Partida Rol por web

Escape de la Isla de la Muerte

Escena V: Bandolero in Castilla (Lope de Serralbes)

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30/11/2017, 11:22
Capitana Andrea

Hubo unos cuantos cruces de armas mas y sonido de metales entrechocando antes de que los hombres de El León de la Sierra se retiraran unos par de pasos de sus oponentes vaticinios. Eso si, con sus armas prestas.

Los vaticinios por su parte seguían en guardia, a la defensiva, y formando un semicírculo de acero alrededor de su capitana.

El estoico rostro de la mujer lanzaba miradas a un lado y otro. Sin duda estaba sopesando la situación.

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30/11/2017, 11:41
Beppo Mueso

El alto cargo de la iglesia había dejado de recibir golpes de los hombres de El León. Se incorporó a duras penas con el rostro amoratado, pero sin heridas de gravedad. Su rostro reflejaba miedo pues se encontraba retenido por los bandidos y aislado de sus leales protectores, por lo que en cualquier momento los asaltantes podían segar su vida.

En la distancia lanzó una desesperada mirada a la capitana.

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30/11/2017, 11:45
Capitana Andrea

La mujer comprendió lo infructuoso de seguir luchando. —¡Deponed las armas!— Gritó a sus hombres.

Estos se giraron incrédulos anta la orden de su capitana. Sin duda estarían dispuestos a morir hasta el último de ellos si fuera necesario. Habían demostrado contar con la voluntad para ello. Sin embargo, obedecieron sumisamente y lanzaron sus armas al suelo. 

La mujer también enfundó su arma, de una modo casi ceremonial. Luego se desabrochó el cinto con la vaina y el arma enfundada y se arrodilló para dejarla en el suelo con sumo cuidado.

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01/12/2017, 21:18
NAVEGANTE

Los hombres de El León procedieron a maniatar a los miembros supervivientes de las Espadas de Solomon para a continuación lanzarse sobre el botín. Los muy cafres soltaron los cofres de sus ataduras que la carroza acarreaba y los lanzaron desde lo alto. La cerradura de uno de los pesados cofres se partió derramando un aluvión de monedas. También había diversos ropajes y otros útiles religiosos seguramente del prelado.

Los bandidos reconocieron bastantes monedas del cofre como monedas Vodaccias. Al hacer Vodacce frontera terrestre con su natal Castilla, y más concretamente en la parte norte de la Sierra del Hierro; el lugar que usaban para sus asaltos y esconderse. Estaban familiarizados con ellas tanto como con Las Castellanos.

En ese mismo cofre había también unos papeles cuyo origen no supieron reconocer. Las palabras y rostros ilustrados en ellos no parecían vodaccios, si no de otra nación. Eran papeles pequeños y rectangulares, tamaño sobre, de diversos colores, ilustrados por ambas caras y de alguna forma con un método que replicaba exactamente el mismo dibujo en decenas de ellos. Los papeles iban agrupados en fajos del mismo color.

Otro de los cofres, en cambio, era realmente resistente y pesado. La madera era oscura y estaba reforzado en hierro todo él. Contaba con una cerradura francamente curiosa. No había llave; en su lugar sobresalía una mecanismo formado por una serie de ruedas dentadas y en cada diente de las ruedas aparecía un número grabado.

También contaban con algunos caballos supervivientes al asalto. Otros habían caído o sus heridas eran tan graves que debieron ser sacrificados.

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01/12/2017, 21:41
Juan de Utrera

El León vio como uno de los hombres de El Paradito se acercó al de Utrera y le dijo algo. Juan se acercó a Sebastián y le dijo: —Parece que Eusebio "El Paradito" ha muerto. — Dejó un momento para que el León asimilara la noticia. Aunque habían sido rivales Eusebio era un  hombre joven y por edad bien podría haber sido su propio hijo.

