Partida Rol por web

"El Mago Oscuro de Rhudaur"

Capítulo I: Antes de caer la nieve

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22/04/2010, 14:30
Ivorwen

Asiento a las palabras de Amlaith. La sangre de Osternesse corre por nuestras venas y no nos prestamos a fechorías como la que acabamos de presenciar. Los dunlendinos que no atacaron hacen un flaco favor a la fama del pueblo de Baga.

Me despido con el corazón encogido de la tumba de Loylan y me dirigo a los carromatos, donde estaba Dagar, seguramente inquieto por el resultar de la batalla.

Tengo darsurion en la mochila, pero es lo único que me queda. Será mejor que llegemos al Thirton lo antes posible y podamos reponer todas nuestras fuerzas y curar nuestras heridas.

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23/04/2010, 11:42
Harandir

Me encuentro con los brazos bajados totalmente y los hombros caídos, sosteniendo todavía las armas. La batalla ha terminado, pero no hay en mí el asomo de una mínima sensación de victoria.

Ivorwen habla, y me da la impresión de que sus palabras suenan ciertamente un poco amortiguadas, pues quedo ausente con la mirada perdida en la colina, allá donde antes estaban apostados los arqueros. Tras esos segundos abstraido, miro con desprecio al hombre que acababa de matar, o lo que quedaba de él, mientras  me encinto el hacha y cuelgo mi escudo. Después de agacharme brevemente para inspeccionar el cuerpo inerte del desgraciado, me dirijo hacia Lolyan, donde estaban ya todos congregados a su alrededor ensalzando sus honores. Musito para mis adentros una pequeña oración por su descanso eterno y ayudo en lo que puedo a darle solemnemente una merecida sepultura, enterrando su arco junto a él. No hago lo mismo con el resto de cadáveres, que Baga se esfuerza en solitario por darles tambien oportuno enterramiento. El chico discute intentando explicar sus razones para hacerlo, pero yo mantengo silencio sin hacer ningún comentario al respecto. Con la cabeza gacha observando la tumba, solo me detengo en recordar uno de los cánticos que solía entonar el elfo amenizándonos las jornadas.

Al mismo tiempo, Amlaith aprovecha para indicar que no quería perder tiempo en curar a quien lo necesitara. Al mencionarme, reparo en la herida de mi costado, me encontraba en tal estado que había olvidado por completo la lanzada que había recibido, a pesar de que mi ropa en ese lugar se había empapado por completo de un color rojizo apagado. Sin más, me dirijo a buen paso hacia los carros llevándome una mano a la herida. Era el último del grupo en hacerlo pues, mientras quedaba pensativo, el resto se había dado prisa en volver a la misión. Incluso Baga, que ya había terminado su penosa tarea. A decir verdad habíamos abandonado por completo el cuidado de Dagar y los carros...

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