Partida Rol por web

Aullidos en el Bosque de Velar

[EPÍLOGO] No Hay Descanso para los Malvados; los Héroes, Empero...

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29/04/2023, 13:04
Trántero

Dos días después de la gran batalla contra los licántropos, los Escudos de la Rastra recibieron una invitación de Trántero, el famoso peletero y tío de Berenice. Trántero les había insistido en que viajaran a Velarburgo para pasar unos días en su casa, y los aventureros no pudieron resistirse a la oportunidad de tomarse un merecido descanso después de la agotadora lucha.

El Valle de la Rastra parecía estar en calma, por lo que se aventuraron hacia el noroeste para comprobar que todo estaba en orden. Rya aprovechó la oportunidad para visitar a su hermana y ponerse al día con las últimas noticias del pueblo. Galatea, por su parte, tenía algunos asuntos pendientes que resolver, así que habló con su amigo el Hermano Pastoral Icarus y la suma sacerdotisa de Khauntea.

Mara decidió tomar una cerveza en casa de Elaven, quien también había sido invitado por Trántero. Mientras tanto, Savinian y Berenice fueron directamente a la casa del peletero, quien los recibió con los brazos abiertos y una pinta de la mejor cerveza del Valle de la Rastra: la de Gundeman. Le acompañaba un muchacho llamado Tulven, al que presentó como aprendiz en el oficio de la peletería.

A la hora de comer os reunisteis todo en la casa del peletero. Al entrar en la casa de Trántero, el aroma a cuero, aceites y tintes de pieles era inconfundible y fuerte, como un abrazo intenso y cálido que os envolvía. Pero a medida que avanzasteis hacia la cocina, el olor se mezclaba con el aroma a un guiso que cocinaba a fuego lento, con trozos de carne tierna y especias aromáticas que despertaban el apetito. La sensación era la de estar envuelto en una nube de aromas intensos y reconfortantes, que evocaba la maestría de Trántero en su oficio y el cuidado con que trataba a sus invitados.

Trántero se mostró muy interesado en los detalles de la batalla contra los licántropos, y no tardasteis en contarle todo lo sucedido. Tulven y Trántero comenzaron a serviros la comida con una mezcla de orgullo y humildad, como si fueran dos artistas ofreciendo su mejor obra. En la mesa, había platos de cerámica llena de guiso, humeantes y fragantes, con trozos de carne tierna y jugosa. El aroma de las especias recién molidas llenaba el aire, estimulando vuestras papilas gustativas. También había una hogaza de pan recién horneado, aún caliente al tacto, crujiente por fuera y suave por dentro, así como un tazón de ensalada fresca de lechuga, tomates y pepinos.

Tras el último bocado, el sonido del tenedor de Trántero chocando con la jarra de cerveza resonó en la sala. El peletero se puso en pie, carraspeó y atrajo vuestra atención.

—Tengo un par de sorpresas para vosotros. No habrían sido posibles sin la colaboración de la Maestra Segadora y Elaven, quien se encuentra aquí presente —anunció y señaló a Savinian—. También debo decir que ha sido imposible hacer averiguaciones sobre vosotras sin esquivar a los pajaritos de Savinian. Me fastidia que haya arruinado mi sorpresa, pero me alivia que nadie pueda fisgar sobre vosotras sin que vuestro amigo se entere.

Savinian soltó una risita, levantando la jarra en dirección al peletero. Trántero se dirigió a Berenice con la mirada.

—Espero que perdonéis a este viejo, pero empezaré las sorpresas por las de mi ángel. Tengo unos cuantos regalos para ti. Sé que todavía no es tu cumpleaños, pero tenemos muchos cumpleaños pendientes y mucho tiempo perdido para recuperar — dijo mientras se enjugaba una lágrima de emoción —. Siete para ser concretos, como las estrellas sagradas de Selûne.

Trántero miró a Rya.

Te ves fuerte. ¿Podrías ayudar a Tulven a traer los regalos?

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29/04/2023, 13:12
Tulven

El joven aprendiz de Trántero se levantó de su asiento como un resorte y extendió su mano en dirección a la paladina de Mystra.

¡Ni hablar, maestro! Es una invitada. Yo traeré los regalos, no importa cuantos viajes tenga que hacer.

