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Lost: Untold

James & Sophia (Pasado)

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09/05/2025, 21:11
- Director -

Notas de juego

Vuestro todo.

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10/05/2025, 17:59
James Van Horn

FLASHBACK 1: Por un puñado de dólares. (James y Sophia)

Santa Mónica
28 de agosto

de 2003

La joyería de Allen´s no era ni de lejos una de las tiendas más sofisticadas y caras de la ciudad, mucho menos que las desorbitantes casas de joyas de San Francisco a pocos kilómetros; Pero Howard Allen era féliz con el negocio heredado de su padre y estaba realmente orgulloso de la exquisitas piezas que había reunido.

Al contrario que las baratijas comerciales de sus competidores, y aunque no tenía una galería comercial gigantesca como sus compañeros del sur, Howard ostentaba contactos esenciales con joyeros del viejo continente gracias a su familia en Reino Unido. Quienes sabían realmente de antigüedades y joyas únicas, no iban a los centros comerciales del centro, iban a Allen´s.

Joyería en Barcelona - URI Joyas

Era un día de un calor sofocante, pero Howard jamás cogía vacaciones mientras hubiese trabajo. Pero el calor si que hacía que a esas horas del mediodía nadie quisiera estar en la calle y la afluencia de gente a los comercios era menor de lo habitual en otras épocas del año.

Howard estaba atendiendo a la señora Davis, que venía a admirar una vez más aquel conjunto de cadenas y gargantillas que se negaba a comprar pero que sabía que caería con la siguiente paga de su marido.

Stacy, la chica que tenóia contratada estaba asesorando a un hombre de unos 50 años que buscaba un anillo para reconquistar a su mujer después de haber recibido un aviso de divorcio.

Dave Simmons era el vigilante. Un hombre de una empresa de seguridad que estaba muy cerca de la jubilación y que llevaba muchos años paseándose por las dos plantas de la joyería. Era como de la familia.

Alistair Petrie - SensaCine.com.mxHoward Allen estaba valorando el nuevo catálogo recién adquirido cuando vio abrirse la puerta para recibir una nueva clienta.

Howard no había visto una mujer tan atractiva y elegante en muchos años. Solo tardó unos segundos en darse cuenta que tenía la boca abierta y que la mujer estaba siendo observada por todos. 

De inmediato salió de detrás de la recepción, alisándose su traje a medida y esbozando la más caballerosa de sus sonrisas se acercó a la extraordinaria clienta.

— Buenos... buenos días.

Soy Howard Allen, el gerente de este local. Es un placer recibirla en mi humilde negocio.

Dígame, ¿En que puedo ayudarle?

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16/05/2025, 12:30
Sophia Van Horn

Sophia cruzó el umbral de la puerta con una sonrisa discreta y el sol a sus espaldas dibujando su silueta. Todo en ella era deliberado, desde la postura perfecta hasta el pequeño mechón de cabello rebelde que había escapado para guiar la vista a sus labios carnosos cuando lo apartó con un delicado roce y una sonrisa calculada. 

Entró a la tienda con paso seguro y ligero desinterés por las joyas. Esa parte no tenía que fingirla; para Sophia, todo se trataba de la adrenalina. El dinero era agradable, pero lo que le hacía latir el corazón era la emoción del atraco, la posibilidad de que saliera mal, el tablero de ajedrez que era planear un golpe y el jaque mate a su favor en el que acababa cada una de sus actuaciones. 

Vestía un atuendo elegante pero favorecedor, propio del estilo de dinero viejo, y joyas discretas que para un ojo experto hablarían de sobra de su falta de límite en el presupuesto. 

Buenos días, Howard —Saludó con una sonrisa encantadora al hombre que se le acercaba—. Scarlett Allencourt, encantada. 

»Estoy buscando un regalo especial para el aniversario número 50 de mis padres, y he oído de buena fuente que este es un local respetable con joyas lo suficientemente únicas para impresionar a una mujer que lo tiene todo. Espero que sea cierto, porque mi padre tiene bastante mérito que hacer —bromeó con una expresión ligeramente pícara. 

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19/05/2025, 15:24
James Van Horn

Alistair Petrie - SensaCine.com.mxSophia no pasaba desapercibida para nadie, pero el señor Allen sin duda esbozó la mejor de sus sonrisas para dar la bienvenida a la mujer más atractiva que había visto jamás.