—Sus hombres quieren llevarse su cuerpo de Eusebio mientras haga frío y enterrarlo cerca de su pueblo, pa que su familia pueda visitarlo. — No era muy común. Lo normal es que el cadáverd e un bandido se quedara tirado en el camino para los cuervos. Así era su triste vida. Juan tosió para añadir. —Así que les gustaría hacer el reparto cuanto antes y largarse.—

Al mirar a su alrededor Sebastián se percató entonces de la cantidad de cadáveres tanto de vodaccios como de bandidos castellanos a su alrededor. Había un reguero de muertos desde lo alto del camino donde se inició el asalto hasta donde estaban. Habían ganado un muy buen botín, pero habían caído demasiados hombres. Habiendo menos a repartir alguno podría incluso pensar en comprar un terruño, ganado y retirarse.

—¿Qué facemos con toos estos?— Señaló al cabecilla del clero y a los hombres de armas vodaccios. —Los soltamos o los dejamos así en longaniza pa hasta que les encuentren o se suelten por si mismos?—

—Ah, y lo olvidaba. No hay manera de abrir el otro cofre ese del demonio.—

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17/12/2017, 00:02
Sebastián Montefiel

Cuando la mujer ordenó a los espadas deponer las armas, Sebastión sintió un gran alivio, pero se esforzó en ocultarlo. Así era su oficio: una lucha constante para no parecer débil. Por otro lado, no le sorprendió la decisión de la capitana: caballeros y soldados estaban allí para defender al prelado, y ahora la vida de éste estaba en manos de los bandidos. Rendirse era protegerle. Después de aquello, Sebastián dirigió y supervisó a sus hombres y los del paradito mientras ataban a los vencidos y saqueaban la comitiva. Los papelitos que salieron de un cofre le llamaron la atención -debían de ser algo valioso para que fueran guardados-, pero no se molestó en preguntar a la capitana -que hablaba la lengua del país- por ellos. Estaba allí por el oro, la plata y las joyas. Fueran lo que fueran -obras de arte o documentos legales-, no le interesaban.

Cuando el de Utrera le hizo su informe, el León no pudo evitar sentir algo de tristeza por el joven bandolero. No sólo le recordaba a él mismo con su edad, sino a todos los muchachos jóvenes que había visto morir. Futuros truncados, desaparecidos. Hacía que uno se preguntara cosas.

Repartimos to'l botín de inmediato y nos largamos d'aquí —explica a Utrera, para que calmase a los hombres del Paradito—. Dile al que mande ahora d'ellos que la mitad de los caballos vivos son suyos. La otra mitad, pa' nosotros. Que los hombres repartan y carguen la plata. Yo me encargo del cofre.

Dejando a Utrera, Sebastián coge por banda al Pintamonas:

Tú y quien quieras me cogéis las armas todas de esta gente y las tiráis donde más les vaya a costar cogerlas, ¿entendido? —ordena, dándole al bandido una palmada en la espalda como gesto de confianza.

Entonces, el León hace que le traigan a la capitana, al prelado y el cofre que no se puede abrir.

—Abrid el cofre.

No ha dicho a Utrera lo que piensa hacer con los prisioneros, pero ya ha tomado una decisión: les dejará atados y les sugerirá que se vuelvan por donde vinieron, que la gente de la montaña quizás les ayude. Si le hacen caso, alguno morirá antes de llegar a un lugar seguro, pero la mayoría vivirán. Si no le hacen caso, el León conoce las montañas mil veces mejor que estos vodaccios. No les teme.

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17/12/2017, 19:12
NAVEGANTE

Al parecer que la batalla y los compañeros perdidos habían conseguido eliminar las rencillas entre los dos grupos de bandoleros, los cuales dividieron el botín sin causar disturbio alguno. Incluso alguno de los jóvenes seguidores del Paradito solicitaron unirse a la banda del León de la Sierra .

Otros en cambio anunciaron su deseo de volver a sus casas, o buscarse un hogar nuevo, y nunca más recorrer los caminos como bandoleros.

A pesar de la victoria y el botín obtenido había un sentimiento de pesar en el ambiente. Cuanto antes se largaran de allí mejor para todos.

