Una pareja, dos ancianos y el dueño eran las únicas personas presentes. La noche había avanzado bastante ya y el silencio predominaba en la posada.
La pareja siguió en lo suyo mientras que los dos ancianos bebiendo en silencio... al parecer nunca se percataron de que cuatro extraños llegaron a la posada, o quizás solo no les interesó. El dueño del lugar era un anciano quien se frotaba las manos y sonreía para recibir a los recién llegados.
- Por supuesto, tengo cuartos disponibles... dijo, mostrando con una mano las escaleras que conducirían a las habitaciones. Pero se llevo el dedo índice izquierdo a sus labios, pensando, como tratando de resolver un problema bastante complejo -... hum sin embargo, mi cocinero ya ha ido a descansar, pero creo que puedo recalentar algo de lo que tenemos en la cocina y llevarles algunos platos a sus cuartos, les prometo que cenarán bien... será lo más delicioso que quizás han probado en mucho tiempo.
Antonio observó al anciano con una mirada severa, pero aceptó los términos... mientras que McKenzie y Martin estaban fatigados y solo querían dormir, así que por mayoría, aceptaron las condiciones del anciano.
Una vez que siguieron las indicaciones para llegar a sus cuartos, cada quien buscó una cama donde caer... para pasar la noche.
Le pareció más que adecuado, dadas las horas era normal que el cocinero estuviese descansando, y con algo de comida recalentada podrían llenar sus estómagos. Así el descanso sería mucho mejor.
-¡Muchas gracias por su hospitalidad, agradecemos mucho sus alimentos y su alojamiento!- Tras comer, se puso a dormir, tenían que aprovechar las oportunidades de recuperarse, no sabían cuando podrían volver a dormir en un cuarto, ni tampoco cuando podrían volver a comer algo decente.
-¡Qué descanséis bien! A primera hora nos encontramos abajo para desayunar algo antes de volver a ponernos en marcha. ¡Hasta mañana!