Partida Rol por web

Muerte en la Nieve

Cantar de la Gran Compañía 4: Sin Escape

Cargando editor
17/12/2019, 16:04
Director

Notas de juego

ASALTO 3:
- Dhorne:
- Ivar:
- Tyron:
- Luelar:
- Gigante muerto (-43 puntos de vida; Defensa 9):

Recordatorio: Ataques a distancia, a elegir:
- Penalizador -4
- 50% posibilidades acertar a Tyron (si alguien más se mete cuerpo a cuerpo, se reparte el %)

Cargando editor
19/12/2019, 19:14
Dhorne

En otros instantes, habría abandonado la ballesta con la mera intención de desenfundar mi cimitarra y con ella, enfrascarme en un combate que, cuanto menos singular, habría servido para quitarme del cuerpo las diversas sensaciones que aun azotaban con frenética virulencia mi interior. Si, aquello habría sido quizás lo más osado, lo que el instinto más básico me dictaba pero también, y bajo la profunda consciencia de mis capacidades, también sabía que era lo más estúpido que podía hacer. No ser una guerrera hasta ahora jamás había sido un problema, pero al ver cómo todos los presentes no somos más que marionetas intentando destruir un muro que parece inexpugnable, no puedo evitar maldecir mi suerte y las mismas decisiones que me han llegado a tomar una profesión, una ocupación que en tierra, es completamente inútil. 

Más siendo poco de lo que el arrepentimiento y la blasfemia sirve en un momento como este, mi mirada, turbia en su color y en ese brillar que ya parece perdido por completo, se posa durante unos escasos segundos en Luelar y en Tyron, viendo como con una valentía que digna era de ser alabada, se enfrentan a aquella criatura aún cuando el peligro para ellos se muestra mucho mayor. Es por ello que, aunque ligeramente consciente soy de como los otros escapan, y mientras ruego a los dioses en los que no creo para que al menos la más pequeña de todos pueda encontrar un seguro refugio, ignoro todo lo que antes incluso podría haberme resultado llamativo, y apuntando nuevamente con mi ballesta, intentando dar en mi objetivo y no en quienes son mis aliados, es que respiro profundamente al volver a disparar con prontitud, solo para poder volver a tensar la cuerda de mi ballesta, y tras el click que tan característico en su mecanismo es, apuntar nuevamente esperando que en el próximo tiro, tener más suerte que hasta ahora. 

- Tiradas (1)
Cargando editor
21/12/2019, 16:55
* Juglar *

No podéis imaginar, buenas gentes, el horror que debió sentirse en aquella amplia estancia abierta y descompuesta, lo que nuestros héroes debieron sentir mientras trataban con ahínco de derribar a aquella mole. Las tripas resonaban con pegajoso sonido, en un suelo que no se teñía de sangre, pues ésta se encontraba reseca ya por la descomposición. El gigante se mecía de un lado a otro, tratando de apresar una pieza, mientras los proyectiles volaban en su dirección de todas direcciones.

La marinera se aprestó a disparar un nuevo virote, y a punto estuvo de acertar en aquella ocasión, pero en el último instante el gigante se estremeció y cambió de posición ligeramente. El proyectil se desvió lo justo para rozar sus ropajes, apenas pieles raídas colgando de su cuerpo, sin causar el menor mal a su carne ni su piel. El muerto seguía en pie, pese al duro castigo recibido hasta el momento, y más valía que nuestros héroes lograsen terminar cuanto antes con aquella liza, pues hasta el momento habían tenido fortuna. El gigante no había logrado alcanzar a ninguno de ellos, pero si en algún momento lo lograba, no cabía duda de que sería... demoledor.

Notas de juego

ASALTO 3:
- Dhorne: Disparo ballesta, fallo.
- Ivar:
- Tyron:
- Luelar:
- Gigante muerto (-43 puntos de vida; Defensa 9):

Recordatorio: Ataques a distancia, a elegir:
- Penalizador -4
- 50% posibilidades acertar a Tyron (si alguien más se mete cuerpo a cuerpo, se reparte el %)

Cargando editor
21/12/2019, 23:39
Ivar el Cuervo

Maldita sea mi mala suerte...¿Cómo puedo fallar a algo tan grande y lento? Empiezo a creer que el cobarde que hay en mí no quiere llamar la atención de esa cosa y que estoy fallando a propósito. ¿Será eso? ¡Maldita sea! Deja de pensar en estupideces, alza tu maldito arco y dispara a la mole gigantesca que se alza ante ti. No puedes quedar como un inútil en una situación así. Muchas vidas dependen de que acabemos con esa cosa.

-Eso intento, elfa, pero mis ojos no son lo que eran...

Siento como las piernas me tiemblan, pero no soy el único que tiene miedo aquí. Creo que en el fondo todos estamos igual de atemorizados, pero somos demasiado idiotas como para salir corriendo. ¿Por qué sacrificamos nuestras vidas por personas que apenas conocemos? ¿Por honor? ¿Por estupidez? Sí, creo que es precisamente por esa última o sencillamente, somos tan solo almas rotas que tan solo se sienten completas combatiendo, después de todo, la vida se torna mucho más sencilla cuando la única decisión que tienes que tomar es la de matar o morir.

