Partida Rol por web

_-_Distopía_-_

1.2.3 Hogar, dulce hogar

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05/12/2009, 15:22
Max "Machete" Aguirre

Siempre se ha dicho que el pensamiento y la palabra van a velocidades distintas. Cuando el primero es más rápido que la segunda, al resultado se le llama prudencia.

...

- "No has entendido nada". Es eso, ¿verdad?. Pues pudiste elegir, nena, y no lo hiciste. Te casate con un tipo veinte años mayor que tú, con la cara picada de viruela y...y tonto.
Sí. Sé que nunca me lo has dicho abiertamente. Nunca me llamaste estúpido pero...¿sabes la cantidad de veces que lo has dado a entender?. Como ahora, por ejemplo.
Pues te diré una cosa, Diane: estoy harto de disculparme por no tener la inteligencia a tu nivel. ¿Tienes idea de cómo me sentía cuando corregías mis palabras delante de mis amigos?. "Mi marido quiere decir...". Así empezaba tu discurso, justo después de cortar el mío. Recuerdo cómo, cuando respondía cartas, te colocabas justo encima de mi hombro, a mi espalda, y soltabas aquello de "abrazo" se escribe con b, Max" o "cuando termines un frase, usa el punto y seguido". Y lo decías al aire, con esa media sonrisa suficiente, sin querer enseñar. Haciendo daño, como ahora.

Prudencia. Eso es justamente de lo que tira Maximiliano Aguirre, aunque se lo coman los demonios por dentro. Puede que a ella no le importase dejarlo en evidencia ante sus hijos y escupirle a la cara en su propia casa como pago a la "ofensa". Pero Max vé el rostro legañoso y preocupado de los chamacos...y toda la inquina acumulada durante años se queda dentro, otra vez.

- Pues tienes razón, cielo. No entiendo nada. Quizá porque no soy muy listo,...o quizá también porque me he dejado los huevos y la vida en esa cuenta de mierda. Medio millón por los que he metido las manos en sangre hasta los codos. Lo hice y lo hago porque te quiero. Te quiero hasta doler, Diane. A tí y a los chamacos...

...y se me abre la carne cuando me miras así. ¿Sabes lo peor?. Que temía tu reacción. El orgullo te ha podido siempre y yo te lo reprocho ahora, justo ahora, cuando acabas de vomitar sobre lo único que puedo darte de mí.
Cinco años he estado ahorrando, viviendo en este apartamento de mierda, comiendo basura enlatada y andando sobre suelas rotas. Solo. Jugándome la vida un día sí y otro también, regresando con un balazo en el hombro, sancando hierro en el lavabo...con las pinzas en la mano y algo para morder en la boca. Empapándo el suelo. Y vuelta a empezar.

¿Tan difícil es para tí entenderlo?. ¿Cuántos errores has cometido en la vida?. ¿Y si uno de esos errores te condena para siempre?. Tu lo hiciste, Diane. Me condenaste por un error, uno sólo quince años juntos...,y no bastó con arrepentirme y pedirte pedón mil veces.

Y ahora me hablas del peligro que corro, cuando me abandonaste como a un perro y apartaste de mí a mis hijos. ¿Peligro?. ¿Ahora?. Desde que cumplí los ocho años hay un tipo detrás mía. Un tipo que cambia de nombre, de aspecto. Y ese tipo quiere arrancarme la cabeza. Con eso vivo...y con eso vivirías tú, Miguel y Daniel si hace cinco minutos te hubiese dicho la verdad: que te amo como te amé aquella tarde en Varadero, en nuestra luna de miel.

Ese dinero, esa cuenta asquerosa, es mi forma de decirte que no hay marcha atrás para nosotros, pero que te deseo la mayor de las felicidades aún a costa de mi propia vida. No es que sea la mejor manera de decírtelo, Diane,...es que es la única...

...aunque, como siempre, es posible que no me haya explicado bien.

Nunca fuí demasiado listo.

...

Por eso Maximiliano asiente en silencio y se traga todas esas palabras que piensa en caliente como si fueran bilis, mientras las agujas frías de Diane se le clavan en las entrañas. Con un beso se despide de sus hijos, y a esa última mirada de su ex mujer Aguirre responde con ojos que no titubean, que miran directamente.

- Eres una extraña.- dice Aguirre con tono neutro antes de cerrar la puerta.

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10/12/2009, 17:18
Diane

La actitud de Max dejó a Diane en otro lugar, uno muy lejano a aquel entre esas cuatro paredes, cerca del hombre que amaba y de los hijos de este. Su corazón latía con una rapidez inusitada y sin embargo, la mujer respiró profundo y levantó el mentón, pudiera ser que él tuviera razón pero había sido él mismo quién la había obligado a ser lo que era, antes no había sido así pero todo el mundo cambia a fuerza de palos y caídas. Observó al más pequeño de sus niños aparecer tras la frase fatidica de Max. Si lo había hecho para lastimarla: lo había conseguido. Si no lo había hecho con aquel fin, lo había conseguido también y ahora recordaba muy bien lo que se sentía ser herida por aquella bestia, aquel ser al que muchos hombres fuertes y bien o mal hechos temían pero que ella no.

