Partida Rol por web

Una pausa en el camino

Escena Carlos y Coke

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08/09/2021, 23:38
Megumin

Tras lo sucedido en la última misión, Megumin aprovechó el momento exacto en el que la cabaña en la que pasaban las noches en el campamento de los vigilantes se había quedado casi vacía. Solo estaba en ella la persona que le interesaba.

 — Rhogar, ¿tienes un momento para hablar?


Rhogar observaba el fondo de la estancia con la mirada perdida cuando la voz de Megumin llamó su atención.

 — Si claro - dijo mientras la miraba - ¿pasa algo?


Megumin se acercó a su compañero mientras corría despacio al mismo tiempo que cargaba su bastón con las dos manos. Se sentó frente a él y miró hacia ambos lados con el ceño fruncido, como si tuviese un secreto oscuro que confesarle, como si nadie tuviese que enterarse de lo que le iba a contar.

 — ¿Puedes…? – gira su cabeza de inmediato hacia la izquierda tras escuchar un pequeño ruido y vuelve su mirada a Rhogar - ¿Podrías enseñarme a ser valiente?


Rhogar levantó las cejas con cierta sorpresa.

 — ¿A ser valiente? - Rhogar meditó un instante-. Creo que eso no se puede enseñar. Son los momentos que te obligan a actuar. Momentos donde debes decidir si el miedo va a frenarte. Situaciones en los que otros dependen de ti, o donde tu vida corre peligro y no puedes permitirte el lujo de permitir que el miedo te venza - se frotó las manos -. Todos sentimos miedo... solo que decidimos luchar contra él.


Al principio, la cara de Megumin reflejaba decepción, pero conforme iban avanzando las palabras de Rhogar, su rostro comenzó a llenarse de vida y expectación.

 — ¿Podrías hacerme pasar miedo para practicar?


Rhogar sonrió y Megumin pudo ver sus dientes blancos y perfilados debajo de la máscara que cubría su rostro.

 — No creo que sean el mismo tipo de miedo. No me gusta provocar sensaciones negativas en las personas que aprecio. ¿De verdad quieres intentarlo?


Megumin mira a Rhogar con expectación y, simplemente, asiente.


Rhogar abre sus ojos y el tamaño de su iris parece cubrir todo el espacio, volviéndose anaranjado. Toma a la joven por el borde de su túnica mientras el semifata se levanta. Al hacerlo, la levanta mientras  habla en algún extraño idioma, y su voz resuena doble y extraña, inhumana.

Intimidar base: 15; elige 10; intimidar 25.


En ningún momento Megumin mostró en su rostro el más mínimo miedo. Su mirada permanecía fija en Rhogar. Ni siquiera parpadeó. Parecía tan inmersa, tan decidida a ser valiente, que su sonrisa no desapareció de su cara ni cuando Rhogar terminó de hablar ese idioma inhumano.


Rhogar la dejó en el suelo. Sonrió.

 — Al final no ha sido para tanto. Quizá eres más valiente de lo que pensabas.

Al estar uno frente al otro, la diferencia de altura entre ambos era más visible. Rhogar se inclinaba ligeramente para hablar con ella.


No contesta y no reacciona a ningún estímulo. Su mirada está clavada en donde antes estaba Rhogar.


Rhogar se agacha un poco más, apoyando una rodilla en el suelo. La observa con detenimiento. Sus ojos de su color amarillento habitual, y su iris retoma un tamaño menor. Su voz se suaviza al entender que quizá había sido demasiado.

Averiguar intenciones: 16. Elige 10; A. Intenciones 26.

 — Oye... - su mano acaricia su hombro despacio mientras toma su máscara con la otra mano, y se la quita-, sabes que nunca te haría daño, ¿verdad? - Rhogar trató de imbuir su voz con toda la calma que pudo, tratando de no parecer intimidante.

Diplomacia: 12; elige 10; Diplomacia 22.