Sin esperar respuesta, el zagal salió disparado al interior de la vivienda.

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29/04/2023, 13:12
Trántero

Trántero sonrió.

Es un buen chico —os dijo en confidencia—. No estoy seguro de que llegue a tener mi talento cuando tenga mi edad, pero no importa. Tiene el corazón en su sitio, y estoy orgulloso de él.

Tulven regresó haciendo equilibrios con una bandeja llena de paquetes envueltos en papel de colores brillantes, y los depositó en la mesa frente a Berenice. Trántero fue indicándole a Berenice en qué orden debía abrir los presentes.

El primer regalo eran un par de guantes de cuero suave y flexible, forrados con lana de oveja, que se ajustaban perfectamente a las manos de Berenice. El segundo regalo era un abrigo de piel de lobo, con un capuchón forrado con piel de conejo. El tercer regalo era un cinturón de cuero grabado a mano con motivos élficos, y una hebilla de plata con una piedra preciosa engarzada en el centro. El cuarto eran un par de botas de cuero de ciervo, también con hebillas de plata. El quinto regalo era una capa de piel de oso, con un forro de lana de cordero. El sexto era un sombrero de piel de armiño, con una cinta de terciopelo que combinaba con su abrigo de lobo.

—Y ahora el último —dijo, emocionado. Resultó ser una manta de piel, muy suave y cálida. Sencilla, comparada con la maestría que mostraban las otras piezas—. Lo tejí yo mismo, cuando era un muchacho, con lana y cuero, materiales de una calidad muy humilde, no con lo que estoy acostumbrado a trabajar ahora. Esta manta es muy especial para mí porque la hice mientras cuidaba a mi madre enferma, durante las largas noches en vela, mientras ella dormía. Es... un símbolo de la protección y la seguridad. Quiero que ahora lo tengas tú, para que siempre te sientas segura y protegida cuando estés por ahí. Salvando el mundo y esas cosas. E-espero que te guste. 

Carraspeó.

—Te quiero —añadió con torpeza—. Y lo siento muchísimo. Me equivoqué. Perdona a este viejo imbécil.

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01/05/2023, 21:22
Berenice

Berenice creía que no sería capaz de dormir después de la cruenta batalla librada en la ciudad del Valle de la Rastra, pero se equivocaba. Tras vagar por la ciudad buscando heridos, ayudando a los necesitados, tranquilizando niños y rescatando gatos de las ramas más altas de los árboles, regresó al templo de Oghma y comprobó que sus amigos estaban bien. Luego corrió a abrazar a su gatito, al que apretujó tanto que el animal salió volando para alejarse de ella. Se dio un baño de agua caliente lo más rápido posible y se abalanzó sobre la cama porque ya no podía sostenerse en pie.

Despertó una semana después, o eso le pareció a Berenice. Solo había pasado un día y se sentía cansada, pero renovada, y cuando Riffin le trajo la misiva de su tío, a la celestial le dio un vuelco el corazón. Tan centrada había estado en detener los ataques y defender a las gentes del Valle que había olvidado Velarburgo. Por fortuna, la aldea no había sufrido ningún ataque y todos estaban bien.

Pisar Velarburgo tuvo una sensación similar en Berenice cuando visitaron el festival. En aquella ciudad era conocida como la Chiflada de Velarburgo y todavía había personas que la recordaban tal y como era antes, tarumba y pobre, con las palabras de Selûne repitiéndose en su mente sin que ella pudiera entender lo que le estaba pasando. Se le erizaron hasta las plumas de las alas, el pueblo ya no celebraba su festival, había menos gente y la sensación de que todos la estaban mirando y señalando era más acusada. Pero ¿cómo no iban a mirarlos, si habían ayudado a salvar el Valle? Además, no es que una dragonel, un ángel, un drow y el resto de sus compañeras fuesen precisamente discretas como para pasarlas por alto. Berenice retorció uno de los pliegues de la túnica mientras caminaban hasta la casa de Trántero, una casa en la que hacía años que no había estado. Los recuerdos eran demasiado abrumadores y tuvo que esforzarse para no verse arrollada por amargos recuerdos. Su tío quería disculparse y ella, bueno, no podía no perdonarlo. Había que superar esa herida.

