Partida Rol por web

Invasión a Gea.

Capítulo 6. Una Capital Llamada Brikoz.

Cargando editor
13/09/2017, 20:59
Director

BUQUE DE GUERRA EL TRITURADOR, SALA DE MANDO DE LA NAVE, UNA SEMANA DESDE LA LLEGADA A GEA.

- Mis informes hablan de que al oeste, pasado el mar de Tildas. – El jefe Nagaz se paró un momento a pensar y fue entonces cuando cayó en la cuenta de que es no era el nombre de aquel mar.

Aquel trasgo se puso en pie y agarró una cartera de piel donde guardaba diversos mapas y documentos. Los sacó sin demasiado cuidado de la bolsa de piel y empezó a seleccionar aquellos mapas pasándolos con sus negruzcas uñas en forma de garra. Fue al cabo de unos pocos segundos cuando dio con lo que buscaba. Agarró un pergamino doblado en cuatro trozos y lo desplegó sobre el suelo sin demasiado cuidado.

Chcath empezaba a cansarse de aquel problemático trasgo. Era un respetado por su tropa, le había servido de forma leal y sin duda le había servido bien, pero era evidente que había elementos muchos más capaces que él. Debía tomar una determinación con respecto al jefe Nagaz. Degradarle era la solución, aunque eso no sería muy bien visto por él ni por sus hombres. Un trasgo se ganaba la jefatura de los suyos a sangre y la perdía de la misma manera. Como hacer que Nagaz perdiera su posición y elegir quién era el más capaz para ocupar su puesto era lo único que todavía le mantenía al mando de los trasgos de Chugo.

- Tildas. – Dijo el gólem de fuego y roca. – El mar de Tildas.

- Si mi amo. – El jefe Nagaz frunció el ceño y apretó los puños. No le gustaba quedar mal ante su amo y lo que acababa de hacer no era otra cosa que el ridículo. – Pues, cruzando ese mar se encuentra el reino Sauk. Se trata de una nación mixta. Conviven hombres y trasgos, pero los que mandan son los segundos. Su capital está junto al gran bosque que se encuentra en el centro del continente y a orillas de un río. Se llama Brikoz mi amo.

- ¿El bosque, el río, la ciudad? – Preguntó Chcath sabiendo ya la respuesta, pero haciendo constatar una vez más la inutilidad de aquel trasgo. - ¿Cuál de ellos es Brikoz?

- La ciudad mi amo. – Nagaz bajó la mirada avergonzado. – Es la capital del reino, mi amo. Creo que atenderán mejor a sus exigencias, mi amo.

Cargando editor
14/09/2017, 18:28
Chcath

El jefe Nagaz, con su incompetencia incluida, llevaba más tiempo como jefe del consorcio Chugo del que realmente merecía. La cuestión era que hasta hacia poco no había encontrado un candidato mejor. Gabol era perfecto para tomar el control, el trasgo había mostrado sus aptitudes en numerosas ocasiones, pero las cosas tenían que hacerse bien. De nada servía que Gabol fuera un buen líder si los trasgos no lo seguían.

Así que gobiernan trasgos, ¿verdad?—preguntó el golem retóricamente— Bien. En ese caso bajarás conmigo a la superficie Nagaz. Que sean testigos de la gloria de su pueblo bajo su protección.

En ese momento al golem se le ocurrió una gran idea. Una idea que le podía permitir matar dos pájaros de un tiro.

Es más, seréis mi portavoz y negociaréis su sumisión. Estaré presente, pero deseo no intervenir en dicha negociación. Si tenéis éxito, perdonaré todos vuestros errores. Pero si fracasáis...

Chcath no terminó la frase. No hacía falta.

Cargando editor
23/09/2017, 13:09
Director

- Así lo haré, mi amo. - Respondió el caudillo Nagaz. - No le decepcionaré, no fracasaré, no tendréis que pensar en el castigo por mis errores, mi amo.

Dicho aquello el trasgo abandonó la sala de mando del Triturador y se dirigió a dar las instrucciones pertinentes para poner rumbo fijo al suroeste. El destino de aquella nave estaba decidido y de él mismo dependía su futuro. Debía preparar bien el discurso que daría ante las autoridades saukianas, pues no quería perder la cabeza y conocía bien a Chcath. Aquel gólem era implacable cuando tomaba una decisión, escasos siete días atrás lo había podido comprobar con la destrucción de Alejandría.

