Partida Rol por web

Tiempos Convulsos en Diez Ciudades

De cómo Lilandra conoció a Ramiel

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01/11/2019, 22:46
Lilandra
  • Lilandra nace en una isla santuario en la noche de los templos. 1345
  • Lilandra conoce a Remiel a los 19 años. 1364
  • Lilandra sale de la isla santuario donde vivía con su madre a los 20 años. 1365
  • Deja a su madre en la catedral de Aguas Profundas y viaja a Byrn Shander para averiguar cosas de su padre. El único nombre que tiene es el tio del supuesto padre, el mago Valin Geldencross. Veldin es un anciano de 92 años pero sigue activo y tiene que rastrearlo hasta un campamento de guerra. Allí conoce a Wido. (por esa época sería clerigo de nivel 1 la chica con suerte). 1366
  • Averigua algunas cosas del padre pero nada concreto, como prometió en el templo regresa a aguas profundas a continuar con su entrenamiento. Alli entrena por tres años antes de irse a Calimshan Durante los ultimos dos años está en pareja con su instructor de combate. 1366 a 1369 (primera y segunda visita de Wido, una cuando esta soltera otra no)
  • Calimshan con los arpistas 1369 a 1371
  • Vuelve a aguas profundas, se ordena como sacerdotisa, y viaja a Byrn Sharn 1372 (encuentro con Wido en la caravana, con Ramiel supongo que en el prólogo) 
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02/11/2019, 16:16
Lilandra

Verano de 1364, Santuario de la Isla

Lilandra despertó antes del amanecer, como todos los días, y se preparó para los ritos matinales. Indefectiblemente desde que tenía uso de razón las mañanas se dedicaban a Lathander. La plegaria del amanecer era la primera comunión y la más importante, debía hacerse en ayunas y mientras se preparaba recordó con nostalgia la pregunta que le había hecho a Thalessia cuando tenía diez años. - Thali, como hacen los niños que adoran al dios del mediodía para aguantar en ayunas hasta la plegaria - Esa pregunta le arrancó una sonrisa a la madre superiora y marcó el inicio de sus lecciones formales.

Ahora, nueve años más tarde, había leído todos los libros de la biblioteca sagrada, conocía más de los ritos, historias y mitos de Lathander que la madre bibliotecaria que había fallecido hacía cinco años. En ese momento los tomos habían pasado a ser su responsabilidad y no se había limitado a cuidarlos. Por las historias sabía que había otros dioses, y que algunos eran aliados de Lathander y otros sus enemigos, pero no había forma de saber cuales eran sus ritos y misterios, no había libros sobre eso ni nadie a quien preguntar. También había leido los libros olvidados por los visitantes, libros que la antigua bibliotecaria se había encargado de esconder o destruir, pero con los que Lilandra había armado una pequeña biblioteca privada. Novelas de aventuras, libros de cocina, tratados de esgrima, estrategia, logística... pero su pequeña joya era un manoseado tratado sobre las artes amatorias que había encontrado en las habitaciones de una mujer que había llegado a curarse hacía unos dos años. El libro estaba maltratado, la mitad de las palabras habían desaparecido, pero las que quedaban y las ilustraciones habían despertado en Lilandra una curiosidad que no podía ser saciada con palabras, sobre todo porque su madre se ponía mal al hablar del tema y Thalessia directamente lo esquivaba aduciendo que había pasado tanto tiempo que no recordaba.

Terminó la oración en forma automática y se reprendió, no había puesto su corazón y sabía que su dios la comprendería, pero ella deseaba con todo fervor servirlo. Levantó la vista y pidió perdón al sol que ya asomaba, y comenzó nuevamente el rito esperando terminar antes de que el astro rey pasara por sobre el dintel de la capilla. Cuando hubo completado los ritos y más contenta consigo misma se dirigió a la cocina, tomó uno de los panes que había preparado su madre, y se sentó a su lado. En otros tiempos el desayuno se servía en el comedor, y se compartía con los visitantes del santuario, ahora quedaban ellas tres y hacía un mes que nadie había cruzado el paso a la Isla. Mientras desayunaban llegó Thalessia y entre las tres planearon las tareas del día que incluían mantener las hierbas lejos del huerto, adecentar un par de celdas por si había visitantes, y pensar en alguna propuesta para salvar el santuario.

Sobre el mediodía, más por costumbre que con esperanza, Lil se fue a sentar con un bocadillo y un libro en la piedra del puente. El puente no era tal, en realidad cuando la marea bajaba desde el mediodía hasta la tarde el camino hacia la isla se hacía visible y los peregrinos podían cruzar. En otras épocas se podía ver una fila de gente esperando para cruzar y acceder al santuario, pero desde la Noche de los Templos el flujo se había ido agotando año a año y poco a poco el santuario había caído en el abandono. La piedra había sido antaño una casilla de guardia y la recepción, allí se anotaba a los ingresantes y se guardaban las armas de todos. Como esperaba al llegar a la piedra, la costa opuesta estaba vacía, por lo que se sentóa la sombra del muro y se sentó a leer por enésima vez una novela romántica cuyos personajes eran ya sus amigos y sus aventuras y desventuras parte de su vida.

