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Cosechas de sangre

Capitulo III: La caza de la Dama

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26/06/2017, 19:30
Janos Andrinelfus

Aquel icor negro como la pez salpicó a ambos brujos por igual. Aunque Janos era físicamente superior a Aldous, el veterano brujo se mostró terriblemente eficaz en la labor de eliminar a aquel ser putrefacto. El mocetón, no pudo más que admirar a su mentor, pues sin duda, su señal de heliotropo le había propinado la ventaja suficiente para que ambos se alzaran con la victoria. Sonrió mientras se agachaba y recogía la cabeza cercenada de aquella dama maldita.

- Parece que hemos cumplido nuestro trabajo... Ya podemos volver a cobrar lo que nos pertenece...- dijo satisfecho por el resultado de aquel lance.- Así podremos llevarnos a Hansel de Percha del Cuervo- la idea de que el niño se encontrara asustado y algo desorientado preocupaba sobremanera al joven brujo.

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26/06/2017, 21:57
Aldous Evrouin

Con el corazón retumbando en el pecho con una terrible cadencia, el brujo siguió golpeando con frenesí asesino los restos caídos, hasta que el cuerpo pareció desvanecerse en el aire.
Aldous trató de calmarse, pero no lo logró; su diestra seguía moviéndose con espasmódica violencia hasta el punto en que tuvo que apartarse del lugar del combate por miedo a golpear a Janos sin quererlo.
Con un gran esfuerzo, consiguió soltar la espada, que cayó al suelo negra por la sangre que la bañaba.

El mundo le daba vueltas, la mano seguía temblándole a un ritmo demencial al tiempo que su pecho subía y bajaba a una velocidad insana.
Cuando creía que su vida se le iba a escapar, la fuerza le abandonó por completo y sintió en ese momento todo el dolor que su ardiente musculatura había estado postergando.
Cayendo de rodillas, tosió manchando el suelo de sangre.
Con gran dificultad, se tumbó en el suelo mientras su respiración se normalizaba.

Entonces estalló en una sonora carcajada. Ambos seguían con vida y relativamente ilesos, eso siempre era motivo de júbilo.
- Regresemos, Janos... pero dame unos momentos. No puedo moverme.
Había sometido a su cuerpo a una tensión tan elevada, que sencillamente ahora no le respondían ni las pestañas.
- Has estado magnífico, chaval. Lo has hecho muy bien, sí señor.

Un violento acceso de tos le obligó a callar, luego, una vez recompuesto continuó: ¿ Qué te parece si vamos a por el premio gordo? Hablamos con Ernestus para que nos dé lo que acordamos, y acto seguido vamos a por nuestro colega el conde. Estas cosas siempre viven en grupos, y sólo hemos matado a una... - le guiñó un ojo al joven e hizo una mueca que quiso ser una sonrisa.

- Sé que está feo, pero más feo es él, jajaja
Poco a poco, fue recuperando el control de su maltrecho cuerpo. Con un sordo quejido, se puso en pie y pasó una mano por el ensangrentado pecho.
- Hija de puta... me ha dado en el mismo sitio...

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01/07/2017, 12:49
DM

Tras haber conseguido matar a la dama del mediodía, Janos había tomado la cabeza cercenada de aquella mujer, bella, joven y dulce en vida, que tras la muerte no había hallado el descanso sinó la condena a convertirse en un terrible espectro que había desatado el miedo y el terror en una región ya castigada por la miseria y la crueldad.

Según había explicado el viejo Aldous, las damas del mediodía eran un tipo de espectro que aparecía de aquellas mujeres que habían muerto durante su enlace o poco antes de este debido a un suceso traumático y violento. Una especie de maldición que aparecía de vez en cuando y que solían esconder tristes y desoladoras historias. ¿Cuales habían sido las circustancias de la muerte de Dannara? ¿Qué terrible suceso había acabado con una mujer que en apariencia desprendía tanta dulzura y hermosura? Eran preguntas que los brujos no habían conseguido responder, pero que al fin y al cabo, tampoco importaban demasiado. Aquello era un trabajo, y igual que el mercader no pregunta sobre el origen de cierta merancía o el mercenario no se cuestiona por qué atacar tal campamento, los brujos habían cumplido con la misión por la cual habían sido contratados. Acabar con el "Diablo" de las Cosechas de Sangre.

