Partida Rol por web

Cosechas de sangre

EPILOGO: La senda del brujo nunca termina

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13/07/2017, 13:33
DM

EPILOGO: La senda del brujo nunca termina

El sol se elevaba alto en la llanura en un día caluroso de primavera. Hacía semanas que habían abandonado la lúgubre Velen, conocida no sin motivo como "Tierra de nadie" y emprendido el camino hacía el sur. Ambos brujos avanzaban con sus respectivos caballos siguiendo el camino empedrado a trote lento. Aldous iba el primero, vestía una cota de bandas perfectamente pulida y plateada que contrastaba elegantemente con una capa negra de tejido endurecido tras la cual reposaban sendas espadas, - la de acero para los humanos, la de plata para los monstruos - como se solía decir entre sus colegas.

El joven Janos cabalgaba tras él, a diferencia de su maestro su nueva y flamante armadura era de color ébano, una manufactura enana forjada en exclusiva para él en su paso por la ciudad de Brugge, en el Bajo Sodden. Janos portaba una capa negra idéntica a la de su maestro, así como sus espadas cruzadas en la espalda.En su mismo corcel viajaba también Hansel, rodeado por los fuertes brazos del joven brujo y echando una cabezada aprovechando el trote lento en el que viajaban ambos cazadores de monstruos cuyos medallones con forma de un oso con las fauces abiertas lucían orgullosos en sus pechos. 

En las últimas semanas ambos habían dado buena cuenta de los orens ganados por el contrato de la dama del mediodía, no solo renovando su equipo y comprando dos caballos, sino permitiéndose algo de buena vida y de los placeres que ofrecía la vida en aquellos tiempos tan oscuros. Y aquello no había sido la única recompensa obtenida por los brujos de su última aventura, también habían decidido adoptar a Hansel, un pequeño que sería llevado ante la fortaleza de la Escuela del Oso, en la cordillera montañosa del sur que límita Nilfgaard y el ducado de Touissant con los reinos del norte. Allí el muchacho sería sometido a la prueba de las hierbas, una horrible vivencia en la que pocos sometidos sobrevivían pero aquellos que lo conseguían veían su cuerpo mutado, destinado a convertirse en letales y astutos cazadores de monstruos. Una senda generalmente abocada a la miseria y al rechazo casi en cualquier rincón del mundo, pero una senda que estaban destinados a seguir.

El caballo de Aldous frenó por orden de su jinete. El viejo maestro se llevó una mano al pecho, allá dónde había recibido graves heridas por parte del espectro maldito de Dannara. Un dolor que no se iría nunca, un recordatorio del declive del brujo, cuya salud se resentía cada vez más y cuyo fin, Aldous sabía, estaba cerca. Aldous había dejado un legado en el mundo sin embargo, Janos había sido su aprendiz, y si Hansel superaba la prueba, probablemente este lo sería de Janos. 

Aquella era la senda de los brujos, el mundo necesitaba a los brujos, aunque este, lleno de vanidad, fuese incapaz de reconocerlo...

 

Notas de juego

Epilogo!!! Espero los vuestros con impaciencia. :)

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13/07/2017, 15:06
Janos Andrinelfus

Pasaron los días y se permitieron el lujo de disfrutar de la buena comida y bebida. Hansel, que había hecho buenas migas con ambos brujos, engullía tartas y dulces como si no hubiera un nuevo amanecer, y en cierta forma, el chaval no iba desencaminado. En breve llegarían a  la Fortaleza del Oso y el chiquillo sería sometido a la prueba las hierbas. Janos esperaba que el organismo de Hansel soportara aquellos mutágenos que lo convertirían en un luchador extraordinario.

Tras adquirir sus nuevas piezas de equipo -armaduras y armas de gran calidad, templadas para combatir los peligros que poblaban aquella tierra tan bella como cruel- se subieron a su nuevas monturas. El oro del Conde Vserad había permitido eso y mucho más, pensaba Janos entre sonrisas, recordando a las mancebas con las que había yacido la noche anterior. Esa era la vida que le había tocado vivir. Su oficio estaba repudiado, e incluso ellos mismos eran mendigos que deambulaban de una localidad a otra en busca de contratos con los que labrase un porvenir demasiado lacónico como para acomodarse.

Azuzaron sus caballos y marcharon cruzando los caminos que discurrían entre los cenagales de Velen. Janos cabalgaba tras la zahína montura de Aldous. Entre su regazo se apostaba Hansel, el cual no tardó en acurrucarse en el fuerte torso del atlético mocetón, y echarse una cabezada. Viajaron durante horas hacia el sur, cruzando pueblos y ciudades como una exhalación, como si la mismísima Cacería Salvaje fuera tras sus pasos.

Finalmente ascendieron una loma. Estaba anocheciendo y habría que montar un campamento para pasar la noche. Janos detuvo a su yegua, mientras la luz anaranjada incidía sobre sus oscuros ropajes. En ese momento, Aldous se llevó la mano a la cicatriz ocasionada por Dannara. Esa herida tardaría en curar, si alguna vez sanaba completamente. Hansel se despertó y miró a Janos. El chaval estaba alegre... No sabía que le esperaba.