Tomo una nueva flecha de carcaj y en esta ocasión logro acertar a mi gigantesco rival. Buscaba acertarle en la articulación del brazo, pero la flecha se ha quedado clavada en su brazo y el muy maldito ni la siente. Creo que los arcos ya no son lo que eran o al menos, el mío ya no es tan mortal como solía ser. A este ritmo, más vale que el caballero acabe con él, pues si de mi depende...podemos darnos por muertos. ¡Maldita sea!

- Tiradas (3)

Notas de juego

Por orgullo gasto un punto de acción y repito la tirada de ataque. El daño que causo es una mierda, pero al menos he logrado acertar XD

edit: Mi personaje tiene la dote para poder disparar a enemigos enfrascados en combate cuerpo a cuerpo con aliados, sin sufrir penalización.

Cargando editor
22/12/2019, 00:50
Tyron Stark

No había forma alguna de saber si mis palabras habían tenido algún efecto en el enorme muerto andante. Lo único que sí conocía era el efecto enaltecedor que tenían en mí. Gritar ayudaba, ahuyentaba al miedo, al menos lo suficiente. En momentos como aquel entendía el motivo por el que los guerreros lanzaban gritos de guerra en su carga hacia el combate, antes de enzarzarse en brutal baile con la muerte.

Sin embargo, a punto estuvo mi corazón de abandonar mi pecho cuando aquella inmensa mano trató de aferrarme. ¿Qué destino me hubiera aguardado si hubiera logrado tal cosa? Sin lugar a dudas, uno muy poco alentador. Y si no agotábamos la magia oscura que alzaba aquel cuerpo sin vida, no me cabía duda de que tarde o temprano nos acabaría alcanzando.

Así que decidí no cejar en el empeño. Así mi espada con fuerzas renovadas y seguí asestando espadazos sobre aquel cuerpo, sintiendo cómo pugnaba carne y acero por comprobar su respectiva dureza. Mi acero ganaba, pero no por suficiente margen.

- Tiradas (2)

Notas de juego

Acción estándar: ataque con espada bastarda, éxito. Daño 7 -RD3 = 4

Cargando editor
22/12/2019, 01:03
* Juglar *

¿Qué clase de horrendo poder palpitaba en el descompuesto corazón de aquella cosa? Los ataques iban y venían, destrozando el cuerpo del gigante que, lentamente, se debatía por alcanzar a los vivos en aquel único ansia de su existencia. Y sin embargo, continuaba ignorando todo el daño que éstos le causaban, como si gozase de absoluta inmunidad.

Una flecha del avezado explorador se clavó en el brazo del gigante. Lo hizo relativamente cerca del codo, de forma que a un mortal muy probablemente le habría impedido usarlo con solvencia. Sin embargo, el gigante dobló aquel brazo como si tal cosa, astillando y partiendo la saeta, cuya punta quedó enterrada profundamente en su carne.

Por su parte, la espada del caballero descargó todo su peso con fuerza sobre el muslo poderoso de aquella criatura, atacando a su movilidad como marcaban los cánones en la instrucción de todo caballero. Cambiar el objetivo de cada ataque, arriba y abajo, a izquierda y a derecha. La bastarda de Tyron golpeó aquel musculoso muslo y abrió su carne, mas no manó sangre de la herida, sino que la carne quedó abierta mostrando un interior amoratado y oscuro.

Y el gigante sin vida se mantenía aún en pie.

Notas de juego

ASALTO 3:
- Dhorne: Disparo ballesta, fallo.
- Ivar: Disparo arco, éxito (-1 punto acción). Daño 5 -RD3 = 2
- Tyron: Ataque espada, éxito. Daño 7 -RD3 = 4
- Luelar:
- Gigante muerto (-49 puntos de vida; Defensa 9):

Recordatorio: Ataques a distancia, a elegir (excepto con dote adecuada): - Penalizador -4 - 50% posibilidades acertar a Tyron (si alguien más se mete cuerpo a cuerpo, se reparte el %)

Cargando editor
23/12/2019, 00:54
Luelar Tyrundlin

Mi intento de llamar la atención del gigante se quedó en eso, en un mero intento, bastante estúpido además; pero la desesperación iba aumentando en mí, viendo cómo aquella mole ni se inmutaba ante los ataques de unos y otros.

El corazón me dio un vuelco cuando vi la gran mano de aquel dirigirse hacia Tyron, tratando de apresarle. Resultaba aterrador pensar qué era lo que aquel muerto viviente pretendía, pero traté de no pensar mucho en ello.

Dhorne e Ivar volvían a lanzar sendos proyectiles mientras me planteaba qué hacer, viendo justo antes de comenzar a aproximarme al gigante que no parecían haber tenido demasiada suerte; si bien el viejo al menos le había dado.

- ¡Excusas! ¡Sabes hacerlo mejor! - grité a Ivar, aumentando la velocidad de mi carrera, hasta detenerme de forma repentina justo detrás de la horrible criatura al darle alcance.

