Se apartó de la pared contra la que parecía haber chocado, la barbilla en alto, las manos entrelazadas con calma sobre el pecho, imbuída de la dignidad del Altísimo.
El muchacho volvía a estar en problemas, y reconocía la figura que, aparentemente, la había empujado.
Ese diablo pecador había provocado un accidente en el carruaje, lo recordaba bien, haciendo uso de poderes probablemente provenientes del mismísimo Adversario.
-Si en tu mano hay iniquidad y la echas de ti... entonces levantarás tu rostro limpio de mancha -proclamó en voz muy alta, como una especie de advertencia al hombre que huía-. Job 11, 14-15.
No necesitaba verlo para saber que sendas perforaciones, no heridas superficies como solían ser las suyas propias, atravesavan en ese preciso momento las palmas del fugitivo.
Porque aquel rostro no estaba limpio de mancha.
Notaba la mente embotada, no era capaz de pensar con claridad y las lágrimas salían de mis ojos sin poder retenerlas. ¿En eso consistía hacerse adulto?, ¿ver por tus propios intereses sin importar nada más, ni siquiera tu familia? Si era así, no quería hacerme adulta, no quería cambiar ni volverme egoísta y mezquina.
De pronto, todo parecía ralentizarse, como si estuviera bajo el agua, en una burbuja, en un sueño...
Motivo: voluntad
Tirada: 1d10
Resultado: 4(+4)=8 [4]
Fui echado a un lado por la rauda escapatoria de De Wynter, y ahí me quedé pasmado, mirandole bajar las escaleras. Notaba mi ropa empapada de lo que en el mejor de los casos podía ser considerado como agua sucia pegarse a la pared de piedra contra la que había sido empujado. Aquello me convenció de tratar de detener al viejo psicopata ese, pese a que no tenía ni idea de lo que estaba pasando al final de aquellas escaleras. Había tenido que avanzar entre la más asquerosa mugre para llegar allí y ahora tenía que justificarlo de alguna manera. Y cuando Ned comenzó a soltar pasajes biblicos me quedó claro que no iba a tener que convencerlo para lanzarnos a la carga. Y si el viejo trataba de ensartarme con su sable, sería él quien sufriese las consecuencias. Lo mismo si nos lanzaba uno de sus rayos.
Bajé un escalón y escuche el sonido humedo de mis zapatos, y entonces sume 2 y 2. Como aquel carcamal nos lanzase un rayo conforme estabamos de humedos no ibamos a sobrevivirlo. Le puse una mano en el hombro a quien quiera que fuese ahora Ned, impidiendole que siguiese a De Wynter. - Calma, o nos mata – Dije, tratando de sonar convincente.
Los ojos de Maddy empezaron a recorrer, sin que pudiera evitarlo, todo el lugar, convirtiendo en roca cada objeto, cada trozo de pared, cada tablón de madera... Todo parecía estar cambiando su naturaleza por la de la sólida y grisácea roca que podríais encontrar en cualquier otro lugar, formando parte de edificios o en mitad de un campo en plena naturaleza.
Aquella mirada arrastraba a Maddy sin que esta pudiera evitarlo, de un extremo a otro, mientras Helen agarraba con profundo dolor a Eliza, entre sus brazos, y Ember descubría, con horror, que no había ningún lugar en donde esconderse a tiempo. Justo cuando Ember se volvía para aceptar el cruel destino que le esperaba, Maddy logró contenerse y cerró los ojos, cesando aquella transformación que estaba a punto de acabar con todos, aunque sentía que si volvía a abrirlos, de nuevo comenzaría todo aquello.
Ember estaba a salvo, pero por pura suerte.
Mientras tanto, en las escaleras, las manos de Sir August recibieron el daño que Ned, en nombre de Dios y de un espíritu vengador, habían ocasionado en él. La piel pareció hundirse en las palmas de sus manos, apareciendo sendos orificios que representaban las heridas ocasionadas a Cristo al se clavado en la cruz. El dolor se hizo tan intenso y fue tan inesperado, que en mitad de su descenso, Si August soltó con una exclamación de dolor el bastón, perdió el equilibrio... y cayó por el hueco del torreón, en medio de un terrible grito que solamente cesó cuando su cuerpo golpeó violentamente el suelo, donde comenzaban los escalones.
Con su cuerpo roto, un hilo de sangre surgió de su boca, entre medias de sus últimas palabras que no logró decir, fruto del fracaso de su vida, pues no había logrado lo que pretendía.
Mientras tanto, arriba, Kitty permanecía medio inconsciente, Maddy, con los párpados cerrados, ciega para no acabar con nadie, Ember podía respirar tranquila y Ned y Oliver, justo donde terminaba las escaleras, testigos de todo lo acontecido, podían dar gracias a no haber caído con Sir August.
Pero Helen y Eliza no habían corrido la misma suerte. El rayo de los ojos de Maddy sí los había alcanzado a ellas, y ahora se erguían en una hermosa y eterna escultura al amor sin barreras, lejos de los convencionalismos de la época, no reconocido pero evidente para cualquiera que las viese juntas. Helen no había querido abandonar el cuerpo de su amada, con una herida que la atravesaba, y había aceptado su destino, pues qué mejor que morir al lado de la única persona a la cual había amado durante todo aquel tiempo, la única que la había comprendido y aceptado tal y como era.
