Partida Rol por web

Valladolid (1559-2012)

[2012] Capítulo 1: Bajo la luna del Demonio

Cargando editor
01/07/2015, 23:05
Óscar Fernández

Al ver cómo la niña se le quedaba mirando Óscar se sintió aún más cohibido que antes. Notó cómo sus mejillas se calentaban al escucharla decir que era verdaderamente amable y bajó la mirada, esperando que los demás no las viesen enrojecerse. Sin embargo sus ojos no tardaron en volver a buscarla con sorpresa cuando habló como si aquello fuera un juego. Aquello sí era inesperado. Por un momento estuvo a punto de explicarle que iba en serio, que el Príncipe era muy chungo, pero tampoco estaba seguro de que ella lo necesitase, y bastante había retrasado a todos ya.

Conforme Estefanía iba hablando Óscar comprendió varias cosas. La primera, que probablemente había hablado a las cabezas de todos. Sus ojos entonces buscaron a los otros, deteniéndose sobre todo en los que no le estaban mirando. ¿Lo habrían compartido entre ellos los del otro grupo? Entendía que a él no le hubieran dicho nada, pero... ¿Y entre ellos? ¿Sabían de antes a lo que venían, y por eso parecían tan tranquilos?

Otra cosa que el chico comprendió fue el por qué Estefanía hacía aquello. Y desde el mismo momento en que lo explicó la miró con los ojos cargados de empatía, sintiendo una enorme pena y ganas de acercarse a abrazarla. De no ser porque eso la pondría a ella en una situación incómoda para rechazarle, claro, y a él le obligaría a abandonar su lugar. No hacía tanto que había conocido a alguien que se sentía en la más profunda de las soledades, y en el estómago de Óscar se arremolinaba una tristeza similar a la sentida entonces. Aunque al menos Estefanía se recordaba a sí misma.

Una vez todo estuvo listo y notó la mirada de la niña sobre él, Óscar volvió a bajar los ojos con una aceptación muda. Todavía no sabía qué dudas podría responderle aquello, pero eso había pasado a un segundo plano. Si participar de aquella especie de... Cosa, iba a hacer que Estefanía se sintiese mejor, lo haría sin dudar. Pero no por él, sino por ella.

Por un momento alzó un poco su copa, dubitativo, y echó un vistazo a lo que los demás estaban haciendo. No quería ser el único, ni quedar en ridículo. A lo mejor ni siquiera tenían que beber. A lo mejor hacía que rociarse con ellas, o pintar unas vesica en el suelo, o algo. Así que aguardó, sin perder detalle de lo que hacían Sonia y Francisco, probablemente los más entendidos en esas cosas. Y Estefanía, por supuesto. Tarde o temprano sus ojos desiguales siempre acababan volviendo hacia Estefanía.

Cargando editor
02/07/2015, 19:35
Francisco Ansúrez

En el tiempo que el resto hablaba con Estefanía traté de adelantarme un poco a los hechos y pensar qué íbamos a hacer. Nada horrible al parecer por la conversación con Oscar, y además sería algo que a ella la haría recordar. Por supuesto que conocía bien a nuestros sires, y más importante, dijo que nos daría información comprometedora sobre estos. 

El por qué lo hacía era algo que no llegué a entender.

Tuve muy presente la conversación con Laura al inicio de esa misma noche. Tras unos segundos reaccioné y escuché como parecía finalizar la charla.

...son lo único que queda, dijo.

Con aquellas palabras salí de mi ensimismamiento y miré perplejo a nuestra anfitriona. ¿Qué edad tendría?, pensé escudriñandola con ojo crítico.

Cargando editor
02/07/2015, 19:50
Francisco Ansúrez
Sólo para el director

Laura no parecía afectada en absoluto, ni siquiera se inmutó al explicarle que se ofrecían a explicarme todo aquello que ella no quería contarme.

Aquello no hacía más que desconcertarme, si no le importaba nada significaba que no podía ser tan importante lo que íbamos a hacer. O quizá fuera una forma de permitirme saber más sin perjudicar su orgullo e imagen. No tenía ni la más remota sospecha.

Como fuese, algo me decía que sacase lo que sacase de aquí no haría más que generarme más preguntas.

Cargando editor
02/07/2015, 20:36
Silvia Pereira

Silvia tomó la copa entre sus manos con el ceño frucido. Parecía dispuesta a querer decir algo pero se contuvo. Miró la copa con cierto nerviosismo y desconfianza. Los miembros de de su línea de sangre eran muy selectos a la hora de tomar sangre. Eso era sabido. Y que jamás tomaría por voluntad propia sangre que se saliese de su gusto personal, también. Porque ¿de tener que beber algo de esa copa, qué si no sangre?. Lo demás la haría vomitar como un borracho bajo los efectos de la sal de potasio. Y por su gesto, no parecía muy dispuesta a ello.