— Bienvenida, señorita Allencourt. Es un placer para mi poder enseñarle algunas de nuestras piezas exclusivas. Sin duda no se ha equivocado usted al informarse por nuestro negocio.

Howard llevaba años encerrado en un matrimonio odioso y rutinario. La mera idea de que una mujer como la señorita Allencourt pudiese sonreírle siquiera ya era una emoción de alto riesgo.

Le enseño la joyería con mimo, con detenimiento y con orgullo. Sin duda tratando de impresionar a la joven con sus extensos conocimientos de joyería y como había primado unas piezas de alta calidad sobre una extensa gamas de productos.

Finalmente, viendo que la atractiva joven sabía lo que quería, le mostró unos tripticos para enseñarle una joya verdaderamente espectacular. El golgante de Lapislazuli más hermoso del mundo. Una obra de arte llevada por la reina Victoria y que fue subastada en San Francisco hace pocas semanas.

Por supuesto, solo podía enseñarle la foto, ya que el colgante estaba a buen recaudo en la caja fuerte.

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21/05/2025, 15:12
Sophia Van Horn

Por supuesto, Sophia no perdió oportunidad de cautivar la atención del hombre, ya fuera con alguna caricia «accidental» o simplemente escuchando con aparente avidez y fascinación sus peroratas infinitas sobre joyería y calidad que, sinceramente, no le interesaban un pimiento. Muchas veces, mimar el orgullo de un hombre y hacerlo sentir admirado y experto hacía mucho más por conquistarlos que cualquier atención más directa. 

Cuando el hombre por fin le enseñó un objetivo digno, los ojos le brillaron. No por la joya en sí misma, que aunque bonita no conseguía llamar su atención por valor, sino porque eso significaba que quedaba menos para ver entrar al amor de su vida por esa puerta. Menos para sacudir esa tienda hasta los cimientos y llevarse de ella todo lo que quisieran. 

No había visto un colgante más hermoso en toda mi vida —jadeó, con una sonrisa en los labios. 

Se mordió el labio inferior, con aparente nerviosismo, y luego miró al hombre en un ruego silencioso. 

¿Creéis que podría probármelo? —Se acarició el cuello, guiando la atención del hombre hacia su escote—Está un poco fuera del presupuesto, pero siendo una joya tan especial... 

»Algo tan hermoso merece ciertos sacrificios, ¿no estáis de acuerdo? 

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21/05/2025, 16:01
James Van Horn

Howard no había llegado a tener el negocio que tenía, siendo un timorato. Se reclinó hacia atrás y frotó las manos con nerviosismo. — Bueno, nada me gustaría más que complacerla. Pero teniendo en cuenta que es una pieza de coleccionista con historia detrás, no puedo sacarla de la caja fuerte más que para muy honrosas excepciones. Y la vamos a subastar en una semana si no se vende antes.

Howard no pudo evitar contemplar el pecho de la dama cuando ella hizo el gesto del collar alrededor de su cuello. Se llevó una mano a la corbata para aflojar el nudo y tragó saliva — Estoy... seguro que... estoy seguro de que quedaría magnífico en usted, señorita Allencourt. Pero me temo que no está en mi poder, son protocolos de seguridad.

Pero estoy seguro de que puedo encontrar alg que luzca perfecto en esa piel tan... perfecta.

Dave Simmons, el hombre de seguridad no podía dejar de mirar a Sophia, y su pérdida de atención le cstó caro, pues por la puerta entró un hombre ataviado con ropas italianas de diseño, con gafas de sol y una actitud despreocupada.

Cuando

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21/05/2025, 18:51
James Van Horn

Howard no había llegado a tener el negocio que tenía, siendo un timorato. Se reclinó hacia atrás y frotó las manos con nerviosismo. — Bueno, nada me gustaría más que complacerla. Pero teniendo en cuenta que es una pieza de coleccionista con historia detrás, no puedo sacarla de la caja fuerte más que para muy honrosas excepciones. Y la vamos a subastar en una semana si no se vende antes.