Mientras comía, los recuerdos le venían en oleadas: una mezcla de buenos y malos, felices y amargos. Recordaba el olor del cuero, cuando trabajaba con él; también recordaba la piel de la mano agrietada. Recordaba la comida y también, el hambre. A cada cucharada que se metía en la boca, tragaba un sollozo porque las emociones eran demasiado intensas. Se disculpó más de una vez, pero estaba sobrecargada de estímulos y emociones y no quería ser descortés rechazando la invitación de Trántero.

Cuando depositaron la pila de regalos delante de ella, tuvo que beber agua varias veces para poder hablar.

-Gracias -fue lo único que supo decir, abrumada por la situación. No solía recibir regalos tan personales -algunas personas le traían cosas al templo cuando querían escuchar a la oráculo, pero era algo distinto-, y además estos presentes tenían un significado muy especial-. Disculpadme, es que estoy un poco sensible. Todo esto es muy bonito, es magnífico, es... maravilloso. No podía haber recibido nada mejor de ti. 

Berenice se levantó y se refugió en los brazos de Trántero, con las alas caídas y llorando mares.

-Lo siento, lo siento, prometo no llorar más, lo prometo... Claro que te perdono, padre. Gracias por estar ahí cuando lo necesitaba. Me cuidaste cuando nadie más quiso hacerlo y me diste un hogar. Lamento no haber sido una hija normal. Hice todo lo que pude, me esforcé por ser una buena persona. Bendigo el día en que Selûne se mostró ante mí.

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03/05/2023, 14:31
Galatea

Para Galatea aquella victoria había tenido un sabor agridulce. Y no porque Vakennis hubiera merecido todo el dolor que había provocado multiplicado por cien en lugar de partir de forma relativamente rápida hacia el noveno infierno (que también) sino porque, pese a que se sentía tremendamente aliviada de haber logrado defender a las gentes de Harrowdale, también sentía que mucho se había perdido...

Demasiado.

El Círculo de los Cedros había sido masacrado, la Manada de la Luna también, de los primeros apenas habían quedado unos pocos... ¿serían los únicos en llorar a sus hermanos? Los druidas siempre habían tratado de defender el bosque y el equilibrio, ella misma había ayudado en múltiples ocasiones a los cultivos y los animales de Velarburgo. Eran guardianes, no enemigos. Pero seis meses de repentina ausencia habían logrado que las gentes de Velarburgo desconfiaran de ellos, ¿se habría preocupado alguien? ¿Rendiría alguien ahora respetos al trabajo que durante años habían desempeñado en Velar para que no hubiese sido para nada? Deseaba que realmente fuera así, lo deseaba con todo su corazón, pero lo cierto era que la entristecía lo frágiles que podían llegar a ser las cosas a veces...

Y luego estaba la Manada de la Luna... ¿había quedado algo de ella? Necesitaba saberlo, no podían desaparecer así, era dolorosamente injusto. Tenía que haber algo que pudiera hacer por ellos y su colina.

Los elfos vivían cientos de años, en comunidades pequeñas con poca descendencia, y estaban unidos entre sí mediante la Ensoñación de una manera incomprensible para otras razas. La pérdida de lo que para otros sería "un puñado de ellos", para un elfo podía suponer una absoluta tragedia por la que bien podría guardar luto durante varias vidas de n'tel quess.

Pero Galatea no pensaba limitarse a eso; aquel sólo era un pequeño remanso de paz entre los problemas que aun asaltaban el valle. Tras terminar el combate había corrido a hacer lo más inmediato: avisar a Velarburgo de que podían soltar el aire que habían estado conteniendo. La expresión de la Madre Segadora era algo que necesitaba ver cuando le diera la noticia... Pero había muchas otras cosas que quería hacer tras descansar un poco. Quería hablar con Savinian del desgarro de la Urdimbre pues era algo que la preocupaba, quería hablar con las eilistreitas y con Aleera sobre la extraña actividad de los drows provenientes de abajo, comprobar si necesitaban algo. Necesitaba volver a hablar con Yvonna sobre el Círculo, quería devolverlo a su estado original y necesitaba la ayuda de los clérigos para ello. Quería... una parte de ella aun albergaba la esperanza de reencontrar a Felinal allí.