En menos de dos días surcaron por los cielos la distancia que les separaba de la capital de aquel reino mixto de humanos y trasgos. Bajo la panza de su nave dejaron el mar de Tildas y los campos de cultivo cercanos a la costa del reino de Sauk. Brikoz se encontraba a las orillas de un río, el río Sierpe que nacía en las montañas conocidas como el Col Shkar y cruzaban prácticamente todo el continente para morir en el estrecho del mar de Tildas. La ciudad se alzaba a escasos kilómetros de un gran bosque que casi podría ser considerada una selva.

Nagaz sabía que en ella moraban unos humanos salvajes, muy peligrosos y que defendían su bosque de una forma brutalmente efectiva. Por suerte no tendrían que negociar con aquellas gentes, pues su fama les precedía. No atenderían a razones y serían mucho menos racionales de lo que fue Ediberto Dolfini, rey de Catán.

Chcath se sintió algo decepcionado cuando por fin el Triturador se encontró sobrevolando el cielo de Brikoz y se percató de la naturaleza de aquel emplazamiento. La ciudad capital de aquel reino no parecía para nada tan imponente como lo fue en su día Alejandría. Se trataba de una ciudad que se extendía en todas direcciones hasta que alcanzaba la vista. Muchas debían ser las almas que allí moraban, pero a tenor de lo oscuras que eran sus edificaciones y lo mal distribuidas que estaban en aquel terreno, el gólem soberano deducía que poco iba a sacar de aquella nación más que mano de obra barata y soldados para la primera línea de infantería.

Las viviendas estaban agolpadas las unas sobre las otras, las calles eran laberínticas y la construcción de éstas, sin duda estaba fundamentada en materiales de bajos costes. Un simple terremoto acabaría fácilmente con la mitad de aquellas casuchas de baja altura, sepultando entre sus ruinas a gran parte de la población. El dato positivo era sin duda que de no aceptar sus condiciones, sería aún más fácil aplastar aquella ciudad y mucho más placentero que lo que fue hacerlo con Alejandría.

- ¿No dijiste que ésta era una gran ciudad? - Preguntó Chcath al caudillo Nagaz.

Una gota de sudor recorrió la frente del trasgo. No se atrevía ni a mirar a su amo, quien no parecía demasiado complacido ante la visión de la ciudad sobre la que su flota sobrevolaba en esos momentos. El trasgo se puso en pie y miró por el amplio ventanal de la cabina de mando donde se encontraban. Tardó unos instantes en contestar, pues parecía estar buscando algo y cuando dio con ello señaló con su retorcida garra izquierda.

- Mire allí, mi amo. - Dijo el caudillo señalando la zona más céntrica de Brikoz. - El centro muestra mucho mejor el poder de esta nación que los inmensos suburbios que la envuelven.

Chcath centró su atención sin demasiadas esperanzas en la dirección que trazaba el dedo del caudillo. Alcanzó a ver a unos pocos kilómetros de distancia el lugar del que Nagaz le acababa de hablar. Se trataba de una parte de la ciudad totalmente distinta. Los edificios eran más altos, más señoriales, las calles más amplias e incluso más limpias y arboladas. Un gran templo se erigía en el centro del núcleo urbano y alejado a unas pocas calles del templo se alzaba un impresionante castillo de forma circular construido sobre una montaña rodeada por una zona boscosa. Sin duda un enclave elegido por la amplia visibilidad de todos sus alrededores en caso de asedio.

- ¿Ve mi amo? - Preguntó el caudillo Nagaz señalando ahora aquel castillo circular. - Esa es la residencia del Señor de la Guerra Morthos, rey trasgo de Sauk.