Apenas atisbé durante un instante el brillo de la armadura del caballero, recordando sus palabras acerca de mantenerme tras él, y es que en aquel momento no estaba siendo el colmo de la prudencia con la nueva posición que había tomado. El gigante se encontraba demasiado cerca del caballero, y no era tan diestra con la ballesta, así que quise probar a cambiar de estrategia para tratar de abatir a aquella cosa cuanto antes; además, hacer uso de otras de mis armas quizás diera a Tyron cierta ventaja. Sabía que me arriesgaba aproximándome a aquel ser, cuyo embiste podría dejarme mal parada, pero debía confiar en mi capacidad de esquivarlo llegado el caso.

Rauda, sigilosa, estiré mi brazo hacia aquella criatura; hasta posar mi mano en el azulado gigante.

- Izz, permíteme emplear esa luz que sólo existe gracias a tu oscuridad... Esa que también te pertenece... - musité, orando a mi diosa, queriendo invocar así su poder curativo para dañar a aquella cosa.

- Tiradas (3)

Notas de juego

Acción de movimiento: Acercarme al gigante.
Acción estándar: Uso el milagro Curar heridas leves.

Este  milagro daña a los muertos vivientes en lugar de curarlos. Puede intentar una prueba de salvación de Voluntad para recibir la mitad de daño.
Daño: 8

Cargando editor
23/12/2019, 20:59
Muerto viviente gigante azul

En ocasiones, la vida ofrece lecciones a los hombres cuando ya es tarde para aprender de ellas. Otras, en cambio, las lecciones llegan a tiempo de resultar útiles en adelante. Tal vez fue eso lo que mostró a Luelar Tyrundlin el camino para culminar aquella contienda. Y cuando digo "la vida", no quiero profundizar en el origen primario de ello. Este humilde juglar no posee sabiduría suficiente para discernir si la mano de los dioses se oculta detrás de los actos que llevan a los héroes a la grandeza. ¿Guió Izz, la Dama de la Oscuridad, la mano de su devota sierva, hasta apoyarla sobre la piel de la espalda de aquella mole sin vida? No seré yo quien se pronuncie al respecto.

El gigante, al contrario que en todas las anteriores ocasiones en que las armas de nuestros protagonistas habían abierto su carne y penetrado en su duro cuerpo, reaccionó en aquella ocasión. Se detuvo bruscamente, permaneciendo un instante absolutamente inmóvil antes de sacudirse con un violento estremecimiento. El rostro medio calavérico del gigante se alzó, mirando sin ver en dirección al techo de la taberna, y su boca se abrió en un mudo gemido. Entonces, como una edificación a la que fallasen los cimientos hasta colapsar, toda aquella mole de carne putrefacta sucumbió y se precipitó hasta caer al suelo.

Tyron, que se encontraba ante él, tuvo que dar un paso atrás para evitar ser aplastado por el cuerpo ya inerte. Y al hacerlo, al ver caer a aquel horrendo gigante, se abrió tanto ante él como ante sus compañeros más atrasados el paisaje luminoso que se abría a espaldas del gigante. Un paisaje de luz, de nieve, de árboles blancos... y ante aquel paisaje, una sombra de esperanza con las manos extendidas, aún latiendo el poder de su diosa en las palmas.

Luelar acababa de dar el golpe de gracia al cadáver gigante, devolviéndolo al estado inerte del que jamás debía haber salido.

- Tiradas (1)

Notas de juego

CD del conjuro = 10 + Magnitud del conjuro + Mod. de Inteligencia (magia arcana) o Carisma (magia divina) + Rasgos pertinentes.

En este caso, la CD de la tirada de Salvación para evitar los efectos del conjuro sería 10 +1 +1 +0 = 12. El gigante muerto falla la tirada, por lo que se come todo el daño (a este daño no se aplica su RD, pues sólo se aplica a daño físico y elemental).

ASALTO 3:
- Dhorne: Disparo ballesta, fallo.
- Ivar: Disparo arco, éxito (-1 punto acción). Daño 5 -RD3 = 2
- Tyron: Ataque espada, éxito. Daño 7 -RD3 = 4
- Luelar: Lanzamiento milagro Curar Heridas leves al gigante,éxito. Causa 8 puntos de daño.
- Gigante muerto (-57 puntos de vida): ¡¡Destruido!!

 

Cargando editor
23/12/2019, 22:24
Barush

Un tenso silencio se adueñó de repente de lo que quedaba de la posada. Un silencio apenas roto por la entrecortada respiración de los héroes que con tanto esfuerzo habían logrado contrarrestar la amenaza del gigante. Incluso los golpes que los leñadores estaban dando en la cocina, en su intento de abrir la puerta que daba al exterior, cesaron de inmediato. Temerosa y tímidamente, algunos de aquellos inocentes se asomaron por la puerta de la cocina, sin dar crédito a lo que estaban viendo.

Pero fue uno de ellos, en concreto, quien primero fue capaz de reaccionar. Con absoluta incredulidad, aquel anciano de mirada vidriosa y una herida en la cabeza curada como buenamente había sido posible, se adelantó y comenzó a reír, caminando sobre la cuerda floja de la salud mental o la demencia.

L-lo... l-lo habéis logrado... ¡Habéis matado a la muerte! -Gritó finalmente, estallando en carcajadas- ¡Habéis matado a la muerte gigante!