- Janos... ¡¿Por qué existen los Brujos?!- Ante esa pregunta, el joven brujo miró a su mentor. El círculo quería cerrarse. Como si no hubieran pasado los años, se vio montado en la grupa del caballo de Aldous, cuando éste era fuerte y lozano. - Los Brujos existen porque existen los monstruos, y los monstruos existen porque en el pasado el hombre falló a los dioses...- Sonrió mientras recordaba las primeras enseñanzas de su preceptor. - Y ahí reside la triste paradoja de nuestro oficio. Nadie nos aclama, pero siempre somos requeridos...- tomó un sorbo de agua de su odre antes de continuar- Para evitar que el hombre desaparezca bajo el poder de lo terrible y abominable, existimos nosotros, seres que hipotecamos nuestra humanidad un día para enfrentarnos a la maldición de los dioses... ¡Nunca lo olvides!- finalizó mirando fijamente a Aldous. Esas palabras no le pertenecían. Ni tan siquiera a su preceptor. Pasaban de maestro a aprendiz como un legado infinito e inmutable.

- ¡¿Sabes Hansel?!... - intercedió rompiendo la solemnidad del momento. La mente de Janos había viajado muchos años atrás, pero ahora lo realmente importante era el presente y el futuro venidero - Algún día te explicaré la historia de un niño. Un niño llamado "Capa Raída".

Notas de juego

Bueno. Parece que se acaba. Muy buena partida. Me ha ayudado a comprender un poco mejor el mundo The Witcher.

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13/07/2017, 23:03
Aldous Evrouin

Tras descansar varias noches en una cama de verdad, los huesos de Aldous se desprendieron de gran parte del cansancio que habían acumulado durante tanto tiempo de vagar por esos caminos.
La treta les había salido bien, pero mucho había sido lo arriesgado. Demasiado.

Ahora merecían un tiempo de desahogo, un tiempo para disfrutar de la recompensa al trabajo bien hecho. Marchando sobre el caballo, su mente voló hasta unos días atrás, durante la última entrevista con Vserad. Para él, el cumplimento de un contrato era sagrado, y nunca se le ocurriría incumplir lo acordado. En este caso, no obstante, no se sentía en absoluto culpable por haber mentido. Para empezar, el primer contratante no había cumplido con su parte por razones obvias; además de eso, Aldous había tomado la firme determinación de hacer sangrar el bolsillo del Conde desde el mismo momento en que éste se premitió el lujo de escupirle a la cara.
Para alguien tan avaro y mezquino, no hay peor castigo que obligarle a pagar...

Llevó la vista atrás y vio a Janos sujetando con firmeza el cuerpo de Hansel. Esa imagen le hizo sonreír con el pecho henchido de orgullo. Si el chaval lo valía, el aprendiz se convertiría muy pronto en maestro. Un atisbo de tristeza cruzó de modo fugaz por su cabeza en ese momento; vio a Breigan dándole el último adiós con una expresión de calma en el rostro y supo con certeza que algún día no muy lejano, él mismo tendría que despedirse de Janos.

- No todavía...

El brujo cambió de posición sobre la silla, pues se le comenzaba a cansar la espalda y, al moverse, tuvo que torcer el gesto mientras se llevaba una mano al pecho. Muy posiblemente, esa herida no terminaría de sanar: un mudo testigo del hecho de que sólo un instante congelado en el tiempo separa la vida de la muerte. Unos centímetros más a la izquierda, o quizá sólo un poco más profunda, y aquella garra le podría haber arrancado de este mundo.
Pero no era momento para achaques. Ahora, todo les era propicio; Aldous sabía por experiencia que en los buenos momentos, uno no debe perder el norte, pues todo periodo de bonanza por fuerza ha de acabar. Mas, en su caso, podían permitirse disfrutar de la generosidad del Conde unos cuantos días más, y cuando el dinero se acabase, no tendrían problemas en cambiar de nuevo su estilo de vida. Así caminaban ellos por el mundo: adaptándose como siempre habían hecho. ¿No era su cuerpo un testimonio perfecto de esa adaptación?

Por fin el día comenzó a morir y decidieron hacer un alto para descansar. Janos recitaba al muchacho las primeras directrices de la disciplina que debía regir su vida a partir de ese momento.
Aldous se sintió profundamente feliz al escucharle declamar en voz alta su discurso... y también terriblemente cansado. Simplemente no se veía con fuerzas para tutelar todo el entrenamiento al que Hansel se vería sometido.
Escuchando a Janos, parecía que se iba a adjudicar el papel de mentor directo y eso representaba un alivio.

Mientras los jóvenes charlaban, él se dedicó a preparar una buena hoguera y, en las danzantes llamas, vio reproducidas todas sus vivencias: los peligros, las lágrimas y también las sonrisas, el aprendizaje y el miedo. En sus viajes se había topado con multitud de personas, la mayoría siempre hostiles; pero también había gente buena, gente a la que había merecido la pena conocer. Pensó en los bosques que había hollado, en las cristalinas aguas de arroyuelos en los que había calmado su sed, en días que ya se fueron y en días que, ya en el otoño de su existencía, no podría contemplar.

Su mirada se clavó en la extraña pareja... tan extraña como la que habían formado una vez un joven brujo y un chico que ni siquiera tenía nombre.
No pudo evitar que se dibujase una sonrisa en sus labios. Sus ojos, perlados por la nostalgia, veían a dos hombres con todo el tiempo aún por delante conversando ajenos a los devaneos de un viejo.

Así debía ser...

Notas de juego

Lo mismo digo. He disfrutado muchísimo con esta partida. Como siempre, un placer.