Entonces señaló en otra dirección, hacia lo que parecía un palacio señorial con arcadas en su piso inferior y grandes balconadas en los tres subsiguientes niveles. Una gran muralla defensiva envolvía al palacio y unos amplios jardines se ocultaban tras ésta. Esta construcción se erigía a escasos dos kilómetros del castillo y entre ambas cruzaba un río que parecía dividir el centro de la capital. Fue entonces cuando Chcath captó la gran diferencia entre ambas zonas del centro de la ciudad. Una parecía tener mayor luz, las calles estaban más bien definidas, los edificios parecían más altos y mejor construidos e incluso las calles parecían estar más limpias. Esa zona era la que correspondía a la orilla del río donde se encontraba el palacio. En la orilla del río donde se alzaba el castillo sobre la colina, los edificios poco diferían de las desastrosas chabolas de la periferia.

- Ese es el palacio del rey humano Wilbald IX de la casa Eadjoan. - Le explicó el caudillo a Chcath. - Es una nación con dos monarcas. Todas las decisiones pasan por ambas manos. No se decide nada sin el consentimiento del otro. Eso retrasa bastante todo... pero hay mayor consenso. ¿Satisfecho?

Notas de juego

He conseguido escribir esto... para no tenerte tan en vilo. Contesta algo si quieres! Sino continúo yo y listo!

Cargando editor
24/09/2017, 23:42
Chcath

Lo estaré cuando esos dos reyes me juren lealtad—dijo con frialdad el golem.

Un reino formado por humanos y trasgos. Realmente Chcath no esperaba gran cosa, por lo que no estaba especialmente decepcionado. Pero teniendo en cuenta que necesitaba todo Gea, también iba a necesitar que el reino de Sauk pasara a formar parte de todo ese engranaje que era su Imperio. Los haría funcionar, como hizo con el consorcio Chugo.

Cargando editor
26/09/2017, 13:15
Director

El caudillo Nagaz envió una de las naves de su armada para establecer un primer contacto con aquella nación y solicitando audiencia. Para ello envió a dos de sus mejores diplomáticos. Dos trasgos que pese a su naturaleza poco tenían que ver con la brutalidad de la que solían hacer gala sus congéneres. Más de veinte años gobernados por la inflexible determinación de Chcath le había enseñado algo a los trasgos del Consorcio y en especial al que todavía era su líder.

Bodah y Nigrith parecían lo que no eran. Vestían al más puro estilo de gea, con ropajes pomposos, de colores apagados, cuellos altos y botines negros con hebilla dorada, aunque lo que más destacaba en ellos eran las pelucas blancas que portaban sobre la cabeza y su actitud educada y cercana a las más férreas normas de etiqueta. Aquellos refinados trasgos disfrazados de cortesanos llamaron la atención de Chcath, pero aunque en su fuero interno su paciencia empezaba a rebosar dejó explicarse a Nagaz.

Aunque pareciera algo increible Nagaz había pensado que la mejor manera para acercase a los geasianos era mediante la diplomacia. Eso lo había aprendido del gólem y aunque normalmente ansiaba que rechazasen ese modo, pues prefería someter a los pueblos mediante la fuerza, en aquella ocasión deseaba que los sauk aceptasen las condiciones que se les ofrecían. De ello dependía en gran parte su cabeza.

Por eso desde la primera vez que llegaran a Gea, Nagaz había tenido la ocurrencia de que alguno de sus súbitos se infiltrara entre la población de algunas de las naciones trasgas aprovechando su parentesco racial y así estudiara sus costumbres y principalmente aprendiera su idioma. De ahí que Nagaz pudiera aportar tantos datos sobre la ciudad y sus dirigentes a su amo. Aquella iniciativa había sido completamente suya y aunque podía ser efectiva no la había compartido con el gólem, aunque esperaba ser recompensado por su actuar a sus espaldas de salir bien su plan.

No obstante, poco podían perder ya si los tratos de aquellas aberraciones trasgas con los dirigentes Sauk no salían del modo esperado. Cuando la pequeña nave en la marcharon aquellos dos embajadores regresó a los cielos posándose sobre el Triturador y Bodah le dio las noticias a Nagaz una mueca que simulaba una sonrisa de satisfacción se dibujó en su rostro. El reino Sauk había aceptado la audiencia con Chcath y Nagaz y de inmediato el buque de guerra inició el descenso para aterrizar y celebrar la reunión acordara.

