El murmullo del pasillo se apagó en cuanto Rowle apareció al fondo del vagón, avanzando con paso medido y la varita firmemente apuntada hacia su prisionero improvisado.
La insignia plateada de Prefecto brillaba sobre su túnica impecable, centelleando con cada zancada, como si el propio tren reconociera su autoridad. Su sombra se alargaba con la luz temblorosa de las lámparas, recortando la figura del chico que lo precedía.
Niall Cambell caminaba delante, con las manos en los bolsillos y una expresión que mezclaba desafío y fastidio. La bufanda de Gryffindor, mal anudada, colgaba torcida sobre el cuello; la camisa arrugada asomaba fuera del pantalón, y la capa, desabrochada, se balanceaba con un aire de desidia insolente.
Tenía el cabello castaño despeinado, mechones rebeldes que caían sobre la frente, y una mandíbula que parecía hecha para apretar los dientes. La mirada, oscura y viva, se movía de un lado a otro con la inquietud de un animal acorralado.
Había en él una energía contenida, física, de esas que se notan antes de estallar: los hombros tensos, las manos cerradas a medias, el andar pesado y deliberado de quien preferiría un golpe limpio antes que una humillación lenta.
Bajo la luz anaranjada del pasillo, parecía un boxeador juvenil arrastrado fuera del ring.
Rowle, por su parte, mantenía la distancia justa: la varita extendida, la espalda recta, el gesto de quien cumple una tarea necesaria pero despreciable.
Los alumnos se apartaban a su paso, abriendo un corredor silencioso. Algunas cabezas se asomaban por las puertas de los compartimentos; un murmullo de curiosidad recorrió el vagón. La imagen era inconfundible: Rowle a un Gryffindor díscolo, con la misma solemnidad con que se conduce a un reo hacia el juicio.
Niall avanzaba sin mirar a nadie, mascando su rabia con la mandíbula tensa. La varita de Rowle le rozaba la espalda a cada paso, recordándole que una palabra de más bastaría para que todo el tren lo viera reducido a una anécdota disciplinaria.
El contraste entre ambos era casi simbólico: el azul perfecto y reluciente de Ravenclaw, y el rojo gastado y rebelde de Gryffindor; la compostura glacial frente al fuego indómito.
Y en medio de ese pasillo cargado de murmullos, solo una cosa quedaba clara: Rowle disfrutaba cada segundo de aquella exhibición, mientras la furia del Leon no hacía más que aumentar. Su venganza sería legen.... daria...
El pasillo del Expreso se estrechaba en un corredor bruñido por años de manos y maletas: paneles de madera oscura con vetas que hacen zig-zag bajo la luz ámbar de las lámparas colgantes; un corredor alfombrado con un estampado geométrico en borgoña que amortiguaba los pasos; pequeñas repisas metálicas donde descansaban baúles de cuero con pegatinas de viajes. Las puertas de los compartimentos llevaban placas doradas numeradas —la del n.º 3 tenía la pátina brillante en el borde por haber sido tocada mil veces.
El carrito de la Señora del Carrito estaba detenido frente a la puerta entreabierta: una estructura de madera con ruedas chirriantes, tarros de cristal ordenados como pequeñas lunas y una lata de Longjing, verde y abollada, dejando escapar un vapor que olía a hojas tostadas. Humeaba también una bandeja de pasteles que exhalaban un dulzor cálido, y entre esas notas se colaban los aromas de cuero nuevo y colonia que delataban el vagón de primera. El tren traqueteaba con cadencia; fuera, la niebla ocultaba al propio tren de ojos indiscretos.
Dentro del compartimento estaba Haiss. Estaba reclinado en el terciopelo con la corrección de quien ha aprendido a ocupar su lugar sin llamarlo. La palidez de su rostro parecía casi luminosa bajo la lámpara; los pómulos altos, la mandíbula cincelada, la piel tersa que negaba aún cualquier adolescencia descuidada. El cabello rubio, peinado hacia atrás con una raya impecable, tenía ese brillo trabajado de quien no admite desorden en su apariencia.
Sus ojos eran dos placas de hielo —azules, quietos, implacables—: miraban y clasificaban más que mirar. Las manos, largas y articuladas, sostenían la taza de té con la precisión de un gesto ensayado; los dedos, limpios y sin rasguños, se movían con mesura y un cálculo contenido. La túnica de Slytherin caía sin arrugas sobre un chaleco oscuro; la corbata estaba anudada con exactitud y las botas, pulidas, devuelven un reflejo tenue. Una varita reposaba en el bolsillo interior, discreta, tan natural como un latido.
