Partida Rol por web

Tierras Fronterizas IV - El ascenso de la Reina de Invierno

EPÍLOGO

Cargando editor
15/04/2026, 10:16
Narrador

La Segunda Caída de Daumfarganë

Los acontecimientos ocurridos en lo profundo de las montañas del Norte del Valle del Pico Dentado no habrían de trascender con rapidez al mundo de los hombres, pues no quedó de ellos más testimonio que el de los cuatro héroes que habían participado en ellos, si bien, una vez entre los enanos Khazâd de Gloin Hachazul, el sabio Gunurig Tzú, Svarog, confirmó tras una meditación de tres días que había podido sentir la herida que se había formado en las entrañas de la tierra, y cómo esta, al hundirse, había sepultado un terrible poder latente.

Se confirmaba de aquel modo, o así lo dieron por bueno los enanos Khazâd, que la obra de aquellos aventureros iba mucho más allá de lo que en un principio podría haberse pensado, y, aceptando el relato de los hechos que hizo la ingeniera puertolibreña Camille Florentine Barei, contaron esta historia a quienes les visitaron en los años venideros, y esta prendió entre las comunidades enanas, y se fue extendiendo después entre los mercaderes Antíocos que les visitaban, y, finalmente, años más tarde, se tornó en leyenda, aunque muchos eran los que no daban crédito a la misma, o la consideraban una exageración.

También creció aquella historia entre las tribus de los qamur, que recibirían, meses más tarde del acontecimiento, al pródigo guerrero Scirocco, de la Tribu Huracanada, el cuál mostró las bendiciones de Ysenia, y fue recibido por los chamanes de su tribu con gran veneración por ellas, y escuchado en cuanto contó acerca de la batalla contra un monstruoso dragón-esqueleto, al cuál había vencido acompañado de valerosos héroes de otros pueblos. Contó mil veces el cuento a su Ráshaba, y fue escuchado por la misma Halanaestra, la sabia elfa que aconsejaba a su pueblo, validando ella sus palabras, y comprendiendo así que la historia sobre aquel dragón, destructor del gran reino élfico de Elendulë que daba nombre al mundo, era en verdad cierta, y que una destrucción sin precedentes había sido evitada. No sería fácil que otras tribus qamur creyesen las palabras de aquel guerrero. Mas Scirocco habría de revalidar su leyenda, en los años que vendrían después, en las frecuentes y cortas batallas entre los suyos, convirtiéndose en el más temible guerrero y líder de entre los qamur, y haciendo que nadie osara poner en duda lo que él decía, de tal modo que acabó por tomarse por cierto, y extenderse también entre la tradición oral de los qamur.

Y de aquel modo supo el mundo lo que había ocurrido, al menos en cierta manera.

El Invierno Eterno

Las tierras del norte del Valle siguieron aún luchando largo tiempo contra el invierno que no cejaba. Los trolls de la Reina de Invierno se mantuvieron fuertes algún tiempo, mas nunca pudieron penetrar en las inexpugnables ruinas Daurín. Desde allí, guiados por Gloin Hachazul, los enanos fueron reconquistando terreno palmo a palmo, hasta que, pudiendo enviar misivas a sus primos lejanos, lograron recibir, muchos meses más tarde, el apoyo de estos, y de este modo los trolls fueron para siempre empujados al Colmillo Helado, y allí quedarían confinados largo tiempo. La Reina de Invierno, cercada en la que había sido su prisión, maquinaba el modo de vengarse, pero todos su planes habían fracasado, y su poder resultaba insuficiente para esto, por el momento. No obstante, el hielo incansable seguía rodeando su refugio, y expandiéndose hacia el norte, hacia montañas inhóspitas donde nadie tenía el poder de detener su avance. Quizá hubiese sido vencida, pero había esperado siglos para obtener su venganza, y podía esperar unas décadas más...