Por un momento, sus ojos comenzaron a encharcarse levemente y su sonrisa desapareció poco a poco. Su entrecejo se frunció, mostrando una mezcla de incomodidad y alivio, pero en el momento en el que Rhogar dejó ver por fin su rostro, las cejas de Megumin se alzaron, aun fruncidas, y apartó su mirada; aunque lo que no pudo esconder fue su rubor por la vergüenza de haber reaccionado así frente a alguien que le transmitió algo nuevo para ella.

 — La próxima vez… podrías… ¿podrías dar un poco menos de miedo?

Aun pareciendo tranquila y algo tímida, se podía notar que seguía ligeramente alterada.


Rhogar apartó el sombrero de la joven con una mano, y con la otra la apoyó encima alborotándole el cabello. Sonrió un poco divertido tratando de disipar la tensión generada unos segundos atrás.

 — Casi lloras, ¿A qué si? - una sonrisa aparecía en la comisura de los labios de este -, no te lo hagas en los pantalones que eso no es bueno para tu reputación - decía cargando sus palabras con burla para molestarla -. La próxima vez tendré más cuidado.


Megumin regresó su mirada a Rhogar y le dedicó una expresión en la que todo esa timidez y miedo que podía tener, habían desaparecido.

 — Los dragones ambarinos no lloran por cosas tan insignificantes. Solo te estaba poniendo a prueba para ver si eras una buena persona de verdad.

Engañar: 10; elige 10; Engañar: 20 (su rostro muestra vergüenza y orgullo)

Tras la última frase de Rhogar, Megumin metió sus manos en su mochila y comenzó a rebuscar.

 — Tu máscara es… genial, pero si nadie te ve la cara pierde mucho sentido que la lleves, quizás un parche en el ojo te quede mejor.

De su mochila saca una cajita alargada de madera y mientras mira a la máscara, te ofrece la cajita.

 — ¿Me la puedo probar?


Rhogar le tendió la máscara a Megumin. Estaba hecha de madera de sauce, haciendo que sea ligeramente elástica y sus acabados sean suaves. En ellas había pequeños grabados casi inapreciables a simple vista.  La máscara cubría desde la frente hasta la zona superior a los labios. Estaba hecha de tal forma que no necesitaba correas, sujetándose de alguna forma al rostro con tan solo acercarla. No es que esta fuera mágica, sino que tenía una resina especial alquímica.

Rhogar tomó la pequeña caja de madera. La examinó un instante y después la abrió despacio. Dentro había un pequeño peine. Era sencillo, de madera, pero en él tenía grabada la cabeza de un dragón. Rhogar lo acarició, tenía un buen acabado.

 — Es muy bonito. ¿Lo has hecho tu? - le dio unas vueltas en la mano antes de guardarlo de nuevo en su caja, y entregárselo a Megumin.


En el momento que Megumin se hizo con la máscara no tardo en observarla muy por encima y ponérsela. Le extrañaba que no tuviese nada para agarrarse a la cara, pero en cuanto notó esa sustancia casi imperceptible… Se enamoró al instante de esa máscara. Era el accesorio perfecto o, al menos, la forma más genial de llevarlo.

Se levantó y practicó alguna de sus poses mientras acompañaba

 — Por supuesto que os mostraré mi poder, pero solo una pequeña parte de él. No os conviene que me quite mi máscara y desate todo lo que retiene… (Oratoria 19)

Al ver cómo Rhogar guarda el peine en la caja y se lo entrega tras preguntarle, esta contesta:

 — No. Se lo encargué a un compañero del campamento que se le da bien la madera, creo que se llamaba Dorian… Pero… ¿Por qué me lo devuelves? Es para ti.

Vuelve a posar.

 — ¿Qué tal me queda?


 — Te queda mejor que a mi. No tengo ninguna duda.

El mestizo observa la caja confuso.

 — ¿Para mí? - no sabía como expresarlo sin parecer descortés-. ¿Por qué?


