La situación no podía ser más tensa. La calma que impregnaba aquella parte del bosque se podía cortar con un cuchillo. Ante la llegada de Beatriz, el grupo pareció volver a dividirse entre lo más prudentes, que eran Xoan y Bea, quedándose a resguardo del bosque, y Iago y Rodrigo, más temerarios, intentando bordear la compañía. Tarea nada fácil por cierto.
Fueron estos dos intentando no ser vistos, fijando sus miradas en aquellas ropas que ocultaban sabe dios qué, y que mantenían en alto las diversas antorchas, cuando los inmóviles seres, comenzaron a andar, rodeando la cabaña y volviendo al camino, deshaciéndolo.
Una de las figuras, antes de empezar a andar, giró momentáneamente su cuello y miró finamente a los dos temerarios del grupo, para luego incorporarse a la marcha, que ya comenzaba.
Al igual que llegaron, se fueron.
PD: La comitiva no tiene en vista detenerse ahora mismo, tanto podéis quedaros como seguirla. Si me especificáis esto en un breve post (simplemente, me quedo o los sigo), os describo un poco más la escena que corresponda, si no, podéis asumir que si os queréis quedar estáis ante la cabaña sin compañía, o si queréis seguir a la comitiva, pues sabed que deshará el camino, así que, al menos hasta donde sabéis por la narración que va a pasar, podéis actuar sin problema.
Beatriz había oído muchas paparruchadas a cerca de la Alegre Compaña. Ella pensaba que eran cuentos para asustar a los críos, y muchas veces, visto lo visto, a los no tan críos, que ignorantes en el mundo había demasiados, aunque no fuera un pecado capital serlo.
Estaba junto a Xoan, y decididamente, no entendía que estaban haciendo Fray Iago y Rodrigo.
Xoan, que narices están haciendo? por qué no os habéis ceñido al plan?
Bueno, mira... Los cuentos y leyendas, en los cuales ya sabes que no creo, dicen que si te cruzas con la Alegre Compaña, te ves impulsado a seguirla eternamente hasta que otro se una después, o algo así... Yo no veo que ninguno de vosotros esté uniéndose a la retahíla de luces de antorcha.
Sinceramente, creo que son desalmados que saben jugar con las sobras y las luces, lo cual no quiere decir que no sean peligrosos, pero soy del pensamiento que una cuarta de acero les haría mas mal que una rociada de agua bendita, sinceramente...
Beatriz, era una mujer de carácter y de tomar decisiones. No se la conocía precisamente por ser una mujer taimada y timorata. Ya que sus dos compañeros habían realizado un órdago, ella decidió averiguar si realmente eran una Compaña o una farsa.
Tomó una piedra, piña, castaña o cualquier cosa que el santo bosque le proporcionara.
Xoan, voy a lanzarle esto al último de esa fila, y si grita ES QUE NI COMPAÑA NI ALEGRE.
Ojalá tuviera la puntería de Jacinto... el pastor...
Doy unos instantes para que Xoan pueda reaccionar a la acción de Beatriz, por eso no realizo tirada de dados aun.
Algo había detenido a la compaña, tras llegar a la cabaña no tardaron en dar la vuelta y deshacer el camino, parte del cual ya conocían. Uno de ellos vio a Fray Iago y a Rodrigo, cosa nada difícil dado que estos trataban de dar la vuelta a la casa, más nada hizo. Aun estaba pensando en como proceder cuando Beatriz, dijo de tirar una piedra.
Agarró rápido su mano, mientras le decía en voz baja: -¡Quieta Betariz! No son personas, no sabemos lo que podrían hacernos si les molestamos.- Y le indico que mirase como no había nada bajo aquellas capuchas, tal vez huesos, pero desde luego, si ponía cierta atención ella también podría ver que no eran personas, excepto la niña.-
-Parece que regresan por el mismo sitio, tal vez podamos investigar esta cabaña, no me resulta conocida.- Podría ser de leñadores, que se hubiese levantado tras su partida a la guerra.
Xoan trata de ver si hay alguien en la casa, si esta la puerta abierta, también miraría dentro, detrás de llamar a la puerta.
Al igual que vino, la comitiva, con Catuxiña a la cabeza, desapareció por el mismo camino. No dejó aquel claro indiferente, sin duda.
