El mundo está loco. Ven a sentarte un rato junto al fuego con Ingvar. Aquí no hay noticias, solo historias."
Con esto, os invito a que, como parte del trasfondo que deben conocer vuestros jugadores, os sentéis en el sillón y dediquéis 5 minutos a ver este corto que os he preparado con cariño. La siguiente aventura transcurrirá precisamente en el Bosque de Vinol, por lo que os interesa.
En la descripción del vídeo de youtube está toda la información, incluso el enlace a la página web donde están todas las historias que voy publicando de nuestro querido posadero de La Secuoya.
Esta la he sacado con Chatgpt a modo experimental y tras engañar a la IA, pues no le puedes decir nada de sangre y esas cosas. El problema que solo te deja sacar unas tres imágenes. No se si al día o al mes, porque realmente utilizo mas una de discord, que aunque tarda es gratis. LMArena.
Por otro lado, como he dicho. Los personajes los diseño yo con mi DAZ3D y otros programas de diseño 3d y luego se los doy a la IA para que los coloque tal como has visto. Este paso no es necesario, pero como sabes soy muy maniático con mis Thyrianos.
Al día... son al día. Bueno, mejor dicho 24 horas después de la última. Pero creo que a mi me está dejando 4. (CREO).
No sabía lo de la sangre, pero he hecho una imagen con esa aplicación de IA que un battlemech lanza llamaretadas a un grupo de infantería. No se ven cuerpos quemados, pero si gente siendo angullida por el fuego (Luego a saber como terminan) y disparando sus fusiles de asalto, con explosiones y demás.
Por cierto, tremenda la imagen.
Gracias por tus comentarios, Erty y Magic. Sabéis que lo digo de corazón.
El problema del mundo de la IA, es que al final como te metas es un veneno que te quita tiempo para otras cosas. Gracias a Thyr, yo lo tengo regularizado y últimamente me estoy dedicando casi de pleno a terminar el libro, que espero que esté publicado antes del verano. Este, al paso que lleva, no va a ser una novela corta como la primera. Será un gran volumen, pero, eso sí, cuando lo termines, no te hará falta ir al gimnasio porque te habrán salido abdominales de tanta lucha.
Y como Gnomo Narrador, os dejo esta otra parte que corresponde al capítulo 8. Mas que nada, es para los que estén esperando que su compañero actualice y esas cosas, pues que tengan algo que leer. Además forma parte de lo que ha pasado, pues en términos de juego esto pasó anoche.
Son las 19 horas del día 4 de Lemures. Vosotros jugáis en el día 5 de Lingan por la mañana.
Parte II - Los Cazadores de la Noche
Cabalgaban más profundo en el bosque que oscurecía, siguiendo el rastro que los llevaba inexorablemente hacia el sudoeste. El crepúsculo se había instalado sobre ellos como un manto pesado, transformando el mundo en un lugar de sombras movedizas y formas inciertas. Las últimas franjas de luz dorada del sol se filtraban débilmente entre las copas de los árboles, creando columnas de luz polvorienta que parecían pilares sosteniendo un techo invisible.
El bosque había cambiado sutilmente a su alrededor. Los fresnos y olmos que habían dominado el paisaje cerca del Lagar daban paso gradualmente a árboles más antiguos, más imponentes. Robles milenarios con troncos tan gruesos que cinco hombres tomados de las manos no podrían rodearlos. Secuoyas dispersas que se alzaban como torres vivientes, sus cortezas rojizas marcadas por siglos de tormentas y fuegos. Y entre ellos, árboles retorcidos y extraños cuyas ramas se entrelazaban como brazos de amantes enloquecidos, formando doseles tan densos que la luz apenas penetraba.
Las raíces se alzaban del suelo húmedo como tentáculos petrificados, obligándolos a reducir el paso constantemente. El musgo colgaba de las ramas bajas como barbas de ancianos, y hongos del tamaño de escudos crecían en los troncos caídos, brillando débilmente con una fosforescencia enfermiza en la penumbra creciente.