Howard no pudo evitar contemplar el pecho de la dama cuando ella hizo el gesto del collar alrededor de su cuello. Se llevó una mano a la corbata para aflojar el nudo y tragó saliva — Estoy... seguro que... estoy seguro de que quedaría magnífico en usted, señorita Allencourt. Pero me temo que no está en mi poder, son protocolos de seguridad.

Pero estoy seguro de que puedo encontrar alg que luzca perfecto en esa piel tan... perfecta.

Dave Simmons, el hombre de seguridad no podía dejar de mirar a Sophia, y su pérdida de atención le costó caro, pues por la puerta entró un hombre ataviado con ropas italianas de diseño, con gafas de sol y una actitud despreocupada.

Cuando entró, esbozó una sonrisa mientras masticaba un chicle y sacó de su chaqueta un revolver pesado Colt Python, encañonando sin pensárselo al guardia de seguridad

— Buenos días damas y caballeros. No nos pongamos nerviosos, eso es solo un clásico y rutinario robo.
Si todos se comportan de forma racional y mantienen la calma, esto terminará muy pronto y podrán ustedes volver a tomar un maldito capuccino en menos de 20 minutos.

El guardia, paralizado por la vista del cañón, levantó las manos. El resto de las personas levantaron las manos asustados, con pequeños gritos de consternación y con una palidez en sus rostros inevitable.

James, quitó el arma al segurata, giró la pistola y disparó a la cámara de la esquina, volándola en pedazos y causando el sollozo y miedo en los presentes.

Todos levantaron las manos, excepto la señorita Allencourt. El atracador miró furioso a la joven, que disimulaba bien cogiéndose de la chaqueta de Howard.

— Tú también, ricura. Levanta las putas manos. dijo apuntándole con el arma.

Howard, al ver amenazada a la chica, se puso de inmediato delante de ella. 

— No le haga daño, por favor. Haremos lo que nos pida. — James sonrió. Ya tenía al dueño en la postura que más le gustaba.

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26/05/2025, 15:55
Sophia Van Horn

Sophia estaba lista para el segundo asalto para conseguir ver ese collar cuando su galés favorito entró en escena y su mirada enseguida fue a él. Como la de todos, realmente, porque no se podía encañonar a un guardia de seguridad sin llamar la atención de todos los presentes, pero solo ella tenía que preocuparse de disimular la devoción con que le brillaban las pupilas cada vez que posaba los ojos en quien le había robado el corazón sin necesidad de armas. 

Aunque tampoco negaría que verlo con una la mojaba lo que no era normal. 

¿Cómo no se le iba a olvidar fingir que se suponía que debía temerle a esa imagen? Más que levantar las manos, lo que quería era ponerse de rodillas frente a él, pero por esa vez se contuvo y siguió con el acto de niña asustada cogiéndose de la chaqueta del vendedor. 

Con los ojos brillantes por lágrimas contenidas (que eran facilísimas de fingir), alzó las manos temblorosa tras el hombre que jugaba a ser el héroe del momento. Otras veces ese habría sido el momento en que ella misma habría sacado el arma de su bolso y le habría apuntado al baboso, pero a veces la tentaba meterse un poco más en el papel y dejar a James jugar con ella y todos los presentes. 

Asintió apresurada detrás del joyero. Haría todo lo que le pidiera, sí. Encantadísima, empapada, y dándole las gracias. 

Por favor... —rogó con un hilillo de voz, suplicando por un tipo de clemencia muy distinto al que cualquiera de los otros rehenes podría interpretar. 

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26/05/2025, 19:20
James Van Horn

James se giró a los demás rehenes y les apuntó sin miedo.

— Quiero en esta bolsa las armas — dijo dirigiéndose al guardia — y todos los putos móviles. ¡Ahora! 
Si noto que alguien comete una estupidez o me trata de jugar, le volaré la tapa de los sesos ¿ha quedado claro?

Tras recoger los móviles y armas en una mochila, bajó la cortinilla de la puerta para evitar que les vieran y puso el cartel de cerrado. Luego se giró y estudió el local mientras los rehenes balbuceaban con miedo.

Al fin vio su objetivo. Se hizo el despistado, pero había estudiado los planos a la perfección — Esa puerta, ¿lleva a una oficina?

Quiero que entren todos sin prisa pero sin pararos, joder. 