Beatriz llegando al grupo e intentando tomar acción se vio impedida de hacer lo que resolvía por su compañero, Xoan el prudente, que se le podría llamar.
Lo extraño de la estampa era ver al soldado, Rodrigo, paralizado, un poco más adelante de Xoan, castañeando sus dientes. Su cara se podía observar desencajada y palidecida. Y al otro lado del camino, ya apoyado contra la cabaña, se podía ver en tesitura similar al franciscano, que temblaba por sus piernas, y apoyado contra la cabaña parecía aquejarse de náuseas u arcadas.
Aquel pequeño encuentro sin duda había sido bien extraño para todos, pues salvo Xoan, que se mantuvo siempre a la espectativa siendo el menos impulsivo y más espectante, acabaron haciendo lo contrario a lo que hubiera pensado.
Beatriz acabó por salir del escondite, y pese a querer tirar una piña, la mano fuerte del arriero la detuvo.
El padre franciscano, cuya valentía se frenó en seco con las arcadas que notaba.
El soldado, que en un primer momento quiso salir tras del sacerdote, se vio frenado en seco, y castañeando sus dientes.
El grupo volvía a estar reunido, pero sin duda aquel claro no era el mismo. Como quien no se ha dado cuenta del estado de los demás por estar absorto en una sola cosa. Xoan se acercó a la cabaña, con tientos de entrar educadamente. Muy despacio e dispuso a llamar a la puerta, pero antes de que esta acción se llevase a cabo, la puerta se abrió sola y una voz aguda respondió suavemente:
-Pasad...pasad...si queréis.
Perdona Rodrigo, la culpa fue mía, que no sé por qué interpreté que salías detrás de Iago cuando está bien claro que no. Intenté corregirlo en este post como que haces el amago de salir, avanzando un poco, pero finalmente te quedas sin cruzar a donde el fraile. El post privado que te puse sigue siendo válido, solo que del otro lado del camino.
Podéis ya postear para todos.
Una vez que la Santa Compaña se marchó, seguí allí plantado, temblando de miedo. Los pantalones calientes por el meado recién hecho. Había visto cosas inimaginables en mi vida, pero la visión de lo que había debajo de la capucha de ese ente era diferente a todo...
Los demás empezaron a moverse. Xoan se dirigió a la cabaña, pero antes de llegar a la puerta, esta se abrió sola. Una voz salió del interior de la cabaña, invitándonos a entrar. ¿Más seres espectrales? Poco a poco empecé a moverme hacia la construcción, con mucha indecisión y miedo.
No pasa nada, no te preocupes.
Pero que demonios haces, Xoan? Suéltame el brazo!!!
Que narices os está pasando a todos? Valientes soldados del Tercio... Allí estaba esa niña.
Vinimos a investigar y salisteis sin seguir el plan. Luego, cada uno por su lado y además habéis dejado que la niña vuelva a desaparecer...
Beatriz estaba realmente enfurecida.
Pesará sobre vuestras cabezas la vida de esa niña...
Los tres hombres se fueron acercando a la cabaña, sin hacerle mucho caso a Beatriz... ésta, aun con la piña en la mano y levantada, andando sin ningún tipo de precaución, por medio del bosque detrás de Xoan.
De pronto la puerta de la cabaña se abrió y una voz les invitó a cruzarla...
Ni Alegre Compaña ni que ocho cuartos, iba murmurando la curandera...
Ohhh, vaya, empezad a correr que la Bruixa os va a guisar en su caldero!!!!
Vio tanto a Iago como a Rodrigo muy afectados, el también se había dado un buen susto al comprobar que aquello no eran hombres, sino muertos o espíritus. Y Beatriz no parecía haberse dado cuenta de lo cerca que habían estado de algo que no era de este mundo.
-Beatriz nosotros hemos seguido el plan, nos hemos acercado y hemos investigado ya que allí escondidos no parecía que fuéramos a enterarnos de nada. Y esos no eran hombres, ni mucho menos. Así que poco o nada podíamos hacer por la niña.- Pero no pudo alargarse mas en explicaciones, ya que tras llamar a la puerta esta se abrió y una voz les invitó a pasar.
