La pierna cayó en los brazos de Jose, que estaba cargando cosas del carro a la cabina. Tardó unos segundos en identificar que aquello era una pierna humana, dio un grito agudo y la pierna voló dando vueltas, lanzando pegotes de sangre podrida, antes de caer al suelo, mientras Jose se limpiaba las manos en la ropa.
Conchi, ajena a la realidad, cortaba y cortaba, chop chop chop, una alita por allí, vaya, hqué hueso más duro! CHOP. Ahora. Los restos mutilados del panadero del Pryca quedaron allí amontonados muy ordenadamente. Las alitas por un lado y las pechugas por el otro, que no se mezclasen.
Mientras aquel grotesco espectáculo tenía lugar, Bea empujó el carrito y saltó ágilmente el charco-trampa. Bebé Pepe, salpicado de sangre también, se agarraba acojonado a la teta y a lo que podía, con los ojos como platos, pero ya ni lloraba.
Ya en el camión empezó a ayudar a Jose a cargar cosas a la cabina. Y es que todo tenía que ir a la cabina, porque la caja del camión estaba fuera, y los muertos se agolpaban allí, además.
Los muertos se acercaban por el pasillo de los frescos. Varios se quedaron en el cadáver del vigilante, aún caliente, y se arrodillaron para devorarlo y arrancarle las tripas, pero el resto siguió avanzando por los pasillos del Pryca. Cuando los primeros llegaron a la línea de cajas, ya habían descargado el carrito de Conchi y empezaban con el de Bea.
Conchi, ya satisfecha del despiece humano, se giró con toda su pachorra a ayudar a los mozos a meter cosas en el camión. Cuando los engendros empezaron a resbalarse en la trampa de Conchi y los de fuera empezaban a apretarse entre el lateral del camión y los hierros y escombros, arrancándose la piel, los tres supervivientes ya habían metido la última bolsa de pañales de Bebé Pepe. Se metieron a toda prisa, aplastando los dedos del primero de los muertos, que acababa de llegar a la puerta.
El motor del camión estaba en marcha. La cabina estaba llena de latas de albóndigas, pañales, papel higiénico, tarros de alcachofas, botes de laca, un fufú de Cristasol y anchoas del cantábrico. Entre docenas de cosas más. Los tres, apretados en la cabina, estaban sentados sobre su propia compra. Los productos se metían entre los pedales del camión y bloqueaban las palancas.
Los muertos se agolpaban dando porrazos con sus manos en la maltrecha cabina del camión, y también desde fuera en las chapas de la caja. Casi una docena dentro del súper, y fácilmente había acudido un centenar fuera. Empujaban, se apretujaban y los que tropezaban eran pisoteados por los otros. Y por entre los coches del aparcamiento, más y más figuras se acercaban.
Entonces visteis que Bebé Pepe, que seguía sin llorar, estaba todo rojo, y miraba fijamente a Bea. Un olor fétido a caca llenó la cabina, y se entremezcló con el hedor de los cadáveres. El bebé, aliviado, miró con inocencia, como si él no hubiera sido.
Vale, no hace falta jugar todos los asaltos, y teniendo en cuenta los asaltos que han salido en los dados y lo que tardan en llegar, y habiendo Conchi acabado con el zombi que quedaba e incluso invirtiendo 2 asaltos picando al panadero, entre los tres conseguís meter toda la compra justo a tiempo.
Estáis rodeados de zombis, pero a no ser que decidáis quedaros ahí a dormir, el camión sigue estando bastante blindado y es lo suficientemente alto como para que tarden en llegar a las ventanillas, y además potente como para arrollar a la multitud de zombis que hay en el aparcamiento, así que podemos terminar aquí con un post final!!
Al final ha sido rápido, no pensé que terminaríamos esta semana xD. Enhorabuena!!
- Ni tan mal... - Dijo Bea sonriendo sin saber todavía como era posible que lo hubieran conseguido.