Aunque al segundo día de la batalla por Harrowdale, el tío de Berenice les llamó. No es que la sedujera especialmente apartar su atención de la lista de cosas que tenía en la cabeza pero comprendía que el hombre sólo intentaba ser agradecido así que no le molestó. En algún momento su amiga le había dicho que era peletero y, en contra del tropo popular de druidas poniéndose histéricos ante cualquier manufactura del cuero, Galatea no veía motivo de escándalo el dar utilidad a todo lo posible de un animal cazado por necesidad. La propia ley del bosque era así: una vida por una vida. La carne, la lana, piel... Siempre y cuando no fuera por vanidad o diversión, se honraría esa vida.

Y en cuanto vio el abrigo de piel de lobo, se atragantó y tuvo que taparse la boca con disimulo.

Vale, sí, Trántero no tenía forma de saber el porqué pero... ¡por los dioses, que desagradable! Para ella era tan turbador como que un humano fuera por ahí con la piel despellejada de otro puesta. Áscalon por su parte, emitió un gañido ultrajado y dio varias vueltas en círculo junto a la silla en la que su compañera se había sentado hasta tumbarse hecho una rosca que daba la espalda.

—Uh... Bere, hazme el favor de no ponerte ese delante de mí, ¿sí?—susurró al oído de su amiga con la voz un tanto ahogada aún.

Si aparte de una petición sincera era un disimulado alivio cómico para que le fuera más fácil dejar de llorar, por supuesto no lo admitiría jamás.

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05/05/2023, 00:30
Mara

Después de todo lo de Harrowdale, quedaba la parte más difícil, reconstruir. Una lucha a vida o muerte era, en cierto modo, más fácil. Puede que hubiese mucho más en juego en ese momento, pero un sólo momento (o un día) de heroicidad era fácil de mantener. Más difícil era mantener el ánimo, y el optimismo, y el constante esfuerzo en los meses que se avecinaban. Meses en que los avances serían lentos, donde cada pérdida y cada cosa que no se pudiera salvar supondría un peso, y donde las victorias no supondrían grandes glorias ni tratamientos de héroes, sólo saber que se podía seguir con la siguiente tarea.

Y había aún tanto por hacer que Mara se frustraba. No lograba estarse quieta, pero tampoco podía hacerlo todo al mismo tiempo. O ahora. Había ido al bosque sola por desesperación y falta de tiempo. Pero sabía que hacer lo mismo ahora sólo iba a traer problemas. Así que Caden tendría que esperar. Los malaritas aún en las cuevas tendrían que esperar. Investigar todas aquellas cosas raras con los magos, y los drow y todo lo demás, también.

Cuando recibieron la invitación de Trántero, Elaven tuvo que insistirle para convencerla de ir. Le vendría bien relajarse un poco. Tomar una comida casera con amigos, una cerveza y dejar de destrozar pobres maniquíes de entrenamiento.

Y Elaven tenía razón. La comida, y la compañía, habían logrado que durante unas horas lograse centrarse en lo que ya había allí, y no en lo que aún tenía que conseguir.

Y después de la comida, Trántero había traído su sorpresa para Berenice. No entendía mucho de lo que se estaba diciendo, pero los sentimientos estaban claros. Aunque parecía que a la chica las emociones del momento la habían sobrepasado. Extendió el brazo hacia ella y le dio lo que esperaba que fuera unas palmaditas tranquilizadoras en el hombro.

-Deja de disculparte, chica. Esos regalos te están hechos por amor y orgullo de quien eres, y eso incluye el camino que has recorrido para llegar aquí. Recíbelos con el mismo sentimiento. Si alguien te dice que tienes que avergonzarte de algo, les dices que tu padre está orgulloso, y tu padre es más listo que ellos. Y te puedes decir lo mismo a tí misma, de paso-cogió su jarra, miró que estaba ya vacía y volvió a llenarla-. Y a todo esto, hemos comido, hemos celebrado, y tras este momento, ¿no toca hacer un brindis? Mejor uno de vosotros, que se os dan mejor todas esas cosas poéticas y bonitas. No veas los desafíos y declaraciones tan preciosos que les hacen a los enemigos antes de ponerse en faena con ellos-le dijo a Elaven, dándole un codazo-. A veces me dan ganas ir apuntándolos para usarlos yo.

