¿Necesitáis curación?- pregunta el tortugo a sus dos compañeros heridos.
Caída la última avispa me dejé caer en la barca apretando los dientes.
- Sí, primo – dije entre dientes – pero encárgate antes de Edmund. Yo me pondré bien con un rato de descanso. – terminé aguantando el dolor del veneno que me recorría el cuerpo. Malditas avispas. Suerte habíamos tenido de que sólo fueran 4.
Antes de cerrar los ojos busqué mentalmente a Kivy para comprobar que estaba bien. Tan centrada estaba en el dolor que me sorprendí al ver mi cara cercana marcada por el dolor cuando miré a través de sus ojos. Estaba bien. Yo me recuperaría en un rato.
Como era de esperar la rápida intervención de sus compañeros acaba en pocos segundos con la amenaza alada. Sin embargo ya era tarde para Edmund. El veneno de avispa corre raudo por sus venas, agarrotando sus cansados músculos y paralizando el brazo ahora inflamado.
- Gracias, maese Merko - responde el viejo profesor sentado aún y apretando los dientes - Me vendría de maravilla si pudieras usar tus dones conmigo. Pero no dejes que este anciano te distraiga de tus obligaciones. Ely también necesita tu ayuda. La familia es lo primero.
Edmund dirige la mirada hacia Ely y le dedica una leve reverencia con la cabeza.
- Muchas gracias - alcanza a decir - Un segundo aguijonazo y os habríais tenido que buscar a otro viejo para aburriros con sus batallitas.
- Aún me queda mucho por aprender de sus historias, profesor. – le contesté tumbada con la cara más relajada pero aún sin abrir los ojos – Deje que Merko le atienda a usted, que está más cerca. Yo empiezo a notar ya como el veneno va pasando.
Elanian deja que la magia que daba fuerza a la espada de sombras que blandía se disipara mientras miraba a uno y a otro lado. La distracción que había aparejado el encuentro con los elfos había sido imperdonable, casi se echaba la culpa de no haber tenido el aplomo para reaccionar antes.
- Me alegra que estéis de una pieza, amigos. Me preguntaba qué habrá traído a estas criaturas a atacar un grupo más numeroso que ellas. Quizá estamos cerca de su nido, a la vuelta tengámoslo en cuenta. -
A pesar del sin duda doloroso aguijonazo, y el veneno aparejado, tanto Ely como el Profesor parecían encontrarse de una pieza, y estarían mejor tras los cuidados de Merko. El elfo sintió como el trance del Hojacantora se iba disipando, preguntándose si estás nuevas habilidades que había aprendido le serían de ayuda en la jungla. Debía mejorar sus conocimientos arcanos para ser de más utilidad, y recordó por enésima vez que debía tratar de desentrañar las propiedades curativas de ciertas plantas en orden de crear algún bebedizo curativo. Se prometió que sería más pronto que tarde.
Nastas dejó que la furia se disipara y volvió a ser ese tortugo apocado y reflexivo. Conjuró unas bayas que brotaron de una rama y les ofreció las bayas que necesitaran.
-Gemfl... Tomad. Mis bayas paliaran en parte el daño del veneno
Rápidamente cojo las bayas que ofrece Nastas y se las acerco a Ely*.
-Ey, Keeneye, mira lo que ha traido Nastas. Te harán sentir mejor.
Mientras le doy palique poniendo mi voz más tranquilizadora, examino el picotazo y evaluo el color de su cara, preocuado por su gesto de dolor.
-¿Puedo mirar la herida más de cerca?
Miro hacia atrás, para asegurarme de no estar tapandole la visión a Nastas si tambien está preocupado.
Estoy suponiendo que Nastas va primero y yo en medio. Además, el DRAMA xD.
- ¿Keeneye? – alcé una ceja sin abrir los ojos. El tono era divertido aunque la sonrisa se quebró ante un nuevo acceso de dolor - ¿Desde cuándo hemos pasado a llamarnos por el nombre de familia… Bor? – ahí caí en la cuenta en que no conocía el apellido de Bor. Era simplemente, Bor. – Por cierto, creo que aún no oímos tu nombre de familia… - lo dejé en el aire para que lo dijera si le apetecía. Tomé las bayas que me ofrecía tanteando a ciegas sus manos con las mías, quizás demorándome un poco más de lo necesario.
Me giré a un lado, mostrando el costado donde me había aguijoneado la avispa, invitándole a observar la herida más de cerca y dejar que fuera él quien levantara el cuero y la camisa. Mientras me metí despacio una baya en la boca, masticándola muy muy despacio, saboreándola, disfrutando su poder curativo.
Más o menos tranquilo con el aspecto de la picadura, la tapo con cuidado y miro a Ely para hablarle en un tono despreocupado.
-¿De verdad? Yo pensaba que Keeneye era una especie de apodo, por tu vista aguda.
Miro hacia atras y susurro a Nastas mientras sigo ofreciendo las bayas a Ely -Todo bien.- Y vuelvo a hablar con Ely tranquilamente.
>>No es nada, se ha quedado en la superficie. Podría dejar cicatriz, y va a picar, pero no parece grave.
Miro hacia la canoa de Edmund con el ceño fruncido.
Decepcionada una vez más por el poco interés adicional que muestra Bor me limito a seguir comiendo las bayas, pero con el ceño algo fruncido. No le digo nada más y guardo silencio. Empiezo a pensar que realmente debería perder toda esperanza con él. No sé qué más necesito para que me deje claro que no le intereso como mujer…
Nastas rodeó con su brazo a Bor y le dió unas palmadas en el pecho.
-Buen trabajo, como siempre, compañero! Da gusto saber que alguien te cubre la retaguardia ahí fuera!
No lo he podio evitar!
Tras aquel rápido combate, y tras las curaciones pertinentes de Merko, volvéis de nuevo a poneros en marcha y esta vez llegáis de nuevo a Puerto Nyanyaru.
Daros por curaros a los heridos y cambiamos de escena.