Sin ser capaz de refrenarse, el infeliz se abalanzó sobre Ivar, abrazándolo entre lágrimas con gran agradecimiento. Lo estrechó entre sus brazos con fuerza y, al apartarse, palmeó sus hombros musitando una y otra vez una única palabra: "gracias". Acto seguido, se giró y se dirigió hacia Dhorne, pero un atisbo de cordura debió regresar a él antes de abalanzarse sobre la marinera. Se detuvo, balbuceando algo, y agachando la mirada tomó impulsivamente una de las manos de la mujer y se arrodilló ante ella, besando aquel dorso con devoción como si se encontrase ante la misma realeza.

Al mismo tiempo, el resto de aquellas gentes fue saliendo de la cocina, contemplando el cuerpo sin vida del muerto viviente como si no terminasen de creer lo que tenían delante. Y cuando lograban apartar la mirada de aquel cuerpo, era para mirar a aquellos hombres y mujeres, a los que jamás podrían ver de la misma manera. Pues en sus almas y en sus corazones, no se encontraban y ante hombres y mujeres normales.

Se encontraban ante absolutos héroes.

Notas de juego

Fin del combate ¡FELICIDADES! Volvemos a actuar libremente, sin iniciativas.

Los tiradores recordad hacer recuento de las flechas y virotes que os quedan.

Cargando editor
26/12/2019, 20:45
Dhorne

De no haber estado presente, y de ser esta vívido momento una historia más de las tantas que antaño había podido escuchar, no me lo habría creído, habría reído ante la mera mención de aquel gigante que muerto ya una vez, corrupto se alzaba de su tumba para atacar. No, algo así jamás me lo habría creído sin importar la sinceridad de quien me lo hubiese podido contar, pero sin embargo aquí me encuentro, bajando mi ballesta y sentándome sobre mis talones al ver cómo, y ante una contienda que nada tenía de singular, Luelar daba por terminada de batalla. Sin saber si este momento ha durado minutos, horas o un solo en tiempo que un suspiro puede albergar, la blasfema existencia de aquel ser ha terminado y con manos temblorosas que ya sin fuerzas sostienen la ballesta, me debato entre reír a carcajadas o simplemente llorar. 

No hay palabras que puedan salir de mis labios que expresen tanto errático pensamiento que en mi mente se acumula, pero consciente soy de que por primera vez en mi larga existencia, dudo de mi siempre negativa a creer en los dioses que cada uno de los presentes venera, y es que a veces es mucho más sensato creer que negarse a hacerlo, más aún cuando lo que sucede carece de tanta lógica como de razón. Aun así no elevo plegaria alguna y aunque mis labios se separan con ligereza, no sonido alguno que salga de estos, no existen palabras, simplemente no las hay. Es entonces que una sonrisa calma, reticente incluso ahora a aflorar en su totalidad, curva mis labios mientras me pongo pesadamente de pie, y tras dejar que un suspiro de alivio abandone mis labios y sea todo confesor de mi sentir, al ver a Barush acercarse y lanzarse contra Ivar, comienzo a reír primero de forma suave solo para después, romper en una carcajada que ahora mismo resulta catártica. 

Comprendo el alivio de este hombre, su reacción e incluso la mía cuando tan impropia me es, pero los nervios vividos de alguna manera han de salir a la luz, y al ver como aquel se arrodilla ante mi para tomar mis manos en modo de agradecimiento, niego con la cabeza aún riendo, y tiro de él para ayudarle a incorporarse. - Es a ellos a quien debéis darles las gracias, a quien todos deberíamos dárselas... - Es lo que soy capaz de decir al señalar con la mirada tanto a Luelar como a Tyron, ya que después de todo habían sido ellos quienes habían tomado la más peligrosa de las iniciativas y gracias a quienes, arriesgando en primera línea de combate sus vidas, nos habían salvado. Suelto sus manos para entonces, y le ofrezco una de las mías a Ivar para ayudarle a incorporarse y acto seguido, y tras dedicarle un movimiento de cabeza a mis otros dos compañeros junto a una sonrisa que habla de una profunda gratitud que eterna sé que será, me encamino hacia la cocina o lo que queda de ella para ver si los demás se encuentran bien. 

Cargando editor
28/12/2019, 23:36
Luelar Tyrundlin

Mis brazos aún se encontraban extendidos hacia delante, y mis palmas abiertas, cuando el gigante terminó por derrumbarse. Fue entonces cuando vi con claridad cuanto sucedía al otro lado. Tyron se encontraba ahora a un lado de aquella mole, y Dhorne e Ivar no se encontraban muy lejos de allí, pareciendo todos estar bien.

Aún continuaba con mis manos en aquella posición cuando comprobaba esto, comenzando a bajarlas despacio mientras me percataba de cómo quienes debían huir se habían detenido y se interesaban por lo sucedido.

Lo hemos conseguido...

Pensé, observando mis manos mientras la fuerza de mi diosa terminaba de disiparse, cerrándolas tras ello en dos recios puños.

¡Lo hemos hecho!

Bajé mi mirada y mis manos soltando un suspiro, antes de dejar que una sonrisa de satisfacción se dibujara en mis labios. Casi al mismo tiempo, el llamado Barush mostraba su alegría ante lo acontecido, dando la impresión de que su fe había estado más depositaba en que consiguiéramos entretener a aquel muerto viviente que en que pudiéramos acabar con él. Pero así había sido.