—El rastro sigue fresco —murmuró Apelskar, estudiando las huellas imposibles que continuaban apareciendo y desapareciendo sin patrón lógico—. Sea lo que sea que perseguimos, no descansa. No se detiene. Es como si tuviera un destino fijo en mente y nada lo desviara de su curso.
Deltolf no respondió inmediatamente. Su mente vagaba, a pesar del peligro que los rodeaba, hacia el festín que habían dejado atrás. Hacia Selene específicamente. Podía ver con claridad cristalina su sonrisa cuando lo había mirado, la promesa en sus ojos grises como tormentas. La forma en que su mano había descansado sobre su muslo, aparentemente casual pero cargada de intención. El calor de su aliento cuando se había inclinado cerca para susurrarle al oído.
"Si esta noche estamos vivos, y si tú estás cerca de mí..."
Sacudió la cabeza, forzándose a concentrarse en el presente. Este no era momento para fantasías románticas. Pero la imagen persistía, tentadora, prometedora algo más allá de esta noche de pesadilla.
—Hermano —dijo Apelskar, y había una nota de diversión en su voz que hizo que Deltolf se diera cuenta de que había sido demasiado obvio en su distracción—. Tu mente está en otro lugar. O más bien, con otra persona.
Deltolf sintió calor subiendo a sus mejillas, agradecido por la oscuridad creciente que ocultaba su rubor.
—No sé de qué hablas.
—Por supuesto que no —Apelskar rio brevemente, un sonido seco pero no cruel—. La hija de Tedobaco de cabello rubio y túnica escandalosamente corta no tiene nada que ver con tu distracción constante. El hecho de que hayas suspirado tres veces en los últimos diez minutos es pura coincidencia.
—Selene —dijo Deltolf, y su voz se suavizó al pronunciar el nombre—. Se llama Selene.
—Ah, ya sabes su nombre. Entonces es serio —Apelskar sonrió en la penumbra—. Ten cuidado, hermano menor. Las hijas de Tedobaco son hermosas, sí, pero también están malditas. Ningún varón ha nacido de ellas en quinientos años. Los hombres que las cortejáis están jugando con fuego.
—No me importa —respondió Deltolf con una vehemencia que lo sorprendió incluso a él—. Ella es... diferente. No me mira como las otras mujeres, como si fuera solo un Herthyr más, una espada contratada. Me mira como si... como si me viera realmente.
Apelskar estudió a su hermano con expresión pensativa.
—Estás enamorado.
—¿Enamorado? —Deltolf casi se rio—. Apenas la conozco. Compartimos vino y conversación durante una hora, quizás dos. Eso no es amor, hermano.
—No —coincidió Apelskar—. Pero podría ser el comienzo. He visto esa mirada antes. La tuviste cuando encontraste ese cachorro de lobo herido cuando eras niño, el que padre te ordenó matar porque los lobos no son mascotas. Te negaste, lo criaste en secreto durante meses hasta que fue lo suficientemente grande para regresar al bosque.
Hizo una pausa significativa.
—Tienes corazón blando bajo toda esa armadura y bravuconería, Deltolf. Es tanto tu mayor fortaleza como tu mayor debilidad.
—¿Y qué hay de malo en eso?
—Nada —dijo Apelskar suavemente—. Absolutamente nada. De hecho, es lo que te hace mejor hombre que yo. Yo he visto demasiada muerte, demasiada traición. Mi corazón se ha endurecido como el acero que porto. Pero tú... tú aún puedes amar sin cinismo. Protege eso, hermano. Es más valioso que cualquier armadura.
Deltolf abrió la boca para responder, pero un sonido en la distancia lo interrumpió.
No era el viento. No era el crujido natural del bosque asentándose para la noche.
Era un gruñido. Bajo, gutural, resonando con hambre antigua.
Ambos hermanos se tensaron inmediatamente, las manos volando a sus armas. Los caballos piafaron nerviosamente, oliendo algo que sus jinetes aún no podían ver.
—¿Qué es eso? —susurró Deltolf.