James fue apuntando uno a uno mientras entraban en el despacho sin salida, solo dejando fuera al gerente y a Sophia. Cuando Sophia estaba a punto de entrar, James la cogió por el brazo la rodeó con los brazos y le puso la pistola en el cuello. Luego miró a Howard.

— Me quedo con esta preciosidad para protegerme. Ahora usted, cierre el despacho y deje la llave puesta.

Cuando Howard cerró al resto de rehenes y dejó la llave, James le propinó una patada a la llave, rompiendo la llave e inutilizando la cerradura hasta que viniese un cerrajero. Ellos ya no molestarían.

— Ahora vamos a tu despacho, jefe. Andando, o le reviento la cara a esta chica tan mona. ¿no querrás eso, verdad jefe?

Howard entró en su despacho privado, y James detrás de él manteniendo a Sophia muy pegada a él. James adoraba sentir a su pequeña así, subyugada y haciéndose pasar por una chica buena y aterrorizada. Mientras ella forcejeaba, se estaba poniendo cachondo solo de tocarla. Los tres se encerraron en el despacho de Howard.

— Ahora Howard, abre la puta caja fuerte.

Howard se negó, con las manos en alto. Lloriqueando, trataba de engañarles diciendo que no había caja fuerte. James le señaló el cuadro detrás de su despacho. Ni siquiera en eso había sido original.

— No me vuelvas a mentir, Howard. O decoraré tu despacho con los sesos de esta preciosidad. ¿sabes lo que cuesta quitar los restos de cerebro humano de la pared?

ugly confession — Michele Morrone GIF pack ['The Next 365 Days']

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24/06/2025, 07:04
Sophia Van Horn

Sophia obedeció las instrucciones de James con su mejor actuación de víctima aterrada, incluso añadiendo un leve temblor en sus manos al dejar caer el móvil en la mochila. Ahora mismo, la única razón que tenía para temblar era el chute de adrenalina, no el miedo. O, bueno, quizás tenía dos. La adrenalina, y las ansias de abandonarse a sí misma en manos de James. 

No despegaba los ojos de él, en aparente alerta, deleitándose en cada uno de sus movimientos. Era como ver a un lobo rondando a las ovejas, o quizás más bien un león, tomándose su tiempo en jugar con las pobres gacelas, y sin duda la parte más difícil de cualquier atraco era evitar saltarle encima cuando lo oía rugir. 

Pronto se encontró en sus brazos, e inconscientemente exhaló un suspiro. Para otros, se vería como una reacción de sorpresa, pero nacía del más puro alivio. Confiaba tanto en él que aquella pistola en el cuello, aún cargada, no le daba más miedo de lo que habría sentido si la amenazara con una paleta de helado. 

Por favor, no... —Rogó suavemente, buscando con la mirada al gerente como si él fuera su único héroe y esperanza. 

Dejó escapar un chillido con la brusquedad de la patada a la cerradura, y se encogió contra James, de inmediato agitándose para forcejear como si rehuyera del contacto. La empapaba sentir el brazo fuerte de su hombre rodeándola, sometiéndola... protegiéndola. 

Él jamás lloriquearía como hacía la patética excusa de ser humano frente a ellos, y tampoco mentiría. Estaba convencida de que, estando en esa misma situación, James mantendría la cabeza en alto y daría lo que fuera por ella... mientras juraba y planeaba una venganza perfecta para quien había osado tocarla. 

Howard, por favor —Sollozó, con un grito desesperado—. No quiero morir, no quiero, por favor... Solo dáselo... Mis padres lo pagarán todo, lo prometo... Por favor... 

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08/07/2025, 20:05
James Van Horn

Howard era un hombre cobarde, como todos los que acaparan dinero, como ratas que temen que les quiten su queso. 
James era todo lo contrario, el dinero estaba bien, pero solo como medio para gastar y vivir a lo grande, para exprimir y saborear la vida.

Por ello al final, el compungido joyero se rindió a la evidencia. Mirando con ansidad a los ojos de Sophia, decidió que no podía permitir que ella saliese herida. Tal vez, con un poco de suerte, aquella preciosa mujer le agradeciese su sacrificio. Tal vez solo podía hacer eso, y confiar en que el seguro le cubra o la policía le detenga.