Decidieron arrojar las armas de los vodaccios en alguna de las muchas pequeñas cavernas que horadaban aquellas montañas. Debía haber alguna con un pozo profundo cerca, conocida por algunos de los bandidos y estos estaban convencidos que los soldados de la iglesia desistirían de recuperarlas cuando no lograsen encontrarlas.

Cuando dio la orden al prelado y a la capitana de abrir el cofre, Lope vio como ambos respondían...

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17/12/2017, 19:27
Beppo Mueso

—Io... Io no sape cuomo abrire il cofre.— Vaya. Así que sabía castellano. —Lo juro por Théus— Se santiguó. El hombre estaba temblando y tartamudeaba al decir las palabras. Por su sien corría una gota perlada y se frotaba nervioso ambas manos sudorosas entre sí. —Io sólo debía llievarlo a Ciudadde di Vatizinio.—

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17/12/2017, 19:32
Capitana Andrea

La mujer, en cambio, se mantenía totalmente impasible. Sus ojos miraban directamente a los del León con una frialdad absoluta salvo por algún gesto de dolor en su destrozado brazo; un gesto de dolor que sin duda intentaba reprimir para no dar muestras de debilidad ante el bandido castellano.

—Ni idea. A si se me entregó tal como lo veis y se me ordenó no abrirlo bajo ninguna circunstancia.—

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29/12/2017, 01:49
Sebastián Montefiel

Sebastián ya se esperaba cierta resistencia por parte de la dama y el clérigo, pero eso no hace que le exaspere menos. Las palabras de la mujer se las cree: al fin y al cabo, parece una mera escolta, una guardaespaldas. Respecto al eclesiástico, Sebastián no está tan seguro. Los juramentos por Theus no le impresionan. El viejo parece demasiado nervioso. Sebastián observa a sus dos interlocutores fijamente, pero especialmente a éste segundo. ¿Le están mintiendo?

—'Minencia —termina por decir—. Mis hombres y yo semos gente sencilla, pero tenemos métodos pa' convencerle de que nos ayude. —No sonríe. Se lleva la mano a la empuñadura de uno de sus cuchillos.— No son tan eficaces como los de la Inquisizón, pero le aseguro que no lo notaría.

Notas de juego

Quiero averiguar si me están engañando. ¿Qué tengo que tirar? Puedes tirarlo ya tú.

Quiero intimidarle, amenazarle, persuadirle, para que me ayude con el cofre. ¿Qué debo tirar? (Y lo mismo: puedes tirar tú ya).

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02/01/2018, 21:06
NAVEGANTE
- Tiradas (2)

Motivo: Averiguar si le miente: [Intelecto 5 + Subterfugio 7]

Dificultad: 14

Habilidad: 7+5

Tirada: 1 3 9

Total: 3 +7 +5 = 15 Éxito

Motivo: Intimidar: [Voluntad 6 + Profesión 8]

Dificultad: 12

Habilidad: 8+6

Tirada: 1 2 4

Total: 2 +8 +6 = 16 Éxito

Notas de juego

Averiguar si le miente: [Intelecto 5 + Subterfugio 7]. Dif 14 (Éxíto)

Intimidar: [Voluntad 6 + Profesión 8]. Dif 12 (Éxíto)

 

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02/01/2018, 21:10
Beppo Mueso

A Sebastián no le costó mucho percatarse de que aquél hombre mentía mas que hablaba y que sin lugar a dudas sabía cómo abrir el cofre, aunque sin duda temía lo que El León de la Sierra encontrara dentro.

—Gulp.— Tragó saliva. Las palabras de Sebastián fueron suficientes para hacer entrar en razón al ilustre prelado.