La prosperidad de los Hachazul y el Ingenio Oculto en las Ruinas

El guerrero Gloin Hachazul, enano Khazâd, gozó en los años que vinieron de gran influencia. Coronado en héroe de la reconquista de las tierras que habían pertenecido a su especie, vio florecer su fortuna al frente de las Minas Daurín, a las que comenzaron a llegar primero primos de su especie y raza, y luego humanos procedentes del sur, interesados en el comercio. Los enanos se establecieron en la zona, e investigaron durante años los ingenios de sus primos perdidos, los Daurín. En esta tarea recibieron la inestimable ayuda de Camille Florentine Barei, la curiosa ingeniera puertolibreña, cuyo extraño vínculo con un ser ancestral no hizo apagarse su incansable curiosidad. Trabajaron durante años, obteniendo gran conocimiento y progreso de aquellos artefactos de fino diseño y perfecto engranaje, y tales conocimientos fueron compartidos con la Universidad de Tabriz, donde la aventurera era vista con una mezcla de admiración y recelo.

El regreso al hogar

El regreso de Camille a su tierra natal había ocurrido algunos meses más tarde. Había llegado en barco, tras una larga ruta, acompañada de Argan, el clérigo de Ciríaco, que se dirigía también a su hogar, en una de las ciudades portuarias del Imperio. Ambos se habían marchado como jóvenes prometedores, y ambos regresaban transformados en algo diferente. La ingeniera era ahora mucho más sabia, menos impulsiva, y portaba en la mirada una carga de sabiduría y comprensión, y también el peso de la pérdida sufrida meses atrás. Sus ojos habían contemplado un poder que era inimaginable en su hogar, un lugar donde la magia operaba bajo el estricto control del Círculo de las Siete Runas, sin que la ostentación ni el abuso de la misma estuviesen permitidos. La vuelta a la mentalidad racional y controlada de la Universidad le había resultado complicada de asimilar, así como el encuentro con sus antiguos colegas y mentores. No obstante, Camille viajaba con diseños obtenidos de los escritos de los Daurín, y esto pronto le granjeó una buena posición. En los años posteriores, viajó muchas veces, de ida y vuelta, cubriendo un larguísimo trayecto que, en cierta manera, le permitía satisfacer esa necesidad de estar siempre en movimiento, viajando, explorando. Su figura cobró fama, y fue criticada por muchos, especialmente por los más rígidos entre sus pares, que la veían con gran envidia. No obstante, también ganó adeptos y llegó a ser muy respetada.

En cuanto a Argan, fue recibido como un iluminado en su templo natal, y allí se asentó de nuevo, narrando de cuanto había sido testigo. Su palabra venía acompañada de la bendición de Ciríaco, y nadie la puso en duda. Durante algún tiempo, se acomodó a la vida eclesiástica, pero no tardó en sentir de nuevo la llamada de su dios, y viajó de vuelta a las tierras de los enanos, donde lucharía contra los trolls hasta asegurar la victoria enana. Para el clérigo, la paz de Puertolibre resultaría demasiado tranquila, y no un lugar en el que sentirse útil. La batalla era su estado natural, y aún permanecería largos años acometiendo los mandatos de Ciríaco allí donde fuese necesario.

El largo exilio

Así como los humanos tomaron, con el tiempo, el camino de vuelta, Ivelios se vio empujado lejos de su hogar por una fuerza que no lograba comprender. No dudaba de que los designios de su Reina habían sido cumplidos, hasta cierto punto, pero notaba una frialdad que venía en forma de sueños inquietos, miradas distantes y un sentimiento de culpa difícil de soportar. ¿Deseaba acaso algo más su Reina? ¿Habría querido que recuperase para ella aquel Hongo Petrificado? Las dudas se habían acumulado durante semanas, y sólo se habían disipado al poner larga distancia entre sí mismo y el reino de Eärne. Viajó durante algún tiempo con Camille, y luego se adentró en las tierras de los qamur, donde pudo visitar a Scirocco. Su camino le llevaba siempre lejos, a tierras que para él eran extrañas, repletas de humanos y exentas de magia. Sus dones eran innatos y jamás se agotaban, pero en aquellos lugares sentía que tardaban más en acudir a él, que su poder vibraba con menos fuerza. En aquel tiempo tuvo ocasión de entrar en contacto con el Círculo de las Siete Runas, la orden a la que pertenecía Caladan, cuya influencia en los reinos humanos era tal, que había quienes les consideraban los verdaderos gobernantes, aunque ellos jamás aceptarían tal cosa, e incluso, en sus leyes, prohibían tales injerencias. Así supo el Círculo de algunos de los acontecimientos acaecidos a uno de sus más veteranos miembros, y también así supo de su muerte.