Howard caminó hasta el cuadro y abrió la compuerta del cuadro de tulipanes holandeses que decoraba tristemente aquel despacho y detrás había una bonita y moderna caja fuerte. El joyero se giró una vez más incapaz de dar el último paso.

— Vamos Howard — James se situó detrás de Sophia, la cogió de la cintura y apretó sucuerpo contra él, el perfume de Sophia le volvía loco y tenía que tener cuidado con no perder el control de la situación. Sophia producía en él una sensación intensa, le cosatba controlarse cuando estaba tan cerca de ella. 

Para someter finalemente al joyero, subió la pistola por delante del cuerpo de Sophia, acarciando su cuerpo con ella. Primero sutilmente entre sus piernas, subiendo un poco su falda; luego por su abdomen hasta su generoso y despampanante escote. Luego acarició con el cañón frío el cuello de la joven.

Se estaba poniendo cachondo.

— No me lo pongas más dificil, y haz lo que tienes que hacer. — James depositó un beso tierno en el cuello de Sophia, para después lamer con la lengua su piel, sin dejar de mirar al joyero.

Howard miró a la chica hastiado y con cierto asco por James. Finalmente se rindió y se giró para poner los cuatro códigos.

Mientras esataba de espaldas, James seguía detrás de su compinche, y le susurró en el oído a Sophia cuanto le gustaba el look de rica heredera pija que se había puesto. La mano en su cadera se deslizó con malicia por debajo de la falda, sujetandola con fuerza para que no se zafara de su contacto, y sus dedos se movieron por su piel hacia su entrepierna, acariciando su sexo por encima de aquellas braguitas. James comenzó a acairiciar aquella parte de su anatomía, le gustaba poner cachonda a Sophia cuando sabía que no podía gemir, hablar o gritar. Era como un pequeño juego y a la vez una tortura.

Sophia podía notar como James se estaba excitando al tocarla, su pantalón le apretaba y se contenía para no morder su cuello.

Paró subitamente cuando Howard abrió la maldita puerta y retiró su mano de la intimidad de Sophia antes de que este se girara. Se podían ver en la caja varias bandejas llenas de cajas y joyas exclusivas, la colección más importante. James se relamió.

— Ya está Howi, ¿lo ves? has tomado la decisión adecuada.
No podías permitir que esta preciosa chica, la mujer más bonita y dulce que has visto en tu vida sufriese daño ¿verdad?

James encañonó a Sophia y se separó de ella. La arrinconó contra la mesa, todavía amenazante, y le dijo que no moviese ni un músculo. Luego se acercó a ella de nuevo, esta vez por delante, y la cogió con durez para atraerla hasta si, manejando su cuerpo como si le perteneciese.

— Te entiendo perfectamente Howi. Te entiendo. Yo también lo hubiese hecho — dijo mirándola a los ojos, comiendose con la mirada aquellos carnosos labios que le habían hechizado de forma irremediable.

— Yo también haría cualquier cosa por ella. Mataría por ella... y moriría por ella.

Sophia no solo era su cómplice, su aliada y su amante. Era su diosa, su musa, su esposa. Lo era todo.
James se inclinó sobre Sophia y la beso con deseo,con intensidad y dejándose llevar por su pasión sin importarle un carajo que aquel pusilánime hombre entendiese lo estúpido que había sido.

Su respiración y su corazón se aceleraron. Deseaba tumbarla sobre aquella mesa de anticuario y devorarla.
Pero antes se giró hacia Howard, y sin media palabra le dio un golpe con la pistola en toda la sien, dejándolo inconsciente en el suelo.

Miró el tesoro, la joyas, su premio. 
Luego miró a Sophia, medio tendida en la mesa, con la blusa medio abierta por el forcejeo, tan hermosa como siempre.

Y tentado de abalanzarse sobre uno u otro premio, no lo dudó ni un segundo. Se acercó a Sophia, la cogió de las caderas y la tumbó en la mesa mientras perdía un zapato.