—No lo sé —respondió Apelskar, sus ojos escaneando las sombras—. Pero sea lo que sea, es grande. Muy grande.
El bosque había caído en un silencio absoluto. Incluso los sonidos nocturnos normales —el zumbido de insectos, el ulular distante de búhos, el susurro de pequeños mamíferos entre la hojarasca— se habían detenido por completo.
Era el silencio que precede a la violencia.
Entre los árboles a su derecha, algo se movió. Una forma masiva, oscura, moviéndose con la lentitud deliberada del depredador que sabe que su presa no tiene escapatoria.
Emergió de las sombras como pesadilla cobrando forma sólida.
Al principio parecía un Kalicotero, el gigantesco y pacífico herbívoro que habían visto otras veces. Pero, este era su primo carnívoro, el Bronturo, un perezoso gigante que había evolucionado hacia la depredación. Medía casi tres metros de altura cuando se erguía sobre sus patas traseras, su pelaje largo y desgreñado colgando en mechones que parecían algas sobre un cadáver ahogado. Sus garras delanteras eran obscenas en su longitud, curvándose como hoces de hueso, cada una del largo de un antebrazo humano y lo suficientemente afiladas para destripar un caballo de un solo zarpazo.
Sus ojos, pequeños y hundidos en su cráneo plano, brillaban con una inteligencia malévola que no debería existir en una bestia. Y sus fauces, cuando las abrió en un gruñido de advertencia, revelaban dientes diseñados no para masticar vegetación sino para desgarrar carne de huesos vivos.
—Por Thyr —exhaló Deltolf—. Pensé que los Subu habían extinguido a estas bestias. Padre decía que el último fue muerto hace cincuenta años cerca del límite con Iluamiya, donde acaba el Bosque Brumoso.
—Aparentemente nuestro padre estaba equivocado —dijo Apelskar, su voz tensa pero controlada—. O este es muy viejo. O muy perdido. De cualquier manera, está entre nosotros y el rastro que seguimos.
El Bronturo dio un paso adelante, luego otro. Se movía con la lentitud característica de su especie, pero esa lentitud era engañosa. Deltolf había oído las historias. Cuando atacaban, esas garras se movían con velocidad que desmentía su tamaño masivo, cortando el aire con silbidos audibles.
—¿Luchamos o huimos? —preguntó Deltolf.
—Si huimos, nos perseguirá. Los Bronturos son más rápidos de lo que parecen cuando tienen presa a la vista. Y en este bosque denso, con estas raíces y estos árboles caídos, los caballos no podrán mantener velocidad suficiente.
—Entonces luchamos.
—¡Luchamos! —confirmó Apelskar, desmontando con un movimiento fluido—. Pero con inteligencia, no con bravura estúpida. Estos malditos tienen piel gruesa como tres armaduras de cuero, y esos músculos pueden absorber castigo que mataría a Uros. Tenemos que ser precisos.
Deltolf desmontó también, alejando su caballo con una palmada en el flanco. El animal no necesitó más aliento, galopando hacia atrás, poniendo distancia entre él y el depredador.
Los dos hermanos se separaron, flanqueando a la criatura desde lados opuestos. Era táctica básica que habían practicado desde niños: dividir la atención del enemigo, atacar desde ángulos múltiples, nunca dar un blanco fácil.
El Bronturo los observó con esos ojos pequeños y calculadores, su cabeza moviéndose lentamente de uno a otro. Estaba evaluando, decidiendo cuál atacar primero.
Eligió a Deltolf.
Quizás porque era más joven, parecía menos experimentado. Quizás simplemente por azar. Pero de repente la bestia cargó, su velocidad explosiva transformando su forma lenta en un borrón de pelaje y garras.
Deltolf no se congeló. No corrió. Hizo exactamente lo que su padre le había enseñado durante mil entrenamientos.
Esperó hasta el último segundo, cuando podía ver los ojos amarillentos de la bestia expandiéndose, cuando podía oler su aliento a carne podrida, cuando las garras descendían hacia su cabeza en arcos diseñados para decapitarlo.