Megumin sonríe orgullosa al recibir ese halago sobre la máscara, pero al escuchar esas preguntas, se acercó unos pasos a Rhogar y se puso de cuclillas para intentar mirar por encima de su cabeza.

 — Cuando esos… monstruos me mordieron la cabeza, tuve que estar unos días usando un peine para que no se notase… para que mi peinado quedase impoluto.

Al darse cuenta de que no llega a ver por encima, vuelve a apoyarse sobre la planta completa de sus pies y paseó su mirada por el cuerpo de Rhogar hasta acabar observando el suelo.

 — Si el otro día… bueno… si te hice alguna calva… el peine vienen bien para disimularlas…


Rhogar sonrió una vez más.

 — No te preocupes, no fue para tanto. El cabello me crece rápido. Es un detalle bonito Megumin.

El semifata probó el peine y peinó su cabello oscuro mientras sonreía abiertamente y algo cómico.


Megumin observó a Rhogar con cierto interés. Sus ojos se vieron como si hubiese levantado las cejas, aunque la máscara tapaba gran parte de sus expresiones. Se podía ver de forma muy poco notoria que sus mejillas habían ganado un ligerísimo rubor

 — Quizás deberías peinarte con una coleta. – dice con un tono algo distraído. – Yo…

Apartó la mirada y, algo apurada dio unos pasos hacia la salida.

 — Voy a practicar con mis hechizos. Quizás en otra ocasión podamos seguir con el entrenamiento especial…

(Engañar 21, se nota cierto nerviosismo y confusión)


 Rhogar observó como la joven se alejaba, hasta que estuvo apunto de salir de la tienda.

 — Megumin... ¿me devuelves mi máscara? - dijo con tono sarcástico. ¬¬


Megumin se frenó en seco y tardó unos segundos en girar parcialmente su cuerpo y mirar a Rhogar de perfil.

 — ¿A qué máscara te refieres? – dice con seriedad, aunque con un tono nervioso, casi imperceptible - Todo lo que llevo encima me ha sido otorgado para contener mi inmenso poder y controlarlo en momentos de vida o muerte.

Estilo base: 13; elige 10; Estilo 23 (sus ojos brillan al igual que los de un gato en la oscuridad durante unos instantes mientras acompaña a su misteriosa mirada con un gesto extraño de su mano derecha, cerca de sus ojos)

Tras esa frase, se da la vuelta, hace que su capa ondee y comienza a marcharse con la intención de escapar con su preciado tesoro.


El semifata hizo girar su rostro en señal de negación, suspiró y dijo:

 — Megumin... - dejando la mano extendida.


En esta ocasión, casi al borde de poder huir, se frenó.

 — Solo una explosión... - dice medio rogando


 — Está bien...


Megumin se marchó finalmente, con una sensación de victoria y muchas ganas de probar su magia con esa máscara, aunque también le pasó un pensamiento fugaz por su cabeza entre toda esa lluvia de genialidad: Rhogar se veía bien sin su máscara...

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23/09/2021, 03:43
Megumin

Clases de Maniobras de Combate 1



Las habilidades mágicas de Megumin mejoraban a un ritmo bastante elevado, mientras que sus habilidades físicas se le resistían.

Una vez que su última misión había terminado, Megumin se dio cuenta de que tenía que solucionar un factor muy importante tras observar con detenimiento a Rhogar en ambos combates.

De nuevo, creando el inicio de una pequeña tradición, Megumin se presentó en la cabaña conjunta cuando Rhogar estaba solo.

Rhogar, ¿tienes un momento para hablar?


Rhogar estaba completamente quieto, con los ojos cerrados, meditando. Cuando Megumin se acercó y habló, Rhogar abrió sus ojos ambarinos:

Sí claro, siéntate - hizo un gesto con la mano invitándola.


Megumin se acercó a trote, agarrando su bastón con las dos manos y se sentó. Parecía impaciente y algo inquieta cuando miró a su compañero.

