Partida Rol por web

Las Crónicas de Rheden

Un Nuevo Comienzo

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12/04/2026, 00:29
DIRECTOR

Tras hablar con Gunnar, el tiempo fue pasando y una de las casa vacías del pueblo acabó siendo vuestro hogar, mientras la nieve caía con pesadez mansa sobre los tejados de paja de Rheden, borrando poco a poco las cicatrices sufridas de la guerra. Tras el horror de Bechafen, la emboscada en el río y el demonio blanco de la cabaña del bosque, el silencio y sencillez de aquel rincón de Ostermark era como un lujo, un bálsamo de pureza blanca y fría que curara las heridas.

El invierno selló los pasos de montaña, detuvo parte del fluir del Talabec Superior y cubrió con espesa nieve las llanuras del sur atrapándoos en un paréntesis de paz blanca. En la sala común del pueblo, donde se reúnen todos después del trabajo, el aire huele a resina de pino y guiso de tubérculos. Kurt, cuyas manos solo conocían el frío acero de la alabarda, la espada y el arcabuz, ahora siente el calor de la madera rugosa mientras ayuda a los aldeanos a cortar y apilar leña. Hay una dignidad nueva en sus hombros, una que no nace del rango militar, sino de ser el guardián de una paz pequeña y real.

Ándor, acostumbrado a las sombras de los callejones y al precio de la sangre, pasa las tardes trenzando cañas junto al fuego, afilando cuchillos que no cortan gargantas, sino preparan la comida y ayudando a elaborar cerveza. Sus dedos, antes tensos sobre el pomo de una daga, se mueven con una paciencia que él mismo desconocía. A veces, levanta la vista vislumbrando el pasado y un posible futuro.

Marianna ha encontrado su lugar entre los niños enfermos y los ancianos del pueblo; sus rezos a Shallya ya no son gritos desesperados en el campo de batalla, sino susurros de paz que traen consuelo a quienes lo necesitan. Hay conversaciones sobre un terreno junto al río, donde los cimientos de una vieja ermita esperan, tal vez, convertirse en un templo de misericordia.

Pero el mayor cambio, ante todo, es Gëdra. La niña ya no salta ante los ruidos fuertes. Ha recuperado el color en las mejillas y corre por la nieve con los hijos de los granjeros riendo. Verla crecer aquí, lejos de estandartes manchados de sangre, los gritos de los demonios o los embustes de vampiros y otra criaturas se siente como la única victoria que realmente ha importado. Por primera vez, la palabra "familia" no suena a un sueño peligroso, sino a una posibilidad tangible en un lugar como ese.

Pero el Viejo Mundo nunca olvida.

Un día, el viento cambia. El crujido del hielo rompiéndose en el Talabec resuena como disparos de mosquete. Con el deshielo, la primera barca de la temporada aparece entre la bruma del río. De ella desciende una figura robusta, envuelta en pieles y cargando el peso de una historia antigua: es el enano estibador que conocisteis en Zwolen. No trae noticias de paz. Trae mapas, promesas de oro y el fuego de una mina perdida que reclama ser recuperada. Mientras él os observa con ojos cansados pero decididos, el idilio de Rheden se estremece. El destino os ofrece dos caminos: el calor del hogar que habéis construido en la nieve o el eco de la aventura, el peligro y el oro.

 

¿Estáis listos para dejar que el fuego de la guerra se apague para siempre, o seguiréis al enano hacia las profundidades de las montañas?

 

 

Notas de juego

Y aquí se termina nuestra aventura.

Dejo abierta esta escena para que decidáis el camino de vuestros personajes para la próxima aventura. Y si queréis narrar o interpretar algo o decidir alguna idea que tengáis en mente para ellos, también podéis plasmarla. Es bienvenida.

La próxima aventura será jugada al Warhammer Fantasy 2a edición. Me gusta más el sistema de juego, aunque estoy mirando como podría incorporarse el sistema de avance sin cambio de carrera.

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16/04/2026, 02:20
Kurt Boehm

Aquel invierno cumplió dieciocho años. Fue el primero, desde que tenía memoria, que no había pasado entre trincheras y barro, acero y pólvora, hombres destrozados y muerte.

