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Crónicas de los Condenados. [+18] Cap 2: Intrigas Palaciegas

Sheena - Sabia. - Historia y Objetivos.

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04/01/2018, 00:28
Director

Sheena nació en una de las familias más nobles de Meridian, Una casa relacionada con los Duques de Alzania, el ducado ubicado al Oeste de todo el reino, lindero con el Bosque y la Isla prohibida. Su Casa, conocida como el Castillo del Gran Puente, era uno de los puestos claves de comercio, y en guerra, de los mas estratégicos, por lo que en ruta a la capital del reino, no era raro verlo lleno de viajeros, comerciantes y por supuesto espías. La familia de Alzania era rica por este comercio, aunque mucha de esa riqueza se iba en resguardar con soldados y mercenarios
Fue durante la gran guerra, ocurrida treinta años atrás, que su padre, perdió a todos sus hijos, y hermanos, quedando él solo. Ya mayor, aunque no anciano, quiso que su sangre continuara a cargo del castillo, y pidió consejo, ya que ninguna de las mujeres que pasaban por su lecho conseguían quedar encintas. Un sabio, que se encontraba de paso, le indico con quien debía casarse, y así fue se caso con una prima lejana, Lavenia, buscando perpetuar su descendencia, pero la fortuna quiso que solo tuviera hijas. Una atrás de otra, cada una con tres años de diferencia.
Renna la mayor, no era nada bella de rostro, pero si había sacado un físico exuberante, y además, rica y heredera, fue pronto asediada por los pretendientes, que la buscaban para meterla en el lecho, y manejar la fortuna, apenas el padre muriera.
Para concebir a Jaana, fue necesaria otra visita de Ciaran el Sabio, quien preparo por una semana una serie de mixturas que dio de tomar al Señor. No se sabe que ocurrió, pero la recamara fue azotada por gritos y gemidos toda la noche, y a la mañana, cuando el señor abrió la puerta, no recordaba nada, y su esposa salió corriendo del cuarto. Nunca más hablaron luego de ello, viviendo en habitaciones separadas cada una en el recinto contrario. Janna tenía un rostro bellísimo, pero su cuerpo era esbelto, incluso al crecer, como el de un joven, aun así, no le faltarían pretendientes, y era la intención del Señor casarla para asegurar una buena alianza y la seguridad de su reino, en este tiempo de paz.
Sin estar satisfecho, tres años después, cuando Ciaran pasaba de nuevo, le comento sus inquietudes, y este, le advirtió que ya era peligroso, y que se conformara con lo que tenía. El Señor no se dejo convencer, y este, pidió un precio, que su padre resulto extrañado, pero que acepto. Durante trece días con sus noches, el castillo se nublo, y fue la peor tormenta que existiera en esa zona desde que la gente tuviera recuerdos. Durante ese tiempo, nadie interrumpió al sabio, y muchos decidieron huir, o eso se dice, quizás para ocultar las desapariciones. El Señor visito la alcoba de su esposa, y los gritos de ella se escucharon incluso en el campo. Nueve meses después el Señor tuvo otra hija, una que desprecio, pues no solo se llevo la vida de su mujer, sino también sus últimas esperanzas de tener un varón. Sheenna se la llamo, la hermosa, quizás una burla por la condición de la fea muchacha, regordeta y débil de salud, no había heredado ni el cuerpo de la primogénita, ni la belleza etérea de la segunda. No tendría dinero alguno, pues las terceras hijas no heredaban, ni ningún hombre querría yacer con ella.
El tiempo paso, y el señor fue marchitándose cada vez más, hundiéndose en el odio de no haber conseguido sus objetivos. Por su lecho pasaban criadas y siervas, por obligación y con gran desagrado. Sus hijas, que crecían en belleza o atributos según el caso, se desvivían por agradarlo, aunque en secreto lo despreciaban casi tanto como a su hermana menor, aunque el desprecio hacia ella era abierto y frontal.
Al principio intento no odiar a su padre, ni a sus hermanas, pero la suma de situaciones, termino por cansarla. Quizás si no hubiera sido por el desprecio, las cosas hubieran sido muy diferentes y otro hubiera sido el rumbo de las cosas. No fue así. Sheena no había heredado la exuberancia, ni tampoco la belleza etérea. No. Si había heredado un fuerte intelecto, era de pensamiento rápida, y las circunstancias de su vida la llevaron a forjarlo como un arma, filoso, y también despiadado. Ya a los siete años había leído más libros que sus dos hermanas, a los nueve, más que su padre y la mayoría de los eruditos que iban allí. A los once, encontró libros de saber prohibido, ocultos en la biblioteca como si alguien los hubiera dejado escondidos allí para ella. Absorbió ese conocimiento, pero todas sus prácticas para realizarlo fueron nulas. No se rindió, practicando y practicando, aunque solo fuera para olvidar su triste situación
Ya a los trece escuchaba a sus hermanas, gemir bajo el peso de los hombres a los que se entregaban, y deseo tener alguno para hacerlo, pero su mente era una y su cuerpo otro, uno que no era deseable para los demás, incluso siendo la hija del señor, incluso, regalándose. Se había postrado y suplicado a un hombre mayor, y este, se había negado con desagrado.
De modo que una noche que los gemidos de sus hermanas eran insoportables y las lágrimas afluían por sus ojos de rencor y tristeza por lo negado de su destino, empezó a tocarse, para satisfacerse a sí misma. Sintió placer, y el leve roce se transformo en gemido, y sus piernas fueron abriéndose cada vez más, hasta quedar completamente expuesta y abierta, ambas manos introduciéndose en si misma, metiéndose en una espiral descendente de la cual solo saldría de allí con una explosión contenida.