El hombre no se detuvo ahí, y pronto se abalanzó sobre Ivar para darle las gracias, algo que en seguida se dispuso a hacer también con Dhorne; pretendiendo esta desviarlas hacia Tyron y hacia mí.

- No digas tonterías, una araña no es igual de eficaz sin todas sus patas. - comenté de manera desenfadada, sin pensar, queriendo dar a los demás el reconocimiento que se merecían; todos habíamos combatido juntos contra la muerte.

Si lo hubiera pensado con detenimiento, quizás me hubiera ahorrado aquel apunte, después de todo, que me erigieran como heroína era realmente conveniente. Tras pronunciar aquellas palabras y comprobar que no había virote que pudiera recuperar, me calé más la capucha y me hice a un lado, viendo cómo la mujer de cabello claro me sonreía rumbo a la cocina; de donde cada vez salía más gente que se quedaba observando a aquella caída encarnación de la muerte.

Ignorando las miradas que algunas de esas personas me dirigían a veces, decidí aguardar refugiada en una sombra la hora de partir. Quería darle las gracias a quienes habían combatido conmigo, pero ya lo haría en otro momento, cuando no me sintiera tan incómoda. Volví a mirar a rizos dorados un instante, y bajé mi rosada mirada al suelo, dando las gracias a quien tanto había hecho por mí, y tanto seguía haciendo.

Gracias, Dama de la Oscuridad.

- Tiradas (1)

Notas de juego

Virotes de ballesta ligera: 18/20

Cargando editor
29/12/2019, 13:38
Ivar el Cuervo

¡Demonios! La dama elfa parece mi esposa, nada de sexo y todo el tiempo gruñendo cual lobo hambriento. Pero lo que más me fastidia, es que tiene razón, puedo hacerlo mejor...ya que peor sería imposible, salvo que acertase al caballero con una de mis flechas. Es un blanco enorme, no puedo volver a fallar, ahí va otra flecha...¿Pero...? ¿Qué está haciendo?

¡Diantres! ¿Qué acaba de hacer? ¿Ha logrado derribar al gigante tocándolo solo con la palma de su mano? La brujería es aterradora, pero me alegro de que esté de nuestra parte, aunque será mejor no darla la mano si está enfada.

No tengo mucho más tiempo para reaccionar, supongo que mis ojos clavados en la montaña de carne y mi mandíbula desencajada dejan bien presente la sorpresa que la dama elfa nos ha dado. Incluso me cuesta reaccionar cuando soy atropellado por Barush y alzado entre sus brazos como si fuese un muñeco de trapo.

-¡Ey!

No alcanzo a articular más palabras, después de todo...¿Qué puedo decir? Yo mismo estoy sorprendido de que el gigante haya caído. Parece que mis nuevos compañeros son de aquellos que se crecen ante los peligros. Si la dama fortuna nos sonríe un poco, estoy seguro de que llegarán muy lejos y que sus hazañas serán narradas por generaciones.

Algo aturdido por el zarandeo de Barush, me dejo caer al suelo para recuperar fuerzas. No es que haya sido un combate intenso ni largo, no al menos para mí. Pero el hacer frente a la muerte y más aún a uno de sus avatares tan sumamente gigantescos, no es algo fácil, al menos para mí.

Pasados unos segundos, veo unas botas acercarse hacia mi y la mano de Dhorne ofreciéndome su ayuda para ponerme en pie. Algo que acepto gustoso y se lo agradezco asintiendo con la cabeza. Con los hombres con los que viajé en el pasado, las palabras de agradecimiento rara vez se escuchaban, todo era siempre agradecido con pequeños gestos. Claro que eran algunos de los hombres más duros de los reinos, quienes preferían guardar sus palabras para amenazar e insultar a sus enemigos.

-De haber sabido vuestra gran actuación contra el gigante, me habría quedado descansando entre las mantas. Seguramente habría sido más útil allí abajo, que aquí arriba. ¿Estáis bien?

- Tiradas (1)

Notas de juego

17/20 flechas. ¿Cómo era la tirada para recuperar proyectiles?

edit para las tiradas: Lo dicho, ahora saco un crítico...los dados me odian.

Flechas: 18/20

Cargando editor
29/12/2019, 23:27
Tyron Stark

Me disponía a volver a la carga, a arrojar un nuevo ataque de mi acero contra el cuerpo sin vida de aquella criatura del averno. ¿Qué otra cosa podía hacer si no? Detenerse era sucumbir, algo que no concedería fácilmente. No pensaba rendirme, no ya sólo porque mi supervivencia dependía de ello, sino también la de otros. ¿No era acaso por lo que había luchado toda mi vida? ¿No era ese, acaso, mi objetivo en la vida, lo que me había llevado a las puertas de los Yelmos Negros, lo que me había conducido a los votos de la Orden de Stumlad? No, no pensaba rendirme.

Y sin embargo, aquella nueva estocada no alcanzó a llegar. En el último instante, el gigante hizo un movimiento extraño, diferente, alzándose para finalmente precipitarse sobre mí. Tuve que echarme a un lado, y no fue hasta que sí lo hice, adoptando aquella postura defensiva con la bastarda apuntándole, que me percaté de lo que realmente había acontecido. Del mismo modo, fui consciente de mi propio cansancio, del tambor de guerra que golpeaba mi pecho con la fuerza de un ariete, de mi respiración agitada como el bufar de mil caballos, del dolor propio del cansancio en mis brazos, especialmente en mis hombros.

