Partida Rol por web

El emisario (Leyenda Élfica)

La historia hasta ahora

Cargando editor
19/01/2022, 22:34
Narrador

Ha pasado una semana desde el ataque de los dragones sobre Litdanast y el olor a madera quemada aún impregna el aire del bosque. Cada árbol muerto trae el recuerdo de la emboscada que sufrió tu patrulla mientras recorríais la frontera y la muerte de tus compañeros a manos de los crueles orcos. En solitario, huiste hacia la capital para encontrar que la bella ciudad elfa estaba siendo arrasada por los dragones, seres legendarios que habían desaparecido siglos atrás. Después de una batalla desesperada a las mismas puertas del Palacio Real, lograsteis eliminar a los reptiles alados y expulsar a los orcos de vuestro hogar.

A pesar de la tragedia que se cernió sobre el bosque aquel día, la capital del Reino élfico recupera lentamente la normalidad. Muchos elfos murieron en la batalla, soldados, niños, ancianos... la desgracia se cebó por igual con todas las familias, ninguna salió ilesa. La familia del Rey Gerahel no es una excepción; el príncipe Gorshael, segundo hijo del monarca, murió hace cuatro días en una escaramuza, mientras limpiaba el Reino de orcos rezagados. Su grupo fue víctima de un traicionero ataque y tanto él como sus guardias cayeron asesinados.

Cargando editor
19/01/2022, 22:37
Narrador

La mañana del funeral es fría y nublada, como si también el cielo mostrase su pesar. Tu familia permanece en silencio, acompañada por el consejo de la Corte Blanca y demás personalidades de la ciudad, mientras tu padre, el rey Gerahel, reza en pie ante el frondoso árbol a cuyas raíces se han entregado los restos del príncipe caído. Junto a tus hermanos, asistes a la ceremonia con la cabeza gacha y las manos cruzadas bajo las mangas de la túnica. Durante la oración de tu padre, recapacitas sobre lo sucedido, sin entender cómo un simple grupo de orcos pudo acabar con tu hermano y sus exploradores. No hallas una respuesta, aunque supones que el destino y la fatalidad se conjuraron contra ellos.

En ese momento oyes un sollozo a tu lado y miras de reojo a tu hermana Gishal, la única hija del Rey. Es bella y joven, con el pelo negro azabache recogido en un elaborado moño. De todos los presentes, ella es la única que exterioriza su pesar, las lágrimas surcando sus pálidas mejillas. Ninguno de los demás hermanos dice una palabra o exhala un sollozo. No hace falta, Gishal llora por todos.

Cargando editor
19/01/2022, 22:40
Narrador

Horas más tarde, poco antes del anochecer, sois convocados en el salón del Palacio Real. Tu padre ha reunido allí a sus hijos y a los miembros del consejo para decidir la estrategia a seguir.

-La guerra es una realidad. Habla el Rey con voz profunda y severa. El tiempo en que los elfos podíamos mantenernos alejados de los asuntos del mundo ha acabado. El brutal ataque que sufrimos hace siete días lo demuestra; la guerra se acerca.

-¿Una guerra? Salta uno de los ancianos del consejo. Señor, nuestro pueblo no está preparado para una guerra.

Molesto por la interrupción, el Rey se dirige a tus hermanos y a ti, sin mirar al consejero.

-La guerra nos ha sido declarada. Dice Gerahel. Eso es un hecho, la muerte de uno de mis hijos así lo atestigua. La cuestión es: ¿Cómo nos enfrentaremos a este ataque? ¿Esperaremos guarecidos en nuestro bosque la llegada de más dragones? ¿O buscaremos una forma de acabar con el enemigo, aunque para ello tengamos que romper viejas promesas?

-Estás siendo críptico. Dice Gornahel, el mayor de tus hermanos y heredero del trono. Habla con claridad, padre. ¿A qué te refieres con romper viejas promesas?

-Debemos buscar la ayuda de los humanos. Sentencia el Rey.