Alzó la vista con duda y recorrió al resto con esos ojos cargados de indecisión. No parecía querer precipitarse, pero aún bajo la tranquilidad que emanaba aquel lugar, aquella niña, la sola idea de beber una sangre "cualquiera", la hacía sentir... ¿miedo?

Sujetó la copa con ambas manos como si pareciese que en cualquier momento, podía caerse. Con cierta tensión y fuerza... Demasiada.

Miró de nuevo a Estefanía y pareció algo menos tensa. Tal vez estaba precipitando las cosas. Tal vez temía algo que no iba a ocurrir. Así que esperó, con los ojos muy abiertos, expectante.

Cargando editor
02/07/2015, 20:41
Sonia Aguirre

Sonia llevaba un buen rato atolondrada y ligeramente consciente de ello desde que la canción de esa niña la había recibido en las celdas, pero la confianza de Estefanía en ese juego suyo de descaro con el Principe, el Eliseo y sus normas le erizó los nervios y agradeció que Óscar hubiese hecho esa pregunta que segundos atrás ella misma había ignorado sin siquiera saber porqué.

Un recuerdo. Volver a ver a alguien. Sonia sonrío para sí misma al consolar sus nervios con la idea de que al menos Estefanía iba a darles algo a cambio y que, quizás, aquel era el primer paso para considerar aquella búsqueda incesante de personas como un trabajo.

Clavó los ojos al suelo una vez más, examinando aquel circulo que marcaba su lugar, un lugar que sentía acertado, suyo, no fruto del puro azar, no la última elección; y aquello volvió a encenderle los nervios.

Cargando editor
02/07/2015, 22:00
Narrador

El silencio se va extendiendo espeso y cálido después de las últimas palabras de la niña. Con él, ella se mueve girando sobre sí misma de una forma lenta y cadenciosa mientras sus ojos se pasean por los vuestros. Cuando termina el recorrido vuelve a subirse sobre el altar y cruza las piernas a lo indio, aún con la copa entre las manos. La lleva a sus labios y vacía su contenido, sin preocuparse por el pequeño reguero rojo que escapa de una de sus comisuras.

Inclina la cabeza y con ese movimiento una sensación de placidez se instala en vuestros pechos, instándoos a sentaros en el suelo, dentro de ese círculo que identificáis como vuestro. Pasan algunos segundos en los que ese silencio se arremolina a vuestro alrededor con camaradería. No hay incomodidad en él, sino la sensación de que es necesario. Una preparación del espíritu para lo que vendrá. 

Es entonces cuando la voz de la pequeña vuelve a brotar de su garganta en un murmullo tenue. De nuevo canta una melodía suave y aterciopelada que acaricia vuestros oídos calmando vuestros ánimos. No comprendéis lo que dice en eso que parece latín, pero eso no es importante. No podría serlo cuando sentís vuestras Bestias ronroneando, reverberando con su canción a través de vuestras venas. 

Dum luna in sanguinem vertitur venit tempus ad memoriam reducant. Lacrimosa dies illa qua resurget ex favilla judicandus homo reus. Sol die palmarum nigrae quasi sanguinem luna in coelo labitur; Hoc sine dubio dies Damnatorum, resurgent omnes filii Cain. Huic ergo parce, Deus: Pie Jesu Domine. Judicandus homo reus. 

Ni siquiera esperáis a que os lo ordene explícitamente, no es necesario. En algún punto de su canción sentís que algo vibra en vuestro interior, advirtiéndoos de que ha llegado el momento adecuado y lleváis la copa a vuestros labios para apurar su contenido hasta el fondo. No lo hacéis todos a la vez, cada uno encuentra su momento propio y personal. 

La canción os mece mientras una sensación dulce se extiende desde vuestros estómagos, llenándoos de paz, hasta que poco a poco sentís que vuestros ojos se van volviendo cada vez más pesados. Vuestros pensamientos se van ralentizando hasta apagarse en un latido grave y constante. Pom pom... Pom pom... Hasta que finalmente una oscuridad cálida y tranquila os envuelve. 

Notas de juego

Os dejo unos días por si queréis hacer un último post con vuestros pensamientos o sensaciones.

Cargando editor
03/07/2015, 09:47
Eric Maneiro

Desde hace ya un rato estoy en el sitio que he sentido me corresponde, y ahí he permanecido con las manos dentro de los bolsillos exteriores de la parca. Recibo la copa llena cuando me la da. La cojo del mismo modo que cogería una copa de vino, aunque realmente hace mucho que no cojo una copa con ese estilo: era más de vasos de tubo o de botellines de cerveza. De todos modos lo que tengo ahora entre los dedos es infinitamente más delicioso y me causa más satisfacción de la que nunca me proporcionó el alcohol en la noche. 

