Todos y cada uno de los presentes escucharon una voz gentil en sus cabezas.
—¿De verdad tengo que comérmelo?—era el Emperador de Puerta de Baldur—No creo que tenga buen sabor.
Krusk, viendo como, de repente, todo iba yendo bien para ellos, lo cual tenía bastante sentido porque, bueno, era una de las cosas que tenía invocar a tantos genios del mal a la vez. Es decir, si te rodeabas de gente mala, nunca ibas a tener la seguridad de poder confiar en nadie, y solo si mantenías una ilusión de poder ante ellos, ibas a tener su amistad. Pero en el momento en que ese poder flaqueara, todo iba a acabar mal, y aquellos de los que te habías rodeado, no dudarían en traicionarte. Eso no ocurría si sabías elegir a tus amistades, a aquellos que darían parte de su vida y su tiempo a preocuparse por ti y cuidarte. Porque su relación contigo se basa en el amor, no el poder. En aquel momento, Krusk estaba siendo testigo del carácter autodestructivo del mal, en una excelente representación con figuritas de plástico marca Lego, el mayor peligro para los bebes.
En fin, tras escribir un tocho de frases de taza, pasamos a observar como Krusk comienza a sonreír cuando el hombre pulpo se ofrece para devorar al villano principal, avanzando hacia delante mientras asiente decidido.
-Pues si te ofreces a comértelo, debo decir que... Un momento.- De repente, la sonrisa de Krusk, se borra, mientras dirige la mirada al resto.- ...A ver, chicos, se que nuestro rollo es vencer al malo y eso, pero...¿De verdad vamos a dejar que le chupe el cerebro? Es decir, como muerte es bastante desagradable. ¿No podría haber otro modo de...librarse del tipo este sin que todo tenga que acabar tan truculentamente mal? Es decir, que lo desarmen o algo y ya lo mandamos nosotros a la cárcel. Es que si ahora me pongo a ver como lo sorben...igual poto un poco.
Thorbrick se había mantenido en silencio con la aparición de los nuevos combatientes.
No hay forma que les podamos ganar a tantos personajes nuevos invitados por el máster, había pensado.
Cuando la conversación de aquel variopinto grupo cambio a favor de ellos Thor mantuvo la respiración esperando que ninguno de sus compañeros metiera la pata o la boca y cuando parecía que esto iba a ser así uno tuvo que hablar.
-No creo que sea buena idea Krusk- había logrado pronunciar para que no siguiera mientras evaluaba que cosa en su repertorio podría ayudarlos contra estas criaturas.
Master el grupo anterior vimos que eran como unos zombies que se movían a la voluntad de Ervan no? Estos si los vemos como gente mas suelta y con pensamiento propio correcto?
Nissa se quedó mirando el espectáculo con media sonrisa en la cara. Ervan se había pasado de listo y lo iba a pagar caro. Aún así la gnoma estaba intimidada, la rodeaban algunos de los seres más poderosos del universo, y no precisamente de los buenos que formaban grupos como los vengadores o la liga de la justicia, no. Eran grandes villanos que podían someter a mundos enteros o mantener a los dioses fuera de sus dominios. Era la experiencia más fuerte que Nissa había tenido en su gnoma vida. Y como se había quedado justo delante de Strad hizo lo que mejor se podía hacer en una situación así. Sacar papel y pluma:
— ¡Eh! ¡Señor Strad! ¡Me firma un autógrafo! Soy una fan de su mundo y de su actuación en él en particular. Me he leido todo lo referente a usted desde AD&D y es todo un honor verlo en legosona. — Hablaba bajito para no molestar la discusión de Kursk, Thor y el emperador. — Le aseguro que podré la firma en el lugar más visible del gremio de aventureros que montaré cuando me jubile.
Motivo: Persuadir a Strad ¡Firmame!
Tirada: 1d20
Resultado: 3 [3]
Mientras los Seis Terrores discutían entre ellos, Ervan temblaba como un flan y Krusk debatía la ética de ver cómo le sorbían el cerebro a alguien, yo levanté las manos con gesto conciliador. Muy despacio. Muy suavemente. Muy “por favor que nadie me convierta en ceniza”.