Dicha reunión se llevó a cabo en el palacio cuyos jardines destacaban desde lo alto. Chcath y el caudillo Nagaz fueron escoltados por una abundante tropa de guardaespaldas gnomos y trasgos mientras que los soldados del reino les abrían paso a través de los pasillos del palacio. El gólem se percató de que los lujos de aquel palacio poco tenían que ver con los de la ahora destruida residencia de Ediberto Dolfini en Alejandría. Todo era mucho más modesto e humilde que en Catán, aunque lo cierto era que aquel lugar parecía confortable y no carecía de ciertos lujos básicos.

Por fin llegaron ante la sala del trono. En su interior se encontraba gran cantidad de soldados y en el fondo de este dos tronos situados en paralelo sobre una pequeña escalinata que conducía a una tarima de piedra elevada sobre el resto de la sala. En ellas se sentaban los dos regentes del reino. Un trasgo con apariencia feroz y un humano bien vestido y no demasiado vetusto. Tras ellos un enorme tapiz representando una batalla decoraba la sala, al igual que escenas de fraternidad entre humanos y trasgos en el resto de paredes que contrastaban con infinidad de trofeos de cazas repartidos en éstas.

 

Cargando editor
26/09/2017, 13:20
Wilbald IX de la casa Eadjoan

- Bienvenido sea Chcath, señor de Chnobium, conquistador de Alejandría y gobernador de Nueva Cathonia. - Dijo el rey humano. - Soy Wilbald IX de la casa Eadjoan, rey de Sauk y estoy a su disposición. ¿Qué es lo que desea tratar en nuestra presencia.

Aquel dirigente se puso en pie e hizo una sencilla reverencia de sumisión. Aquello no indicaba que se hincara la rodilla ante el gólem, sino que era un signo de educación propio de los monarcas de Gea ante otros monarcas. Lo que si indicaba era que estaba dispuesto a hablar con los recién llegados y a estudiar sus propuestas, además que reconocía a Chcath como legítimo gobernador o dirigente sobre territorios geasianos.

Cargando editor
26/09/2017, 13:25
Morthos

- Su fama le precede, Chcath. - Gruñó el trasgo. - Me ha impresionado mucho la destrucción que provocó en tan poco tiempo en territorio de nuestros enemigos. Sauk y Catán históricamente siempre han estado en guerra y nunca uno de los dos reinos había estado tan cerca de la destrucción como ahora. - El trasgo se puso en pie e imitó al rey humano realizando cierta reverencia aunque bastante mal ejecutada. - Mi nombre es  Morthos, Señor de la Guerra de Sauk y a la misma altura que mi compatriota el rey humano. - Señaló a Wilbald con cierto sarcasmo en sus palabras y en su expresión.

Acto seguido los embajadores de Chugo, los dos trasgos versados en las costumbres y en el idioma local tradujeron a Nagaz y a Chcath todo aquello que ambos dirigentes habían transmitido y el caudillo Nagaz miró complacido al gólem de roca y fuego esperando que se presentara primero y le diera la oportunidad de empezar con la negociación que tenían por delante.

Cargando editor
26/09/2017, 13:38
Chcath

Chcath estaba complacido. Nagaz había tenido una buena idea con sus métodos diplomáticos. Aunque eso no lo salvaría si fracasaba, así que decidió no mostrarle su satisfacción. Por fin una reunión como era debido. Un lugar en el que poder exponer las reglas del juego.

El golem no necesitaba de los traductores, sus conocimientos mágicos eran amplios y le permitían entender cualquier idioma. Pero él no tenía intención de dirigirse a los reyes. No al menos hasta que Nagaz fracasara. El recibimiento había sido más apropiado que el de Ediberto Dolfini, pero ellos eran una suerte de virreyes mientras que él era un Conquistador de Mundos. Al llegar a Alejandría cometió el error de igualarse al rey de Catán, ahora no lo repetiría.

Es tu turno Nagaz—le dijo al trasgo por medio de la telepatía.

Cargando editor
28/09/2017, 08:40
Nagaz

- Soy el caudillo Nagaz, Señor de la Guerra de Chugo. - Comenzó diciendo el trasgo y Bodah fue traduciendo todo lo que decía su caudillo. - Él es mi amo, Chcath conocido como el de los Muchos Nombres, el Viajero del Vacío, el Bailarín de Seyran y ahora también como El Conquistador.