Rheden los aceptó sin más preguntas de la cuenta. Les dieron una casa vieja, de madera vencida y techo cansado, pero seca. Suficiente. Era más de lo que Kurt recordaba haber tenido nunca. Aprendió pronto el sonido de esa paz: el crujido del fuego al prender, el golpe regular del hacha sobre el tronco, las voces bajas al caer la noche. 

Trabajó como uno más. Cortó leña hasta que los hombros dejaron de quejarse y las manos se acostumbraron a otra herramienta que no fuera la espada. Pero no lo dejó del todo. No sabía hacerlo. Con Ándor empezó casi sin querer: primero para no perder el pulso, luego por costumbre. Y al final, porque algunos de los hombres del pueblo miraban con ese gesto que él conocía bien.

Miedo, sí. Pero también necesidad.

Como no tenían ganado, vaciaron el viejo establo y lo dejaron limpio de paja húmeda y trastos inútiles. Allí empezaron. Les enseñaron a sostener una lanza, a no cerrar los ojos, a no retroceder en el primer golpe. Nada de discursos. Solo repetir, repetir, repetir: paso, firmeza, distancia. Ándor corregía en silencio. Kurt mostraba. Poco a poco, la torpeza se volvió intención. No era una milicia. No hacía falta llamarlo así. Pero cuando llegara la primavera, no estarían indefensos.

Marianna encontró su lugar como si siempre hubiera sido suyo. Kurt no entendía su fe, pero la respetaba. La había visto sostener cosas que él habría despachado sin dudar. Había fuerza en eso. Otra clase de fuerza. A veces se quedaba mirando desde la puerta de la estancia donde atendía a los enfermos o hablaba con los viejos, sin decir nada, con esa media sonrisa que no siempre era ironía.

La capilla empezó como una idea compartida en voz baja. Un terreno junto al río, unos cimientos viejos que asomaban bajo la nieve. Kurt ayudó a limpiarlos cuando el hielo empezó a ceder. Piedra a piedra. No por fe. Por ella. Porque aquello importaba.

Y la niña… Gëdra reía. Corría sobre la nieve como si nunca hubiera aprendido a tener miedo. Y eso, para Kurt, era suficiente.

Pero la paz nunca fue algo que supiera llevar bien.

Había noches en las que el silencio pesaba demasiado. En las que las manos buscaban algo que no estaba. En las que el cuerpo recordaba antes que la cabeza. La sangre del lobo no se enfría. Solo espera.

Cuando el hielo del Talabec empezó a romperse y el río volvió a moverse, Kurt ya lo sabía. No hacía falta escuchar al enano. Ni ver los mapas. Ni oír hablar de oro. Algunas cosas no se eligen.

Miró la casa. El humo saliendo del techo. Las voces dentro. Luego el río. Y sonrió.
—Os acompañaré —dijo, sin más.

No por riqueza. No por gloria.
Por lo único que siempre había sabido hacer.
 

Notas de juego

El Destino de Kurt está escrito con acero, fuego y sangre. ¡A por la montaña!

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16/04/2026, 12:56
Ándor

Los días pasaron y dieron paso a las semanas. Ya había perdido la cuenta de los días que llevaba en la aldea. Había adquirido habilidad en el tejido de cañas y en una cosa que me sorprendió pero que aprovechaba en cuanto tenía ocasión, la elaboración de cerveza.

Aquella paz era algo que hacía tiempo que no tenía. Incluso había dejado de mirar al horizonte esperando la llegada de algún demonio que alterara el ambiente de la aldea. Vivía solo en una de las casas y me reunía diariamente con Kurt para charlar del día a día y de nuestras cosas. Todo iba bien.

Hasta que llegaron los extranjeros. Al enano lo reconocí en seguida. Ya lo había visto antes. Nos ofreció de nuevo echarse al camino. La búsqueda de tesoros, fama, y quizás la muerte en alguna aldea de algún confín del continente luchando contra demonios, hombres bestia o espectros.

Apenas lo dudó. Aquello era lo que sabía hacer y la vida placentera que llevaba ahora era magnífica, pero sentía que estaba desperdiciando su vida allí, tejiendo cañas. Agradecía de corazón la acogida que habían tenido, pero no tuvo duda alguna de cual era mi verdadero lugar.

Casi hablé a la vez que Kurt. Incluso en eso estaban sincronizados. Una sincronización que solo venía dada por el tiempo que habían compartido.