—Bueno, bueno, bueno… —dije con una sonrisa que intentaba ser encantadora y no nerviosa—. A ver, grandes señores del mal, iconos del terror, celebridades del caos… no hace falta comerse a Ervan.
Tragué saliva y continué:
—Quiero decir… entiendo la tentación, de verdad. Pero si lo que buscáis es… ejem… satisfacción gastronómica, conozco una taberna aquí cerca donde sirven las mejores alitas picantes de todos los reinos.
Hice un gesto amplio, como si estuviera anunciando una oferta especial.
—Crujientes, jugosas, con un toque de miel y fuego… ¡una delicia! Y por supuesto, la ronda corre de mi parte. Invito yo. A todos. Incluso a la Dama del Dolor, si quiere. Aunque no sé si come. O si mastica. O si… bueno, da igual, la invitación está ahí.
—Así que… ¿qué tal si dejamos los cerebros donde están, evitamos escenas desagradables y nos vamos todos a tomar unas alitas? Mucho más civilizado. Mucho menos… viscoso.
La palabra alitas se quedó flotando en el aire y como si fueran su propio conjuro la situación cambió completamente. De la tensión asesina y macabra empezó a fluir el... ¿surrealismo?
—Alitas—se escuchó el ronco suzurro de Szass Tam.
¡Sonaba a que el liche estaba hambriento!
—Ha dicho alitas…—repitió Strahd mientras firmaba el escudo mágico de Nissa.
—¡HA DICHO ALITAS!—gritó Tasha—¡ALITAS! ¡JAJAJAJAJAJAJAJA!
Terribles carcajadas de Tasha.
—¡Sí! ¡Muchas alitas! ¡Todas las que queráis!
La voz de Ervan era temblorosa y cargada de terror. Pero, ¿qué se podía esperar? Cualquiera con la cabeza envuelta entre los tentáculos de un azotamentes estaría cagado de miedo.
—Conservé cientos de ellas y están en la taberna. Un recalentado y listo. Y seguro que puedo sacar a ese tabernero de mi prisión para que se ponga a hacer más.
Todos escucharon en sus cabezas la voz del Emperador.
—Me gustaban mucho las alitas picantes cuando era humano—¿su voz estaba cargada de esperanza?—. No puedo comerlas, pero podéis ayudarme a compartir esa emoción.
—¡ALITAS PICANTES!—volvió a gritar Tasha entre su terrible risa—Venga Rugeceniza, deja de fingir que estás inmovilizado. ¿Nos comemos unas alitas y luego te unes a los Seis Terrores? Ahora tenemos una vacante.
El dragón empezó a moverse. ¿Había estado fingiendo todo el tiempo? ¡Qué crueldad!
—Mi huevo, el Orbe de los Dragones y una montaña de alitas picantes. Dadme eso y todos saldréis de aquí por vuestro propio pie. Así habla el gran Rugeceniza.
Esta era la Aventura del Dragón Rojo, lo cual significaba que si había algún protagonista era precisamente el que le daba nombre. Así que el desenlace tenía sentido: huevo recuperado, artefacto dragontino ancestral en su poder, asiento en la Liga del Mal y montaña de alitas picantes. Quedaba claro quién había ganado en todo esto.
—...
La Dama del Dolor no necesitaba hablar para que todos supieran que aprobaba la decisión... y que la decisión estaba aprobada.
Krusk se quedó completamente quieto, apenas sin poder creérselo. Qué al final Sialegol fue quien apoyó su propuesta de no matar terriblemente al mago, había sido un consuelo. Que aún con todo, tuviera que intentar convencer a aquellos pesos pesados del mundo de los Reinos Olvidados y más allá era...bueno, no muy esperanzador. Es decir, ¡Hasta a un genio le costaría apaciguar a esos tipos! ¿Quién hubiese imaginado que la respuesta al final eran...?
-Alitas...alitas, que ha funcionado las alitas, Cristo Bendi...-Antes de hacer referencia a un personaje no canónico de Dragones y Mazmorras, Krusk agitó la cabeza, simplemente intentando mostrar su mejor sonrisa.- ¡Sí, alitas, todos invitados estáis, seguro! Es decir, Alax ha pasado una racha bastante mala, y la clientela le vendría de maravilla. De echo, creo que ya debería estar calentando las sartenes y preparando alitas buenas de verdad después de que le liberásemos.- Dijo Krusk, lanzando una intensa mirada, apenas unos segundos, al propio Ervan. Una mirada rollo "Que te crees que aún lo tienes prisionero, payaso"- Además, el precio es bastante asequible, ¡Una victoria segura, ¿Verdad, peña*?!