Por eso quizás no escucho los pasos renqueante.
- Así que tu eres Sheenna. Te he estado esperando mucho tiempo, pequeña.-
A disgusto, sus manos salieron de su interior, completamente mojados los dedos y avergonzada de que la encontraran en esa situación. El hombre parecía de mediana edad su rostro, pero sus largos cabellos blancos, daban la impresión de ser de una edad que no podía definirse. Eso, y el ojo derecho cerrado por algún motivo, le dio un escalofrió que le recorrió la espalda.
Sin embargo, odiaba su vida, y ese escalofrió que hubiera hecho que otra mujer huyese despavorida de allí, solo hizo que se sintiera decidida a hacer lo que fuera por el. Ese hombre, extraño, significaba un cambio.

Durante toda la noche, charlaron, de varias cosas, de cosas que no había hablado con nadie, de sus deseos, de sus frustraciones de sus odios. El extraño, que dijo llamarse Ciaran, parecía entenderla a la perfección, demostrando un entendimiento que no había encontrado con nadie. Luego, le ofreció lo que ella no podía negarse. Le ofreció cumplirle tres deseos. El le aviso que podía darle lo que quisiera, pero que todo tenía un costo. Ella ni siquiera dudo, aceptaría lo que fuera por obtener lo que quería. Solo para probarla, le indico que se abriera de piernas, y cuando ella, al principio renuente lo hizo, pensando que así sería su primera vez, el extraño sonrió, y solo mojo un dedo, de afilada y larga uña, que se hundió en su hendidura y se llevo parte de ese extraño jugo que había empezado a soltar al tocarse al principio de la noche, a su boca, saboreándolo con cuidado, con deleite.
- Veo que eres virgen aun, temí por un momento que no lo fueras. – dijo, observándola con su único ojo.- Dime que deseas. -
Ella le dijo sus deseos, y el asintió. – Para los dos primeros, te daré mi poder, pero ya que te niegas a ser mi adepta, solo hay una forma de conseguirte lo que tú quieres. Recuerda que tú me has pedido tres cosas, y yo te pediré tres cosas a ti. La primera ya la has cumplido. Ahora es mi turno de cumplir. – sonrió misteriosamente, y agrego. – Niégate a estar con nadie, hasta que la tercera noche ocurra. Luego podrás hacer lo que quieras.-
Sheena no entendió. ¿Quien querría estar con ella? Se fue a dormir inquieta, abrazada a uno de sus libros favoritos. Fue un grito la que la despertó, y un montón de criadas corrieron al cuarto de una de sus hermanas. No la dejaron ingresar, y cuando salió de su cuarto, pareció llamar la atención de los criados, que la miraban extrañados. Las mujeres con desconfianza y los hombres con detenimiento. No le dio importancia, y realizo sus labores de rutina, comer, ir a leer, estudiar, sentía un extraño hormigueo en los dedos, y por segunda vez en su vida, bajo su mano para sentir un placer que en esta ocasión, no fue interrumpida. El encuentro con el extraño lo dejo como un sueño, ya que no había rastros de el, y todo estaba como si solo ella hubiera pasado la noche allí. Al salir del sótano donde estaba la biblioteca, dos jóvenes, gemelos, que habían compartido el lecho al mismo tiempo con su hermana mayor, y luego con la del medio, se acercaron a ella.
- Si es la pequeña Shenna. Ya hemos estado con Renna, y con Jaana. Creo que es hora y tradición que estemos contigo.- A ella le latió el corazón con fuerza. Las noches que sus hermanas habían estado hablando de sus experiencias con ellos habían alimentado varias charlas. Hasta hace ayer, fingían que no existía. Ni la despreciaban siquiera. Los criados, hermosos y crueles fingían su inexistencia.- Quiero tomar ese bello rostro en mis manos y ensuciarlo hasta el cansancio.- dijo acariciándole la mejilla uno de los gemelos. Ella se toco involuntariamente el rostro. ¿Bonito?... nunca le habían dicho eso. Si.. “daría lo que sea por compartir el lecho”… casi salió de sus labios… pero en salió un rápido. “no”.