Se acercó con gesto atemorizado al mecanismo de combinación e hizo girar las ruedecillas dentadas hasta que estas conformaron el número 1333. Entonces se abrió con un sonoro sonido metálico. —Clanck

Al levantar la tapa El León de la Sierra pudo ver que en su interior había varios volúmenes. Uno se titulaba "Mercatores potestatum et profanum foedus"; estaba en la lengua de la iglesia (el Theano) y contenía imágenes muy raras de seres de cuerpos humanoides y cabezas bestiales de lagarto charlando con personas. Otro volumen se llamaba "Codice Inquisitorio" y contenía decenas de imágenes con tipos distintos de torturas así como recomendaciones para detectar las señales de diversas formas de brujería (pequeñas cicatrices de cortes en las manos y dedos, colores de ojo verdes profundos, marcas rúnicas en objetos personales, etc, etc). El tercero parecía un libro de contabilidad con entradas en vodaccio y en otra lengua extranjera nórdica (Eiseno, Ussuro o Vendel, quién sabía). También había en el cofre una túnica roja muy llamativa con el símbolo de la Cruz de Theús en el pecho, junto con una máscara dorada con el mismo símbolo de Theus en el rostro. Lo que venía a ser los ropajes de un Alto Caballero Inquisidor, con lo que parecía la talla aproximada del prelado. Él cuarto volúmen, forrado en piel negra, estaba en Vodaccio y no tenía título; al atisbarlo le dieron ganas de arrojarlo al fuego de la misma pues dentro había todo tipo ilustraciones con aberrantes practicas y una escritura al revés de la que no llegó a entender nada. 

Con cara de circunstancia el hombre dijo: —Non è quello che sembra.— Para luego aclarar  despacio. —Ehh... Non...esto lo qui... pareze.—

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11/01/2018, 20:50
Sebastián Montefiel

Sebastián ríe para sus adentros al ver la rápida reacción del otro. «Casi se orina encima». Es posible que alguien haga lo que uno quiere si se encuentran las palabras de ánimo apropiadas. En el caso del clérigo, una vida de comodidades no parece haberle preparado para la perspectiva del dolor físico. Mientras el hombre abre el baúl, el León de la Sierra lanza una satisfecha sonrisa de lobo a la capitana, y otra igual a su inseparable, Juan de Utrera.

La sonrisa se le borra del rostro tan pronto ve lo que hay dentro del cofre: libros. Libros, libros y más libros. Libros de religión, libros en lenguas extranjeras, libros riquísimamente miniados. «Pffff...». Sí, Sebastián ha visto el temor en la cara del sacerdote, pero ahora, acuclillado sobre el cofre, se pregunta: ¿temor a qué? No es que el bandido albergue dudas sobre el valor de estos libros. El problema es el contrario: Sebastián sabe que esos libros tienen un valor incalculable. La mera idea de sacar de ellos dinero contante y sonante es ridícula. No sabría ni por dónde empezar. El veterano bandolero esperaba oro, plata, joyas. Las expectativas truncadas le agrian el humor.

Pero la cosa empeora cuando el León ve los ropajes. Y la máscara. El viejo vodaccio puede decir misa: no puede ser otra cosa. Sebastián palidece y siente de pronto una gran opresión en el pecho: nadie sobre la faz de Thea quiere ser objeto de la atención de la Inquisición; ni siquiera el estúpido Belasco, sólo Theus sabe dónde estará ahora. «Maldito hideputa», maldice el León, aunque sabe que ha sido él solito quien se ha metido en esto. Desea no haber abierto nunca este cofre. No haber visto nunca esas ropas. O haberse cubierto los rostros: un error de novato, fruto de su soberbia, que va a salir muy caro. Sólo con la muerte inmediata de los presentes -quizás soldados incluidos- podría el Inquisidor asegurarse la pervivencia de su secreto, y eso no va a pasar. Sebastián se sabe ya muerto: si vive, el inquisidor tendrá sus propios problemas y removerá cielo y tierra para hacérselo pagar; si muere, la Inquisición les buscará a él y los suyos para darles un castigo... ejemplificante. «Pero al menos, no será algo personal», razonó.