Janos había tomado la cabeza cercenada de la dama del mediodía, una horrible satira deformada y podrida de las facciones que en vida debió tener Dannara. La larga y antinatural lengua aún colgaba de sus labios mientras que en las cuencas vacías del rostro aún supuraba algo de aquella sangre negruzca. Era habitual que los brujos tomaran las cabezas o partes de los monstruos a los que daban caza para llevarlos ante quienes les pagaban para dar caza, y demostrar así el trabajo realizado.

Janos echó la cabeza en un saco y ambos brujos se encaminaron silenciosos de nuevo hacía Percha de Cuervo, habían decidido que en primer lugar reclamarían el pago acordado del capataz de los campesinos, Ernestus, y que luego tratarían de engañar al cruel Conde Vserad demostrando que el diablo de las cosechas de sangre no había sido invención de campesinos vagos, sinó una triste y cruel realidad. ¿Cuántos hombres habían muerto colgados por ello?

Los brujos llegaron hasta la choza de Ernestus cuya puerta estaba entreabierta, por cortesía picaron a la puerta, pero nadie respondió. Entonces entraron.

Lo primero que vieron fue a Ernestus, colgaba con una soga rodeando su cuello atada a una viga de madera del techo. El cuerpo estaba rígido y su piel era pálida. No vivía. En una mesa al lado de un camastro había un pergamino con algo anotado en ella. 

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01/07/2017, 18:05
Janos Andrinelfus

Caminaron un rato de forma apacible. La sensación de haber cumplido con su trabajo y de que aquello les reportara beneficios, hacía que una sonrisa emergiera en los rostros de ambos amigos. Había muchas razones para mirar a aquel día con optimismo, pues no sólo conseguirían unos lustrosos orens, si no que con su valentía habían librado a los campesinos de sufrir mayores escarnios por parte de su señor, el Conde Vserad.

A medida que avanzaban hacia Percha del Cuervo, tanto Janos como Aldous se proferían chanzas con tono distendido. La relación de maestro-aprendiz, no lograba empañar la magnífica amistad que se los unía a ambos. Hubo un momento en el camino, que el veterano brujo perdió el equilibrio y cayó con un sonoro culetazo sobre unas piedras. El joven y espigado mocetón, no pudo reprimir soltar una carcajada a la par que decía: - Si tanto deseabais sentaros, maestro, con decirlo hubiera sido suficiente, jajajajajaja...- rió contento porque tendrían recursos para su viaje de regreso a la Escuela del Oso.

Finalmente llegaron a la localidad. La forma con la que la gente y los guardias los miraban, no había cambiado en absoluto, pero a ellos les daba más bien lo mismo. Había conseguido cumplir el trabajo encargado. En breve se marcharían de aquel lugar. 

Se dirigieron a la casa de Ernestus. Allí aguardaba con el dinero. Tenían claro que cogerían el estipendio y por la noche marcharían del lugar con Hansel, pero lo que no esperaban fue lo que encontraron en la sala común de su casa. El tipo colgaba de una soga muerto. Alguien había ahorcado a la persona que debía pagarles su trabajo... ¡¿Pero quién?!

Una tensión furiosa recorrió los brazos de Janos hasta llegar a sus puños que se cerraron hasta quedarse blancos. Miró incrédulo a su maestro, buscando respuestas en un momento donde su mente estaba demasiado confundida...

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04/07/2017, 22:43
Aldous Evrouin

Con no poca dificultad, el dúo se puso en camino. Ya habían terminado su trabajo y ahora debían recoger los frutos. Aldous estaba cansado, se había esforzado demasiado en el combate y ahora todo su cuerpo se quejaba por ello. Por suerte, Janos siempre sabía cómo sacarle una sonrisa.

Al llegar a la choza de Ernestus, las chanzas terminaron en seco: Ernestus colgaba sin vida de una soga.
Junto a él, un pergamino sobre la mesa constituía todo lo que sus ojos pudieron captar nada más entrar. El brujo tomó el escrito con la intención de averiguar qué contenía mientras la ira que ya había dado por consumida, regresaba en hirvientes oleadas.