No sabía quien podía vivir allí, y miedo le daba lo que pudiera encontrar dentro de la casa, pero tenía muy claro que debía entrar y ver de quien o que se trataba, ya que tenía alguna relación tanto con la Santa Compaña como con Catuxiña.
Así que reuniendo el escaso valor que aun le quedaba, movió primero un pie y luego otro hasta entrar en la cabaña.
-¡Buenas noches! Venimos del cercano pueblo. ¿Quién es usted?- Dijo cuando aun no había visto lo que había allí dentro.
Veis como Xoan entra en la casa, temeroso, andando a pocos y con cierto temblor de rodillas. Aún así, junta el valor para entrar.
No se ve lo que pasa dentro, pero si se escucha, las paredes, en lugar de madera, parecen de papel por lo bien que se escucha.
Tras la pregunta del arriero, pasan unos segundos de silencio y finalmente se escucha:
¿Y bien Xoan, por qué habéis venido a mi casa?
Beatriz cansada de tanto misterio, y ante una voz clara, y que además parecía conocer a Xoan, decidió entrar sin muchos miramientos.
Pero que demonios pasa aquí!!!
Quien está ahí que te conoce, Xoan?
Beatriz al cruzar el umbral dio un rápido vistazo a su alrededor. La cabaña no era tan grande como para no controlarla de un vistazo.
Que cuentos son esos de que anda por aquí la Alegre Compaña, y si es así, cosa que dudo fervientemente, porqué el dueño de esta choza, no ha sido abducido?, las leyendas, para asustar a niños, no hablan de que la Alegre Compaña elige a sus víctimas.
Que sabes tu del "secuestro" de la niña?
Beatriz no estaba de humor, y tenía claro que si era necesaria la amenaza la usaría en la medida de sus posibilidades. El fuego siempre hacía de buen catalizador, daba igual si fuera en el frente de batalla, o en una reunión de majaderos.
Es lo que tiene ser una descreída, y haber jurado que encontraría a la niña. Y tras verla y no hacer nada nadie, el fuego de la ira le está saliendo de los ojos...
Me acerqué despacio a la cabaña. Las piernas iban a su ritmo, lentas, como abotargadas. Aún tenía el miedo en el cuerpo y el olor a meado iba subiendo con fuerza hasta mis fosas nasales. Quería irme de allí enseguida, pero el ver a los demás entrar en la cabaña me animó a desechar tal idea. Nunca había perdido el control así, y no sabía cómo reaccionaría la próxima vez que viera otra cosa parecida. Tal vez la siguiente vez perdería la cabeza y la locura se instalaría en mi. Cuando llegué a la puerta, asomé la cabeza dentro. Parecía que Xoan conocía a la persona que allí se encontraba.
Xoan se quedo parado, no entendía como podía conocer su nombre, ya que el no sabía de quien podía tratarse. Y mucho menos que era lo que estaba haciendo allí, sola en una cabaña en mitad del bosque.
-¿Quién es usted? ¿Cómo es que me conoce?- Fueron las palabras que con gran esfuerzo logro pronunciar, tras calmarse un poco y con la sensación de que el corazón se le iba a salir por la boca.
También escucho a Beatriz, por lo que parecía que no le dejarían solo, cosa que también le tranquilizo un poco. Aun así, todo aquella noche estaba resultando muy extraño, muchas cosas imposibles rodeadas de grandes misterios.
El fraile rodeó la cabaña buscando una ventana por la que asomarse o una puerta trasera por la que poder husmear sin ser visto, pero no la encontró. Entonces escuchó voces, alguien desconocido, y luego Beatriz y Xoan hablando con él. Apoyándose sobre su cayado avanzaba despacio, con precaución por lo que pudiera encontrar, todavía tenía el susto en el cuerpo y el sabor amargo del vómito en la boca. Dios le había abandonado y eso le producía una sensación de pesadumbre como jamás antes había sentido.
Llegó hasta la puerta principal donde estaba el resto del grupo, se asomó por la puerta junto a su amigo Rodrigo, conteniendo la respiración, necesita ver y escuchar mejor lo que allí estaba pasando.
¿Quién vivirá aquí? ¿desde cuando existe este lugar? dudas y curiosidad, miedo y congoja, así se sentía.