La última vez que estuvimos en la taberna, cuando cogiste a eso hombre de la cabeza y… cuando luego agarraste a ese pollo gigante. He recapacitado y me he dado cuenta de que, si me pasase a mi algo parecido, no sabría cómo librarme y necesito libertad y espacio para poder lanzar mi magia.

Se queda unos segundos callada en los cuales no queda muy claro si está pensando en algo que decir o en que Rhogar añada algo.

¿Podría practicar contigo?


El semifata sonrió ligeramente. Observó a su menuda compañera que lo observaba con entusiasmo y determinación.

No esperaba que me dijeras algo así - se sinceró -.  Si yo tuviera que aconsejarte, al menos para escapar del agarre de una criatura más grande y fuerte; es que aproveches tus ventajas naturales. En mi caso, soy grande y el poder de mi sangre y mi alma me otorga una fuerza por encima de lo habitual. Sé cómo aprovechar esa fuerza a mi favor incluso para derrotar a criaturas mucho más grandes - observó con detenimiento a Megumin -. Tu eres pequeña, escurridiza quizá. Creo que lo mejor que puedes usar es esa cualidad, usar tu agilidad y aprender a escapar de esas situaciones de una forma distinta. Podemos practicar - determinó- . Puedo hacerte presas y agarres, y enseñarte los ángulos de debilidad, y la forma óptima para aprovechar tu ventaja - habla serio pero sus labios dibujaban una leve sonrisa con un rastro suave de picardía.


Megumin permaneció inmóvil, atendiendo a la explicación de Rhogar. Cuando terminó, se quedó durante unos segundos callada, pensativa y, evidentemente, no había percibido esa sonrisa de Rhogar. Se notaba en su rostro que, al menos por el momento, simplemente quería aprender para que no la pudiesen secuestrar.

Uhm… no era lo que había pensado, pero podría funcionar. ¿Qué te parece si empezamos con una presa normal para que me enseñes lo básico? Y si veo que me cuesta un poco, ¿me dejarías probar una técnica especial secreta contigo...? – dice con un tono misterioso sus últimas palabras.


¡Claro! - permaneció unos segundos en silencio - ¿Ahora?


Sí... ¿no? - dice algo confusa al ver que Rhogar pretendía posponerlo.

Megumin se levanta, deja el bastón apoyado sobre la silla y se queda en pie, mirando a Rhogar, con sus manos en una posición extraña, abiertas, como si fuese una luchadora de un arte marcial extraño.


Pues venga - dijo animado levantándose.


Aunque también es cierto que, para escaparme de una presa, primero tienes que poder hacérmela - añade demostrando confianza en sus habilidades.


Rhogar observó la posición de su compañera. Se enraizaba de forma precaria, tenía las piernas demasiado abiertas y también demasiado juntas. La posición de las manos no era lo peor. Su equilibrio sería precario, y su movimiento para esquivar un ataque quizá demasiado lento, aunque Megumin nunca le había parecido torpe.

Se levantó y se puso frente a ella. Y habló con voz amortiguada, por encima de un susurro pero más débil de lo habitual.

Bien, una presa aprovecha la debilidad del oponente para inmovilizarle. Pero un derribo, proyección o embestida siguen un mismo patrón. Si el enemigo no tiene una debilidad visible, debes generarla. Puede generarla a través de fuerza bruta, obligando a ceder a tu adversario por la potencia de tu maniobra. Entender la técnica, comprender los puntos de presión y las palancas puede convertir a una persona aparentemente débil en un roble imposible de mover.

Se acerca un poco a la joven para tomar su brazo para ejemplificar, haciendo que Megumin lo aparte con rapidez sonriendo. Rhogar sonríe y prosigue.

¡Eres rápida! - lo dijo con tono halagador y con cierta sorpresa, pero tampoco con incredulidad que pudiera ofenderla -. Mira, yo soy más alto, y por tanto los ángulos de mis agarres serán así - dijo mientras angulaba sus brazos -, una persona más baja en cambio, los formará de esta forma. Mira mis pies...