Ellos la miraron desconcertados, y ella salió corriendo. Llego a su cuarto, y se observo en el espejo, su rostro se había afinado, cambiado, acercándose al de su hermana, o incluso más bello, de labios gruesos y pómulos altos. Sus ojos se habían cristalizado, y en sus mejillas había un ligero rubor, en resumen, era como una versión aniñada, o aun más etérea que su hermana.
Escucho ruidos, pero se sintió agotada, enfebrecida. Ese día lo paso en su cama, con los cuidados de sus criados, mientras se lamentaba por haber rechazado a los gemelos, y su cuerpo se retorcía de dolor. Toda ella estaba transpirada y solo veía a la servidumbre cambiar las sabanas una y otra vez. Le dieron de beber algo pastoso, y se durmió.
Cuando despertó, era de noche, y había dormido un día entero. Se incorporo, con la cabeza mareada, y todo, y se sintió más pesada, en efecto, el leve y ajado camisón que llevaba siempre le comprimía el cuerpo. Su abdomen antes prominente era ahora chato, sus pechos parecían desbordar del vestido, amenazándolo con romperlo.
Salió de su cuarto, cubierta únicamente por una sabana, pues ninguno de sus vestidos le entraba. Veía todo desde otra perspectiva, y se dio cuenta porque, no solo había aumentado de peso, sino también de altura. Además, caminar con aquel pesado busto la obligaba a cambiar la forma de dar los pasos y encontrar el equilibrio. Sintió las miradas de los hombres, ahora las pudo definir con facilidad, era deseo. Vio a las mujeres, observarla con envidia, y también algunas con la mirada que todos los hombres tenían, pasión, deseos de hacerla suya.
Todos fueron solícitos, algunas falsas, pero todos ofrecieron ayuda. Tenía mucha hambre, así que por primera vez, comió en las cocinas mientras buscaban ropas que fueran de su talla. Su hermana mayor, si las modificaban, podían aprovecharlas, total ella no las necesitaría por un tiempo.
- Que desgracia, que a la primogénita uno de sus amantes la atacara con un puñal. Su cuerpo quedara con marcas por siempre.-
dijo el ama de llaves, mientras le traia una sopa de verduras.
- Deseo carne.- dijo Shenna.
- Y tu otra pobre hermana. El día anterior, sufrió una enfermedad, su rostro se lleno de pústulas. Nunca más quedara como antes, un rostro tan bello…-
La joven escuchaba las desgracias de sus hermanas, pero aunque asentía, ninguna emoción salía de su pecho, la habían maltratado, se habían burlado y la habían humillado, y ahora tenía todo lo que ellas tenían, lo mejor de ambas, pero en ella. Ahora sabia mientras debía sentarse mejor para que el busto no chocara con la mesa, que quería esto y que estaba dispuesta a lo que fuera para no dejarlo ir.
Todos hombres la devoraban con la mirada, y mientras comía vorazmente, empezó a jugar, a dejar caer la sabana un poco, descubriendo su hombro, dejando ver más del blanco busto, para agarrarlo justo a tiempo, antes de quedar expuesta. Vio a los hombres retorcerse de deseo de que de se cayera aquel trozo de tela que guardaba su cuerpo, y mantenía la distancia entre ellos y ella, entre saber y lo desconocido. Un ardor extraño, una necesidad que debía ser satisfecha subió como un fuego por sus entrañas, dándole calor a todo el cuerpo. Pronto, no era carne molida lo que quería entre sus labios si no carne de ellos, no le importaba si era joven, y hermoso o viejo y decrepito, quería que la tomaran como suya por una noche, para luego dejarlos por otro. Quería alimentarse de ese fuego, y mezclarlo con el suyo propio.
Volvió en sí, tomando todo el vaso de agua para refrescarse o se hubiera desnudado frente a la mesa, y exponiéndose frente a otros si seguía en esa línea de pensamiento. Alguien, una pequeña consciencia se acordaba de que hacía nada era un cuerpo regordete y bajo, con un rostro vulgar y que su único consuelo eran los libros, pero ese ser luchaba contra aquella amazona ardiente de deseo.