Al escuchar aquello el rey humano inclinó la cabeza hacia el trono que ocupaba Morthos susurrándole algo inaudible para el resto. Nagaz pareció complacido, sin duda la fama que habían adquirido en Alejandría les sería de gran ayuda. Nagaz se dio media vuelta y miró a Chcath mostrando su mejor y más desagradable sonrisa. Se le veía en su salsa, confiado en que la negociación iba a salir bien y en que en esta ocasión sí, su amo podría estar orgulloso de él.

- Comprendéis que si estamos aquí es porqué queremos algo de vosotros. - El trasgo centró ahora sus palabras en Morthos. - De lo contrario Brikoz ya estaría aplastada en una lluvia de fuego como lo fue Alejandría hace unas semanas. Ediberto fue estúpido y su nación lloró por su estupidez. Espero que vosotros no caigáis en la misma trampa. ¡De lo contrario el fuego y la destrucción será vuestro castigo!

Wilbald se puso en pie mostrando cierta altanería. Tragó saliva y se encaró con Nagaz. Como otros humanos parecía que aquel rey iba a poner por encima del bienestar de su pueblo, lo que el creía correcto. Una gota de sudor recorrió la frente del caudillo, pues de que aquellas negociaciones salieran bien dependía en gran parte su cargo y su vida.

- ¿Pretendes que hinquemos la rodilla contra un invasor de otro mundo? - Habló Wilbald IX y Nirith tradujo sus palabras. - ¿A cambio de qué?

- ¿Te parece poco a cambio de no ser arrasados? - Preguntó Nagaz y cuando Bodah tradujo y el rey se dispuso a traducir el caudillo le interrumpió. - ¡Si te parece poco mi amo está dispuesto a compartir con vosotros la gloria! ¡Esta dispuesto a convertiros en aliados y no en meros esclavos como lo serán los alejandrinos! - Nagaz miró a hora a Morthos a quien parecía creer más cabal. - Vosotros más que ninguno sabéis lo que es capaz un pueblo que se alía con otro que es su enemigo a priori. ¿Habéis guerreado con Catán durante cuanto, siglos, milenios? Tengo entendido que os van mejor las cosas desde que trasgo y hombre van de la mano.

Wilbald se acercó a Morthos y ambos comenzaron de nuevo a cuchichear por lo bajo sin retirar en ningún momento la vista sobre sus invitados. Parecía que las palabras de Nagaz empezaban a dar el efecto que esperaba, parecía que iban a ser más racionales de lo que lo fue Ediberto Dolfini y en en parte le gustaba a Chcath pero en parte le molestaba, pues deseaba retirar del mando al caudillo para colocar en su puesto a alguien más capaz, no obstante no lo podía hacer sin un motivo, pues Chugo era un pueblo que respetaba a ese trasgo y podría originar una revuelta.

- Pensadlo bien regentes, pensadlo bien, pero pensad en vuestro pueblo, en la gloria que os podemos proporcionar y sobretodo pensad en lo fácil que fue para mi amo destruir Alejandría, sin duda la mayor ciudad de toda Gea. - Sentenció el caudillo Nagaz jugándose sus últimas cartas.

Tras unos instantes en los que los dos dirigentes de la nación Sauk estuvieron debatiendo los pormenores de aquella decisión, llegaron a un acuerdo. Ambos se adelantaron y descendieron del púlpito colocándose a la misma altura que Chcath y que Nagaz sin duda en señal de sumisión.

- Hemos decidido aceptar vuestra oferta. - Dijo al fin Morthos con un tono de voz imponente.

- Hemos decidido ser aliados de Chcath y su pueblo y de someternos a él. - Añadió el rey humano.

- Sin embargo, debemos saber que se espera de nosotros. - Habló entonces Morthos. - ¿Qué quiere el todopoderoso Chcath de un pueblo cómo el nuestro?

Cargando editor
28/09/2017, 12:30
Chcath

Esta vez Chcath si se mostró complacido. Nagaz lo había conseguido, tenía que concedérselo y así se lo haría saber. El golem se consideraba un líder justo. Cruel e implacable, pero justo. Así que con esos dos reyes a su servicio, llegó la hora de su intervención.