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09/07/2025, 16:05
Sophia Van Horn

Cómo lo odiaba. Odiaba que apretara su cuerpo contra el de ella cuando tenía que contenerse para reaccionar como le resultaba natural cuando se trataba del dueño de su alma, su cuerpo y su corazón. Odiaba tener que fingir que el paso de la pistola acariciándole la piel no le empapaba la entrepierna, odiaba tener que morderse el interior de las mejillas para no jadear de placer cuando sentía esa arma cargada contra el cuello y odiaba no poder disfrutar de su erección montándolo ahí mismo. Odiaba tener que fingir que no disfrutaba nada de eso, y odiaba tener que concentrarse en jugar su papel. 

Pero sabía que James adoraba que lo odiara, y eso era suficiente para aprender a saborearlo ella también, para saber que todo sacrificio tendría su correspondiente, amplia y exquisita recompensa en orgasmos, atenciones y caprichos. 

Pudo resistir derretirse con su besito en el cuello, pero un suave ruidito le escapó de los labios al sentirlo lamerla. Uno que, pensando rápido, disimuló como un gimoteo de pánico mientras miraba a Howard con los ojos vidriosos. En realidad, lo único que le daba ganas de llorar era lo mucho que se estaba tardando el estúpido joyero. 

Mientras este por fin les daba la espalda y abría la caja, Sophia sonrió como la idiota enamorada que era al escuchar cuanto le gustaba a James la ropa que había escogido. Al sentir su mano dio un breve saltito, más por sorpresa que por cualquier otra cosa, e intentó escaparse un poco. Sabía que se distraería si lo dejaba tocarla, pero como pronto se probó, no era capaz de hacer ni el más mínimo esfuerzo por evitarlo. Aún si la fuerza de James no hubiera sido suficiente para mantenerla quieta, que lo era, la forma en que se derritió en sus manos al sentir sus roces a través de la tela le hubiese impedido cualquier acción. 

Odió más que nunca al puto Howard cuando se dio vuelta y James paró. Cualquiera que interrumpiera los mimos de su marido se merecía la muerte, y apunto estuvo de tomar la pistola de manos de su hombre y volarle los sesos al joyero por no saber demorarse. Pero se contuvo. Enfadada, caprichosa como era, pero se contuvo. 

Encañonada por la pistola fue retrocediendo paso a paso hasta quedar contra la mesa, con las manos en alto. No movió un músculo, como le ordenó el amor de su vida, y se dejó agarrar y mover con un breve chillido de sorpresa que sería su última actuación como víctima del día. La última porque, desde el segundo en que pudo mirarlo a los ojos, olvidó del todo cualquier papel. Podía fingir muchas cosas, pero no podía mirar a James y fingir que no era el sol alrededor del cual giraba su mundo, que no era el centro de su existencia, el único y verdadero dios al que adoraría hasta el fin de sus días. No había manera de disimular la absoluta devoción con que le brillaban los ojos cuando se encontraban con los suyos, y mucho menos podía fingir indiferencia al oírlo decir que mataría y moriría por ella. 

Se entregó a su beso con desesperación, como si llevara un milenio esperando volver a probar sus labios. No quería ni podía aguantar un segundo más, y le importaba bien poco lo que hiciera Howard: cualquier movimiento estúpido acabaría con un disparo entre ojo y ojo. 

James, claro, era siempre más comedido y previsor. Él sí tenía fuerza de voluntad para apartarse de ella y noquear al joyero, para bien de este último, antes de seguir. Ella tenía la justa para esperar, jadeante y medio tendida en la mesa, a que su hombre volviera a ella como sabía que lo haría... porque ni todo el oro del mundo podría evitárselo. 

Fuiste cruel —Se quejó en un susurro contra sus labios, moviendo la cadera para frotarse contra él —. Tardaste una eternidad. Has sido malo conmigo. 

Mientras hablaba, le desabrochó la camisa, y tan pronto llegó a la mitad se lanzó a darle un fuerte mordisco en el pectoral izquierdo. Justo sobre el corazón. 

Bajó las manos a su cinturón, que le quitó con premura tirando de él. Tomando los dos extremos, lo pasó tras su cuello y tiró para atraerlo en un beso del que no lo dejaría escapar por las buenas... Aunque, no negaría, le encantaba que la pusiera en su lugar por las malas. 

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27/07/2025, 23:13
James Van Horn

James acarició los pechos de Sophia con lentitud, recreándose en aquellas preciosas montañas, hasta que al final pegó un tirón y le abrió la preciosa blusa de seda arrancando los botones y dejando expuesto el sujetador, así como su perfecto abdomen y su ombligo sugerente. James se mordió un labio.