Salió de allí, y pidió un baño, frió. Las criadas estaban muy ocupadas con sus hermanas para discutir, de modo que asintieron, al menos, era menos trabajo. El Agua estaba fría y sin embargo, solo sirvió para atenuarla. Se seco y paso a su habitación, donde se tiro, desnuda a dormir, mientras sus manos, involuntariamente volvían a su entrepierna, para satisfacer lo que no podía ser satisfecho. Podía escuchar afuera, a varios hombres, y los imagino espiándola por la cerradura, mientras ella exponía su blanco trasero levantado para su deleite. Cien veces tuvo el impulso de dejarlos pasar, y afrontar lo que fuera que ocurriese, pero cada vez que se incorporo para ir, una fuerte voz en su mente dijo “NO”. No quería perder aquello que había conseguido. No. No solo ahora era hermosa, y deseable, si no que sus hermanas además habían perdido su belleza. Era una satisfacción por partida doble, cumpliría su parte del trato al pie de la letra.
Para distraerse, se puso de pie, y camino hacia el espejo, para admirarse. Solo debía dejar pasar esa noche, y cuando pasara ese día, podía ser de quien y cuantos quisiera. Se observo frente al espejo, aquel que contadas veces lo había usado en el pasado, y siempre le había huido. Ahora pudo verse, alta, de pechos plenos, el cabello dorado tan fino que parecía hilado en oro, los ojos claros, transparentes, los labios llenos, como fruta madura, solo sus ojos, noto ahora, eran algo crueles. Sus piernas delgadas pero con curvas, y su vello púbico, una fina y delgada línea. Noto que se excitaba observándose, y como el espejo empezaba a empañarse. El metal dejo de reflejarla claramente, solo para empañarse, pero algo no estaba bien, algo estaba sucio en el, o más bien, como si hubieran escrito algo que solo al empañarse en su cercanía había quedado revelado. Lo limpio con su mano, pero no se fue.
“S Y A N N O M O U R U N” era lo que estaba escrito, y sin poder evitarlo, sus labios lo pronunciaron en voz baja. Apenas termino de pronunciarlo, sintió como si su boca hubiera mordido algo ardiente, y olio el olor a carne quemada. Bebió algo de vino y se sintió impaciente, así que fue a dormir o a intentarlo. Solo debía dejar pasar cuatro horas y el resto de su vida seria suyo.
Ya faltaba poco para medianoche.
Lo siguiente, no quedo claro en los recuerdos de Sheenna, solo recordaba que le fue difícil dormirse, y despertarse. En sueños, recordaba seguir pronunciando las palabras que había escrito en el espejo, y al pronunciarlo por tercera vez, recupero plena consciencia. Estaba Sola en su cuarto, a la vez, supo que no lo estaba. Nadie había pasado por esa puerta, pero sintió su presencia. No se animo, por temor, a mirar hacia atrás, pero noto, como una sombra se alzaba del suelo, subiendo más arriba que ella, y como se encaramaba sobre ella, con fuertes garras, la tomaron de la cintura, y la colocaban en posición. La piel se sentía correosa, dura al tacto, y las uñas filosas, como las garras de un animal, y la criatura tenía una fuerza inusitada, fácilmente el triple de fuerte que cualquier hombre común, y mucho más que ella.
Una vez asumida la posición, ella cada vez mas temerosa y a la vez excitada, sintió como las manos se apoyaron en sus hombros, y las uñas se clavaban en su carne, y las rodillas de aquel se interponían para evitar que cerrase las suyas.
- Años espere por este premio, por este tesoro, y ahora lo tomare. – dijo al tiempo que lamia con una muy larga lengua el lóbulo de la mujer. Esta sintió como algo, enorme, inmenso amenazaba con ingresar en aquel lugar donde solo lo habían hecho los delgados dedos propios. A la vez, sintió como unas manos agarraban con fuerza sus pesados senos, al mismo tiempo que la sujetaban por los hombros.
- Detente! – dijo, al instante previo de ser desflorada.- Yo…- las palabras, lo que le había dicho Cirian, que habían quedado olvidadas en un rincón de la memoria, afloraron ahora.- Yo te ofrezco mi virginidad de buena gana. Yo … prometo ser tuya… pero tu has de darme algo a cambio. Yo te convoque, y ese es mi precio, y estoy dispuesta a pagarlo con sangre.

