Partida Rol por web

Envenenado

Capítulo 2: ¡Vienen los ingleses!

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03/03/2018, 10:29
Bulbul

Bulbul miraba al brujo blanco con algo similar al asombro. Actuaba como un jodido loco, pero es así como actuan los hombres medicina. La inspiración de los dioses es demasiado para ser contenida por un mortal. Bulbul no entendía esas cosas sutiiles, pero sí que había visto hacer cosas muy locas a brujos, y al ver como atuaba Matarratas, pensó en ellos.

El Duquecito se rendía, siempre que se respetara el jodido código.

¿Qué mierda importa un código cuando habla un brujo?

Pensó el negrazo. Para él, eso de los códigos estaba muy bien para los blancos, siempre con sus leyes. En su tierra natal, también hay leyes. Leyes de verdad. Simples. No esas mierdas de tanta palabrería de los blanquitos, pensadas para confundir y darte por culo mientras piensas en lo que ha dicho. Sí, a Francis le pegaba mucho ampararse al Código.

Avanzó algunos pasos, gruñendo por lo bajo como un buey. Si el francesito hacía algo raro le pegaría en la boca hasta asegurarse que cagara dientes.

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03/03/2018, 22:10
Jacob Smith

Jacob se había enfurecido muchísimo con la confesión del capitán inglés, pero se tranquilizó por un momento y escuchó al capitán. ¡Igual el puto inglés estaba mintiendo! Siguió el discurso de Matarratas con interés. Sí, era listo, había que reconocérselo, pero en eso había ventajas, había ventajas de tener a alguien con dos dedos de frente como capitán, y alguien que se dedicara a reparar y coser a los chicos, no a rajarlos continuamente. 

Además, daba buen espectáculo. Se llevaba las miradas de todos. ¡Y hacía daño al puto ingles! ¡Y le cortaba la cabeza!

¡Jajajaja! —rió a mandíbula batiente cuando el cirujano usó la cabeza del capitán inglés como marioneta. ¡Era increíble! A él nunca se le habría ocurrido. En su odio extremo hacía los malditos oficiales ingleses. Aquella desecración era lo más divertido que había visto. 

—¡Estamos muy bien, capitán Fuckedford! —gritó Jacob— A usted le vemos también genial... rebosante de salud... ¡Aunque un par de palmos más bajo!

De pronto, el capitán se quedó silencioso... y ordenó prender al Duquecito. Los hombres no lo dudaron, y vió como le agarraban. Jacob les ayudó a atarle. Le susurró:

—Espero que no fueras tú el traidor, y si lo eres... espero que acabes en un tablón en mitad del mar helado y que no entres en él y vayas al fondo y mueras ahogado y devorado por tiburones.  

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04/03/2018, 15:19
Reek "Butcher"

El Capitán le denegó el permiso, por omisión. En el teatro dramático en que se había convertido la cubierta del Cipote de Mar, se encontraba repleta de actores. Así pues, el estallido de furia del niño animal quedó algo suavizada por los razonamientos, o no, del resto de hermanos. Él no estaba hecho para pensar, bien cierto era. Pero no es que fuera lo más confiado que pisa la tierra, por lo que con pocas palmas su cabeza remiraba al desgraciado de turno. Desgraciado, por llamarlo de alguna forma, si es que hay que ponerle nombre. Lo cierto es que esta vida puta está plagada de parásitos, no todos con más de dos patas, dispuestos a joderte la vida según mires un poco a otro lado. Por eso no había que desviar la mirada... Por eso había que matar antes de que te maten. El parásito muerto, es el parásito inofensivo. Pisas una cucaracha antes de que se haga sobre tu comida, revientas con las uñas una garrapata antes de que te pique, le partes el cuello a un hijoputa antes de que te apuñales. Ese era el ciclo de la vida.

Aturdido y cabreado, con la voz de los ajenos resonando en sus oídos como un mero eco molesto, se siente capaz de atravesar las tripas de todos y cada uno. Dejar fluir entre sus dedos la sangre caliente y escarlata de alguien a quien miraría a los ojos en todo momentos, mientras se le escapa la vida cada aliento. Y lo hubiera hecho. Vive Dios que el pobre infeliz lo hubiera hecho...  Pero no lo hizo. Y no por ningún código, sino por la presencia de algo que teme mucho mas. Un furia que va más allá de la suya. Una que nadie que no estuvo en lo frondoso de la isla entendería. La misma que descarga, una y otra vez, a Margarita sobre el cuello del capitán inglés.

El perro Butcher queda impasible ante semejante carnicería, insensibilizado. Mismo estado en que permanece cuando Matarratas manda apresar al Duquecito. Momento que aprovecha para hablar con el Capitán.

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04/03/2018, 15:20
Reek "Butcher"

El perro se acerca dubitativo, temeroso, con la cabeza gacha y cierto tembleque en las manos. Nervios o temor, o bien espasmos de rabia contenida. En ese punto, le susurra, sin estar aun seguro si aquello le acarrearía alguna consecuencia.

- Señor ¿piensa que ha sido él? No me fío de ninguno... todos hablan demasiado, ríen demasiado... Eso no me gusta... - tembleque. 

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13/03/2018, 16:47
Alfonso Duarte «Matarratas»

Matarratas rascó al perro detrás de la oreja. Buen y leal cachorro.

Haces bien en no fiarte, perro. ¿Ha sido él? ¡Jajaja! Dime, ¿de verdad crees que eso importa?—le dijo de cerca, con una sonrisa maliciosa—. No importa lo que yo crea, importa lo que creas, así que actúa como mande tu instinto asesino—añadió, clavándole el dedo en el pecho al decir ese «tú».

La mirada del capitán parecía el pozo del caos, donde la única realidad posible era el desconcierto y el dolor por el dolor. Los ojos se clavaron en el alma del muchacho y urgaron juguetonamente en ella. En los colmillos afilados del Matarratas brillaba el desprecio, el desinterés y la burla. Porque al capitán no le importaba una mierda la verdad, solo la espiral mareante y el desorden dañino.

Se rió de medio lado para el perro Butcher, primero flojo, y después más abiertamente, mirándolo con intensidad y picardía, quién sabe si haciéndole una promesa cómplice o una amenaza personal. Con el maldito Matarratas todo parecía siempre extraordinariamente claro o perturbadoramente retorcido y oculto. Todo a la vez.

 

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14/03/2018, 20:23
Narradora

Con el duque preso y el barco en esas condiciones, no iban a ir muy lejos. Llevaron el barco a la playa, para volver a carenarlo como debía hacerse y reparar aquellos destrozos de la batalla. 

Con los restos que llegaban del barco inglés a la playa, pudieron recomponer el Cipote de mar para que al menos fuera presentable. No es que fueran a regalarles otro barco nuevecito a estreno, así que tendrían que cuidar lo que dios, o quien fuera que guardara su destino, les había dado.

Tardaron una semana en dejar todo listo, se aprovisionaron con lo que pudieron de los restos de la aldea. La mitad de ella ardió por la lava que cubrió casi la mitad de aquella isla de la mano de dios. Mientras el capitán se afanó porque se pusiera de mascarón de proa esa horrible cosa que había traído de lo más profundo de la isla. Él lo llamaba el Gran Tak-Hui, fuera lo que fuera eso.

Tras acabar con el mantenimiento del barco, tomaron rumbo a Tortuga, donde les esperaba lo que el Matarratas había prometido: ¡holganza para todos!