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09/05/2023, 08:56
Rya Shaleel-Balthus

Aunque fuera por otro motivo, Rya no tardó en cumplir la promesa de visitar de nuevo a su hermana. Aunque todavía acechaban numerosos males en el Valle, podía permitirse un par de días de reposo, así que esa mañana pudo charlar con ella animadamente, y discutir largo y tendido sobre sus diferencias, y jugar con sus sobrinos y Sésperis, paciente como una santa. Le costaba reprimir los escalofríos al contemplar a los niños. Si no hubieran prevalecido, otros como ellos ahora serían bestias sanguinarias, sin control. Otros se habrían convertido en alimento de los licántropos, de sus propios hermanos, padres y vecinos, transformados por la maldición.

Rya se había enfrentado al horror con sus armas y convicción, como la caballera que había esperado ser un día. Quería sentirse orgullosa, pero sabía que había estado al borde del abismo. Si no hubiera contado con sus amigos y con el coraje de los defensores de la ciudad, no habría sido capaz de imponerse. Sin sus dones, se sentía como si caminase medio desnuda en una ventisca, como si pelease a puñetazos contra gigantes.

Más tarde, acudió al convite del tío de Berenice. Al principio, se mantuvo cabizbaja y reflexiva, pero la presencia de sus amigos y la calidez de Trántero y su aprendiz la sacaron de sus cavilaciones. Ella era, al fin y al cabo, una mujer de acción, y no permitía que ideas oscuras hicieran presa en su ánimo, ni siquiera en los momentos más duros de su vida. Además, aquellos momentos de reposo y alegría probablemente iban a ser los últimos en mucho tiempo.

Sonrió cuando Bere se arrojó a los brazos de su tío, y aunque las lágrimas eran de felicidad, apartó la mirada para permitirles un atisbo de intimidad. Levantó la jarra de cerveza de Gundeman para responder a la invitación de Mara.

Por las bienhechoras que fueron, son y todavía serán, brindó, sonriendo a la madura aventurera.

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10/05/2023, 09:39
Savinian

Savinian levantó su copa con entusiasmo, correspondiendo al brindis de Rya mientras Berenice y Trántero se abrazaban conmovidos.

Por las jovenzuelas —declaró el drow, agitando su jarra en dirección a Mara primero y luego a la paladina de Mystra, su rostro adornado con una sonrisa traviesa. Dirigió un guiño cómplice hacia Galatea.—. Y también por las no tan jóvenes. ¡Y, por supuesto, por mí mismo! ¿Quién más iba a brindar por un drow, si no?

Sus propias palabras lo hicieron soltar una risa entre dientes.

—¡Brindemos por la camaradería que nos une! Por los momentos de alegría y risas en tiempos de tristeza y de oscuridad. ¡Por las aventuras compartidas y los recuerdos inolvidables! ¡Por cada uno de nosotros y por todos los que se atreven a vivir la vida como nosotros!

»¡Salud! —concluyó, y dio un generoso trago de la cerveza de Gundeman.

Tras el brindis, el aprendiz de Trántero se deslizó silenciosamente hacia la cocina, dejando que charlarais de vuestras cosas. Después de unos minutos, regresó con una bandeja en sus manos, cargada con una apetitosa y tentadora tarta. A medida que se acercaba al centro de la habitación, el dulce aroma de las manzanas asadas y las moras confitadas se desprendía de la deliciosa creación, envolviendo el aire con su fragancia embriagadora.

El salón se llenó de un susurro de anticipación mientras observabais la magnífica tarta que el zagal había depositado cuidadosamente en el centro de la mesa. Estaba adornada con una intrincada red de tiras de hojaldre, que se entrelazaban de manera perfecta y delicada sobre la superficie dorada y crujiente. Los destellos de azúcar glas espolvoreado por encima añadían un toque de elegancia y brillo.

Al posar su mirada sobre el postre, Rya experimentó una oleada de nostalgia y reconocimiento. Aquella era la tarta favorita de su infancia, la que su abuela solía prepararles cuando eran tan solo unos críos. Sabía muy bien que aquella tarta llevaba la marca inconfundible de su hermana. Aunque, por supuesto, su hermana había mantenido el secreto de su creación durante la visita que le había hecho antes de llegar a casa de Trántero.