Un aullido que tenía algo de frustración y de deseo, muy agudo, resonó en toda la habitación, pero luego, la monstruosa entidad que tenia detrás suyo hablo con voz melosa.
- Di tu precio, prostituta de almas, y yo veré de cumplirlo, si me place.-
Ella, instintivamente, coloco sus brazos debajo de si, como para soportar el peso de el, algo que sabía que sería imposible, y elevo, dispuesta su trasero, ofreciéndose vulgarmente a la entidad, porque si bien la temía, y así debía hacerlo, mas temía volver a su antigua vida.
- Deseo mantener mi aspecto… Deseo que mis hermanas continúen en su situación y nunca recuperen quienes alguna vez fueron… y lo que deseo por encima de todo es … aprender la antigua magia…-
Los pechos de ella fueron apretados con tanta fuerza por las manos con garras que sintió como se clavaban en ella, y pequeñas gotas de sangre, de su sangre, manchaban la cama. – “Acepto”- dijo, y con un poderoso envión, ingreso por completo en ella. El grito de la mujer fue desgarrador, si no fuera que estaba firmemente sujeta, hubiera arañado por escapar. Lo que había metido en su interior, no estaba hecho para humanos. Era muy ancho, y muy largo y la penetraba con fuerza. Además, estaba caliente, tanto, que hacía que su interior ardiera. La criatura, la penetraba con la fuerza de un martillo, una y otra vez, haciendo que esa cosa, su miembro viril, dejara marca en el interior de ella, haciéndose espacio, territorio, y marcándola. Lagrimas salían sin cesar de los ojos cerrados de la mujer, luego del primer grito y posterior exhalación muda. Al principio, el dolor y constante martilleo sobre su cuerpo, solo causo dolor, y el sentirse manejada como un títere por un titiritero oscuro, la tuvieron en un limbo de confusión, pero el tiempo paso y la resistencia inhumana de la entidad no cedía, ella perdía y recuperaba la consciencia de a ratos, sin que a quien la poseía pareciera importarle en lo mas mínimo. Luego, llego el placer. Y no llego despacio, si no como un dique que se desbordase, invadió en oleadas constantes el cuerpo de Sheena, ese cuerpo que ahora sería el suyo… si ambos mantenían dicho trato. Pronto deseo que siguiera penetrándola, poseyéndola, incluso, de su boca reseca, se atrevió a decir …”Mas”. Ante ese pedido, la forma en cómo la poseía cambio, una mano sujetaba el largo pelo de ella, manteniéndolo tirante y en corto, otra, la sujetaba las dos muñecas por detrás, al tiempo que una la tenia de la cintura, y la ultima, sin consideración, metía los largos dedos en su trasero, desgarrándolo con las uñas. El dolor y el placer venían por igual. Interminables minutos luego de que la poseyó, sintió como la cosa en su interior temblaba unos segundos, expulsando fuego que devoraba sus entrañas, o eso sintió, y grito otra vez. La risotada del monstruo fue tremenda, y sirvientes intentaron abrir la puerta, lo que solo causo que golpearan sin efecto.
En su interior, noto como aquella cosa, segundos después de descargarse, cobraba vida y vigor de nuevo, empezando a azotarla nuevamente. En esa postura, casi en el aire, los senos de ella se entrechocaban al tiempo que una mano de el, aquella que se hundía en su otro orificio, se metía en su boca, obligándola a degustarla a si misma, y saliendo de ella sin misericordia, ingresaba por el canal horadado anteriormente. El dolor vino de nuevo, mientras la monstruosidad de la entidad tomaba ese bastión, ella pudo observar ahora el brazo, el cual, tenía una piel serpentina y era entre negro y gris, y tenía extrañas runas, puestas de forma extraña. Sus estudios le decían que debían de formar un patrón en el cuerpo de la criatura, pero el placer y el dolor no la dejaban concentrarla para leerlo correctamente.
Horas después, recordaba el se dio el gusto de jugar, hasta la primera luz del alba, lo último que recordó era como lamia con placer ese enorme y rugoso miembro que tanto dolor y placer le habían causado, y como, suplicante, había pedido hasta la última gota y la entidad se la había concedido, descargando su semilla sobre su rostro, humedeciéndole los cabellos y la cara, antes de que el sol ingresara al cuarto, el desplego para ella sus oscuras alas y los envolvió a ambos en oscuridad, luego el primer rayo de sol los toco a ambos y el se esfumo como ceniza.
Observándose al espejo, noto las marcas del encuentro, su cuerpo seguía hermoso, pero había sido profanado, y ella lo sabía, incluso, lo disfrutaba. Algunos de sus cabellos estaban esparcidos en la cama, se podía ver claramente si alguien veía esa parte de ella, que había sido usada más de una vez, y su rostro aun estaba sucio por la semilla desparramada. Toco su costado, sonriendo, cuando con su enorme boca la había mordido de costado en el abdomen, haciendo que fuera ella quien le dijera cuando dejar de morder, y ella había resistido, incluso hasta que los dientes mordieron su carne, dejando una vez más su oscura huella. Sonrió y pronuncio su nombre una vez más, por gusto, sintiendo ese calor en la punta de la lengua, como quien pronuncia el nombre de un amante.
Se baño por horas, y le trajeron la comida a la cama, las criadas, con algo de temor, luego, cuando se hizo de noche, se encamino a la biblioteca del sótano, paso por la cocina.
- Solo escuche algo parecido cuando el señor procreo con la Señora, hace tantos años.
- Sus hermanas no han salido de sus cuartos, creo que la temen.