Entonces se lanzó hacia un lado, rodando sobre el musgo húmedo, su lanza saliendo en un ataque ascendente mientras el momento de la bestia la llevaba sobre él.
La punta de la lanza mordió profundo en el vientre del Bronturo, donde la piel era más delgada, menos protegida. Sangre caliente brotó, empapando las manos de Deltolf, pero la herida no era lo suficientemente profunda para ser mortal. La criatura aulló, más de rabia que de dolor, y giró con velocidad imposible para algo tan grande.
Pero Apelskar ya estaba atacando por detrás.
Su hacha de batalla descendió con toda la fuerza de sus brazos entrenados, capturando al Bronturo en la parte posterior del cuello, donde la columna se unía al cráneo. El filo mordió profundo, cortando a través del pelaje grueso, de la piel curtida, del músculo denso. Pero no llegó al hueso. La criatura era demasiado masiva, demasiado musculosa.
El Bronturo giró de nuevo, una de sus garras monumentales barriendo el aire. Apelskar apenas tuvo tiempo de levantar su hacha en bloqueo. La garra golpeó el mango de madera reforzada con metal con un sonido como campana rota. El impacto lo lanzó hacia atrás tres pasos, sus brazos entumecidos por el choque.
—¡Su espalda! —gritó Deltolf—. ¡La columna!
Tenía razón. La mayoría de las bestias terrestres, por muy grandes que fueran, tenían un punto débil: la columna vertebral. Romperla significaba parálisis, muerte lenta pero inevitable.
Los hermanos coordinaron sin necesidad de más palabras. Años de entrenar juntos, de cazar juntos, de sobrevivir juntos, habían creado un entendimiento casi telepático.
Deltolf atacó de frente, su lanza buscando los ojos de la bestia, forzándola a retroceder, a levantar sus brazos defensivamente. El Bronturo rugió, sus garras bajando para apartar la lanza. Con la oscura certeza de haber valorado mal a sus presas. Pues sus presas no eran humanos normales, pertenecían a la Clase guerrera de los humanos de raza thyriana. Eran dos indómitos Herthyr, pero una criatura como aquella no podría haberlo sabido hasta que fue demasiado tarde.
En ese momento, Apelskar atacó.
Corrió por el flanco, su hacha alzada, y saltó. No era un salto alto, pero le dio suficiente ángulo. La hoja descendió con precisión quirúrgica, impactando la columna de la mole a la mitad de su espalda.
El sonido fue horrible. Hueso quebrándose, médula espinal cortándose, un crack que resonó en el bosque silencioso como un trueno.
Las patas traseras del Bronturo cedieron instantáneamente. La criatura cayó, su parte posterior completamente paralizada, aunque sus brazos delanteros seguían funcionando, las garras arañando la tierra en agonía.
Deltolf no vaciló. Se acercó desde el frente, su lanza alzada, y la hundió profundo en el ojo izquierdo de la bestia. La punta penetró el globo ocular, atravesó el cerebro, y emergió por la parte posterior del cráneo.
El Bronturo convulsionó una vez, dos veces, y luego quedó quieto.
Silencio cayó sobre el claro del bosque. Los hermanos permanecieron inmóviles, jadeando, la adrenalina aún corriendo por sus venas como fuego líquido. Sangre manchaba sus ropas, sus armas, sus manos. Pero era sangre de la bestia, no suya.
Habían ganado.
Deltolf fue el primero en romper el silencio. Comenzó a reír, no con locura sino con alivio puro, con la alegría animal de estar vivo cuando debería estar muerto.
—¡Un Bronturo! —exclamó, limpiando su lanza en el pelaje del cadáver—. ¡Un maldito Bronturo! ¡Padre se va a cagar cuando se lo contemos!
Apelskar también sonrió, aunque su expresión era más sobria mientras recuperaba su hacha, arrancándola de la columna rota de la bestia.
