Partida Rol por web

Siqua sine socio, caret omni gaudio

La Taberna de Irati

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12/06/2014, 12:54
Íñigo Garcés

- El viaje sólo serán un par de días. Habéis de tomar el Camino Real en dirección Norte desde Pamplona durante casi todo el primer día, os tenéis que salir cuando veáis los montes vascos y de allí hasta Oderiz, luego desde allí más al norte hasta llegar a Aralar en lo alto de la montaña - los que conocéis la zona asentís. El camino es tal y como lo ha contado el notable del Reino.

- Mi Juan comandará los hombres de su Majestad - dice señalando al veterano de la espada que había sido el más expeditivo con los parroquianos, un hombre curtido en duras luchas sin duda-y él sabe perfectamente de los caminos de todo este Reino, así que nada habréis de temer en ese sentido.

Una última cosa, el pago es tan bueno por una razón muy sencilla -había visto ciertas dudas en algunos -porque compramos vuestro silencio. Todo lo relacionado con la persona a quién habéis de rescatar y sus circunstancias, han de ser olvidadas para siempre. ¿Queda claro? si me entero de que alguno se ha ido de la lengua iré yo mismo a hacerme un caldo con sus cojones.

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12/06/2014, 13:01
Director

Notas de juego

Tienes que ponerte la ficha en tu retrato para que pueda acceder a ella fácilmente. Póntela en el apartado "ficha" y la historia en el apartado "historia".

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12/06/2014, 13:07
Mikel Ramírez

Se tornaba la cosa a peor por momentos. Si antes me había parecido un pago excesivo para unos muertos de hambre, las últimas palabras de don Íñigo me hicieron ver lo evidente: Cualquiera suficientemente "avispado" sabe que el sonante solo compra el silencio un tiempo, y es la muerte quien lo compra definitivamente...

Simplemente asentí a cada palabra pronunciada por el noble y me mantuve a la espera, notablemente turbado, de la señal para ponernos en marcha.

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12/06/2014, 13:28
Juan Entralgo

El hedor de aquel asunto empezaba a ser ya insoportable. Comprar nuestro silencio significa que el tal Carlos era alguien imprescindible, alguien importante, heredero de una gran casa o quién sabe si incluso de la corona. En cualquier caso, alguien que debía guardar tan bien sus escarceos de alcoba y podía permitirse pagarlos, era alguien jodidamente influyente en todo el reino.

En cualquier caso, lo mismo que los vómitos y demás mugre que adornaban el suelo me importaban a mí los secretos de las grandes casas de la nobleza, y con quién follaran. Por mí como si participaban todos en orgías practicándole el beso negro al mismo Satanás, que lo que me importaba era el contante que entrara a mi bolsillo y que me dejaran en paz después de aquello para gastarlo agusto.

Asentí en silencio, pues como había demostrado hasta ahora, no soy hombre de muchas palabras. Mi papel en aquella misión era descabezar a la bruja (de la que, seamos sinceros, era temeroso, pues muchas leyendas había escuchado sobre las mismas, et temer era lo mínimo) y salir por piernas.

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13/06/2014, 04:18
Alfonso de Traba Henriques

¿Brujas? Sirenas vale, animales marinos legendarios, vale, el calamar gigante, vale, pero... ¿Brujas? ¿En serio?

Alfonso se quedó un poco sorprendido que aquel hombre que parecía ser inteligente creyera en ese tipo de absurdas supersticiones. Estaba claro que habría una explicación más racional a todo aquello, pero realmente tampoco le interesaba mucho. Si el señor creía que había sido secuestrado por una arpía, pues para Alfonso así habría sido. ¿Acaso era trabajo de él hacerle comprender la realidad del asunto? No. Y como no lo era, pues lo único que tendría que hacer era cumplir con su obligación. Ir, llegar, encontrar al tipo y devolvérselo de vuelta. Total, mejor que ahí, no iba a estar en ningún sitio. ¡Y ya de paso se llevaba unos cuantos maravedíes que buena falta le hacían!

Lo que estaba claro es que si ofrecía tanto era por algo. Fueran brujas o no, el peligro estaba más que asegurado, y mucho más aún cuando había decidido dejar a sus seguidores a parte de todo el asunto. Estaba claro que no iba a ser nada sencillo.

Y entonces Alfonso se planteó que quizá aquel hombre lo que estaba tratando de hacer era de engañarles, o de incluso mandarles a una muerte segura. Quizá perteneciese a la familia de marineros a la que habia saqueado y sus intenciones eran deshacerse de él, pero ¿qué pintaban entonces el resto en aquella historia? Fuera lo que fuera no le quedaría más remedio que comprobarlo. Y si estaba prevenido, mucho mejor.

Cuando terminó de hablar Garcés asintió convencido. Así que un pago por nuestro silencio. Ya claro. Nos manda a vete a saber dónde y encima sin que se lo digamos a nadie. Aquello olía a chamusquina, pero no sería Alfonso quien lanzase la duda.

Entendido. Partiremos al alba. Dijo De Traba. No tenía nada más que aportar a aquella conversación, al menos no de momento y delante de todos aquellos aliados de Garcés.

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16/06/2014, 12:09
Íñigo Garcés

- Trabajar para la Corte tiene sus ventajas -dijo levantándose -esta taberna es vuestra por esta noche, así que habéis de procuraros mucho vino y comida, pues mañana necesitaréis fuerzas para el camino y el día después de mañana también y hasta ahí sé. Pero... ¿quién sabe? es posible que no comáis tan bien en mucho tiempo -lanzó una moneda de oro a Irati el cual casi se cae de espaldas al saltar a recogerla -esto cubrirá todos los gastos de estos hombres para esta noche y provisiones para el viaje.