Sois un pueblo guerrero, así que formaréis parte de mi maquinaria de guerra. Os encargaréis de preparar un ejército, el mayor que Sauk haya tenido jamás. Gea será mía y vosotros seréis la punta de mi lanza. Pero no os preocupéis, no voy a dejaros solos. Enviaré a algunos de mis hombres más capaces para que os ayuden en todo lo que necesitéis y se aseguran que no os desviáis del camino adecuado.

El golem hizo una pausa antes de terminar.

Hay una ley fundamental para aquellos que me sirven. Sed capaces y seréis recompensados. Falladme y seréis castigados.

Con las órdenes dadas Chcath se despidió.

Es hora de marcharnos, nos quedan muchos lugares que visitar. Pronto recibiréis noticias—el golem dio media vuelta y Nagaz le siguió. Fue entonces cuando Chcath dio su concesión—. Buen trabajo Nagaz.

Cargando editor
29/09/2017, 08:58
Nagaz

- Gracias, mi amo. - Respondió satisfecho el caudillo. - Creo que en esta ocasión he hecho un buen trabajo. Un gran reino guerrero se ha adherido a nuestra causa sin necesidad de combate ni derramamiento de sangre. ¿No es lo que quería, mi amo?

Aquel trasgo se regodeaba con sus propios logros como si de un perro al aprender un truco nuevo y ser recompensado por su dueño con un hueso se tratara. Su innecesaria locuacidad empezaba a hacer que el éxito de la negociación fuera insuficiente para ocultar su estupidez y si no cesaba en su verborrea quizás sería ejecutado igualmente, aunque en esta ocasión por su soberana torpeza.

Por suerte para el trasgo y también para el gólem, Nagaz fue lo suficientemente lúcido como para captar en el silencio del segundo las nulas ganas de comentar la jugada con él. El caudillo cerró el pico y se dedicó a seguir a su amo hacia la salida del palacio donde les esperaba el resto de su escolta para embarcar de nuevo en el Triturador.

 

 

Cargando editor
29/09/2017, 08:59
Galan

A las puertas del buque de guerra le aguardaba el primer ministro Galan. Aquel envejecido gnomo no traía una cara demasiado jovial, parecía preocupado por algo y una gota de sudor recorría su despoblada frente pese a que en aquel lugar y en aquel momento la temperatura era agradable. A medida que Chcath se acercaba hasta él bajó la cabeza en varias ocasiones evitando así la mirada de fuego de su líder.

Algo no iba bien, eso lo tenía muy claro el constructo. Galan no hubiera viajado en persona hasta Gea de no traer consigo una información lo suficientemente relevante como para dejar de lado sus obligaciones como gobernador de la Cathonia, capital de Chnobium. Dada su expresión esas noticias no iban a ser buenas. Chcath sólo esperaba que no fueran un contratiempo demasiado grande para sus planes más próximos. Duartala esperaba su visita y lo cierto era que ya sentía cierta impaciencia por conocer a su gobernante y su disposición a aceptar su propuesta.

- ¿Qué haces aquí, Galan? - Preguntó al fin el constructo cuando se puso a la altura de su primer ministro.

- Buenos días mi magnificencia. - Saludó cordialmente el gnomo como estaba estipulado. - Traigo conmigo noticias, de lo contrario nunca me hubiera ausentado de la regencia de Chnobium. Sabes usted que desde hace unos años hemos tenido ciertos problemas con varios grupos rebeldes y terroristas. Sabe usted que los Rebeldes por Patark llevan una década guerreando en las selvas de las capas medias del planeta. Sabe usted que los grupos, Garra Verde y los Calureanos, así como otras organizaciones menores, han estado saboteando fábricas, robando armamento y lanzando objetos incendiarios en la capital en los últimos tiempos.

- Hasta mi marcha eran problemas menores, fácilmente controlables. - Le reprendió el gólem.

- Y lo eran mi señor, lo eran. - Respondió el Primer Ministro. - Pero su marcha hará casi un mes, parece haberles alentado a unirse contra el estado. Tan solo los kobolds, mucho más sumisos permanecen totalmente fieles salvo en contadísimas excepciones. - El gnomo suspiró preocupado. - No me malinterprete, estamos haciendo todo lo que está en nuestras manos para controlar las revueltas. Hemos sacado el ejército a las calles, nuestros servicios de espionaje trabajan más duramente que nunca, se practican ejecuciones diarias de traidores para dar ejemplo, pero aún así aunque siguen siendo minoría nos están causando problemas.