—Estuvo bien, hermano menor. Tu ataque de distracción fue perfecto. Le diste la abertura que necesitaba.
—Tu golpe a la columna fue de maestro —respondió Deltolf—. Preciso como cirujano. ¿Cómo supiste exactamente dónde golpear?
—Padre me enseñó —dijo Apelskar simplemente—. Me dijo: "Apelskar, todas las criaturas de Unah, sin importar cuán grandes o feroces, tienen las mismas debilidades fundamentales. Ojos, garganta, columna. Golpea esos puntos e incluso un gigante caerá."
Deltolf miró el cuerpo masivo del Bronturo, sintiendo algo parecido al orgullo mezclarse con el alivio.
—Selene va a pensar que soy un héroe cuando le cuente esto.
—Ah, volvemos a Selene —Apelskar rio—. Hermano, matar una bestia no te hace héroe. Hace que seas un superviviente con suerte. Pero si eso impresiona a tu dama de la túnica corta, entonces quién soy yo para arruinar tu momento de gloria.
Se sentó sobre un tronco caído, limpiando meticulosamente su hacha con un trapo que llevaba en su cinto.
—Aunque debo advertirte, si planeas cortejara seriamente, deberías saber que las hijas de Tedobaco tienen... reputación. Son hermosas, sí. Y apasionadas, según he oído. Pero la maldición que pesa sobre ellas no es solo superstición. Quinientos años sin un solo varón nacido... eso no es coincidencia.
—No me importa —dijo Deltolf, y había convicción en su voz—. Si me quiere, si ella elige estar conmigo, enfrentaré cualquier maldición. Romperé cualquier hechizo. Los Herthyr no huimos de los desafíos, hermano. Los enfrentamos de frente.
Apelskar lo miró con expresión que mezclaba orgullo y preocupación fraternal.
—Hablas como un hombre enamorado. O al menos, un hombre cayendo rápidamente en el amor. Solo espero que ella sea digna de esa devoción.
—Lo es —dijo Deltolf con certeza absoluta—. Lo sé. Lo siento aquí. —Se tocó el pecho sobre el corazón—. Es como... como si algo dentro de mí reconociera algo dentro de ella. Como si nuestras almas se hubieran estado buscando mucho antes de que nuestros cuerpos se encontraran.
—Eso es poesía, hermano. No sabía que tenías alma de Enhedum —Apelskar sonrió, pero era sonrisa gentil, sin burla—. Muy bien. Cuando regresemos, si sobrevivimos a esta locura, te ayudaré a cortejarla apropiadamente. Hablaré con Tedobaco, presentaré tu caso. Un Herthyr hijo de Dewafi es buen partido, incluso para sus hijas malditas.
Deltolf sintió calidez expandirse en su pecho.
—¿Harías eso por mí?
—Eres mi hermano —dijo Apelskar simplemente—. Tu felicidad es mi felicidad. Además, si te casas con ella, tendré excusa para visitar el Bosque de Vinol más seguido. Y el vino de Tedobaco es el mejor de todo Thyrkur.
Se levantó, guardando su hacha, y miró hacia donde el rastro continuaba adentrándose en la oscuridad.
—Pero primero, tenemos que sobrevivir a esta noche. Y esto... —señaló el cadáver de la mole— ...es exactamente por qué no se viaja de noche en estos bosques. Los depredadores despiertan. Los cazadores nocturnos salen a cazar. Cada sombra podría ocultar muerte. Y para las bestias somos otra más.
—Entonces, ¿por qué continuamos? —preguntó Deltolf, aunque conocía la respuesta.
—Porque no tenemos elección —respondió Apelskar—. Porque dos mujeres, víctimas o no, están en manos de algo peor que un Bronturo. Y porque somos Herthyr, la orgullosa Clase guerrera de los nuestros. No abandonamos. Nunca.
Hizo una pausa, estudiando el cielo apenas visible entre las copas de los árboles.
—Pero hay buenas noticias. Si mis cálculos son correctos, nos estamos acercando al Camino del Bosque Alegre. Es un sendero antiguo que cruza de este a oeste, desde la calzada de Thykar que lleva a La Secuoya hasta el río Irkan.