Mi postura permanece invariable como una estatua hasta el momento en el que Estefanía va al altar, bebe y empieza a entonar una melodía. Poco a poco la gravedad me atrae más y más al suelo, terminando yo también por sentarme en plan indio pero con un toque más desgarbado. Sigo completamente atento a ella, y su melodía se me contagia. Trato yo también de seguirla entonando las notas con el pecho y mi ojo cerrado. Siento el momento en el que todo es pesado, lento y se me hace necesario beberme el contenido de la copa, sin reparar en la procedencia de esa sangre o su significado en este ritual. No sé ni siquiera si soy el primero, pero va todo para adentro. Sin dudarlo ni un instante.

Cargando editor
03/07/2015, 09:54
Eric Maneiro

Tengo más dudas dentro de las que mi actitud y semblante muestran. Debe ser por la melodía y el encanto que ejerce Estefanía en nosotros, y pese a que quiero estar ahí, como creo que nos pasa a todos, la insinuación sobre Julia no abandona mi cabeza por un solo instante. Con lo que significa para mi, la más mínima duda de que sea una mentira o un juego, llegando a hacer que tratase de engañarla para sacar información... Es un ultraje. Nunca creí que usase una palabra así, pero es lo que siento. Esto no es tan sencillo como para acusar a la niña vampiro, pues parece que tiene algo que ofrecer, pero no puedo evitar esta predisposición por la amenaza que supone a mi felicidad. Mi felicidad... Ellos, el resto, no parecen tenerla... Yo puedo perder a una amiga, a mi madre, y seguir teniéndola. Es Julia. No será tan fácil hacerme creer otra cosa, pero atiendo. 

Bebo la copa y me dejo llevar de la manera más espiritual por todo lo que venga. Yo me encargo de esto. Es mi último pensamiento, recordando la escena en la que acordé con Julia que vendría y vería quien atenta contra nosotros.

Cargando editor
03/07/2015, 22:04
Óscar Fernández

No hacía mucho tiempo que Óscar había tomado la decisión consciente de seguir con eso hasta el final por Estefanía cuando la muchacha caminó hacia el altar y bebió un poco de sangre. Al ver aquel pequeño carmesí discurrir desde la comisura de sus labios el chico torció un poco el gesto. Ninguna niña tendría que beber sangre. A pesar de lo simpática que parecía aquello no estaba bien, no era... Natural. Por supuesto no la culpaba a ella, que seguramente había hecho lo que había podido para sobrevivir al paso de los años. Pero quien la hubiera escogido probablemente no era alguien con muchos escrúpulos.

Sin embargo todos aquellos pensamientos pasaron a un segundo, tercer o cuarto plano cuando la voz de la chiquilla rompió y el silencio y comenzó a mecer al Gangrel. Al principio Óscar se quedó mirándola, sin plantearse siquiera que ella pudiera incomodarse de ver cómo no separaba los ojos de su rostro. No entendió ni una sola palabra de aquella letra, pero sin embargo sintió que de alguna forma entendía su significado de una forma diferente a como solía entender las cosas. Aquella canción hablaba de soledad. Tenía que hacerlo. De la soledad de la sangre. Y de la luna. Y algo en el interior de Óscar se atrevió a ir más allá y sugerir que no sólo trataba de eso, sino también de la soledad en el sexo. De la masturbación apacible.

Sin darle demasiadas vueltas a aquella idea el chico terminó por dejar que sus pensamientos se difuminasen hasta ser sólo algo presente pero poco definido. Por primera vez en mucho tiempo era, de alguna forma, parte de algo, y la melodía que salía de aquella garganta infantil le hacía sentir bien con eso. En algún momento dado Óscar fue llevando lentamente la copa a los labios y bebiendo despacio, sin deleitarse en el sabor, pero asegurándose de no apurarse demasiado para que no acabase por derramarse algo. Después fue dejando caer sus párpados, consciente de que con los ojos cerrados aquella melodía se escucharía mucho mejor... Hasta que todo quedó atrás. Sólo existía la oscuridad. La oscuridad y la calidez.

Cargando editor
05/07/2015, 17:39
Francisco Ansúrez

Bebí de la copa despacio y saboreando cada trago mientras observaba los bajorrelieves que adornaban las distintas paredes de la sala. Necesité varios tragos para terminar la copa, y cuando ya no quedaba nada en ella me senté en el suelo de piernas cruzadas.

Estefanía entonó una hermosa canción en latín, me habría gustado saber qué decía. Sin poder hacer mucho más, agaché ligeramente la cabeza y poco a poco fui cerrando los ojos, dejándome llevar por melodía de aquella niña.

La bestia estaba complacida y con ella en calma yo también me sentí liberado. Solo quedaba esperar que pretendía Estefanía con toda esa parafernalia.