*Peña es sinónimo del grupo Bloque Maestro
Thor sonrió, como se había podido olvidar de algo fundamental. Las Mejores Alitas Picantes del Reino.
-Bendita Seas Sialegol tu y tus ideas locas de las alitas- dijo con un suspiro y una mirada a todos.
-Yo invito las bebidas que tiene buena cerveza también y algo de vino para quien quiera algo más delicado con el paladar-
Luego miro a la dragona que se había estado haciendo la dormida.
Dragones, hace rato pudo ayudarnos, malditos dragones, pensó decepcionado y más furioso con ellos
Mientras veía a los Seis Terrores marcharse tan tranquilos hacia la taberna en busca de alitas picantes, no pude evitar sentir cómo una ola de satisfacción me recorría de arriba abajo.
Porque, seamos sinceros:
¿Quién demonios consigue resolver una crisis multiversal con pollo frito?
Exacto.
Yo.
Miré a mis compañeros, que parecían debatirse entre el alivio, la incredulidad y las ganas de sentarse a llorar un rato.
—Bueno, bueno… —dije con una sonrisa triunfal—. Otra vez El Bloque Maestro cumple su misión.
Hice una pausa dramática, porque me la había ganado.
—Aunque sinceramente… deberíamos plantearnos cambiar el nombre. Algo más acorde a la realidad. No sé…
“Sia y sus seguidores”, “La Orden de la Maga Maravillosa”, o incluso “Los que sobreviven gracias a Sialegol”.
—En fin… —añadí mientras me sacudía el polvo del combate—. Otro día normal en la vida aventurera. Dragones, liches, vampiros, diosas del dolor, magos locos… y yo salvando el pellejo de todos con mi brillantez natural.
Y con esa mezcla de cansancio, humor y orgullo que solo un aventurero entiende, seguí caminando con mi grupo, pensando que, al final, lo nuestro siempre ha sido eso: resolver lo irresoluble… y hacerlo con estilo.
Nissa no podía dejar de acariciar el borde de su escudo, con los ojos vidriosos y una sonrisa que amenazaba con partirle la cara en dos. De vez en cuando, soplaba un poco de polvo imaginario sobre la superficie y lo pulía con la manga, asegurándose de que la firma de Strahd reluciera con todo su esplendor gótico.
Se giró hacia sus compañeros de El Bloque Maestro, sintiendo un extraño y cálido orgullo. Miró a Sialegol de reojo.
—Tengo que admitirlo, Sia... has tenido la mejor idea de la historia del multiverso. Se te está subiendo un poco a la cabeza, sí, y tu ego ya necesita su propio código postal, pero oye, te lo has ganado. Has pasado de ser "la elfa de la retaguardia estratégica" a "la organizadora del catering más peligroso de la existencia". Eso merece un respeto.
Nissa miró hacia el horizonte, donde el grupo de villanos sombríos y el imponente Rugeceniza se preparaban para el banquete.
—Ahhhhh... —suspiró con beatitud—. Al final va a resultar que el destino del mundo se decide mejor con el estómago lleno. Toda buena historia que se precie debería terminar así: con los enemigos derrotados (o cenando contigo) y un buen cubo de alitas picantes delante. ¡A comeeeeeeer!
Uno a uno todos fueron abandonando la fortaleza del Culto del Dragón y se dirigieron a la posada a Plena Vista. Algunos tardaron un rato en llegar, como los aventureros de El Bloque Maestro. Otros se movieron mucho más rápidos, como el caso de las entidades de poder. Y alguno como el gran Rugeceniza, auténtico protagonista de la aventura, ni siquiera tuvo que moverse. Sólo necesitaba girarse.
Lo único malo es que no iban a ver la cara de Alax cuando viera entrar a tan extraña comitiva en su taberna. Porque los seres poderosos no esperan a simples mortales. Quieren sus alitas picantes inmediatamente.
¿Acaso podía ser de otra manera?

La aventura concluye aquí.