- Por fin la puerta cedió, y no puedes creer lo que vi. A la hija del Señor, sostenida en el aire, y rodeada de oscuras luces, gimiendo como una cualquiera- dijo con miedo.- aun la deseo, pero me da algo de temor- escucho la voz de uno de los gemelos.
Así fue como comenzó su nueva vida, y su nueva educación, todas las noches, ella convocaba a la entidad, y esta le enseñaba conocimientos oscuros, prohibidos, rituales que implicaban horas de estudio y sacrificio, de animales, e incluso de vidas humanas.

Ese fue el comienzo de una nueva vida de Sheena, sin embargo, duro poco. A diferencia de sus hermanas, quienes tenían sus actividades en secreto relativo, ella se encontró como desatada, para causar aun más envidia y odio en sus hermanas. Con su rostro, y físico y sus rituales, los usaba para lo que quisiera, obtener la lealtad de alguien, o vengarse de todos los que le habían dicho que no en su vida. Siervos, criados, viajeros, comerciantes, ella elegía quien pasaba por su lecho y quién no. A veces, el más desagradable de ellos era quien la poseía, a veces un muchacho hermoso, solo para desfigurarlo en medio de la pasión. Logro que los gemelos pelearan con cuchillo, solo para ver quién podía poseerla, finalmente para no dejar que ninguno lo hiciera, se follo al obeso cocinero derramando los fluidos de ambos sobre la gran empanada que comerían sus hermanas a la noche. Y lo hizo a la vista de toda la servidumbre. Pronto se hizo de tal reputación, que los pretendientes empezaron a abandonarla.
Su padre mismo, anciano, y molesto tomo cartas en el asunto, primero con órdenes y luego cuando los desmadres no terminaban, la encerró y cuando logro escapar gracias a su magia, y a su pacto oscuro, la azoto.
Sin embargo, el dolor de los azotes era poco comparado con lo que había vivido con su Oscura entidad y el placer le llego en oleadas, teniendo un orgasmo a la vista de todos, mojadas las piernas mientras recibía el dolor. Además, se había preparado para ello, por lo que el mordiente cuero no había hecho un daño real.
Ella igual, se equivoco en algo, ella podía jugar con guardias, podía jugar con siervos, y podía jugar con sus hermanas, pero su padre no era quien para jugar con él. Una noche, luego de follar con cuatro soldados al mismo tiempo, para recargar su poder y de paso, atraer su lealtad, se encontró con su padre esperándola en sus aposentos. Ella no lo había visto más de diez veces en toda su vida, y mucho menos ingresado a esta ala del castillo, desde la muerte de su mujer, o antes, es decir, antes del nacimiento de Sheena y allí estaba, esperándola en una silla con una extraña daga curva en la mano. Los estudios de ella pronto habían dado frutos, y supo que era una daga antigua, traída de la antigua Stygia, y cuyo fin último era el sacrificio.