Y compañía femenina por descontado.

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16/06/2014, 12:12
Director

Los hombres de armas salieron y detrás el Noble. Algo os decía que la taberna no volvería  a llenarse y que era muy posible que hubiesen dejado vigilancia "por vuestra seguridad".

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16/06/2014, 12:18
Juan Entralgo

Agradecí desde luego el pago, del que buen gasto hice posteriormente. Sabía que aquel asunto no tenía pinta de acabar terminando bien para nosotros, bien porque la bruja nos podía matar (y si no ella, su aprendiz, o incluso el propio Carlos, si es que piensa con la polla tanto como parecía por su historia), bien porque fuéramos asaltados por el camino (aunque eso lo dudaba más, que ya estaba yo curtido en los asuntos de asaltar en los caminos) o bien porque de verdad quisieran comprar nuestros silencios como se suelen comprar los mismos: con un filo de metal desgarrando el gaznate, y un grito  ahogado en un gorgoteo de sangre.

Pero, saliera bien o mal, aquella noche quise celebrarlo, bien fuera una forma de cobrarme la recompensa antes de pagarlo con la muerte, o bien como un simple anticipo de lo que podría disfrutar una vez terminase aquella empresa. Y sin pensarlo más agarré a un par de mozas por las caderas para sentarlas sobre mi regazo (sin siquiera fijarme en ellas, que lo mismo me daba una que otra para lo que las quería), mientras gritaba obscenidades y pedía vino y conejo, aunque no especifiqué qué tipo de conejo. Pensaba degustar los dos aquella noche.

Como digo, quise olvidar el asunto, al menos por aquell anoche, y me aparté de los hombres que habían dado el paso al frente y fueron elegidos. Ya tendría tiempo de conocer a los tipos que me acompañaban y de planificar y hablar sobre la bruja al amanecer, que en ese momento yo sólo quería saber sobre una cosa. Bueno, más de una en realidad.

El vino empezó a hacerme efecto tras las muchas copas que degusté, y las magreos con las mozas cada vez era más y más obscenos como para continuar en público, por lo que no tardé en retirarme a una de las habitaciones que gustosamete nos había pagado el tal Íñigo para rematar la faena. Como una bestia. Poco me importaban la suciedad y el hedor del local, de las sábanas e incluso de las putas. El último... O el primero de muchos que estaban por venir.

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17/06/2014, 21:44
Mikel Ramírez

─¡Vamos Irati! ¡ya habedes oído al noble! ¡non me seáis rácano! ¡¿onde están esas fulanas?!.

...Y sucumbí en una espiral de lujuria y desenfreno. Carne y sexo a raudales, pero me contuve con la bebida, pues quería andar fresco para lo que pudiera acontecer de ahora en adelante, pues sabía yo que no sería nada bonito o fácil...

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18/06/2014, 04:51
Alfonso de Traba Henriques

Alfonso vio el brillo de la moneda de oro y los ojos por poco se le salen de las cuencas. ¡Tenían barra libre y eso era algo fantástico! Lejos de querer conocer a sus compañeros de desventuras, se movió por la taberna en busca de la ramera más hermosa de todas. No quería ser de esos que escogieran a dos y que no supieran hacer nada con ninguna. A Alfonso le gustaba dar placer y recibirlo por ello, y no le importaba que a aquella mujer todo le diera igual. Si se acostaba con él, ella jamás lo olvidaría.

Y así lo hizo, en cuanto vio a la mujer más hermosa, una de cabellos rojizos y ojos del color del mar, la acompañó hasta una de las mesas que había junto al fuego y pidió algo de comida para ella también. Colocó su mesa frente a la hoguera y a ella a su lado. Estuvieron charlando un buen rato, mientras comía lo mejor que tenía Irati en la taberna. También bebieron el mejor vino, pero no en exceso. Alfonso era un hombre de placeres, pero no de excesos, porque sabía que estos últimos siempre mataban a los que mayor gula poseían. Así que, sin pasarse de la raya, decidió comer hasta estar lleno, beber hasta estar saciado, y ... hasta no poder más.

Para cuando terminó que quedó tan dormido que por poco no fue capaz de despertarse para desempeñar aquella misión. La misión que seguramente les costaría la vida...

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18/06/2014, 09:50
Director

Una buena algarada montásteis. Casi una docena  de putas fueron invitadas a vuestra fiesta privada, el vino corrió a raudales. Irati os asó un pollo grande y se sacó de la manga fruta dulce y compota, queso de cabra, pan tierno y un poco de cerveza.

Las putas comieron y bebieron casi más que vosotros y al final casi todos acabaron sucumbiendo a sus encantos. Teníais las cuatro habitaciones comunales y una privada para vosotros solos, así que montásteis una buena. Hasta bien entrada la noche no acabó el tumulto.

A primera hora llamaron a la puerta con vehemencia. Alguno se sobresaltó, pero la mayoría podía haber estado en medio de una batalla sin despertarse. Al final varios soldados entraron y lanzaron cubos de agua a los más perezosos. Todos formásteis ante la puerta de la taberna y vísteis a los veinte que iban a ir tras vuestros pasos. Conocíais el camino así que os pusísteis en marcha. El tal Juan era un cabrón duro y hacía que te cagases en los pantalones sólo con verle.

Notas de juego

Con Juan me refiero al jefe de los soldados.

Escena cerrada.