Algo en el sonido de las olas le hizo levantar la vista del libro, no importaba cuantas veces leyera el libro el rescate del guerrero siempre conseguía atraparla. Algo sólido golpeaba las piedras de los acantilados y Lilandra corrío a la costa, debajo de ella, golpeando contra una de las calas, podía ver los restos de un pequeño esquife y en la playa había un cuerpo. Un escalofrío recorrió la espalda de la joven, corrió hacia el almacén de herramientas, buscó una soga y llamó a su madre. Con su ayuda bajó hasta la playa, y tras comprobar que el hombre vivía lo izó hasta la cima del acantilado con ayuda de Odelia.

Lo llevaron a una de las celdas y las tres mujeres se turnaron para cuidarlo hasta que despertó, en los tiempos que tenía libres Lalandra recuperó de la playa todo el equipo que encontró y por sus ropas, armadura y espadas entendió que estaba ante un guerrero. Thalessia y Odelia se encargaron de bañarlo cuando fuera necesario, evitando que la chica lo viera desnudo, pero su imaginación ya corría desbocada desde que había inventado un vínculo entre el libro y el naufragio.

El hombre despertó al tercer día, hambriento y aún mareado, descubrió que estaba en una habitación pequeña y poco decorada pero que olía a limpio. El sol entraba por la ventana e iluminaba una mesita con algunos alimentos, al lado de la misma, sentada en una silla, una joven rubia de cabello largo leía un libro. Tan pronto como él movió un músculo ella lo miró con una deslumbrante sonrisa - Bienhallado peregrino, mi nombre es Lilandra, bienvenido al Santuario de Lathander. - Tomó un vaso de agua, se sentó a su lado en la cama y con cuidado le levantó el torso y lo ayudó a beber - Tranquilo, sorbos pequeños, has estado casi sin beber durante tres días, deja que el líquido se absorba poco a poco. - cuando un poco de líquido escapó de sus labios ella tomó un paño y secó su pecho, acariciando quizá un poco más de lo necesario. - Dime si quieres más agua, o si prefieres comer un poco de caldo.

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08/11/2019, 08:00
Ramiel Gardeniere

La cabeza todavía le daba vueltas, le costó un buen rato asimilar dónde estaba y lo que había pasado.

-¿Cómo he... llegado hasta aquí?

Lo último que recordaba era la imagen de su capitana aferrando el timón de Diosa de la Fortuna con firmeza, mientras el oleaje sacudía el navío y un sinfín de saetas de fuego prendían las velas rojas. Sarah, con el cabello revuelto, la mirada enloquecida por la rabia, gritando órdenes a su tripulación mientras ésta se afanaba por recojer el velamen y contrarrestaba los ataques del navío que los estaba persiguiendo.

¿Y dónde había estado Ramiel? En lo alto de un mástil, cortando un cabo que impedía una maniobra. Después, nada. Un golpe. Agua por todas partes. Oscuridad.

Se levantó para observarse el cuerpo, las heridas sanadas. Luego miró a la chica como si la viera por primera vez. ¿Santuario de Lathander? Ladeó la cabeza. ¿Una sacerdotisa, quizá? El dolor le martilleaba los pensamientos.

-No soy ningún peregrino -comentó con la voz áspera. Volvió a beber un poco más de agua-. ¿Dónde estoy?

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08/11/2019, 18:35
Lilandra

Lilandra se acercó a su rostro y miró las pupilas del hombre, en busca de señales de algo más profundo que un shock, pero todo parecía normal, la había preocupado que preguntase por el lugar cuando acababa de decírselo. Quizá tan solo no conocía el lugar... puestos a pensar ella tampoco sabía exactamente donde estaba. 

- Todos los que llegan al santuario son peregrinos, y es una buena palabra para designar a quien aún no ha dado su nombre - dijo la chica en un tono divertido - al menos es mejor que náufrago. - dijo mientras le acomodaba la almohada y lo instaba suavemente a echarse nuevamente. Ramiel tuvo que admitir que la chica tenía fuerza a pesar de parecer delicada. - El santuario de Lathander es una isla, estamos al sudoeste de Aguas Profundas - notó como la joven miraba hacia la puerta de la celda y le pareció ver un gesto de frustración - o eso me han dicho, no lo sé, nunca salí de aquí. 

Lilandra terminó de acomodar las ropas de cama - Bebed agua y comed el caldo, eso lo ayudará a recuperarse y a que se le pase el mareo y el dolor de cabeza - señaló un bulto en una esquina, su camisa y su pantalón estaban lavados y doblados sobre una pila de cosas. - Eso es lo que pude recuperar de la playa, cuando os sintáis con fuerzas podremos ir a ver si hay algo más. Si no necesitáis nada más ahora, me retirare para que podáis descansar.