--No os lo toméis a mal Kurt, son los gajes del oficio, cosas en las que tan solo los más quisquillosos ingenieros nos fijamos. Hubiera dado mi mano derecha para que la mitad de tropa hubiera tenido los rifles a la altura del vuestro. Se nota vuestra reverencia por el arma y no es para menos.--una vez hubo acabado de examinar el trabuco, lo volvió a envolver con cuidado. Depositándolo de nuevo en la caja, dejando que el soldado lo cerrase con llave si precisaba.
El espectáculo matutino de aquel tipo "dando a luz" en el muelle le arrancó otra sonrisa al joven oficial.-- Jack lo de estar de mierda hasta el cuello, no creo que os lo debáis tomar tan a la literal.--dijo mientras le pasaba el pequeño barril que les había ofrecido el pescador.--La hermana tiene razón, lo último que necesitamos con el invierno encima es una enfermo a cuestas. No quiero parecer un metomentodo, pero el viaje será largo. Contadnos tan solo si queréis, ¿cómo acabasteis arrancándole el brazo al hijo del Burgrave?--cuando iban a empezar una distendida charla para distraerse, Marianna empezó con su tonada. Aquella melodía invitó a Vandercroft a mirar al horizonte, a medida que se alejaban de la ciudad se iba fundiendo en el paisaje. Era como si intentará absorber todo aquel manto blanco para sí, como si algo en su juventud le recordase que estaba viviendo un tiempo regalado. No pudo evitar llevarse la mano a la mejilla derecha, rememorando aquella explosión, como un hombre en un suspiro se convierte en un presunto héroe. Y al poco se le considera un fugitivo por no querer alistarse para derramar su sangre, en una tierra que no es la suya, en una guerra que no le corresponde. Aciago destino el del hombre, más el de aquel que pretende ser honrado.
Cuando la hija de Shaylla acaba su canción, Tobías le "regala" un discreto aplauso y un asentimiento con la cabeza en señal de agradecimiento.--En el regimiento tuve que aprender a remendar a muchos hombres. No puedo aprender a calmar los espíritus con dulces melodías, pero si en nuestro destino vais a ejercer sería un placer poder ayudaros y aprender. Si es que el tiempo nos lo permite.--por el rabillo del ojo vio como Kurt desdeñaba la salchicha, no era para menos después de aquel escatológico espectáculo.--Heidric avisadme cuando se pueda pescar, eso me ayudará a matar el tiempo. Por supuesto, parte de mis capturas son vuestras, no solo por el viaje; sino por gratitud.--era lo menos que podía ofrecerle al pescador por el enorme favor que acababa de hacerles. Salir de Zwolen no hubiera sido sencillo y quedarse atrapado en invierno hubiera sido sinónimo de acabar en el frente. Quisiera uno o no.
Theodricus remaba suavemente con el timón mientras escuchaba la canción de Marianna y vuestras conversaciones con obligado cumplimiento. El pescador llevaba la barca por aquellas aguas frías pero serenas hacia la mitad del río, donde podría desplegar la unica vela y comenzar a remontar la corriente, para llevaros lejos, hacia el sur, a una pequeña aldea de la que casi nadie ha oído hablar.
Mas atrás dejáis Zwolen y su actividad, así como un pasado que queréis olvidar, o cambiar. Mas el estruendo de las voces y el acero claman por encima de los jornaleros del puerto. La búsqueda de unos individuos se hace patente cuando la soldadesca levanta cada tapa de barril, cada manta, red o entran en casas y tabernas importunando a quienes allí estén. Buscan por agravios, venganza o miedo al destino que pueda proporcionarles su superior de no hallar a quienes han sido tan osados como para burlar la ley.
Theodricus miraba el espectáculo mientras seguía remando, tranquilo e indiferente a semejante alboroto, levantando el dedo medio mientras articulaba los pobres sonidos que su mutilada boca podía emitir, burlándose de aquellos que os buscaban.
Con una sonrisa mas amplia si cabe, bajó la mano varias veces, con la palma hacia abajo, en suave advertencia a vosotros, para que os agacharais por si acaso algún patán con aires de héroe, os adivinaba en una barca de pesca.
Llegado el momento el pescador desató con hábil soltura el cabo del mástil, y la vela de cuchillo cayó sujeta por las cuerdas, hinchándose a medida que timón y cabo, manejados por Theodricus, consiguieron encontrar el viento, llenando la vela y llevándoos a la ansiada libertad que solo aquellos valientes encontraban en los pequeños placeres de la vida.
Seguimos en la escena siguiente. Cualquier conversación a medias podrá continuar allí. Tenéis tres días por delante, asi que teneis tiempo de sobra para hablar.