Rhogar explicó los conceptos más básicos y técnicos que conocía. Ejemplificó, primero dejó que ella los hiciera para sentir cómo se ejecutan y después él se los hizo a ella con lentitud explicándole la zona de debilidad de cada agarre, y como él trataba de desequilibrarla de alguna forma y como debía contestar para evitarlo. Las manos de Rhogar eran robustas y grandes, de más de 25 cm de largo, y anchas y gruesas como un tablón, y frente a Megumin, menuda y ligera, hacían que parecieran aun más grandes.

Después de explicarle, practicaron un rato. Megumin se mostraba atenta e intensa en cada movimiento. Sus ojos vibraban y no disimulaba su frustración cuando Rhogar la derrotaba. Y gritaba apretando las manos colocándolas frente a su pecho "¡Otra vez!". Era tenaz y persistente. El mestizo trataba de no destrozar las esperanzas de su compañera, no trataba de lucirse ni ridiculizarla, usaba la fuerza necesaria, sin más. Después de un buen rato, Megumin tenía la frente perlada de sudor, se había quitado el sombrero y la capa. Rhogar la agarró el hombro, sujetando con fuerza y tratando de hacerla girar. Megumin trató de zaparse sin éxito. Entonces con una mueca sacando la lengua fuera y levantando las cejas, divertida y con los ojos chispeantes mordió al fata en la mano mientras le daba una patada en la espinilla. Después agarró un ancho dedo y lo retorció. Rhogar soltó sorprendido el agarre.


Megumin se escapó y se mantuvo firme frente a Rhogar, mostrando una sonrisa con ligera superioridad y diversión, aunque sus ojos parecían ligeramente preocupados por si su compañero había sufrido daño por esa brutal patada que le había dado en la espinilla.

¡Ajá! Como era esperar de la mejor hechicera del mundo, aprendo tan rápido las lecciones que ni un experto en presas puede derrotarme. Y si a eso le añadimos el condimento especial, nadie podrá detenerme.

Megumin se acercó a la silla para ponerse de nuevo el sombrero y agarrar su bastón para poder conjurar sin perder su estilo. Tras recitar unas palabras concretas, Megumin se quedó quieta, frente a Rhogar. El conjuro que había lanzado no era ni más ni menos que grasa, pero no lo había lanzado de la forma convencional… Tanto de su sombrero como de la comisura de su ropa, comenzó a fluir un líquido viscoso, semitransparente, que empapó poco a poco a Megumin por completo.

Su piel ganó cierto brillo y su ropa estaba más ceñida a su cuerpo, marcando su bonita silueta a la perfección.

Dejó de nuevo su bastón y su sombrero en la silla y, esta vez, miró a Rhogar, desafiante, posicionada con las manos como si fuese un luchador de sumo mientras que varios gotones de grasa se precipitaban al suelo.

Estoy lista para más intentos.

Rhogar, tras observarla con un poco de confusión y ligera sorpresa, volvió a agarrar a su compañera para seguir con unas clases que se habían vuelto un tanto extrañas por su magia.

No era un problema mantenerla apresada, pero en esta ocasión, Rhogar notaba que sus manos se escurrían de su cuerpo hasta que, tras varios intentos, Megumin consiguió librarse e hizo un pequeño intento de huir. Rhogar vio la oportunidad clara para agarrarla de espaldas y no la dejó escapar.

Con su enorme brazo, rodeó la cintura de Megumin, logrando que no pudiese mover sus brazos y, con la otra mano, la agarró del hombro para pegarla a su cuerpo y que no pudiese escapar, pero las cosas no salieron como pensó.

Su mano se escurrió y, sin que nadie pudiese hacer nada, se introdujo dentro del vestido por la parte superior y, a pesar de tener unas manos tan grandes, la grasa hizo que sus dedos pasasen por debajo del sostén para acabar agarrando por completo el suave y esponjoso pecho de Megumin al desnudo.