Nagaz a punto estuvo de sonreír ante tales hechos, pero finalmente pudo controlarse. Que las cosas no le fueran tan bien como era de esperar a aquel prepotente gnomo, el favorito de Chcath le daban a él cierto margen de error. Quizás ahora que Galan no lo estaba haciendo tan bien como se le presuponía ayudaría a que su cabeza de trasgo se mantuviera sobre sus hombros. El caudillo puso toda la atención que sus enormes orejas podían poner a lo que el Primer Ministro estaba contando. Esperaba una gran reprimenda por parte de su amo, una similar a las que él mismo se había llevado en el pasado.

- Los generales Dninthi e Inden han repelido la mayoría de ataques y tengo espías infiltrados en alguna de las organizaciones. - Galan mantuvo el silencio durante un instante. - Verá mi magnificencia, temo que si no ponemos orden, esta amenaza rebelde pueda derivar en una guerra civil que involucre prácticamente a todo nuestro mundo.

Cargando editor
30/09/2017, 14:48
Chcath

Chcath miró contrariado a Galan. Eso malditos mortales no sabían cuando parar. ¿Acaso creía que podían ganarle una guerra a él? Todavía los geasianos podían suponer una amenaza pero, ¿unos rebeldes? Sin embargo tenía que actuar con inteligencia. La guerra en Gea iba a tener muchos frentes, no podía centrar mucha atención a lo que ocurriera en Chnobium. No podía dividir tanto sus fuerzas.

Noxais se encargará de acabar con la rebelión. Dadle los recursos que necesite.

Ese insolente gnomo iba a ser su mejor opción. Algunos pensarían que era una locura mandar a su servidor menos leal a lidiar con esos rebeldes, pero todo lo contrario. Noxais no tenía ninguna lealtad a Chcath pero le servía fielmente. Él mejor que nadie para mostrar que bajo su manto todos podían prosperar. 

Cargando editor
01/10/2017, 11:49
Galan

Galan tragó saliva. No le acababa de cuadrar aquella opción. Conocía bien a Noxais, ya habían tenido algún desencuentro en el pasado. Noxais era un ser impulsivo, un personaje que se movía por puro interés y no por el fervor que debería guardar para con su líder. Su actitud en muchos casos era arrogante e irrespetuosa y en ocasiones solía saltarse la escala de mando o las jerarquías actuando por su cuenta y tomando una iniciativa que no le correspondía. Quizás fueran esas las características que Chcath buscaba para aquel que debiera apaciguar aquella crisis.

El Primer Ministro no estaba muy de acuerdo con aquella decisión, aunque tampoco la rebatiría. No lo haría no porque no quisiera aportar su punto de vista o por miedo a una represalia por parte del gólem. En muchas ocasiones su magnificencia y el primer ministro y habían estado en desacuerdo y habían debatido pros y contras en muy distintas facetas. También era verdad que casi siempre se acababa haciendo lo que Chcath decía, pero muchas de las veces conseguía hacer ver su punto de vista al líder y modificar sus planes. No obstante, sabía lo mucho que Chcath confiaba en aquel insolente. No vendría su alma por Chcath, pero mientras que sus caminos fueran en la misma dirección le serviría bien.

Noxais no siguía a Chcath porque lo considerase un dios o porque fuera el mejor gobernante, Noxais seguía a Chcath porque tenía una buena vida bajo su mandato y le pagaba de forma generosa. Galan sabía que Noxais no era estúpido y que no iba a vivir mejor con nadie que con Chcath, pues éste recompensaba al valido. Noxais era un mercenario que no entendía ni de causas ni de lealtad, pero que iba a asegurarse de que las cosas le fueran bien al gólem, ya que mientras al gólem le fuera bien, a él le ira bien.