Aquí no hay na' de valor —dice Sebastián (bien alto, para que le oigan los hombres) al tiempo que cierra la tapa fingiendo desinterés e impaciencia. ¿Cuántos han visto aquello? ¿Cuántos que no lo supieran ya?, piensa, y mira a la capitana. Luego, vuelve su vista al prelado.— Lo siento. No puedo dejaros vivo —masculla a continuación.

De pronto, Sebastián desenvaina uno de sus cuchillos, avanza hasta el inquisidor y le apuñala en el vientre.

Notas de juego

Imagino que es Agilidad + Combate (Cuchillos), pero no sé si quieres que haga alguna tirada antes.

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12/01/2018, 20:26
Beppo Mueso

El eclesiástico vodaccio apenas tuvo tiempo de reaccionar ante la acción de Sebastián. Cuando el bandolero castellano hundió el filo el boca estaba abierta de asombro y sus ojos saliendo de sus órbitas.

Cayó de rodillas y la sangre empezó a manar; a pesar de  ser esta de color carmesí como el atuendo, por la zona del vientre se extendió un tono más oscuro oscuro como si este se estuviera encharcando. Pero no era agua. Se llevó las manos al vientre mirándosela asustado.

Sin embargo, tuvo fuerzas para lanzar en balbuceos una última maldición a su asesino, con rostro furioso y lleno de ira: —Ignioran...te perro cast...iliano Pronta ess...tiá la lliegad..a dil Cuarti Pro...feta. Y cuando las úl...timas trompe...tas toquen tú y.. todos tus seguid...ores de Legión ser...éis arroj..adi al Abismo pero toda le i-eter-ni-da...— No pudo seguir más. Se desplomó muerto de cara al cesped del suelo, inerte.

 

Notas de juego

No hace falta tirada ni nada por el estilo. Este PNJ no es un "luchador", que digamos. Están rodeados y superados por tus hombres como para intentar huir o hacer cualquier otra cosa.

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12/01/2018, 20:36
Capitana Andrea

La mujer mostró un gesto de impacto al ver el contenido del cofre. Parpadeaba mientras lo miraba con los ojos muy abiertos, alternando entre el contenido del cofre y el rostro del prelado.

Seguía aún conmocionada cuando el líder badolero apuñaló al clérigo en el vientre. Ella hizo un infructuoso amago de intentar hacer algo, a pesar de que las situación también le había pilado por sorpresa y, evidentemente, cualquier acción por su parte llegaría tarde.

Se lanzó de rodillas junto al cuerpo del obispo, ahora yacente en el suelo e intentó ayudarle, pero ya había muerto. Cuando se dio cuenta de esto simplemente dijo: —En nombre del Primer Profeta, y de los Profetas y Santos que le sucedieron, que Théus te acoja en su seno.— Luego se levantó suavemente y se giró hacia Sebastián. —Os habéis convertido en un enemigo de la Iglesia y, aún peor, de la propia Inquisición.—

Se detuvo un segundo a recapacitar, antes de añadir: —Os aconsejo a ti y a vuestros hombres huir de las tierras de Castilla y de Vodacce, y no volver nunca a pisar esas naciones.— Resultaba curioso que una mujer que servía a la iglesia estuviera dandole consejos de.. cómo huir de ella.

—Eso no os salvará, empero. La Iglesia del Vaticinio y la Inquisición son poderosas y tienen agentes y espías en todas las naciones conocidas. Os buscarán hasta en el último rincon de Théa, sin descanso. Pero sin duda estaréis más a salvo en las tierras donde su influencia no sea tan fuerte.—

—Puede que el destino le convirtiera al final en un pecador, pero hubo un tiempo en el que el cardenal también hizo buenas obras. Así que si me lo permitís, mi deber es llevar intacto el cadáver del Cardenal Beppo Mueso hasta la Ciudad del Vaticinio. — Así que era un Cardenal. Un puesto sólo inferior al del (actuálmente desaparecido) Pontífice de la glesia del Vaticinio.