Al oír estas palabras, un murmullo de desaprobación resuena entre los consejeros. Tu hermano Gornahel, visiblemente alterado, se levanta y habla con tono enérgico.

-¿Pedir ayuda a los humanos? ¡Eso jamás! Clama, descargando su puño sobre la mesa.

-No te sulfures, hijo. Responde el Rey, sin alterar su serio semblante. Nos haremos fuertes en el bosque, entrenaremos nuevos arqueros, cortaremos flechas y afilaremos espadas. Nos prepararemos para la guerra. Sin embargo, todo eso será inútil si no conseguimos ayuda. Hace una pausa mientras mira alrededor. Admitámoslo, somos muy pocos. Nuestro antiguo esplendor ha menguado. Ya no disponemos de un ejército de millares de arqueros como antaño. Si queremos sobrevivir, dependemos de las otras razas de este mundo.

Hay más protestas y gritos, aunque el Rey se muestra inflexible y, con un gesto de la mano, les obliga callar.

-A partir de mañana, empezaremos a trabajar. Dice, y acto seguido, pasa a encomendar tareas a sus hijos. De este modo, el príncipe Gornahel es el encargado de la formación del ejército, con la ayuda de varios de tus hermanos. Gishal y otros dos príncipes recorrerán el bosque y montarán puestos de guardia, donde almacenar armas y provisiones.

Con cierta decepción, piensas que otra vez te han dejado de lado, debido a que eres el más joven y el último en la línea de sucesión. Pero entonces, tu padre se vuelve hacia ti y habla en voz alta:

-Y tú, hijo, viajarás a Stumlad llevando un mensaje mío. Dice, mirándote fijamente.

Tu sorpresa es tal, que no eres capaz de articular palabra y sólo puedes escuchar a tu padre.

-Partirás por la mañana, acompañado de cinco soldados que te escoltarán hasta el reino humano. Llevarás esta misiva. Añade, sacando de debajo de su túnica un rollo de pergamino cerrado con el sello de la Casa Real Élfica. En ella explico lo sucedido y hago una oferta de amistad, a la vez que pido ayuda en los oscuros tiempos que se avecinan.

-¿Una misiva en demanda de auxilio? Gornahel se levanta de nuevo, indignado. Jamás nos habíamos rebajado tanto. Sólo ha sido el ataque de unos dragones y una horda de orcos. No sabemos aún a qué nos enfrentamos. Puede ser incluso que no haya más enemigos.

El Rey se toma su tiempo en responder.

-Los dragones fueron expulsados de este mundo junto al Rey Dios. Dice una vez se acallan las protestas. Los doce sabios les encerraron en el círculo de piedra junto al Señor de la Sombra. Hace una pausa, su gesto inalterado por los años muestra una profunda preocupación. Si los dragones han vuelto... Sigue diciendo. ...significa que el Rey Dios también ha regresado.

Un silencio sepulcral llena la amplia estancia. Sólo es oír el nombre del maligno nigromante y un escalofrío recorre tu espalda. Creciste oyendo historias sobre Abanatah, el Rey Dios, líder de un ejército de monstruos y demonios que arrasó medio continente. Tan sólo la unión de todas las razas de Valsorth pudo detenerle en la batalla, ante el templo del enemigo, en la que sus ejércitos fueron aniquilados por la alianza de hombres, elfos y gigantes azules. Acorralado, el Rey Dios se refugió en el interior de su fortaleza, donde los doce sabios unieron sus poderes y, con su propio sacrificio, encerraron al nigromante en un mágico círculo de piedra.

-Se acercan tiempos oscuros. Dice el rey Gerahel, dándose la vuelta y caminando hacia la puerta de salida. Y debemos hacerles frente antes de que sea demasiado tarde. Sentencia antes de apartar la cortina de seda y abandonar la sala.

La reunión acaba y la estancia queda vacía. Caminas hacia tu habitación suspendido en una nube, sin poder creer la importante misión que tu padre te ha encargado. Pasas la noche preparando tu equipaje. Al final, agotado, caes dormido con un mapa del continente entre las manos.