El nombre hizo que Deltolf se estremeciera involuntariamente.
—El Irkan... la frontera con Ilumaiya.
—Sí —Apelskar asintió sombríamente—. El lugar prohibido. La tierra de donde viene todo mal y nadie vuelve, donde mandamos a nuestros criminales. Pero no te preocupes, hermano. No vamos tan lejos. Si conseguimos alcanzar ese camino siguiendo este maldito rastro, estaremos cerca de la Casa del Final.
—¿La Casa del Final? —Deltolf frunció el ceño—. He oído ese nombre antes, pero...
—Es el último refugio antes del Bosque Brumoso —explicó Apelskar—. Donde vive el Clan Subu que lleva su nombre. Son cazadores y exploradores duros como el hierro de sus armas, conocen estos bosques mejor que nadie. Han hecho de esa casa su fortaleza, su última línea de defensa contra las cosas que emergen del Brumoso y la última parada para quien va al límite. Desde allí, tan solo una jornada de camino nos separaría de La Secuoya. Quizás mañana.
Se giró hacia su hermano, sus ojos brillando intensamente en la oscuridad.
—Si alguien sabe qué demonios anda por estos bosques, si alguien ha visto algo como la criatura que perseguimos, serán ellos. Y si Bruela y Erisinda fueron arrastradas en esa dirección, el Clan del Final las habría visto pasar. O al menos, habrían visto las señales.
—¿Y qué tan lejos está? —preguntó Deltolf.
—Si mis cálculos son correctos y este rastro sigue su curso actual... dos horas. Quizás tres si no encontramos pasos. Pero tenemos que cabalgar duro, hermano. Y tenemos que estar preparados para más encuentros como este.
Señaló los restos.
—Fue una victoria fácil, relativamente hablando. Trabajamos bien juntos. Pero la próxima criatura podría no caer tan fácilmente. Podría ser algo peor. Los bosques cerca del Brumoso albergan cosas que incluso los Ensi dudan en nombrar.
Deltolf recuperó su caballo, que había regresado cautelosamente ahora que el peligro había pasado. Montó, ajustando su lanza y escudo.
—Entonces cabalgamos —dijo con determinación—. Porque tengo una promesa que cumplir. Le dije a Selene que regresaría. Y un Herthyr siempre cumple su palabra.
Apelskar montó también, una sonrisa tocando sus labios.
—Así se habla. Aunque sospecho que tu motivación tiene menos que ver con el honor abstracto y más que ver con cierta túnica corta y ciertos ojos grises.
—¿Y qué hay de malo en eso? —Deltolf sonrió en la oscuridad—. El honor es importante, sí. Pero luchar por alguien que amas... eso le da al honor un peso que ninguna otra causa puede igualar.
—Bien dicho, hermano. Muy bien dicho. Quizás seas tú el hombre que rompa su maldición.
Y con eso, espolearon sus caballos hacia adelante, adentrándose más profundamente en la noche que se espesaba a su alrededor como tinta viviente. El rastro continuaba, serpenteando entre los árboles antiguos, guiándolos hacia el sudoeste, hacia el Camino del Bosque Alegre, acercándose hacia la Casa del Final.
Hacia respuestas, esperaban.
Pero la noche aún no había terminado con ellos. Y las sombras que se movían entre los árboles, observándolos pasar, no eran todas naturales.
Algunas eran más antiguas. Más hambrientas. Más pacientes.
Y estaban esperando el momento perfecto para atacar.
En el combate de los Herthyr. Ninguno ha tenido que utilizar sus habilidades especiales, solo éxitos y estrategia. Incluso se han permitido desmontar del caballo.
El combate que se narra ha sido jugado previamente, o simulado, con la criatura que se menciona. Y esa criatura, según se narra parecía extinta pero ahí está por los bosques. Quién sabe si a alguno de vosotros se os aparecerá.
En ese caso, me reclamen un punto de conocimiento los lectores de este párrafo.