La mujer dejó de mirar al cadáver del cardenal antes girarse a mirar a otro lado.  —Así que, supongo que dejaréis aquí el contenido de... eso.— Señaló al siniestro cofre que Sebastián había cerrado de una patada.  —En tal caso, también lo llevaré conmigo y mis hombres a la Ciudad del Vaticinio.—

Los hombres de "El León" habían acabado de maniatar a los soldados de la iglesia. Pronto ataron también a la mujer junto a los demás.

 

Notas de juego

Decide si dejas ahí el cadáver del Cardenal y ese "cofre espeialito"; o si decides hacer otra cosa con ellos. 

La intención de la Capitana de la Orden de Solomon es llevarse ambos a la Ciudad del Vaticinio en cuanto puedan liberarse de las ataduras, claro.

Cuando me digas algo al respecto, cerraré este capítulo de "flashback" con un epílogo final del mismo. 

Y eso no será del todo el final de la aventura. Aún hay un último episodio, con el resto de PJs, en otro momento y lugar distinto a estos. 

; )

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12/01/2018, 21:44
Sebastián Montefiel

Mientras el cardenal vodaccio le maldice con su último aliento, Sebastián retrocede unos pasos. Aprieta la mandíbula con fuerza. Aún sostiene el cuchillo ensangrentado. Mira a su víctima con los ojos rojos, la cara congestionada, ganas de gritar, ganas que oculta, que se traga. No necesita que la mujer le explique lo que acaba de pasar, ni lo que debe hacer. La mira con la misma rabia contenida. Cree ver en el rostro de ella compasión. Lástima.

Llevaos el cuerpo si queréis —responde Sebastián cuando cree que su voz no va a temblar—. Y el cofre. Marchaos a Vaticinio. Ya no tenéis na' que nos interese. —Sebastián a punto está de darse la vuelta y largarse, pero entonces recuerda algo y se arrodilla frente a la capitana.— Pero escuchad: sólo yo he visto lo que hay n'ese cofre. Yo... y vos —dice, ocultando sus dudas. Hace un gesto con la cabeza para señalar discretamente a sus hombres y a los del Paradito.— Esto es entre la Iglesia y yo, y nadie más. —Se levanta.— NADIE M'INSULTA Y VIVE PARA CONTARLO —grita para que le escuche todo el mundo, para dar a sus hombres una idea de lo que pudo haberle llevado a matar al prelado—. Que Theus os guarde, señora —se despide, bajando el tono de nuevo.

Tras esto, Sebastián se aleja de la mujer y el muerto, con su cuchillo aún en la mano. Sabe que, cuando la aten, la mujer no tardará mucho en encontrar alguna roca con la que liberarse, pero no la teme: suficiente tendrán los soldaditos con sobrevivir al viaje. Ahora el debe ponerse en marcha y explicarle al fiel Utrera lo que ha ocurrido. Quizás también a los hombres. Quizás.

Notas de juego

¡Listo, máster! ¡Avanti tutti! ¡Fantástico capítulo!

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27/01/2018, 18:20
Capitana Andrea

Andrea vio alejarse a los bandidos castellanos. En cuanto desaparecieron de la vista intentó liberarse de sus ataduras, pero aquellos recios ladrones de campo sabían cómo hacer un buen nudo. Además, su brazo estaba destrozado, rotos sus huesos por varias partes.

Fue uno de los otros miembros de la Orden de Solomon supervivientes el que logró liberarse primero y ayudar a los demás a desatarse.

Otro de los hombres se acercó a ella. Había estudiado medicina en una universidad y atendió el brazo de Andrea lo mejor que pudo. -Deberíamos buscar caballos y seguirlos, mi señora.- Dijo el joven.

-Sería una pérdida de tiempo.- Replicó al mujer. -Seguro que esos bandidos conocen las montañas mejor que nosotros. Y no robaremos sus animales de trabajo a unos pobres campesinos-

Además, la capitana Andrea no quería iniciar una misión de venganza. No era ese el objetivo de los hombres de Theus. Su misión era llevar el cuerpo del Cardenal a buen resguardo,a sí como el contenido del cofre.