— Siento haber tardado tanto.

Puede que haya sido un poco malo contigo. Lo reconozco. — Le dijo sin para de contemplar su precioso cuerpo. Estab ya tan excitado que le apretaba el pantalón.
Cogió las piernas de su compinche y tiró de ellas hasta que su pelvis chocó con la de él al borde de la mesa.

Tras unos instantes de admirar su cuerpo vulnerable y bajo su completa merced, comenzó a besar su abdomen, lamiendo aquella piel que le volvía loco, repasando aquellos tatuajes con la lengua, y subiendo poco a poco hacia su cuello.

La respiración de James estaba acelerada y todo su cuerpo tenso, tratando de controlar sus instintos.

— Pero debía mantener la mascarada, el capullo tenía que creer firmemente que eras una víctima más. Por eso he tardado tanto, cariño. No puedo consentir que te identifiquen como una criminal, preciosa.

Si alguna vez nos fuese mal... no quiero que vayas a la cárcel, no puedo consentir que te pillen. Antes los mataría a todos.

Pegó un pequeño mordisco en su cuello, mientras sus manos agasajaban con caricias ardientes sus muslos. La deseaba tanto que casi iba a perder la cordura.

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— No... no deberíamos perder tiempo — dijo mientras sorbía sus labios, mintiéndose a si mismo. Jadeando, luchando por decir unas palabras antes de perder el control. — Yo... ah... ah... nosotros.... deberíamos coger... coger las joyas y .... deberíamos... ah... AH.

Sin poder acabar la frase, James exhaló un gruñido, presa completa de su lujuria por ella. La miró a los ojos y se quitó el cinturón del pantalón, liberando su sexo y usando sus manos para apartar las braguitas de Sophia.

Sin decir una sola palabra más, se fundió con ella, metiendo su miembro en el lubricado sexo de ella y dejando que su pasión desbordada la llenase, sudando, gimiendo, y empotrándola contra la mesa de aquel despacho destrozado.

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04/09/2025, 20:27
Sophia Van Horn

Sophia rio al sentir el tirón, y no dejó de sonreír al reconocer la mirada de devoción y amor absoluto de James. Sin importar en la situación en la que estuvieran, esos preciosos ojos la llevaban a un mundo de felicidad inconmensurable y paz imperturbable. Y sí, no era difícil para ella encontrar alegría en distintas fuentes, pero solo había conocido la verdadera tranquilidad en sus brazos. 

Muy, muy, malo —Lo corrigió, con los ojos brillando en diversión. 

Recibió aquellos besos ronroneante, acariciándole el cabello y la espalda a medida que subía a ella. Expuso su cuello, entregada del todo a sus atenciones, mientras arqueaba la espalda. 

Cariño, para nosotros no hay cárcel. Solo libertad. 

No le cabía duda alguna de que James dejaría caer una lluvia de balas sobre cualquier policía que se atreviera a pensar en detenerla, pero ella haría exactamente lo mismo. Por eso, para ellos solo había dos opciones: vivir libres juntos, o encontrar la libertad en la muerte, disparando hasta el último segundo. 

Sophia apostaba todo en cada segundo junto a él, y así mismo, le daba exactamente igual "perder el tiempo". Para ella, el tiempo follando en la joyería que robaban estaba mucho mejor invertido que vaciando cajas fuertes. ¿Qué más daban las joyas o el dinero mientras lo tuviera a él? 

Cuando por fin James, la voz de la sensatez entre ambos, se rindió a sus instintos, Sophia lo celebró con una risa victoriosa que pronto fue entrecortada por gemidos que se sucedieron uno tras otro, cada vez más fuertes, más agudos, más desesperados y colmados de lascivia. 

Incapaz de quedarse quieta en un lugar demasiado tiempo, pronto la pasión los llevó de un lado a otro de la joyería, destrozando todo en su camino en el huracán de placer que los movía. Para cuando James consiguió hacerla entrar en razón, tras al menos un par de orgasmos, Sophia llevaba encima varias joyas, y había metido en los bolsillos de James unos puñados más. Si el hombre llenó un saco más o no, no se dio cuenta, pues se distrajo probándose collares frente a un espejo hasta que este la agarró de la mano para sacarlos a ambos de ahí antes de que fuera demasiado tarde. 