El peletero hizo los honores y empezó a cortar la tarta. El cuchillo atravesó suavemente la superficie crujiente del hojaldre, revelando el exquisito relleno. Con una sonrisa, Trántero hizo un gesto de deferencia a Rya, invitándola a que fuera ella quien diera el primer bocado.

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10/05/2023, 09:39
Aleera

El salón se llenó de murmullos de satisfacción mientras, uno a uno, atacabais a vuestras porciones de la tarta, disfrutando del fruto del arduo trabajo y la dedicación de la hermana de Rya. Tulven, adelantándose a los deseos de los presentes, se acercó al fuego del hogar y comenzó a preparar una marmita de té. El aroma envolvente y reconfortante del té recién infusionado se esparció por el salón, llenando el aire con notas delicadas de hierbas frescas, sutiles matices de cítricos y un toque reconfortante de especias cálidas.

De pronto, Áscalon levantó la cabeza y se dirigió al trote a la puerta, moviendo la plumosa cola. Poco después llamaron a la puerta con los nudillos. Tulven se apresuró a abrir la puerta, y lo primero que visteis aparecer fue un lobo negro, de tres patas entrar en tromba en el salón, jugando emocionado con Áscalon como si ambos fueran dos cachorros traviesos. Unos momentos después, aparecieron dos figuras familiares. Una elfa que parecía la viva imagen de Galatea, aunque de ademán más enérgico. Se trataba de Aleera, su hermana lythari, y tal vez la última superviviente del Círculo de los Cedros. Detrás de ella se encontraba Caden, un antiguo compañero de aventuras de Mara, el Jinete Gris a quien habíais rescatado de su cautiverio en Colina Aullante.

Buenas tardes y que aproveche —dijo Aleera con naturalidad, como quien hablara del tiempo. Luego, con una leve inclinación de cabeza, señaló a Caden—. ¿Alguien de aquí ha perdido a este humano?

El aprendiz de Trántero, rápidamente, acercó dos sillas adicionales a la mesa para recibir a los recién llegados. Aleera se sentó junto a Galatea y, con curiosidad, pasó una mano por el borde de la bandeja de la tarta, recogiendo un poco del delicioso relleno y llevándoselo a la boca. Saboreó cada bocado con interés, disfrutando del sabor.

Oh, qué delicia. ¿Me puedo servir un trozo?

Trántero asintió con una sonrisa y cortó un trozo de la tarta para la elfa, entregándoselo con amabilidad.

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10/05/2023, 09:39
Caden

El humano, de rostro adusto pero con una leve sonrisa en su gesto, alzó la mano en un saludo tímido y se acomodó en la silla junto a Mara. Como hombre de pocas palabras, dejó que un suspiro escapara de sus labios antes de carraspear para llamar la atención de Mara.

Las noticias vuelan. He oído que le cortaste la cabeza a esa zorra y la paseaste por todo Harrowdale Town. Eres una bruta —dijo, soltando una risa fugaz que iluminó momentáneamente su semblante—. Pero me alegra que estés de vuelta. No sé qué habría pasado si tus amigos y tú no hubierais llegado cuando lo hicisteis. Por poco no lo cuento. Gracias.

El hombre carraspeó, mostrando su incomodidad al expresar emociones y sentimientos. Sentía que las palabras eran agotadoras para él, así que intentó cambiar rápidamente de tema para aliviar la tensión que, probablemente, solo él sentía.

—¡Muchacho! —llamó al aprendiz de Trántero con tono más animado—. ¿Me sirves una taza de té con una nube de leche?

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12/05/2023, 21:49
Mara

Cuando vio aparecer a Caden por la puerta, toda la tensión que llevaba acumulada de todos estos días se hizo sentir de pronto, y la dejó sin saber cómo reaccionar. Lo único que podía hacer era mirarlo mientras se sentaba junto a ella. Tenía más arrugas. Aún no había recuperado toda la carne en los huesos. Pero estaba entero y era él.

Finalmente suspiró y lo envolvió en un abrazo de oso durante un buen rato. Finalmente le dio un beso en los labios, se separó de él, los ojos brillando en lágrimas contenidas, y le dio unas palmadas en el hombro.