Esto último le causó escalofríos, pero era su obligación. A pesar de su temor y desprecio a la temible Inquisición, su deber como miembro de la Orden era servir la voluntad de sus superiores en la Iglesia. ¿Quien era ella para juzgar los designios de Théus?

-Debemos dar santa sepultura a nuestros compañeros. Luego nos turnaremos para llevar por parejas el cofre y el cadáver hasta una iglesia cercana. Desde allí pediremos ayuda para que algunos de nosotros puedan continuar camino hasta Castilla con el cofre mientras otros llevéis de vuelta el cadáver de Beppo hasta Numa.-

El hombre asintió sin replicar. La jerarquía de la Orden de Solomon era inflexible.

Andrea se permitió a si misma sentir un momentáneo enfado por su Espada de Solomon perdida. Se le entregó cuando fue ordenada y la había portado con orgullo desde entonces. Quién sabe lo que los bandidos habían hecho con ella, pero no podía permitirse perder el tiempo buscándola.

Su segundo pensamiento fue para todos los hombres perdidos bajo su mando en batalla. Cerró los ojos y rezó en susurros: -Perdóname Théus por dejar que mi orgullo se antepusiera a mi deber.-

Luego intentó incorporarse sola, rechazando la ayuda de los hombres que intentaban ayudarla. Era hora de tomar el mando de nuevo y seguir adelante.

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27/01/2018, 18:23
Belasco

En algún lugar entre Vodacce y Castilla el anciano bosque que alfombraba las laderas de las montañas se sumía en las tinieblas de la noche. Al fondo del valle había un lugar antiguo apenas hollado por el hombre.

En uno de los pocos claros que la frondosidad se permitía, entre árboles que eran ya ancianos cuando el hombro habitara por primera vez Théa, se reunía el aquelarre **. Un gran caldero ocupaba la posición central de forma simbólica. Bajo él ardía un fuego que bailaba una danza antigua y malvada. A su alrededor se concentraba un grupo de hombres y mujeres encapuchados, de rostros velados y origen heterogéneo .

-Un fracaso sin medida.- Se impacientó la mujer de acento Montaigne y educados modales. -Esperábamos mas de ti y de tu Linaje. Quizá no estés a la altura de las circunstancias.-

Belasco se quitó la capucha, dejando ver su rostro los presentes. - Lo estoy. No he huido, sino que he venido a someterme al juicio de mis iguales. ¿No es suficiente prueba de mi fidelidad?-

-Al Abismo poco le importan vuestro fervor incondicional.- Dijo otro hombre con acento Eiseno y piel apergaminada. -Sólo le importa la victoria contra Théus y su concubina Mathuska. Hemos dado un paso atrás en el camino del advenimiento de Legión.-

-Yo no lo veo así.- Intervino Belasco. -Ha caído un importante miembro importante de la Iglesia y el máximo responsable de las turbias finanzas de la Inquisición. Beppo era un hombre de grandes recursos. Un golpe importante contra nuestros enemigos.-

- No vies lia importancia de la Inquisición en el grian orden de las quiosas, Belasco.- El hombre que hablaba ahora tenía el acento de el Imperio de la Media Luna. Había viajado desde muy lejos para estar allí -Siu existencia nios faviorece miás que perjiudicarnos .-

Belasco frunció el ceño. La Inquisición combatía a Legión y cazaba a los hechiceros. No veía en que modo su existencia ayudaba a la Orden del Caldero.

-Ya ves. Belasco.- Susurró de nuevo la mujer de orígen montaigne. -No has obtenido el libro negro ni los otros documentos de la Iglesia cuyas páginas guardaban secretos necesarios para nuestra causa. Has dejado pasar una oportunidad única, has fallado en tu misión, y todo por por satisfacer tu egoísta deseo de venganza.-

Belasco sabía que en realidad no había sido así. Había sido aquél bandido castellano el que no solo le había arrebatado en su venganza personal contra Beppo si no que le había impedido lograr el contenido impío del cofre. Sintió ira contra ese hombre y contra el antaño ilustre apellido Montefiel.