- Así que tu eres quien causara mi muerte, maldita puta. No eres mi hija. Tu eres quien pagara por mis crímenes y los tuyos. Maldijiste a tus hermanas, mataste a tu madre y acabaste con mi felicidad, maldita bruja.-
Su padre se abalanzo a atacarla por sorpresa, antes de que pudiera invocar o gritar por ayuda. Su padre un viejo guerrero, acabaría con ella en una confrontación física sin dudarlo. Sin embargo la vejez y el odio desmedido pudieron más, y el temblor del castillo en ese momento fue providencial y tropezó con la alfombra. En ese momento, fue el ataque de los guerreros de negra armadura. El castillo tembló de nuevo, y ella reviso a su padre. Estaba boca abajo, y cuando lo dio vuelta, el pronuncio sus últimas palabras.
- Al Final fuiste mi muerte como dijo Ci…- Ella lo vio, y vio el puñal estigio en su vientre y como la vida de su padre escapaba por ahí. No lo dudo. Tomo el puñal con ambas manos, y lo saco con esfuerzo, luego, lo clavo en el lugar correcto, el corazón del anciano, y sintió como una esencia roja se transfería a la daga. Luego, así como estaba en apenas un camisón sucio, se envolvió en una capa de piel de Oso, busco las joyas más cercanas y se coloco unas botas altas y se metió por los recovecos secretos del castillo, que salían al exterior y al puente. Tomo un caballo, al tiempo que uno de los nuevos guerreros, un joven de menos de quince inviernos, salía hacia allí. Ella lo sabia virgen y aguerrido, y sobre todo inocente. Estaba reservándolo para luego, pero ahora lo necesitaba.
- Ayúdame. Sálvame. Han asesinado a mi padre y ahora vendrán a por mi.- Los ojos suplicantes, el caer de rodillas y lucir parte de su escote, y que uno de los senos quedara visible, fue lo suficiente para convencerlo.
- Si Milady.- Y la ayudo a montar, para subir a un caballo el mismo.
Los días que siguieron, dándose vuelta para ver el castillo donde había vivido toda su vida en llamas, la hicieron no mirar atrás. Hacia unos meses, uno de los comerciantes de paso que se la había follado contra la muralla le había revelado un secreto, una antigua ciudad, una ciudad prohibida. Y ahí era donde debía dirigirse ahora.
Quería mas poder, y más fortuna y necesitaba un cambio de aire después de todo…

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22/01/2018, 20:41
Director

Imágenes de Sheena:

Objetivos:
Objetivo Principal es obtener mas poder mágico.
Luego, riquezas.

Interpretación: Si bien Sheena no tiene problemas en humillarse y someterse, debe tener cuidado por que quienes yacen con ella son drenados de energía, y si bien
Ademas, es alguien que tiene objetivos claros y debe llevarlos a cabo si quiere seguir viva, o mas aun, conservar su forma física. El demonio drena 3 puntos de poder por día.

Secretos: Obviamente has de ocultar que Sheena es una Sabia, y mucho mas aun, que tiene un pacto con un demonio.
De otros debes guardarte de que espías para los enemigos.

Cargando editor
13/03/2018, 01:58
Director

Algunas imagenes de Sheena y su fisico.