento que a cada palabra vuestra os amo aún más.
Y así era. Ver como tenía su propia moral, sus propios criterios, tan altos y alejados de la simpleza que había visto en mis despertares en otros lugares y camas, con otros hombres a los que no conocía. Vulgares en su mayoría y detestables los demás, que todo hacía que alzase a Robert en un altar cada vez más grande, pero no inalcanzable.
Mi mano apretó la suya cuando sus palabras sobre su propio dolor y el mío se unieron en uno en mí.
- Robert. - Le miré con seguridad a los ojos sin soltar su mano. - Ya no estás solo, tesos. No volverás a estarlo mientras yo viva. Y tu dolor, ahora forma parte del mío.
Aquello era un hecho, una realidad. Nuestros corazones se estaban uniendo con fuerza al igual que nuestras manos quedaba entrelazadas con nuestros dedos. Sus cicatrices no me importunaban. Él era perfecto para mí tal y como era. Hacía que mi cuerpo le necesitase, que yo misma necesitase de sus brazos y sus caricias y como no, de su compañía. No quería más, no necesitaba más que a él a mi lado.
- Recuerda, el fuego es la debilidad de Lady, al igual que el sol. A mí solo me quema y mi cuerpo se regenera gracias a... ella. Si me quemas... la cicatriz se borrará de mi cuerpo en cuestión de días. Debes confiar más en ti mismo, Robert. Si no has quemado nada ya... a pesar de los nervios de esta situación... es que lo controlas más de lo que crees... solo debes creer en ti.
Helen tenía razón, no éramos tan distintos al final. Ambos teníamos algo dentro contra lo que luchar y contener. El problema era que Lady tenía libre albedrío como lo tenía yo. En cambio Robert tenía plena consciencia de lo que hacía en cada momento y eso para mí era algo importante y básico. Dado que él si podría controlar su poder, mientras que yo jamás podría controlar a Lady ni hacerla desaparecer.
- Ese es también mi deseo, mi amor... ser una mujer corriente y tener una vida normal...
Bajé la mirada con pesar, sabiendo que Lady haría algo para estropearlo todo.
- ... y más a vuestro lado... y sí, pelearé por vuestra felicidad siempre... pues eso es lo que debe hacer una persona que ama a otra, ayudarla a ser feliz... - A cualquier precio.
Sus siguientes palabras me hicieron sonrojar. Escucharle decir que solo podía ofrecerme lo que yo realmente deseaba con aquella sinceridad, como si me hubiese leído la mente, logró que mi rubor se disparase.
- No deseo más, mi amor y tampoco puedo ofreceros más que mi corazón, pues le siento vibrar de amor con vuestra presencia, y todo lo que ello conlleva... - Mi timidez hizo que no pudiese hablar más de aquellos sentimientos que me embargaban y más cuando sus palabras aún resonaban en mi cabeza y en mi corazón. - Realmente es ahora... cuando estoy conociendo el amor... el puro y verdadero... el que deseo tener y contemplar por siempre a vuestro lado.
Robert estaba seguro de que Lady jamás le poseería, pero ella siempre me había robado todo... y temía porque también me robase a quien amaba como jamás hice antes. Pero sus palabras me arrancaron una sonrisa del rostro. Una cargada de amor y emoción al desvelarme como me veía y como la veía a ella.
- Esta noche saldrá... - Avisé a Robert. - Tiene que terminar de curar... nos... saldrá de la escuela y yo... no sé donde despertaré... ni lo que tardaré en regresar a vuestro lado... pero volveré, como siempre que ha salido de la escuela, regresaré a ella... y más con mi único amor esperándome en ella.
Con la piel de gallina y el deseo creciente en ella tras sentir el beso en mi cicatriz, dejé que mi cuerpo se calmase solo... si es que podía, dado que sentía cosas que jamás había sentido con tanta fuerza antes y necesitaba procesarlas y saber como apaciguarlas. Pero era tan grande el mundo que se estaba abriendo entre Robert y yo, las emociones y sentimientos que tenía, que quería disfrutar de todo aquello como venía... el tiempo traería lo demás a nuestros brazos.
- Keats... - Susurré casi para mí. Mis estudios habían ido por otro campo y no había leído nada sobre él. Por eso adoraba escuchar a Robert recitar las palabras de memoria de los grandes autores de la historia, porque sabía que la pasión que sentía por ellos, por sus palabras y versos, ahora me las dedicaba a mí.
- Moriría sin tenerte a mi lado, Robert. Cuando no sabía que... que sentías lo mismo... era distinto... ahora... ahora todo ha cambiado tanto... que siento que sin vuestra presencia en mi vida, yo desaparecía para siempre... solo quedaría Lady y un marchito cuerpo durante el día... uno sin alma, sin vida y sin corazón.
Cada vez estaba más claro lo que sentíamos el uno por el otro o más bien, quedaba más asentado y todo más unido. Le amaba, me amaba, pero todo era complicado para ambos y de alguna manera, sentía que ambos pensábamos que en cualquier momento despertaríamos, en camas separadas, quedando todo esto como un sueño y siendo la realidad la misma que ayer.
Más el tacto de su piel con la mía me hacía ver que aquello era imposible, que todo era real. Tan real como lo que sentía por él.
Y nuestro amor quedó sellado con la promesa de una espera mutua antes de unir nuestros cuerpos y dejarnos llevar por el amor y el placer. Mi curiosidad sobre aquello aumentaba cuanto más parecía extenderse todo en el tiempo, pero poder tocarle, sentir sus abrazos, me llenaba tanto, que me olvidaba de lo demás cuando eso ocurría.
- Ya lo dije... demasiado cerca de la muerte... y esta sed, el precio a pagar por salir de sus garras...
A pesar de mis lamentos y reticencias, la sed pudo conmigo y bebí de mi amado. No supe si mucho o poco hasta que le vi moverse y sonreír de nuevo. Una sonrisa que me partía en dos el corazón.
Y aquel beso que me robó. Mi primer beso de verdad... y casi ni me doy cuenta de él. Uno cuya disculpa por parte de Robert me hizo sentirme mal e incómoda por lo que había pasado y así se lo hice saber, dejándome clara mi amado su postura ante aquel hecho. Nuevamente sus palabras me hicieron ruborizarme. Deseaba tanto aquel beso que mis palabras se agolpaban en mi garganta y no era capaz de pronunciar nada, viendo como Robert se acercaba cada vez más a mí.
Si no lo respondía pronto... todo se iría al garete y...
- Sí... quiero... - Fue lo poco que pude decir, lo que mi mente me dejó procesar en aquel momento y lo que mis labios lograron pronunciar. Quizás no era la respuesta adecuada, pero estaba lo más cercana y acertada a lo que sentía en esos momentos de incertidumbre y miedo.
Y es que quería que fuese perfecto pero... realmente no había besado a nadie antes y eso lo estropearía todo.