Hasta ese entonces, todo eran ruidos de forcejeo, algunas risas, algunos gritos de decepción, pero en ese momento, no se escuchaba nada.

Megumin estaba totalmente quieta, ni siquiera bajó la mirada para ver lo que estaba pasando, ya lo sabía y… sus mejillas ruborizadas ya lo sentían.

Rhogar… - dijo Megumin pasados varios segundos al ver que este no hacía nada. - ¿eso es… parte del entrenamiento…?

A pesar de estar de espaldas, se notaba en la vibración de su voz una cantidad enorme de vergüenza.


Rhogar permaneció inmóvil durante unos segundos, sujetando a su compañera cuando esta habló. La situación se había tornado y dado un giro inesperado en apenas unos segundos.

El fata con voz seria y desprovista de emoción trató de cargar sus palabras con convicción afirmando:

Sí, es una parte importante del entrenamiento. Los enemigos agarrarán cualquier parte de tu cuerpo, sobre todo las partes más vulnerables y desprotegidas, así como las más voluminosas - Tragó saliva sin apartar su mano -. Esto es solo un ejemplo...

Rhogar Engañar 13 - Contra - Megumin Av. intenciones 25


A Megumin le gustaba mucho conocer a sus enemigos y, aunque no tuviese mucha idea de la práctica, sabía mucho en la teoría y lo que Rhogar le decía… era mentira.

Megumin siguió quieta. A pesar de estar cubierta de pringue, le era imposible moverse de esa presa y, por alguna razón, las pocas fuerzas que tenía habían desaparecido.

Ti… tiene sentido… Y… ¿vamos a practicar mucho… esta presa? – seguía notándose que la vergüenza que sentía Megumin solo iba en aumento.

Megumin Engañar 35 - Contra - Rhogar Av. intenciones 24 


Para mantener la presa con el aceite sobre el cuerpo de la joven, Rhogar tenía que envolver y sostener, con el punto de apoyo en su pecho. Era obvio que el resto de las veces, no había mantenido la presa durante tanto tiempo.

Creo que ya has entendido los conceptos básicos de esta maniobra - su voz temblaba ligeramente tratando de controlar una risa, soltando a su compañera.


Megumin se acercó a por sus cosas y, dándole la espalda a Rhogar, se puso su capa, su sombrero y cogió su bastón.

Aprovechando la diferencia de altura, Megumin se giró sin permitir a Rhogar que mirase su rostro bajo su sombrero.

Entonces… He aprendido bastante… Gracias… - se quedó callada durante unos segundos – ¿Podría probar una última cosa?


El combatiente frunció el ceño ligeramente.

¡Si claro!


¿Pu…puedes quitarte la máscara y dejarte llevar?


Puedes quitármela tu si quieres -dijo visiblemente turbado.


Solo funcionará si lo haces tú.


Rhogar mira fijamente a su compañera. Después de eso se quita la máscara despacio, y al hacerlo sus ojos se vuelven anaranjados.


Megumin alzó ligeramente la cabeza para comprobar que le había hecho caso y se escondió bajo su sombrero para que no viese que aún seguía sonrojada.

Empuñó su bastón y con unas palabras temblorosas, conjuró una magia inofensiva que tomó a Rhogar como objetivo.

Megumin se quedó callada y contempló cómo los efectos hacían efecto y cómo ese nuevo conjuro que había aprendido era un acierto.

En el momento que Rhogar sintió ese conjuro tomándolo como víctima, sintió la imperiosa necesidad de darle a Megumin lo que tenía entre sus manos: la máscara.

Megumin, sin mover la cabeza, agarró la máscara como si hubiese sido un bonito regalo.

Gracias…

Y se fue corriendo.


Rhogar observó el cuerpo untuoso de su compañera alejándose corriendo. Meneó la cabeza sonriendo. Y pasándose una mano por el cabello, aceptó su derrota.