 

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05/09/2025, 16:13
James Van Horn

FLASHBACK 2: Velvet Inferno  (James y Sophia)

Lugar: Las Vegas
Fecha: 13 de octubre 
de 2002

Strip Club neon sign

"Velvet Inferno"

El letrero del club parpadeaba como si tuviera epilepsia. VELVET INFERNO, decía, en letras rojas como labios manchados de vino. James Van Horn dio una última calada a su cigarro antes de aplastarlo contra el capó de su coche. Iba impecable, como siempre. Traje blanco, camisa abierta, sin corbata. Tenía el aura de un aristócrata exiliado, pero con la mirada de alguien que había visto morir a demasiada gente como para seguir fingiendo que le importaba algo.

Afuera, la noche era espesa y húmeda como un secreto. James abrió la puerta del club con ese aire de fastidio propio de alguien que ha vivido demasiadas vidas antes de los treinta y cinco.

Entró al club como quien entra a una catedral. Sabía que esa noche no iba a salir igual que como había entrado. Lo sentía en el pecho. No era una corazonada. Era un puto presentimiento.

Dentro, todo era humo, luces y tetas. El infierno debía parecerse a eso: música electrónica estallando como granadas, cuerpos que se movían como serpientes, hombres babeando con los ojos vacíos, y camareras que servían tragos como si fueran munición para un suicidio lento.

striptease pole dance gif | WiffleGif

El club no era precisamente su estilo. Demasiado ruido, demasiadas sombras sin clase. Pero el hombre al que seguía sí que tenía gusto por estas cloacas disfrazadas de lujo: Marco Bellotti, uno de esos mafiosos nuevos ricos, todo cadenas de oro y chaquetas brillantes. James debía encontrarle algo... una debilidad, una excusa para robarle, extorsionarle, matarlo, lo que surgiera primero.

James se pidió un bourbon. Sin hielo. Sin tonterías.

Se dio la vuelta con pereza para estudiar el terreno de su cacería. El lugar olía a sudor caro, perfume barato y desesperación. La música electrónica golpeaba como un corazón desbocado. Cuerpos brillantes danzaban sobre plataformas, pero nada captaba su atención.

Y entonces la vio.

No, no. No la vio. Ella lo eligió de alguna manera.
Sus ojos se encontraron, y por un segundo, el tiempo se detuvo para James.

La chica en el escenario no bailaba. Comandaba. Cada movimiento era un disparo lento. Sus botas de cuero, sus labios oscuros, ese cabello como tinta mojada. Se movía con una mezcla entre rabia contenida y dominio absoluto del espacio. Era una puta declaración de guerra con curvas.

No supo si fue la forma en que la luz azul recorría su piel como dedos invisibles, o la mirada fija con la que barrió el club desde el escenario, como si buscara una presa. Era un contraste perfecto entre la belleza salvaje y natural de una ninfa y la amenaza latente de un demonio. Su cabello oscuro le caía como una tormenta sobre los hombros. Y sus ojos...

Dios. Sus ojos no eran de este mundo.

Ella no bailaba como las otras. No seducía. Desafiaba.

James sintió algo moverse en su interior. No fue su polla. Fue otra cosa. Algo más peligroso. Algo parecido a… vida. Como si su corazón, dormido durante años, acabara de abrir un ojo y dijera: “Ah, cabrón... ahora sí.”

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Y luego vio al imbécil. Marco Bellotti. Mafioso de medio pelo, traje de lentejuelas, sonrisa de rata. Estaba sentado al borde del escenario, y tenía una mano en la pierna de ella. Demasiado arriba.

James sintió una punzada en el pecho. Celos. Sí, joder, celos. ¿Por qué? No tenía ni puta idea. Ni siquiera conocía a esa mujer. Pero ya sabía que no iba a permitir que ese trozo de carne con Rolex la tocara así.

Bellotti tiró de su muñeca. Ella se zafó. Él se levantó. La música bajó. Y James ya estaba caminando hacia ellos.

Cada paso era una decisión. Cada decisión, una condena.