-Joder, no estaba segura de volver a verte, viejo idiota-le dijo, antes de cortarle un trozo de pastel y ponérselo delante-. La próxima vez que se te ocurra ir a meterte tú solo en la boca del lobo, sin siquiera hablar conmigo, van a ser otras cosas las que corte cuando te encuentre-señaló con la cabeza a un lugar aproximado bajo la cintura del jinete gris-. Y para que lo sepas, todas las mujeres somos delicadas como flores del campo. Sólo que hay gente que no sabe que las zarzas son una opción.

Aunque Caden debía saberlo bien. Había una en el terreno en el que vivía, y había estado allí desde que se había instalado. Una de esas moreras viejas y testarudas, de ramas del tamaño del puño de un niño y espinas capaces de atravesar cualquier guante, que se había cobrado en sangre y piel cualquier intento de quitarla de allí. Al final habían llegado a una tregua; el jinete tenía la mejor mermelada de moras de la zona, la zarza seguía donde había estado siempre.

Y con eso se puso a dar cuenta de su propio trozo de pastel. Una tarea un poco más difícil porque una de sus manos no se separaba de la de Caden. Pero le iba a llevar aún un tiempo asegurarse a sí misma que lo había recuperado y estaba allí.

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13/05/2023, 14:46
Galatea

Galatea se giró en la silla ofreciendo las palmas para saludar al lobo de su hermana el cual, después de rodar en una especie de ying yang peludo por el suelo con Áscalon, acudió sacudiendo vigorosamente la plumosa cola negra. La druida le frotó el cuello con ambas manos (ganándose un lametón en el proceso) y lo estrechó suavemente antes de dejarlo volver con su compañero. Aunque sintió un pequeño pinchazo de tristeza al ver de nuevo aquella pata faltante... tenía que hacer algo con respecto a eso.

Otra cosa pendiente más para la lista.

No obstante, aun no había decidido si aquella era su hermana o un doppleganger; pocos refunfuños había oído para estar rodeada de "peludos"... pero ya la chincharía con aquello después.

La siguió con la mirada mientras se sentaba y le dio unas palmaditas en el brazo cuando lo hizo. En verdad se alegraba de verla de buen humor y de una pieza, sentía un alivio enorme y Aleera podía verlo en sus ojos, pero Galatea nunca había sido propensa a expresar abiertamente cómo se sentía, y menos en público. Bueno, realmente ninguna de las dos. Pero entre ellas siempre habían contado con aquella suerte de "telepatía" fraternal.

Fue entonces cuando Savinian ofreció el brindis.

Bueno, si me preguntas, Mara está hecha una niña. Pero no nos midamos todos en estándares humanos... —dijo perdonando con la mirada de reojo al elfo oscuro, hasta enarcó una ceja suspicazmente. Aunque entonces añadió:—. Vejestorio.

Le sacó la lengua con gesto burlón y a la vez ceñudo. Sólo Galatea era capaz de lograr semejante mezcla sin que pareciese que odiaba al mago, como si de una suerte de arte ancestral de "humor serio" se tratase. Por supuesto, para ella Mara tenía pocos años, y tanto Galatea como Savinian tenían más de cien... que para un humano era una locura, pero en estándares élficos eran jóvenes.

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16/05/2023, 15:27
Rya Shaleel-Balthus

La paladina tuvo que contenerse para no comerse el pedazo de pastel de un par de bocados. Más de una colleja le había dado su abuela por comer demasiado aprisa. Comportamiento indigno de una caballera, no por llenarse la boca y devorar la comida, sino por quedarse con las raciones de los demás.

Bienhallados seáis, dijo, aún con la boca medio llena de pastel. Rostros conocidos llegaban a la casa de Trántero. En cualquier momento tocarían a la puerta Pinna, Zilvra y Jezzara, o incluso el trío de trolls buhoneros, arrastrando un carro cargado de trastos, chatarra, y algún que otro objeto encantado. Tenía que haber traído a Morann, se dijo.

Por las buenas gentes que no agachan la cabeza frente al mal, añadió al brindis. Las jarras chocaron, y la cerveza acarició el paladar, arrastrando los últimos restos del pastel de su hermana y calentando la garganta.

¿Cómo van las cosas en el Calvero? preguntó a Aleera.