Os acompañaré.

Miré a Kurt al ver que habíamos dicho la misma frase y una carcajada salió espontánea de mi boca.

Amigo mío. Si no fuera porque mi sitio está entre las piernas de una moza, cualquiera diría que estamos casados.

Y le eché un brazo por el hombro.

¿Cuándo nos vamos?

Notas de juego

Si esperabas que te llevarías tu toda la fama y fortuna vas listo, compañero. Además, ¿Qué haría Kurt sin Ándor?

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16/04/2026, 23:30
Marianna Eberstadt

Marianna había podido hacerse un hueco y casi actuaba como una madre para Gëdra, al fin y al cabo, ambas eran huerfanas de padre y madre, así que sabía bien lo que era vivir así. Observó como jugaba con los demás niños con una amplia sonrisa, aunque tuvo que corregir a la niña un día. Se recordó a si misma, siendo atizada con una vara por las hermanas superiores cada vez que hacía alguna trastada, y no pudo tampoco ser muy severa con el castigo; tampoco es que Gëdra tuviera donde huir, no en el invierno. Y no quería que pensase que huir era una opción...

Calentaba la comida, agradecía todo lo que los aldeanos llevaban a la casa, y dormia a pierna suelta por las noches. Finalmente pudo lavar su hábito y tras vestir unas ropas prestadas, pudo remendarlo un poco y volver a parecer la hermana shallyana que siempre había querido ser.

La capilla...La capilla era quizá mas de lo que ella pensaba que obtendría aquí. Quería haber peregrinado, haber visto una de las grandes capillas shallyanas, pero sentía que podia hacer mucho aqui, en un pueblo pacifico, a orillas de un rio importante.

Así que siempre que podía, intentaba cargar piedras para ayudar con la capilla...Cosa que siempre salía mal, porque por mas que quisiera, no podia con el peso de las piedras. Las piedras eran trabajo de hombres.

Suspiró, y junto con Gëdra, esperó en la orilla del rio a Kurt y Ándor, para despedirse de ellos. Marianna había encontrado otro lugar pacifico en el que vivir. Les deseó suerte, y les prometió rezar en su nombre a Shallya, para que cuidara de ellos en sus viajes.

-Si volveis, hacedlo con muchas historias para que Gëdra pueda entretenerse todas las noches con vosotros, mientras calentamos algo al fuego.

Notas de juego

Marianna va a quedarse en la aldea, que suficiente ha tenido todos estos días de aventuras jajaja, no me veo a una novicia de shallya yendose de aventuras a las profundidades de unas montañas. Además, me gustaría continuar con el personaje en 4º edición, 2º no lo domino del todo. Supongo que aquí se separan nuestros caminos :)

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19/04/2026, 03:16
Kurt Boehm

Kurt soltó una sonora carcajada cuando ambos pronunciaron las mismas palabras al unísono.
—¿Casado contigo? Eres demasiado vieja… y demasiado barbuda para mi gusto —bromeó, aceptando el brazo de su amigo y devolviéndole el gesto con un codazo suave en las costillas.

Marianna llegó con Gëdra y palabras de despedida.
—Sí, volveremos con muchas historias —dijo Kurt, alzando a la niña con facilidad—. Y bonitos regalos para meine kleine prinzessin, ¿eh? Dicen que los enanos hacen unos juguetes maravillosos.

Dejó a la pequeña en el suelo. Con el paso de los días, ella había dejado de tenerle miedo; ahora lo trataba como a su “hermano mayor”.

Kurt miró a Marianna y le ofreció una mano, callosa, surcada de pequeñas cicatrices. Sonreía.

—Cuida de todo esto —dijo, abarcando con un leve gesto el pueblo, la niña… y todo lo que quedaba atrás—. Es mucho más de lo que parece. Y si el mundo se oscurece otra vez, sé su luz.

Soltó su mano. Había que prepararse para volver al camino.

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20/04/2026, 09:16
Ándor

No era muy dado a las despedidas y Kurt ya lo había hecho por los dos. Simplemente me toqué la frente con dos dedos e hice un gesto de despedida hacia Marianna.

Si estás en peligro, silba. Vendremos en seguida.

Y le guiñé un ojo a Gëdra antes de girarme y seguir a Kurt.