Contemplé con estupor a Luelar, allí en pie, con la luz exterior iluminando su silueta oscura con una aureola casi divina. Había sido su poder, el de su diosa canalizado a través de sus manos, el que había hecho caer finalmente al gigante. Un gran poder, en manos de una mujer que, era consciente, muchos entre los míos tildarían de bruja, si no cosas peores. Y sin embargo, allí estaba, y no podía considerarla otra cosa que mi aliada, la de todos. Como todos lo eran allí.

Todos... todos hemos hecho... nuestra parte... -Repliqué a Ivar, casi sin aliento, inclinándome para desprenderme del yelmo con una mano, mientras la otra apoyaba brevemente la punta de mi bastarda en el suelo- Y todos hemos... salido... -Finalmente, logré quitarme aquel casco, y alzándome de nuevo inspiré profundamente, una bocanada semejante a la del ahogado que logra salir del agua para recuperar la vida. Parpadeé unos instantes, recuperando la compostura, y me permití sonreír- ...victoriosos.

Aquella sonrisa no duró demasiado. No creía en la vanidad de regocijarse en la victoria más de la cuenta. Y tampoco podía evitar pensar en la desgracia en que todo aquello podría haber terminado, si no hubiéramos obrado a tiempo, si las cosas se hubieran desarrollado de otro modo. Podría haber sido un absoluto desastre, una carnicería, y todos aquellos inocentes habrían pagado las consecuencias. No, no merecíamos celebrar la victoria, pues aquella victoria era justo lo que debía pasar, era nuestro deber, mi deber.

Con pesadez, caminé rodeando al gigante hacia el exterior. Al pisar la fina nieve y ver mis pies hundirse en ella, posé una mano en el hombro de Luelar, asintiendo agradecido por su ayuda, y di unos pasos más hasta clavar la espada en el suelo, y mis rodillas en la nieve frente a ella. Uní mis manos sin mangas, y agaché mi cabeza sin capucha, imposibilitado para cumplir con los preceptos de mi fe y oré al menos en el silencio debido, una oración tan corta como la urgencia apremiaba, antes de inclinar mi rostro y besar el punto exacto en que se unían las dos partes de aquella cruz simulada que la espada invertida formaba ante mí.

"Gracias, Salvador, por permitirme seguir intentándolo"

Entonces me puse en pie, colocándome el casco de nuevo, y tomé mi espada. Aquello aún no había terminado.

Cargando editor
29/12/2019, 23:51
* Juglar *

En efecto, buenas gentes, este humilde juglar no es dado al dramatismo exacerbado, ni quiero agobiar a mis espectadores con temores infundados. Pero lo cierto es que, si bien aquel peligro en concreto había sido derrotado, nuestros protagonistas y aquellos a su cargo estaban lejos de encontrarse a salvo, fuera de todo riesgo. Muy al contrario, y ellos eran bien conscientes, continuaban en lo que sólo podía denominarse como territorio hostil.

Nuestra buena marinera se encaminó a la cocina, dispuesta a comprobar el estado de aquellos que faltaban a su vista. Sin embargo, no sólo le resultó imposible hacerlo, sino que pronto comprobaría que no era necesario. La puerta de aquella cocina se llenó rápidamente con todas las gentes de aquella posada, haciendo inviable la ruta, y demostrando que cualquier preocupación por ninguno de los inocentes del lugar era fundada. Todos y cada uno de ellos se quedaba pasmado, observando aquel inmenso cadáver y a aquellos que le habían derrotado definitivamente, y sin embargo fue tan sólo uno de ellos quien rompió el silencio.

Que me aspen... -Dijo Fein, más dejando salir sus pensamientos que por necesidad- De modo que era verdad. Ya lo creía, pero no es lo mismo verlo con los ojos propios, ya me entendéis.

Yo... debería haber ayudado. -Se quejó Eoniss, sosteniendo su arco en la mano con evidente pudor. Su mano se cerraba con fuerza, fruto de la impotencia- Un arquero más nunca sobra.

No digas sandeces, niña. -Le replicó su padre, Eohonn, gruñendo- No aciertas a un venado a diez pasos quedándose quieto, ¿qué pintas tú en medio de una contienda así?

Y ahora, mis señores... -Intervino Irdon, el dueño del local, limpiándose las manos en su mandil de puro nerviosismo- ¿...qué hacemos? ¿Cuál es el siguiente paso? ¿Debemos partir, como se dijo anoche, o ha cambiado algo?

Los rostros de todos fueron cruzando sus miradas, expectantes, aguardando como ovejas a que el perro las organizase en un rebaño homogéneo al que no pudiera acceder el lobo. Sin ánimo de ofender a nadie, tal es la naturaleza de las gentes sencillas, temerosas de los peligros del mundo, que precisan dirección y seguridad de hombres más importantes.

Por fortuna para ellos, como se acababa de demostrar, estaban en compañía de héroes.