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06/07/2017, 18:37
DM

Los brujos examinaron el pergamino que había sobre la austera mesa de madera de la choza del capataz de los granjeros locales. En él, había unas líneas escritas con una caligrafía pesima, casi ininteligible, algo totalmente lógico si se tenía en cuenta que la mayor parte del populacho no sabía leer ni escribir, hecho por el cual los escribas se ganaban buenos salarios como notarios redactando testamentos y otros documentos para las gentes humildes a los que exprimían hasta la última moneda ofreciendo un servicio bastante escaso en las zonas rurales y empobrecidas de los reinos del norte.

Sin embargo, aquel trozo de pergamino no estaba escrito por ningún escriba, sino por la poca habilidad de escritura que debía tener Ernestus. En ella había escrito lo siguiente

No pueo aguanta mas, cada noxe veo su cara y pueo oler su cabello, y su fantama no se ira hasta que pague mis pecaos. He pometio buena paga a los brujos esos pero no hacen na, la familia del prometio de dannara sigue en el catillo del conde pidiendo explicacion y pronto descubriran que yo la mate.

La mate, no pueo esconder mas, su fantasma me persigue. El oto dia vi su figura frente a la ventana, sali y ya no etaba. Se que ha estao matando a otos por mi,eta enfada y  no tardara en venir aqui y quitame la vida.

Yo la mate, yo la lleve al campo el dia ante de su boda y intente yacer con ella a la fuerza pero se resitio. No pude resitirme, era tan bella, peo todo fue mal y la mate sin querer. Pero ella sigue ahi, esperando en el campo para matarme a mi poque no pudeo casarse con su prometido, ese estupido de Sotomedio.

No puedo ma, me voy a quitar la vida ante que lo haga ella de forma cruel....

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08/07/2017, 14:25
Aldous Evrouin

Aldous leyó en silencio y comprendió antes de pasarle el pergamino a Janos.
- Menudo imbécil... podría habernos pagado por adelantado, o esperar unas horas...

El enfado que había sentido al creer que Ernestus había sido asesinado, se disipó cuando leyó su confesión.
- Vaya una mierda... - el brujo paseaba por la estancia tratando de tomar una decisión. El cuerpo seguía allí colgando sin vida, y bien sabía que toda muerte era siempre lamentable, pero en este caso, no podía sentir aprecio por este pobre hombre.

El brujo se dirigió a la puerta y, tras comprobar con disimulo que no había nadie fisgando, la cerró con cuidado.

- Pues a menos que haya dejado el dinero a la vista, estamos jodidos...¡menuda rachita!
Bueno, supongo que lo primero es lo primero; ayúdame a descolgar al pájaro.

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09/07/2017, 17:52
Janos Andrinelfus

La cara de asco y hastío de Janos fue imposible de esconder. Extrajo con rapidez su espada de acero y con un golpe presto y fugaz cortó la cuerda de la cual pendía ese maldito cabrón. El cuerpo cayó a plomo, golpeando sobre la mesa de madera. El joven brujo no sintió ni un mínimo de compasión. ¡¡Ojalá se hubiera levantado como un necrófago!!... Lo habría destrozado consumido por la rabia...

Escupió sobre el cuerpo de Ernestus. ¡¡Maldito hijo de una cabra enfermiza!! Estaba colérico, rabioso y sentía que deseaba matar a todos los habitantes de ese remoto pueblucho de mala muerte, pero la mano de Aldous lo calmó. Así era la vida del cazador de monstruos. Así pagaban el alto precio por el cual los humanos fallaron a los dioses...

¡¡Un momento!!- dijo el mocetón cuando las lágrimas estaban a punto de brotar de sus ojos. ¡¡El Conde!!... ¡¡Podemos llevarle la cabeza de la Dama al Conde!!...- Seguramente les ofrecería algún tipo de recompensa, pues sus campesinos podrían laborar sin riesgos. Con un poco de suerte, puede que incluso Sotomedio -el prometido- les pagara los gastos de hospedaje en Percha del Cuervo.

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09/07/2017, 22:52
DM

El cuerpo sin vida de Ernestus cayó como un peso muerto, nunca mejor dicho, sobre el suelo de la choza quedando tirado en el suelo con una posición extraña. Su tez era pálida, casi azulada, por lo que debía de hacer bastantes horas que el capataz de de los campesinos de Percha de Cuervo había decidido quitarse la vida y confesar su terrible crimen que tanta sangre había provocado en aquellas tierras abandonadas de la suerte y los dioses.