Un post más antes del epílogo, creo yo XD
Lo único que pudo hacer la joven ladronzuela fue cerrar los ojos y maldecir su puta suerte.
El crujido de la materia transformándose en piedra era aterrador y demasiado cercano. Pero cuando ya creía empezar a sentir sus efectos -porque las piernas no la respondían- se hizo un momento de calma. Un silencio sepulcral que parecía antinatural.
Ember abrió los ojos y se encontró con la cara de Madelyn contraída en su esfuerzo por mantener los suyos cerrados.
Inmediatamente se miró las piernas, temiendo que la hubiera dejado medio convertida, que seguro era mucho peor que haberla matado del todo. Pero no. Sus piernas seguían ahí, solo que el terror las había paralizado. Pronto podría moverlas de nuevo.
A su alrededor el mundo seguía ahí, pero no en el mismo estado.
Era imposible ignorar la figura de Helen y Eliza, petrificadas en una postura que hasta a ella, cuyo corazón estaba endurecido por la vida en la calle, se vio atravesado por un sentimiento cálido y triste a la vez que no sabría describir. Era hermoso, pero tremendamente triste.
Ese momento de empatía la duró poco a la joven hada. Pronto cayó en que, su oportunidad de salir de las calles estaba encerrada en esa estatua de piedra, y que volvía a estar como cuando empezó el día; hundida en la miseria.
¡Perfecto! Pensó con un deje de ironía.
Inmediatamente se activo su instinto de supervivencia.
Tenía que salir de ahí antes de que a Madelyn o a Kitty les diera por abrir los ojos.
Ember se deslizó por la trampilla para encontrarse con la siguiente escena: Ned y Oliver subían por la escalerilla, y Wynter se encontraba aplastado contra el suelo, con toda la pinta de estar muerto.
Mejor. Él era un peligro mayor que las dos medusas de la torre.
- ¡Hola chicos! - saludó a los que subían con una sonrisa nerviosa cuando se los encontró de lleno.
Ellos no habían visto nada así que no tenían razón para atacarla... Todavía podía huir.
Ember extendió sus alas y se apartó volando de la escalerilla para dejarles paso y que subieran si quería.
- ... Y ¡Adiós! - se despidió sin dejar de sonreír mientras descendía volando.
Menos mal que se había llenado los bolsillos de todos los objetos de valor que había podido encontrar. Al menos, con eso, se podría pagar una habitación decente en algún sitio por un tiempo... ¡Y comida!
Ember Winter se escabulló lo más rápido que pudo de aquel lugar, llevándose con ella, no solo el botín que había robado de la mansión sino un conocimiento sobre el mundo y unas vivencias, que sin duda eran más valiosas que los objetos físicos de sus bolsillos.
Quizás volviera a encontrarse con alguno de ellos más adelante, o quizás buscara el circo de Marcus. No sabía qué iba a ser de su vida, nunca hacía planes; cada día era una nueva aventura.
ayyy qué penita me ha dado Helen! T_T
Ni siquiera era consciente de lo que estaba provocando con solo pasear la vista por el lugar, solo podía sentir un fuerte hormigueo en todo el cuerpo... Pero algo, llámalo instinto, me decía que estaba mal, que estaba haciendo daño... Aun con el cuerpo sintiéndose como de trapo y con gran esfuerzo, conseguí poner el antebrazo izquierdo sobre mis ojos, apretando con fuerza hacia mi cara para cerrarlos, mientras con el otro brazo continuaba sosteniendo a Kitty.
- Ayuda...- me temblaba la voz. No sabía lo que estaba pasando. No sabía quién seguía allí. Ahora todo se sumía en la oscuridad y el caos, intentando centrar mis sentidos en el oído. ¿Pasos? Pero, ¿hacia dónde?, ¿salían o entraban? - ¿Señorita Holmwood? Alguien...- no sabía si Kitty seguía viva, no podía mirarla sin peligro, tampoco era capaz de entender lo que me estaba pasando por lo que ni hablar de intentar controlarlo. Las lágrimas comenzaron a rodar por mis mejillas, mojando también el brazo que seguía presionando los ojos.
Necesitaría que alguien me explicara la situación, lo que había pasado, lo que había hecho. Eso marcaría un antes y un después. No me atrevería a destapar mis ojos hasta estar en un lugar alejado y sin nadie a mi alrededor, para descubrir si el haber adquirido la habilidad de la joven había sido fortuito o permanente. Seguiría de cerca recuperación de Kitty para que al despertar tuviera cerca una cara amiga que le dijera que todo había pasado, que estaba a salvo.
Me costaría tiempo tomar la decisión de continuar en la Academia, pues nunca sería capaz de perdonarme. Pero, al menos, les debía el dar la cara y esforzarme para continuar con los pasos de Miss Holmwood de la mejor forma posible, intentando encontrar un lugar mejor donde las personas con dones excepcionales pudieran aprender y sentirse arropados, como yo cuando perdí a mis padres y el resto de mi familia me dio la espalda.