Cargando editor
02/01/2020, 12:52
Luelar Tyrundlin

Tras dar gracias a Izz, presencié desde la distancia cómo Ivar menospreciaba su actuación y nos preguntaba si estábamos bien. Respondí con un simple asentimiento de cabeza, que ni siquiera estaba segura de que el viejo fuera a percibir, agradeciendo que fuera el caballero quien respondiera a aquellas primeras palabras del explorador.

Les observaba desde aquel rincón algo apartado que me había buscado, creyendo por un momento al ver caminar a Tyron que se dirigía hacia mí. Me puse algo nerviosa, y aparté mi mirada, observándole de reojo al sentir su mano sobre mi hombro; viendo entonces cómo asentía, y dedicándole una media sonrisa en respuesta.

Fue tras ello cuando me di cuenta de que solo había sido un pequeño alto en el camino de caballero, quien al parecer se disponía a orar a su dios. Me pregunté si tanta oración era común entre los Caballeros de Stumlad, o si acaso Tyron había confundido su vocación. En cualquier caso, podía comprender aquella necesidad, aunque no compartiéramos las mismas creencias; algo ante lo que comenzaba a sentirme incómoda, por lo que ello podía significar.

Me calé aún más la capucha, obligándome a dejar de mirarle, y puse mi atención en el interior de la cabaña, percatándome de que Dhorne ni siquiera había podido atravesar la puerta de la cocina; habiendo sido esta copada por las gentes que protegíamos. Escuché las palabras de quienes se pronunciaron con escaso interés, hasta que oí al cornudo de Irdon hablar sobre nuestro siguiente paso.

Al ver cómo aquellos humanos se miraban los unos a los otros, sin al parecer intención de pronunciarse sobre qué hacer, sentí cierta satisfacción. No era sólo el posadero quien aguardaba nuestras instrucciones, parecían depender de nosotros, estar dispuestos a lo que fuera que les encomendáramos. Qué fácil hubiera sido darle una alegría a la Dama de la Oscuridad de encontrarme con otro tipo de “aliados”. Pero no, ni eran las circunstancias propicias, ni el mejor camino. Ni para Izz, ni para mí.

- Creo que deberíamos continuar con el camino marcado. - dije dando un paso al frente, saliendo de la sombra en la que me había refugiado, aunque mi capucha continuaba ocultando mi mirada. - Ha quedado patente que este lugar no es seguro, y en esa torre correréis menos peligro. - comenté en general, antes de mirar a quienes también habían combatido al gigante. - Además, deberíamos hablar con los monjes y revisar los escritos del templo, puede que obtengamos alguna información de utilidad. - añadí, esperando tras ello conocer sus impresiones.

Me envolví en mi capa mientras aguardaba, sintiendo cada vez más el frío que hacía en aquel lugar, y que había parecido desaparecer durante la contienda.

Cargando editor
07/01/2020, 17:02
Dhorne

Aún sintiendo el álgido latir de este corazón que no comprende de momentáneas victorias, cuando el camino se enmarca de tan diversas batallas que aún se están por librar, mis pasos hacía la cocina se vieron cortados por la presencia de quienes, tan sorprendidos como yo misma pudiese estar, observan el desenlace de lo ocurrido durante lo que jamás sabré si duró unos escasos minutos o si por el contrario, transcurrió durante horas. Pero aunque cierto alivio es capaz de reflejarse en mi rostro, donde incluso una tímida sonrisa se atreve a aflorar ante las palabras de quienes en esta contienda han sido mis compañeros, en mi interior, el miedo y el desconcierto siguen latentes y enraizándose con cada vez más fuerza, dejando entre mis labios una sensación de desasosiego que sé, difícilmente seré algún día, capaz de quitarme del cuerpo. 

Pero aunque mantengo todo este sentir resguardado entre los silencios de mi interior, ahí donde también se guardan otros sentires, esperando calmos a poder ser liberados, mi rostro no tuvo la menor reticencia al mostrar cierto halo de sorpresa ante, no solo la pregunta que aquellas buenas personas hacían, sino que también, la respuesta que la misma Luelar ofrecía, mientras Ivar recogía sus flechas y Tyron visiblemente, oraba a su dios a saber si en busca de guía, o de mero agradecimiento. Y es que es ante las palabras de la elfa oscura, que recuerdo aquello que por mera necesidad así como por empatía había olvidado con suma rapidez, cuestiones que de ahora en más, sé, deben marcar mi camino aunque ahora mismo, ni yo sé hacia donde me dirigirá. 

¿Qué torre? - Pregunto al girar mi rostro hacia Luelar, comprobando así que su rostro yacía oculto tras la espesura de su capucha. Y es que sin saber hacia donde tenían pensado dirigirse, más allá claro está, de lo que en su momento el caballero me había podido explicar, no deja de serme llamativo que estas personas, las cuales parecían moradoras de estas frías tierras, prefiriesen ser guiadas por quienes habían llegado aquí siguiendo su propio camino, en vez de tomar ellos mismos la iniciativa del camino a tomar. Pero ¿Quién soy yo para dudar de sus decisiones? Aquello en otros momentos, me habría sacado la más sincera de las sonrisas pero no ahora, no cuando tras pasado el más inminente de los peligros, toca volver a una realidad que se muestra tan o más dura que la recientemente vivida, a una realidad que aunque no sabía como afrontarla, tengo por seguro que como todo lo que debe estar por pasar, será inevitable. 