-Votemos para decidir si este hombre digno de seguir perteneciendo a la Orden del Candero.- Habló una mujer Vendelia de ricos ropajes bajo su capa.

Belasco empezaba a sentirse acorralado. Sospechaba que el resultado de la votación le depararía un funesto destino, así que jugó su última baza: -Invoco mi derecho como miembro de mi Linaje y renuncio al juicio de mis iguales en favor de la justicia de Legión.-

Los miembros del aquelarre se miraron entre ellos, indignados. La mujer Montaigne intervino, iracunda -¿Cómo osas? ¡Indigno! ¿Esperas piedad del Abismo? Eres un necio.-

El eiseno de piel apergaminada, aparentemente el mas anciano del aquelarre, interrumpió a la mujer. -Aún así, está en su derecho.-

-Quie así sea pues.- Sentenció el hombre del Imperio Lunar: -Prieparémonos ientonces piara el ritual.-

Belasco no sabía muy bien si sonreír ante su temporal triunfo o si aterrorizarse ante la perspectiva de lo que estaba por venir.  

Notas de juego

** Uso de la palabra Aquelarre patrocinado por la RAE.

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27/01/2018, 18:28
NAVEGANTE

Notas de juego

Aún me falta añadir más. Luego sigo.

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31/01/2018, 21:46
NAVEGANTE

Altamira era una ciudad importante. El buen Rey Sandoval contaba con una villa veraniega en las afueras de la ciudad y su amplio puerto permitía un denso tráfico en miras del llamado Río del Comercio. No podían faltar una catedral, una plaza de toros, una universidad (antigua sede del ahora perseguido por la inquisición ilustre científico Álvaro Arciniega) e incluso una sede de la Sociedad de Exploradores.

Pero de aquella ciudad lo único que a Sebastián Montefiel le importaba realmente era obtener un pasaje de salida de Castilla. No por poco dinero del botín y algo de labia había logrado llegar a un arreglo con un contrabandista amigo de un capitán de navío mas o menos legal.

En su periplo desde la Sierra del Hierro hasta Altamira los bandidos se habían ido diseminando. Algunos querían probar suerte comprando algún terruño en las tierras castellanas y aunque Montefiel les deseó lo mejor al despedirse sospechó que muchos de ellos no durarían demasiado siguiendo la dura vida del campesino. No es que la de bandido fuera fácil, pero contaba con unos sinsabores diferentes a las del trabajo de sol a sol.

Así pues, sólo un puñado de hombres le acompañó al final. Embarcaron en el navío de bandera extranjera, ¿Vodaccia tal vez? que parecía haber sido fletado por la Sociedad de Exploradores hacia rumbo desconocido. Bueno, cuanto más lejos de la Inquisición mejor. Habían escogido la mejor opción disponible pues los otros navíos que partían pronto de Altamira tenían bandera castellana, lo cual supondría un problema al intentar superar el bloqueo montaigne en la desembocadura del Río del Comercio. 

Incluso tras poner pie en la borda de la nave extranjera Sebastián seguía paranoico por la posible aparición repentina de agentes de la Inquisición dispuestos a prenderle y llevarlo a alguno de sus calabozos, donde sería sometido a terribles torturas. Sólo de pensarlo se le congelaron los huesos.

Pasó paranoico un par de días en la nave hasta que esta soltó amarras y puso rumbo al oeste. Dias mas tardes, cuando la nave salió del Río del Comercio al mar sintió profunda añoranza por ver alejarse en el horizonte las tierras castellanas pero por otro lado se sintió algo más aliviado al contar con algo de dinero en el bolsillo y la oportunidad de forjar una nueva vida en otra parte.

Por desgracia, no sabía que el destino de esa nave estaba abocado al desastre...

 

Notas de juego

El Flashback de Sebastián Montefiel acaba aquí. La historia se retoma en:

Escena VI: Escape de la Isla de la Muerte (Todos)