Años más tarde, Ivelios se instalaría en la lejana región de Malik-Ummar, una tierra cuyo vínculo con la magia era más cercano. Tenía toda la eternidad por delante para tratar de complacer a la Reina Cuervo... o desvincularse definitivamente de ella.

Allí, en el este, pudo ver el nacimiento de la rebeldía de unas tierras sometidas al Imperio Puertolibreño, que habían gozado siempre de su propia identidad cultural. El lugar de orígen de la hechicera Aisha, con la que algunos de sus antiguos compañeros se habían encontrado en varias ocasiones, miembro del Sello Carmesí, organización proscrita por el Círculo. Una batalla ancestral en las sombras que despertaría con nueva fuerza, ajena a las fuerzas que latían en el corazón del mundo.

Fronteras candentes

Las Tierras Fronterizas nunca se apaciguaron del todo. Ni el Imperio Puertolibreño ni el Reino de Antioq renunciaron nunca a su control, y la tensión entre ambos reinos aumentaría con los años, en especial con la aparición de los enanos al norte. Los peligros que acechaban bajo tierra eran en gran medida ignorados, aunque fueron conocidos por el señor de Antamon, Dain de Cull, de boca de Scirocco, cuando este visitó la ciudad, esperanzado de tener noticias de los desaparecidos Adelstan y Elric. No logró nunca hallar a sus amigos, perdidos en el hielo, apresados, según había sabido en sueños, por la maldita Bruja del Hielo, la Reina de Invierno. Aunque trató de convencer al caballero Dain de ayudarle a buscarles, la frontera nunca tuvo la calma necesaria para desviar tales fuerzas. Los reinos humanos eran, al fin y al cabo, rivales, y su poder friccionaba en aquella frontera terrestre, la única que tenían entre sí.

Aún habrían de pasar muchos años, y muchas desgracias, antes de que aquello concluyese.

Notas de juego

Pues hasta aquí hemos llegado, con una narración a vista de pájaro del destino de vuestros PJs, a la cual, por supuesto, vosotros podéis añadir un último post confirmando, matizando, enriqueciendo o directamente corrigiendo lo que queráis ^^.

Y con esto se termina, ahora sí, la campaña.

¡¡Mil millones de gracias a todos por haber participado!!

Cargando editor
18/04/2026, 15:35
Ivelios Liadon

A lo largo de las décadas, Ivelios no permaneció ajeno a los hilos invisibles que mueven el mundo. Sus pasos, siempre errantes, terminaron por entrelazarse en más de una ocasión con los del Círculo de las Siete Runas, la misma orden a la que había pertenecido Caladan. No fue miembro de la misma, ni lo pretendió jamás, pero su nombre comenzó a circular entre sus estudiosos como el de un agente incómodo y eficaz, alguien que caminaba por sendas que ellos apenas se atrevían a teorizar. Allí donde surgían anomalías arcanas, reliquias olvidadas o vestigios de antiguos poderes, no era extraño que la sombra del elfo terminase proyectándose, siempre en los márgenes, siempre por voluntad propia. Aquellas colaboraciones le llevaron a investigaciones peligrosas, a ruinas selladas por siglos y a verdades que habrían quebrado la voluntad de hombres más jóvenes. Ivelios, sin embargo, no era hombre, ni joven, y soportaba el peso del conocimiento con la misma frialdad con la que tensaba su arco.

Pero si algo permaneció inalterable en su largo discurrir por el tiempo, fueron sus visitas. Regresaba, una y otra vez, como si una parte de él hubiese quedado anclada a aquel instante bajo la montaña. Buscaba a Scirocco entre los suyos, donde el qamur se había convertido en leyenda viva, cada cicatriz una historia, cada palabra un eco de aquel día imposible. Visitaba a Argan en los templos de Ciríaco o en los campos de batalla, donde el clérigo envejecía con dignidad, cargando sobre sus hombros el peso de cada vida salvada y cada guerra librada. Y encontraba a Camille entre planos, engranajes y discusiones académicas, su mente tan afilada como siempre, aunque sus manos, con los años, comenzasen a delatar el paso del tiempo.

Para Ivelios, sin embargo, apenas transcurrían estaciones.