Cargando editor
08/01/2020, 10:57
Ivar el Cuervo

Destruida la muerte encarnada, al menos en uno de sus avatares, no nos queda ya más remedio que tratar de alcanzar la torre y quizás, con suerte, poder encontrar en ella un lugar seguro para estas gentes. Así que lo mejor será organizarse y partir lo antes posible. Aunque no le vendrá mal al caballero tomarse unos minutos para recuperar el aliento.

-Escuchad todos por favor, en diez minutos nos pondremos en marcha hacia la torre de Korth que habita en estas tierras. Esperamos que sus muros y la devoción de los sacerdotes que en ella viven, sean más que suficientes como para mantener alejados a los muertos.

Recuerdo haber pasado una o dos veces por aquellas tierras, pero jamás tan cerca de la torre como para haberla visto con mis propios ojos. No es bueno perturbar a los dioses ni a sus devotos, eso siempre trae mala suerte y montones de problemas, pero ahora puede que sea nuestra única opción de supervivencia.

-Disponéis de diez minutos para recoger vuestro equipo. Cargad tan solo con lo estrictamente necesario, eso significa que llevéis ropa de abrigo, algún arma para defenderos, antorchas y víveres. Todo el peso de más que carguéis, os hará ir más lentos y agotará vuestras fuerzas rápidamente. Ya habéis visto el peligro que acecha en la nieve, así que dejad atrás todo lo que no sea necesario para la supervivencia. 

Espero que esos pocos minutos ayuden a que todos nos centremos, Tyron recupere algo de fuerzas y en especial, a que todos los allí presentes evalúen bien su equipo de viaje. Sé lo difícil que puede resultar dejar atrás posesiones personales de gran valor, pero cuando corres el riesgo de perder la vida, te acabas dando cuenta de que es mejor lamentar la perdida de un montón de objetos a que la tierra se alimente con tu cadáver.

Tras recoger yo mismo mi mochila de viaje, me reúno con mis compañeros para decidir la forma en la que avanzaremos y en especial, para hablarle a Dhorne de la torre.

-Nuestra intención es acudir a la torre tanto por el refugio que nos puede otorgar, como por los escritos que allí puedan tener. Quizás tengan conocimiento de donde puede haber salido este ejército o cómo puede ser detenido. Es una esperanza fugaz, pero es lo único que tenemos mientras permanezcamos en estas tierras. Además la torre puede otorgarnos cierta protección, siempre y cuando no dispongan de muchos más gigantes entre las filas de los no muertos. Dicho esto, propongo que Luelar y yo vayamos en cabeza. Sus agudos sentidos y rapidez, unidos a mis conocimientos de estas tierras deberían de llevarnos a la torre por el mejor camino y de la forma más sencilla. Vosotros dos, deberíais de cerrar la marcha, algunos de los aquí presentes no podrán moverse con soltura y así podréis vigilar que nadie se queda atrás. Por no mencionar, que al avanzar a un ritmo mas lento, podréis conservar mejor vuestras fuerzas.

Cargando editor
09/01/2020, 10:31
Tyron Stark

Traté de asegurar los correajes de mi armadura, más por costumbre aprendida y repetida que por verídica necesidad. La habíamos puesto con cierta premura, pero merced a la ayuda de Luelar no había sido una disposición tan apresurada para que ésta hubiera cedido durante el combate. Lejos de ello, como pude comprobar, todo estaba correctamente situado y asegurado, y el yelmo quedó también convenientemente aferrado a mi cabeza tras mis rezos.

Éstos me habían concedido un alivio necesario, tanto para mi cuerpo como para mi alma. Unos instantes de reposo absoluto, preciso para recuperar el resuello. Y unos instantes para hacer las paces conmigo mismo y con mi dios, sabedor de que existía la posibilidad de reunirme pronto con él en el otro mundo, el momento en que sería juzgado por mis faltas y mis aciertos. Desconocía cómo sería juzgado por todo ello, pero en mi ánimo mis faltas, por más aciertos que acumulase, siempre pesaban más. En cada rezo, veía siempre los mismos rostros, y mi misma debilidad.

Pero no había ya más tiempo para descansar ni limpiar el alma, era hora de ponerse en marcha. Aquellas buenas gentes precisaban de nosotros para sobrevivir, y a fe mía que no sería sencillo. Ellos mismos, como ovejas asustadas ante el aullido de los lobos, buscaban nuestra protección como la de los mastines en que debíamos convertirnos. Salvaguarda de los inocentes. El escudo de los hombres.

Ya lo habéis oído. -Indiqué accediendo de nuevo a la posada, a lo que quedaba de ella, para recoger mi mochila abandonada durante el combate. Miré con severidad a aquellos hombres y mujeres, haciendo mías las instrucciones que Ivar acababa de sabiamente impartir. Diez minutos, todo el equipo que fuéramos capaces de cargar sin excesos. Él y Luelar delante y Dhorne y yo detrás, con el grupo entre medias.

¿Lo lograríamos? Si el destino o los dioses nos lo negaban, no sería por abandono alguno de nuestra parte.

Notas de juego

Con esto, damos por finalizada la Escena 4. Continuaremos en la Escena 5.