A su lado, Anubis —un felino negro, pequeño— observaba cerca del sillón, orejas en alerta, como si supiera que algo en la atmósfera había cambiado.
La Señora del Carrito, con las mangas remangadas y las manos moteadas de harina, se inclinó para dejar el pedido en la mesita para los refrigerios.
Detrás de ella, en el corredor, había dos figuras más: El primero era Ahmad: rizos cortos, piel oscura que recogía la luz del vagón en matices cálidos, bufanda amarilla asomando, una maleta remendada tirada a ras de suelo; llevaba colgando del cuello un amuleto de madera, pulido por el roce, que traía consigo un gesto de casa y de memoria. La segunda era Jackie: una presencia en que lo físico hablaba de costumbre y trabajo; la máscara —no un adorno, sino una pieza cerrada, con remaches y correas— cubría toda la mandíbula y el puente nasal, dejando ver únicamente dos rendijas donde ardían ojos que no regalarían nada. Había costuras visibles, una tira roja cosida en un lateral, y el casco viejo de Quidditch colgando de la maleta como un recordatorio de otras batallas.
Me quede sorprendido al ver a ese chico que, a primera vista, parecia sacado de algún ring clandestino de lucha o que directamente lo trajeron de la calle. Si estaba aqui, era porque es un mago como nosotros, pero no creo que necesite magia para mandar a alguien a la enfermeria; por como andaba, parecia estar listo para dar un gancho potente, directo a la quijada de quien trate de dirigirle la palabra.
Sin embargo, no me asusto para nada..... Lo que me hizo sudar de los nervios, fue la bufanda que lleva; esa bufanda roja y dorada que destacaba siempre por sus magos y brujas.
—Gryffindor...-Musite, pero de seguro Jackie me escucho
Un mago de Gryffindor que parecia un matón callejero, en el mismo compartimento que un mago de Slytherin a leguas conservador......
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¿Es que este imbecil no se da cuenta de la TERRIBLE idea que es esto?
¿Acaso espera que YO los mantenga a raya el resto del viaje?
¡¡SERÁ UN MILAGRO SI JACIE Y YO NO ACABAMOS EN MEDIO DEL FUEGO CRUZADO!!
Miro al prefecto con una mirada entre preocupada e inquisitiva, tratando de dar a entender que esto no me parece una decisión nada sabia. Si Dumbledore en verdad estaba tras esto, entonces parece que los años lo están volviendo un viejo estupidamente inocente..... Con su debido respeto, claro.
Lo bueno de tener que llevar esta máscara cerrada es que no se notan apenas mis expresiones. Si así pudiera ser, verían la extrañeza con la que estoy mirando la situación. Y es que por un lado tenemos a este chico rubio de Slytherin que parece gritar 'nobleza' por cada poro de su piel, a este Gryffindor que parece un pandillero, al petulante de Rowle que da la impresión de creerse que el tren es suyo, y a Ahmad que trata de que todo esto no explote.
Ah, y yo misma. Por supuesto.
— Entonces por lo que veo, voy a viajar con un representante de cada una de las casas, Con un Leon, Mamba Verde, Tejón Melero y un Grajo. No se dirá que no vamos a aprender unos de otros. Y por cierto, Rowle, has dicho que su Señoría Dumbledore pide esto ¿Está Su Señoría Dumbledore entonces en el tren?
(Y cuando el grajo petulante empiece con su penosa, pesada, proverbial y patética verborrea logorreica, le hare un guiño a la Señora del Carrito, Sonreiré con la mirada y le compraré un par de refrescos, uno para mi y otro para Ahmed. No sin antes preguntarle si acepta Dragots americanos, Dólares o Libras.
Seguro que ya lo sabiais, pero por si acaso. En inglés, "Raven" es una raza de cuervo muy grande, y "Crow" es una raza de cuervo más pequeña.
La mejor forma de traducir el chiste, de "A Crow" es decirle Grajo.
Ofrecí una venenosa sonrisa a los recién llegados fingiendo helada cortesía ese sangre sucia, aquel chico de piel oscura me había llamado diablo, todo un elogio hacia mi, o así me lo tomé, tendría que compartir viaje con aquella chusma, que no sabía cual era su lugar y ahora estaban en el sitio que no les correspondía, siempre tenían que estar molestando, ya se había acabado la tranquilidad cuando ellos llegaron, y luego estaba esa chica o lo que fuera, otra sangre sucia seguramente pues si iba con una máscara era que algo tenía que ocultar, noté la tensión de Anubis mi gato negro y acaricie su lomo, se notaba la tensión de mi felino.