Observaba cómo sus amigos encanecían, cómo sus movimientos se volvían más lentos, cómo sus voces adquirían ese matiz grave de quien ha vivido demasiado… mientras él permanecía inmutable, atrapado en la misma forma, en el mismo aliento contenido entre dos latidos de la eternidad. Y aunque hablaba con ellos, bebía con ellos y combatía a su lado cuando el destino lo requería, había en su mirada algo que no cambiaba: una distancia inevitable, una consciencia silenciosa de lo efímero.

Porque en su interior, Ivelios nunca los vio envejecer. Siempre fueron, y siempre serían, los mismos: Scirocco riendo entre sangre y viento, Argan firme bajo la luz ardiente de su dios, Camille con los ojos encendidos por la curiosidad y el ingenio… y Caladan, erguido frente a lo imposible, desafiando al mundo con su saber.

Y muchos años después, cuando las visitas dejaron de ser encuentros y pasaron a ser silencios, Ivelios continuó regresando. A los lugares donde reposaban. Sin palabras, sin rituales, sin plegarias. Solo memoria. Porque incluso para un elfo, hay cosas que el tiempo no logra erosionar.

Cargando editor
20/04/2026, 13:53
Camille Florentine Barei

El sol se ponía sobre el mar frente a las costas de Tabriz.

Aún a pesar de eso, el ajetreo de la ciudad principal golpeaba los oídos de Camille que se encontraba distraída, con una copa de vino y un atuendo cómodo mirando el mar mientras su mente no paraba de pasar de un tema a otro: que si la presentación en la Academia de sus conclusiones tras el viaje al Norte, que si la mejora que debía proponer, que si lo que tendría que decir a su madre para evitar cualquier tipo de evento demasiado comprometido con su labor, que si debía resolver el nuevo compuesto a base de las hierbas encontradas en los subterráneos...

Fue entonces cuando alguien tocó en la puerta de su espaciosa alcoba. Aquello casi fue un suspiro para su mente.

-¿Si?

-Soy yo, ¡Maldita sea!

Una enorme sonrisa se dibujó en el rostro de Camille, que soltó la copa y se dirigió a la puerta mientras decía: ¡Pasa tardón!

La puerta se abrió y un hombre talludo con la cara curtida por el sol y alguna que otra cicatriz sonrió al ver a la mujer, la cual, recorrió los últimos pasos y le abrazó con auténtico sentimiento.

-¡Tio Zeb!

-Ah, mi díscola sobrina. He venido en cuanto me he enterado de que habías llegado del Norte. Es una suerte para ti que mi barco se haya retrasado en salir. Así podrás enrolarte en una nueva aventura con tu viejo tío.

-¿Suerte? -contestó Camille- La suerte es tuya por poder escuchar de primera mano todo lo que me ha pasado. -terminó de decir con descaro.

-Vaya, vaya... asi que parece que ese tema de los enanos y sus ruinas fue finalmente interesante ¿quién lo diría? -contestó con cierto descaro y burla.

-Ah, ¿asi que no quieres escucharlo eh? -replicó mordaz Camille.

-Bueno... es posible que si me ofreces algo de ese vino, encuentre la paciencia...

Parecía que no hubiera pasado el tiempo desde la última vez que viera a Zebulón y eso había alegrado el corazón de Camille. Sus padres y sus hermanos le habían recibido con sorpresa y cierto recelo inicial, pero al compartir sus hallazgos y relaciones con los enanos de Gloin, la cosa había cambiado... para bien. No tanto su madre... que sólo pudo alegrarse de que siguiera de una pieza. Por suerte o por desgracia había asumido el carácter de Camille y que no sería otra pieza más en el taller, la academia o en la vida social de Tabriz.

Pero Zebulón... era su mentor y su inspiración. Camille le sirvió vino en una copa y se puso a contar de forma atropellada todo lo vivido en las tierras del norte. Desde el comienzo en la embarcación fluvial con el encontronazo con al bruja hasta el enfrentamiento final con el horrible dracoliche pasando por todas las demás hazañas: las escaramuzas con los trolls, la difícil relación con los enanos de Gloin, la torre arcana y sus peligros, la guarida de los trolls, la ciudad subterránea, la liberación de Ysennia o el rescate del hijo de la ninfa.