Me gusta como enlazas la historia de Bruela con esta. Es interesante la relación.
Hacia respuestas, esperaban.
Esto no lo termino de entender
En ese caso, me reclamen un punto de conocimiento los lectores de este párrafo.
Reclamando punto.
XD
La velocidad del combate es muy buena, pero el realismo es lo que más prima. Es un combate creíble no uno épico y lleno de filigranas. (Aunque pueden haber combates chulos, con fintas, con quiebros, con daños superficiales que duelen más en el orgullo que en la piel... y al final ... una chorrada hace decantar la balanza).
Vale, varias cosas que te he mandando por washap.
Me gusta el ambiente oscuro que le das al momento, pero parece estar en el crepúsculo. Veremos como lo haces cuando la noche extienda su velo y tengan que avanzar a oscuras. Me pica la curiosidad.
Hacia respuestas. Esperaban.
Gracias por el apunte. Elimino frase, en ese contexto no tiene lógica.
Reclamando punto.
Saber Criaturas 33 pasa a 34% sumado por leer y conocer al Bronturo. (Actualizada tu hoja web).
Me gusta el ambiente oscuro que le das al momento, pero parece estar en el crepúsculo. Veremos como lo haces cuando la noche extienda su velo y tengan que avanzar a oscuras. Me pica la curiosidad.
Pues, aunque están en el Bosque Alegre todavía (la Casa del final marca la frontera con la siguiente zona boscosa). Ya ves, que la noche es muy peligrosa. Hablamos de tiempos indómitos. Por eso, aquí en esta zona y tiempo, en mis partidas, recomiendo a todos los jugadores que eviten la noche. Nissedal y Ulfheim deberían llegar de día a La Secuoya, en caso que lo hagan bien. Claro que hay muchos retos y dificultades, por lo que no es seguro ni para mi, que conozco la historia. Esa es mi diversión. Como director, tengo el entorno, la fauna, encuentros posibles y eventos. No tengo la parte humana que es impredecible junto con los dados que todavía lo hacen más impredecible y eso es lo que adereza la diversión bajo mi punto de vista. Y mas cosas, claro. La progresión del personaje, etc.
A diferencia de otras partidas. El espíritu de esta es que los jugadores salgan de esta para poder elegir o tener la oportunidad de volver a utilizarlo en otra partida, si es que quieren, debidamente actualizado, etc.
Tengo pensado ir publicando, capítulo a capitulo, parte por parte, el futuro libro, el cual estáis viviendo en parte.
Lo voy a publicar en mi página web, pero solo si veo un interés general. Es absurdo publicar todo mi trabajo si nadie lo lee o no le interesa. Por eso he empezado por la elección de la portada, que, aunque en su día hice una que ya quedaba bien. Con la IA, he generado otra que me gusta bastante, mas otra opción que he puesto para los amantes de lo Retro.
En la página he implementado la posibilidad de comentar con la cuenta de google. Ya no hace falta registrarse en WP, que se ve que tiraba mucho para atrás a la gente y lo comprendo. Al final te cansas de tantos registros en todas partes. Por eso, ahora tienes la facilidad de pulsar y meter tu cuenta de google para comentar. Es más fácil y no tienes que andar recordando nada.
Os dejo el enlace y, como he dicho, si al final veo que hay interés en general de la gente, no solo vosotros, pues iré publicando poco a poco en plan interactivo.
https://creativegnomons.com/tu-decides-la-cara-de-el-dia-de-la-horda/
Opción C, indudablemente.
La segunda parece la portada de un juego de Games Workshop. Para vender un juego de mesa vale, pero para otra cosa no se yo.
La primera la conocía ya. Es chula, pero cualquiera que no pueda imaginarse que el Mahadot tiene un palo clavado y que la cabeza del tipo ha desaparecido para jamás regresar (Bueno, si. En las heces de un bicho de esos) vería como que en esa imagen (La Opción A) hay incongruencias o algo extraño que no entra en la lógica de un observador profano.