¡Por fin tenían pañales! No obstante y aunque olía a mierda pura, mejor sería esperar a cambiarle la caca al Pepe. Por otra parte pensó en abrir las ventanillas por eso del olor, pero tampoco era demasiado buena idea, pues los zombies podrían querer colarse dentro del caminón y allí ya estaban suficientemente apretujados.
- ¿Nos vamos pa'l pueblo? - Preguntó la peluquera. - ¿Si o qué?
No esperó respuesta, puso primera sin querer, pues no tenía todavía el carnet de conducir y a tenor de en lo que se había convertido el mundo, no lo tendría nunca. El camión dio un respingo hacia adelante arrollando a dos o tres de aquellos retornados.
- Perdón... - Se disculpó. - Pondré la marcha atrás... - Sonrió.
Y así lo hizo. Movió la palanca y pegó un acelerón haciendo que algunos de los zombies que trataban de encaramarse al camión cayeran al suelo y que los que estaban en la parte de atrás, acabaran debajo de las ruedas. Tras un par de maniobras, logró sacar el camión de la entrada del supermercado y puso rumbo hacia aquel pueblucho del que habían hablado Rafa y Antonio. Esperaba encontrarlos allí y que les hubieran preparado una buena cama para descansar, estaba agotada...
Terminado el trabajo, la Conchi se subió de vuelta al camión. Ya estaba allí la choni del niño llorón, agarrando el volante sin tener ni puta idea. ¿Cuándo se había sacado su sobrina el carnet? Si es que era igual de inútil que su madre. Un par de bofetadas le daba la Conchi, para meterla en vereda.
- No hombre, así no se hace, gira el volante.
El camión rugía, marcha alante, marcha atrás. Empezaba a salir de un tirón, cuando la Concha metió la mano y obligó a la Bea a girar, y gracias a eso reventaron una boca de riego y le hicieron un bollo al cacharro. Otro más. Del impacto, la Concha golpeó contra el lado del camión, y se empezó a cagar en todo.
- ¿Te ha tocado el carnet en una tómbola o qué, niña? Si es que... todo lo bueno de la familia se quedó en el mismo lao.
Al fin, la choni aceleró, y, pasando por encima de algunos de aquellos muertos más, cogió el rumbo correcto. En el último segundo, un zombi se cruzó, siendo golpeado con el morro del camión, volando hacia delante, y salpicando el parabrisas de ¿sangre? ¿Qué sangre? ¡Allí no había ninguna sangre!
La Concha echó a reír como una loca, casi sin lograr coger aire, mientras se alejaban todos del Pryca con el botín.
Gracias a todos!
El zombi que se cruzó en el último segundo quedó allí tirado, reventado contra el asfalto del aparcamiento del Pryca, con la mirada perdida. Había sido un hooligan británico enorme, rapado que llevaba una camisa de flores ensangrentada. Seguro que había sido un buen cabrón de esos que iban buscando problemas por ahí a otros macarras, pero ya no era más que un despojo que sería devorado por el resto de muertos que se habían adueñado del Pryca y sus inmediaciones.
El camión empezó a alejarse a trompicones, y los muertos lo siguieron durante un rato, hasta que perdieron el interés, y empezaron a deambular sin rumbo. Aún quedaba a los cuatro supervivientes, incluyendo al bebé, un largo camino hasta el pueblo, pero aún les quedaba gasoil, y aunque Bea no sabía conducir, había carteles, ¿no? Porque preguntando, temía que nadie le iba a contestar...
El camión se alejó por la carretera bajo las sombras alargadas del atardecer, embistiendo más coches y engendros por igual, en busca de aquel cruce que había comentado Rafa para ir en dirección al pueblo. Torremanzanas, recordaba que había dicho el peluca. Y aunque Conchi ya tenía a Jose, el hijo que nunca tuvo, Bea de verdad esperaba encontrar a sus amigos.
Vivos, claro.
Y con este guiño al hooligan del roto de la peli pasada, terminamos. Muchas gracias a vosotros, y nos leemos en la siguiente! :)