Aunque yo estaba igual, sabía disimularlo muy bien mi mirada helada pasó de uno a otro.
-Yo voy a viajar con basura en un compartimento donde no le corresponde estar-repliqué refiriéndome a ellos tanto a Ahmad como a Jackie de forma helada con controlado desdén con los ojos fijos en uno y luego en otro, hasta que después escuché otro sonido, si era otro sangre sucia esto ya se pasaba de la raya.
Entonces me pareció divertida aquella situación un Gryffindor humillado por un orgulloso Ravenclaw, lástima no haber sido yo quien estuviera en lugar del prefecto, pero aunque yo no sonreía la situación me pareció cómica y al menos evitó en parte que controlara mi ira y mi desagrado.
Sin embargo en mi mente bullía mi odio y mi desagrado, hacia aquellos dos sangre sucia, que encima tenían el atrevimiento de venir a molestarme, no sabían donde tenían que estar, pero desde luego aquel no era su lugar.
Bebí un sorbo de te con calma, esperaba que se fueran de allí cuanto antes no quería tener nada que ver con esa escoria de sangre sucia, eran odiosos y despreciables.
No le quedaba otra que aceptar caminar por el pasillo siendo "escoltado" por Rowle, sintiendo su asquerosa varita sobre la espalda a cada paso. La otra opción era partirle la varita y la cara y ser castigado de una forma humillante delante del resto de los alumnos... Tampoco es que sonara muy mal.
Pero esperó. Esperaría a ver el lugar donde le conducía.
- El perfecto prefecto de los cojones me ha traído a... ¿una mazmorra común?- un guiño con cierto desdén al lugar donde se encontraban las habitaciones de Slytherin, así como lo cómico y extraño de los que estaban allí reunidos. No negaría que le llamaba la atención lo despiadados que llegaban a ser en ocasiones, pero se veía nublado por esos aires de grandeza.
Se giró hacia Rowle, cerrando la mano con firmeza sobre su varita, haciendo fuerza para apartarla. - Por cierto, será mejor que dejes de apuntarme con eso o terminará metida en tu culo de perfecto- no parecía algo abierto a negociación.
El pasillo vibró con el traqueteo del tren: la madera bruñida, la alfombra borgoña, el vapor del Longjing que ascendía en anillos perezosos desde la bandeja. La Sra. del Carrito dejaba una bandeja dentro del compartimento nº 3 cuando la figura del prefecto Rowle se plantó en el dintel con la corrección de quien no espera réplica.
Sus pasos cortos y medidos proyectaban una sombra exacta sobre la inscripción de latón. Abrió la boca con ese tono de cortesía fría que corta como filo.
—Por favor, pasen al compartimento —dijo sin alzar la voz—. Señora, deje la bandeja aquí. Gracias.
No fue un mandato doble, sino una instrucción precisa. Los presentes comenzaron a entrar.
Rowle, inmóvil en el umbral, liberó su Vuelapluma, que despegó y aguardó su dictado.
Con la pluma suspendida sobre el aire, escribió en voz baja, y las líneas fueron grabándose en tinta viva:
—Levanto acta: llegada de Jackie Voorhees (traslado Ilvermorny), presencia de Ahmad Mwangi, Niall Cambell y Haiss Belarion en compartimento nº 3. Motivo: irregularidades en vestimenta y comportamiento en área de Primera Clase. Incumplimiento de vestimenta reglamentaria en transporte escolar (sugerencia: evaluación para posible deducción de puntos por Jefatura). Comportamiento de falta de decoro en área de Primera Clase (sugerencia: detención/servicio si procede). Elementos personales no autorizados. Acta a remitir a Jefatura para evaluación.
Ahmad, ajustando la bufanda amarilla con visible inquietud, murmuró:
—Esto… no sé si ha sido buena idea juntarnos así. Si hay problemas, yo no quiero meterme en líos.
Rowle ladeó apenas la cabeza y añadió con calma:
—En cuanto a Niall Cambell —dictó mientras escribía—, consta que ha dirigido expresiones irrespetuosas e intimidatorias hacia el Prefecto durante la escolta. Elevo informe a Jefatura para su evaluación. (Propuesta orientativa incluida en acta.)
Su tono no se alteró cuando habló de nuevo:
—Si continúa con amenazas, seré yo, en persona, quien lo remita de forma prioritaria a Jefatura. He levantado acta. Cooperad: las decisiones se tomarán fuera del vagón y por quien corresponda.
Haiss, sentado con su taza, observaba la escena con el semblante inmóvil de un depredador saciado. Su mirada pasó lentamente de unos a otros, calibrando cada gesto.