Los brujos extrajeron una sábana malicenta y llena de manchas que había en un camastro de la choza y envolvieron en él el cadáver de Ernestus. No es que sintieran ningunas ganas de dar un entierro o un trato digno al fallecido, sin embargo como buenos brujos sabían que aquellos que morían más vale darles una sepultura digna por la debida precaución de que esté no atrajera a necrofagos, o mucho peor, sea una fuente de una nueva maldición o monstruosidad. - Los muertos, hayan sido buenos o malos en vida,  siempre deben ser enterrados, y a poder ser junto algo de ajo y sal, pues de lo contrario se convertirán en una fuente de problemas - solían aconsejar los brujos en sus andanzas por los reinos del norte. 

Tras ello Janos sugirió visitar al conde y pedir una buena recompensa por la caza de la dama del mediodía, no todo estaba perdido para ellos, si se las arreglaran tal vez conseguirian algo de remuneración por los servicios prestados al feudo del conde Vserad. 

Así pues, los brujos se encaminaron hacía el fortín del conde, no sin antes pasarse por la taberna local a comprobar el estado de Hansel, quién sorprendentemente había obedecido a los brujos y había permanecido en el cobertijo entretenido con unas piezas de madera. Sin embargo, ambos sabían que debían resolver rápido sus asuntos en aquel pueblo si no querían que alguien descubriera al chico. 

Los brujos se encaminaron hacía el fortín y pidieron a los guardias ser recibidos por el conde. Tras hacerles esperar cerca de una hora, estos pasaron de nuevo al lujoso salón donde el conde Vserad yacía sentado en un cómodo sillón de terciopelo rojo acariciando un perro de caza con afilados colmillos y piel endurecida que yacía sentado mordiendo un hueso que los brujos esperaron, no fuera humano. 

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09/07/2017, 23:03
Vserad

El conde alzó su orgullosa barbilla al ver a los brujos entrar y esbozó un rostro de asco, algo totalmente justificable ya que tanto Aldous como Janos apestaban a suciedad, sus armaduras estaban cubiertas de barro, agua y sangre negruzca.

- ¿Otra vez vosotros, mendigos? Os ofrecí mi hospitalidad una vez y la rechazastéis, y ahora os presentáis más sucios que cualquiera de mis súbditos. - dijo con cierto tono malhumorado. - No sé porqué me molesto en recibiros, debería ahorcaros por vuestra falta de decoro... pero he decidido daros una oportunidad por si habéis reconsiderado mi generosa oferta de trabajo. -

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12/07/2017, 23:27
Aldous Evrouin

Los brujos decidieron ir de nuevo a ver al Conde. A su llegada, éste les dedicó, tal y como esperaban, una fría recibida cargada de desdén.
- Precisamente, por eso venimos: trabajo. Hemos cumplido el nuestro y esperamos una gratificación. - se giró hacia Janos y le dijo: - Muéstrale a nuestra invitada, ¿Quieres? - encaró de nuevo a Vserad - Serán 500 orens, si no es molestia... - dijo, en un tono de burla y satisfacción.

Acto seguido, sabedor de que al Conde no le costaría nada matar dos pájaros de un tiro y ordenar que los ajusticiasen allí mismo ahora que el problema de los campos de cultivo había sido solucionado, se apresuró a añadir: - Y otros 500 por la segunda criatura, claro. Esta, por cierto, dudo que se conforme con dar caza sólo a los aldeanos. - hizo una pausa para darle tiempo a procesar la información y prosiguió sin ningún tipo de protocolo: - ¿Te has dado cuenta de que te faltan dos hombres? Si no me crees, sólo tienes que preguntarle a tu jefe de la guardia; confirmará mis palabras. Pues bien, estos mozalbetes, se encontraron cara a cara con las criaturas y creyeron que podían ser héroes. Antes de morir, como no podía ser de otro modo, trataron de impresionarlas con la majestad del hombre al que servían. En ese momento, nosotros nos hicimos cargo de la situación y liquidamos a esta que ves aquí.

Aldous había estado paseando por la estancia sin darse cuenta con las manos a la espalda. Se detuvo junto a Vserad y concluyó: - Resumiendo: tenemos a un bicho muy feo y muy enfadado que se siente amenazado y que cree que tú estás detrás de todo. A esta criaturita, te lo aseguro, le importan bien poco tus muros y tus soldados. De modo que... - simuló hacer cálculos - quinientos y quinientos... son mil, ¿no?