Pero no sólo de hazañas iba a aquello Camille recordó a todos los compañeros que habían compartido con ella aquel camino, desde el alegre Elric, al huraño Boldo, pero sobretodo el enigmático Caladan, el qamur Scirocco, Argan y el extraño Ivelios.

Zebulón apenas interrumpió a su sobrina, quizá con algún comentario o pregunta. A pesar de la rápida cadencia de la narradora, la mente de su viejo tío era igual de rápida y pronto se vio contagiada su imaginación por todas aquellas peripecias.

 

La noche había caído sobre Tabriz y su madre había tenido a bien subirles algo de la cena a la habitación... menos mal porque con tanto vino, el estómago vacío hubiera sido una peligrosa mezcla.

-Vaya... estoy más que sorprendido querida mía. Desde luego si que ha sido una aventura digna de un Barei. De esas que deberían perdurar en nuestra familia, aunque algunos sólo quieran destacar en la Academia. Y entonces ¿qué harás ahora? Sabes que siempre hay un hueco en mi barco para ti -aquella pregunta iba acompañada de una sonrisilla. Zebulón sabía que hacía tiempo había logrado contagiar su espíritu aventurero en la joven ingeniera, hasta el punto de verla como su propia heredera.- O quizás quieras quedarte... he oído decir que tus mejoras en el arcabuz y en el escudo podrían hacer a la infantería de puertolibre, un ejército imbatible.

Camille se vio tentada por un momento en aceptar la oferta de ir con su tío, pero negó con la cabeza de forma algo chisposa, quizá por el vino.

-Oh no... nada de eso tío Zeb. He contraído una importante responsabilidad diplomática con Gloin y los suyos. Le prometí que volvería y les ayudaría con esos tratos comerciales. Tratos que serán muy beneficiosos para todos.

-Ja! Y que seguro que quieres seguir hurgando en esos antiguos diseños Daurin ¿eh?

-Bueno... eso también. El mar... el mar me llama, no lo niego, pero también esas zonas salvajes, ya sean dentro de la tierra o fuera. Esas situaciones son las que agudizan el ingenio, las que hacen repasar una y otra vez los diseños y los mejoran.

-Eso es. Lástima que tu padre y tus hermanos no lo sepan ver. -comentó Zebulón elevando los hombros- Aunque... no será por ese embrujo que me dices, esa ¿marca?

Camille se miró la mano. Aún a pesar de la distancia, había algo en la marca de Ysennia... cierto... "poso".

-No lo se. La verdad es que las cuestiones arcanas me siguen pareciendo un auténtico desvarío asi que... procuro no pensar demasiado en ello. De cualquier modo volveré allí e incluso es posible que luego parta para otros lugares que no he visto... quizá consiga que Gloin me diga más asentamientos khazad que visitar... o incluso visite a los Mithrim... o me vaya a las tierras Qamur.

Zebulón soltó una carcajada: Madre mía Camille... son muchos kilómetros. Suena como si buscaras algo o a alguien ¿Quizá a alguno de tus compañeros? ¿Ese elfo extraño o ese qamur loco?

Camille se sonrojó, no por nada en algún momento se había atravesado cierto pensamiento por su mente que...- Oh vamos tío, sabes que sólo la ciencia y el descubrimiento me inspiran. Además... ellos son tan absolutamente diferentes... si pudieras compartir aunque sólo fuera una velada con Scirocco lo comprenderías todo... -añadió sin poder olvidar aquel día en que danzó de forma loca con el qamur como si nada tuviera sentido.

Zebulón volvió a reirse con ganas. Ah querida Camille, no veas lo orgulloso que estoy de ti. Brindo por ese futuro lleno de caminos, tratos comerciales, khazads, mithrims, elfos, qamures y lo que se ponga por delante.

Camille chocó la copa con su tío y siguió hablando con él de más cosas, como no, al igual que escuchó sus últimas aventuras hasta que la medianoche llegó y tuvieron que aguantar las quejas de su madre...

Notas de juego

He querido hacer este pequeño epílogo sin irme tan lejos en el tiempo.

Para mi Camille tiene muchas aventuras que recorrer todavía. Mucho que explorar y que diseñar y se me hace difícil ir mucho más allá de este retorno breve a Tabriz.

Gracias a tod@s!