— Yo voy a viajar con basura en un compartimento donde no le corresponde estar —murmuró, lo bastante alto para que se entendiera.
Rowle no reaccionó. Se limitó a cerrar el expediente.
—Tras el incidente del año pasado, la Prefectura ha decidido reorganizar los compartimentos. Es todo cuanto necesitan saber. Tomen asiento —añadió, seco—. Mantengan la calma: esto se resolverá conforme a normativa. No monten escándalo en el vagón.
La Vuelapluma volvió a su estuche con la anotación final: informes para Jefatura, solicitud de verificación sobre la máscara y propuestas orientativas de sanción.
Aprovechando que su varita seguía en la mano y los alumnos andaban distraídos con el equipaje, el Prefecto dio un leve paso atrás y pronunció con precisión un hechizo de cierre de protocolo:
—Colloportus.
El sonido fue seco, metálico: un cerrojo encajando desde dentro.
La puerta corredera se cerró con un golpe exacto y el marco se tiñó de un resplandor rojizo. Era un bloqueo temporal, usado en procedimientos disciplinarios para asegurar la privacidad.
Rowle guardó la varita bajo la túnica con la serenidad de quien devuelve un libro a su lugar en la estantería.
No dijo nada más.
Simplemente se marchó, dejando tras de sí un silencio denso y un compartimento sellado, donde hasta el zumbido de las lámparas flotantes pareció volverse más prudente.
Motivo: Colloportus
Tirada: 2d6
Resultado: 9(+3)=12 [3, 6]
La pluma de Rowle era incluso más pedante y cargante que el propio prefecto. Con rubrica ligera y suelta, comenzó a garabatear el aire a gran velocidad.
HOGWARTS — VUELAPLUMA / SECRETARÍA DISCIPLINARIA
Acta nº: 3947-A (propuesta) — 01/09/1994 — Expreso de Hogwarts (en tránsito)
Alumno/a: Jackie Voorhees (traslado Ilvermorny; matrícula en trámite)
Curso: pendiente de asignación
Hechos observados (resumen):
A las 19:12, frente al compartimento nº3, la Sra. del Carrito ofrecía servicio cuando la alumna Jackie Voorhees se situó en la puerta vistiendo indumentaria no reglamentaria (top muy descubierto y falda corta) y portando una máscara integral. La postura de la alumna y la consumición de bebida en el dintel estaban en contra del decoro mínimo de Primera Clase.
Situación de la máscara: los prefectos presentes han comunicado que la alumna porta la máscara por motivos comunicados previamente a la Prefectura (traslado/condición personal). Por tanto, el uso de la máscara no se considera una infracción automática. Se deja constancia en el acta y se solicita a Jefatura la verificación documental de la autorización correspondiente. Se recomienda remitir la máscara a inspección por el Departamento competente solo si surge sospecha fundada de que la pieza posee propiedades activas que requieran intervención técnica; en caso contrario, no procede confiscación por parte de prefectos.
Infracciones detectadas (a remitir y evaluar por Jefatura):
Propuesta de actuación (por parte de la Prefectura / Vuelapluma):
Testigos: Sra. del Carrito, Prefecto Rowle, Haiss Belarion, Ahmad Mwangi, Niall Cambell.
Firma: Vuelapluma (acta); se remite a Jefatura.
Acta nº: 3947-B (propuesta) — 01/09/1994 — Expreso de Hogwarts (en tránsito)
Alumno: Niall Cambell
Hechos observados:
El alumno Niall manifestó en el pasillo expresiones insultantes y de amenaza hacia el Prefecto Rowle durante la escolta (frases registradas en testimonio). La naturaleza de las expresiones constituye falta de respeto a la autoridad y uso de lenguaje intimidatorio, malsonante y fuera del mínimo decoro exigible a cualquier mago.
Propuesta de actuación (por parte de la Prefectura / Vuelapluma):
Observación: la ejecución de cualquier sanción corresponde exclusivamente a Jefatura/Director. La Prefectura eleva este documento como propuesta fundamentada por los hechos y testigos.
Testigos: Sra. del Carrito, Prefecto Rowle, Haiss Belarion, Ahmad Mwangi, Niall Cambell.
Firma: Vuelapluma (acta); se remite a Jefatura.
Y con esto, pasamos al segundo Acto. Os he abierto la escena, podéis reaccionar por allí que supongo que será mucho y muy variado. Ya os dejo tranquilos de Rowle (un rato por lo menos), no vaya a ser que le toméis cariño :P
Fin de la intro y el primer acto ^^
Gracias por aguantar a ese pendante insufrible y no haberme mandado a la porra (aunque se que no ha sido por falta de ganas)