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13/07/2017, 12:47
Vserad

Tras las palabras de Aldous, quién demostraba que no era la primera vez que como brujo trataba con señores como el de Percha de Cuervo, Janos extrajo la cabeza cortada de la espectro de Dannara de un saco que llevaba a la espalda y la tiró al suelo para que el conde, los guaridas y criados que merodeaban cerca del ornamentado salón la vieran con claridad.

La cabeza de piel grís y malicenta, con una lengua antinatural, la cuenca de los ojos vacía y el cabello antaño rubio de color cenizo rodó por la alfombra del conde dejando una hilera de sangre negra que aún supuraba de la misma. El conde se llevó inmediatamente la mano a la nariz, pues el hedor de la cabeza era importante, y frunció el ceño mientras escuchaba las palabras del veterano brujo que andaba de un lado a otro con las manos en la espalda.

Cuando Aldous mencionó los dos guardias desaparecidos, la expresión del conde le incriminó sobre que sabía acerca de ese asunto, hecho que no pasó desapercibido a los brujos. 

Tras la exposición del viejo, Vserad se quitó el sombrero que solía llevar y inclinó el torso hacía delante con las manos juntas, tratando de procesar toda aquella información.

- Brujos hijos de puta... - susurró para sí. - Así que si que había un diablo en mis campos de trigo, ¿eh? - añadió contemplando la antinatural cabeza de la dama del mediodía. 

- Por culpa de esto... lo que sea, he perdido muchos ingresos. - afirmó con gesto de enfado, rindiéndose al engaño de Aldous. - no quiero más problemas con gentuza como vosotros, ya habéis agitado bastante el gallinero por aquí. - dijo haciendo un gesto a uno de sus criados quién se acercó, y al que susurró algo. 

- Os pagaré vuestra mierda de sueldo, pordioseros, y espero que acabéis con el otro diablo igual que este que decís que anda por ahí... - continuó diciendo con cierta frustración.

- ¡Vino ya! - gritó enfurecido el conde a una joven criada que mostraba más de una magulladura en el rostro, seguramente por los golpes que su señor le debía haber causado como castigo o por mera diversión. La joven sirvienta le llevó una copa y le sirvió vino. 

Como si de un niño consentido y malcriado se tratase, el conde bebió un largo sorbo de la copa y la arrojó hacía la cabeza decapitada de Dannara con frustración. Al momento uno de los criados se acercó con una bolsa bien abultada.

- Aquí tenéis los mil orens que me pedís, coged vuestro dinero y marchaos ya de aquí, brujos o no, os prometo que si vuelvo a ver vuestras caras os ahorcaré en la misma puerta de mi fuerte. - amenazó con el puño alzado, momento en el que los brujos recogieron la bolsa del criado y tras comprobar la abundante cantidad de monedas del interior marcharon del fuerte.

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13/07/2017, 13:14
DM

Tras la argucia realizada hacía Vserad por parte del viejo Aldous y la sonrisa que ambos esbozaron en cuánto salieron de su fortín y contemplaron los mil orens que ahora tenían en su poder. ¿Cuánto vino, comida, hospedaje e incluso prostitutas podrían costearse con semejante recompensa? 

Sin embargo ambos sabían que aquel dinero podía durarles poco estando bajo los dominios del cruel señor de Percha de Cuervo ¿Cuánto tardará en recuperarse del miedo que Aldous le había provocado acerca de las damas del mediodía y mandar a sus hombres a matarlos y recuperar su dinero?

Sin detenerse a mucho más los brujos se encaminaron hacía la posada El Caballero de la Posada, donde depositaron una generosa cantidad de monedas frente a Julios, al fin y al cabo había sido el único de los habitantes de aquella empobrecida villa que había accedido a acogerlos ante el desprecio generalizado de los demás. Varios de los parroquianos ya hablaban acerca de que habían encontrado el cuerpo sin vida del capataz de los campesinos muerto en su propia casa bajo extrañas circunstancias, y que al día siguiente se celebraría el sepulcro.

Los brujos se apresuraron hacía el cobertijo de la taberna dónde hallaron al pequeño Hansel durmiendo. Con la mayor de las discreciones los brujos hicieron sus bolsas de viaje y se llevaron al pequeño en brazos casi oculto con la capa en cuánto la noche cayó pocas horas después, abandonando Percha de Cuervo tan rápido como pudieron...