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16/05/2023, 19:11
Berenice

Berenice disfrutó de la tarta con paciencia, paladeando cada mordisco porque era como le gustaba comer tartas. Se sentía emocionada por estar con su familia, con la gran familia que había encontrado a lo largo de los años; podía ver el contraste en casa de Trántero, cómo de trágica había sido su infancia y adolescencia, cómo de amarga, y lo distinta que era ahora. Comprendía que ahora se sentía feliz.

Brindó con los demás, acarició a los lobos y trató de no tirar nada al suelo con el movimiento de las alas. Era muy útiles en exteriores, pero en los interiores iba golpeándolo todo sin querer. No perdió detalle del intercambio entre Mara y Caden, observándolos con ojos que parecían estrellas, y si hubiese podido, le habría gustado tener  un saco lleno de estrellas y corazones para arrojarlos entre ambos como el que arroja pétalos a los reyes recién casados. Suspiró con melancolía, el amor era algo maravilloso y ella tenía fabulosos recuerdos; pero lamentablemente el dueño de ese corazón era el enemigo mortal de todos los demás integrantes de su familia. ¿Cómo lidiaba una con semejante desdicha?

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17/05/2023, 07:50
Caden

Caden recibió el abrazo y el beso de Mara con la estoicidad de alguien que no suele, ni disfruta, de mostrar sus sentimientos en público, y menos aún el afecto. Sonrió fugazmente y volvió a carraspear incómodamente cuando Mara se separó de él.

Muy viejo y muy idiota —admitió—, pero de esta vez he aprendido la lección. Se acabaron para mí las aventuras, y los Jinetes Grises. Me dedicaré a mis animales y a mi huerto. Y hablando de zarzas, a esa estúpida morera. Cómo la odio.

Agitó la mano en el aire, pero sonrió. Pasó la mano por encima del hombro de Mara, y utilizó la otra mano para agarrar la cuchara y cortarse un torzo de tarta de la hermana de Rya.

Todos tenemos nuestras espinas. Y hay que cortarlas, con dedicación y esmero a lo largo de los años. Para no haya ninguna que apunte el uno al otro, sino para que apunten hacia fuera, a cualquiera que trate de enfrentarse a nosotros.

Aquello era lo más parecido a una metáfora que Caden había logrado hacer jamás. Satisfecho, estrechó brevemente a Mara contra su hombro y atacar el postre.

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17/05/2023, 07:50
Aleera

Savinian sonrió, puso los ojos en blanco y negó con la cabeza cuando Galatea le lanzó la pullita. Tulven comenzó a servir el té, a Caden y a todos los que quisisteis. Aleera también pidió una taza, aunque ella lo tomaba solo. Agarró la taza con ambas manos, para calentárselas.

En estos últimos días, han cesado los ataques de los licántropos. E incluso los drow parecen estar reorganizándose, preparándose y los enfrentamientos constantes se han reducido a breves escaramuzas. Apenas un intercambio de conjuros y flechas antes de que uno u otro bando se retirara por los túneles —suspiró Aleera—. Así que hemos tenido un descanso por primera vez en semanas, o tal vez meses, y hemos podido dedicarnos a atender a los heridos como el señor Jinete Gris aquí presente. Es difícil llevar la cuenta del tiempo en esta batalla interminable, especialmente cuando la mitad de ella ha sucedido bajo tierra, tan lejos del sol.

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17/05/2023, 07:50
Narrador

Después del té, vinieron los licores, artesanales, de diversos sabores. Trántero incluso tenía uno que había sido destilado con hongos procedentes de la Infraoscuridad y que Savinian celebró con entusiasmo. La sobremesa se alargó hasta bien entrada la tarde, y disfrutasteis de la conversación, ora de asuntos serios y graves, ora de bromas y chanzas. Cuando finalizó el día, Trántero se despidió de vosotros, aunque insistió en que Berenice se quedara en su casa a dormir. Su habitación estaba como la había dejado.

Habíais derramado sangre, sudor y lágrimas por el valle. Y, con vuestro esfuerzo, habíais conseguido conjurar una funesta maldición licantrópica que hubiera arrasado a sus gentes. Aún quedaba sombras flotando sobre el Valle, pero aquel día, pudisteis descansar, reír y disfrutar unos las compañías de los otros.

Tal vez sería el último día de solaz en mucho, mucho tiempo.

 

FIN