¿Eso quería decir que fuera a traicionarle su otro le pagara más? Probablemente no, Noxais servía a Chcath no sólo por oro sino porque su Imperio era estable, algo seguro y Galan sabía todo aquello no por meras suposiciones, sino porque todo aquello había salido de su boca y de ahí de muchos de las discusiones entre ambos. Galan seguía a Chcath con fervor, creía en lo que hacía y no osaría traicionarle nunca, ni por oro, ni por estabilidad, ni por nada. Consideraba a Noxais un cínico y Noxais a él como a un perro faldero. Por el resto se soportaban.

- Así, lo haremos su magnificencia. – Respondió de forma complaciente el gnomo. – Creo recordar que se encuentra en Nueva Cathonia. ¿Debo ir en su búsqueda o se encargará usted?

Cargando editor
01/10/2017, 12:22
Nagaz

Nagaz aún se encontraba junto a su amo. Había escuchado gran parte de la conversación que había mantenido con Galan. Él tampoco se llevaba especialmente con aquel gnomo al que consideraba pedante y falto de carácter. Aunque lo cierto era que por mucho que quisieran ocultarlo a ojos del líder de ambos, trasgos y gnomos nunca se habían llevado especialmente bien, y eso sólo había acabado de forma aparente gracias al constructo que se había convertido en señor de todo Patark.

Lo cierto era que el caudillo era consciente de que su cabeza pendía de un hilo. No era ningún secreto para él ni para nadie que Chcath tenía planes para él. Planes que para nada le apetecían al trasgo. De hecho su propio amo se lo había dicho en más de una ocasión, la última justo antes de la negociación con los mandatarios de Sauk. Quizás por eso le satisfacían aquellas noticias.  Acababa de salirle bien su última actuación ante el condenado Gólem y los problemas se le multiplicaban, con lo cual podía estar tranquilo, al menos por un tiempo.

- ¿Mandas algo más, amo? – Preguntó el caudillo intentando disimular una mueca desagradable que trataba de emular a una sonrisa de satisfacción. 

Cargando editor
01/10/2017, 18:20
Chcath

En ese momento Chcath habría aplastado a los dos. A Nagaz por intentar sacar ventaja y a Galan por la estúpida pregunta.

Rumbo a Duartala.

 

Cargando editor
02/10/2017, 07:54
Director

Chcath dio las órdenes pertinentes para que algunos de sus mejores y más capaces hombres se quedaran en Sauk para gestionar el nuevo orden que acababa de ser acordado. Fueron varios generales los que se instalaron en Brikoz con la clara misión de ponerse al mando de los asuntos militares. El reclutamiento del gran ejército que el gólem había solicitado era la principal preocupación en esos momentos. Varios contables y burócratas se encargarían de temas logísticos y de mantener el diálogo contante entre los dos gobernantes de aquella nación y su nuevo amo. Por último algunos versados diplomáticos se asegurarían de que las políticas de Sauk fueran favorables al Conquistador y de hacer propaganda favorable al nuevo líder supremo de la nación. Junto a ese selecto elenco de militares, políticos y administradores quedaron también los dos trasgos que tan bien habían aprendido el idioma, Bodah y Nigrith asumirían las funciones de interpretación durante su estancia en aquel reino.

Curioso era que la mayor parte de los agentes que quedaron en Brikoz y que posteriormente se desplazaron por las diversas provincias pertenecieran a la raza gnoma. Lo cierto era que de las tres razas que poblaban Chnobium eran los más inteligentes y los que mejor se adaptaban a las funciones que requerían cierta diplomacia y cierta estrategia. Cada raza tenía sus ventajas ciertamente. Los trasgos por su parte eran buenos y sanguinarios guerreros que no conocían el miedo y por su parte los kobold eran una raza sumisa que funcionaba a la perfección como una raza esclava y obrera.

Por ello Chcath se marchaba satisfecho del centro este del continente. Una ciudad estaba siendo reconstruida bajo la mano de obra kobold y la supervisión gnoma y toda una nación se había postrado a sus pies a cambio de muy poco. Por si fuera poco, aunque sólo fuera por una vez y no sirviera de precedente, el caudillo Nagaz había resultado bastante eficiente y no le había quedado más remedio que felicitarle por ello. El siguiente destino era Duartala, la mayor ciudad del sur de Harvaka, capital del Imperio Rojo y en competencia directa con Catán ser la nación más poderosa de Gea hasta la llegada del conquistador de roca y fuego.