-Si, Max... Si, soy una extraña. La extraña que tiene a tus hijos, la extraña que tanto te ha amado a pesar de todo. Tú te sientes herido por mí pero habría qué ver cuál de los dos carga con más heridas de batallas-abrazó al más pequeño de sus hijos mientras el otro se acomodaba al lado de ambos y miraba a uno y otro padre.-No te preocupes, usaré ese dinero para tus hijos... De ti y de mí ya lo sabía y pensar que creí...

Tuvo miedo de que en ese momento se le derramaran de nuevo las lágrimas así que hizo un alto y respiró profundo. Pudiera ser que hubiera perdido muchas veces su orgullo por Max pero nunca delante de sus hijos, ya se había humillado demasiado soportando y perdonando una y otra infidelidad. Apretó a sus hijos unos instantes para recordarse que estaban allí con ella y que ya no eran sólo el hombre y la mujer y que como muchas otras veces se tenía que callar para no lastimarlos a ellos.

-Besen a papá y despídanse de él...
-Pero mamá, quiero quedarme.
-Imposible, su padre tiene que trabajar y nosotros tenemos cosas que hacer pero el fin de semana si él los busca podrán verlo, no tendrán que esperar hasta el jueves-
dijo ella.

Miró a Max con tal decepción, toda la que cabía en una sola mirada mientras los niños besaban aquellas mejillas ajadas por los años y los remordimientos. Luego tomó a los niños de la mano y se encaminó hasta la puerta.

-Uno de los guardias de los chicos te los entregarán el sábado en la mañana, así no tendrás que verme. Buena suerte, Maximiliano Aguirre.

Diane abrió la puerta y salió, tras ella salieron los pequeños luego de haberse despedido de su padre. La puerta se cerró detrás de la rubia mujer y de los pequeños que hacían ruido pues aun podían oírse tras la delgada pared que separaba el pasillo de la sala de Max. Los guardias que Steinbech le había prestado a Max, siguieron a los chiquillos y a la rubia sin saber que estos ya tenían quien les cuidara, claro, guardaespaldas puestos por McMord. Un silencio se apoderó de aquel departamento tras partir aquellas tres personas, casi todo un mundo y el olor a canela se hizo más fuerte y menos soportable, era como un recordatorio, como algo casi ajeno a la realidad. Se estaba haciendo tarde y había una cita que cumplir.

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16/12/2009, 15:37
Max "Machete" Aguirre

La ventana del apartamento daba a la calle, y desde allí Max los pudo ver alejarse. El piso quedó en silencio, pero dentro de la cabeza del mejicano se había montado la de Dios es Cristo: hasta el último de los jodidos demonios había abandonado el infierno y se instalaba apretujando el cerebro de Aguirre, gritando, golpeando las paredes internas del cráneo. Maximiliano escucha alaridos sordos que vienen de dentro, carcajadas del diablo que se ríe de él, de su estupidez... y eso le cabrea.

Mucho. Por eso, cuando sus hijos y Diane acaban por desaparecer de su vista, se aparta de las cortinas baratas con un movimiento brusco. No hay tiempo ahora para arreglar la pistola: en ese estado de crispación terminaría por desbaratarla aún más si cabe. En este momento es menester soltar veneno. Se lo pide el cuerpo...y siempre ha dado resultado:

en aquella ciudad había una cantidad de gilipollas por kilómetro cuadrado que excedía con creces el límite de lo permisible. Basura humana, cúmulos de carne con ojos que pedían a gritos un madrazo como el del primo Rafaelito - ni falta mano ni sobra cara - en el mejor de los casos. En los ejemplos más repulsivos, Max podía convertirse libremente y sin carga moral en Machete...y reventarles la vida a esa turba de escoria hedionda con la conciencia tranquila y la seguridad de estar haciendo un bien por la comunidad. Bastaba con salir a la calle y dar dos pasos para encontrarse de cara con algún pandillero rebelde hijo de ricos que quema vagabundos en la estación de metro, o cualquier buscavidas que te suelta aquello de "¿qué cojones miras tú, capullo?" por las buenas, sin venir a qué, cuando pasas por su lado.

Y si nos ponemos en plan gourmet, piensa Machete, podríamos ir al Downtown o entrar en garitos como el "Badlands" o el "Snake Pit" del Soho. Que festín se podía dar uno en esos sitios, criaderos de mierda con ADN humano que se diferenciaba del vómito de un buitre en que esto último olía mejor. El caso y la prioridad de Max ahora mismo es agarrar a Tijuana y su señor esposo...y liberar tensiones. Proyectar la frustración arrancándole la columna vertebral al primer mamahostias que le diese un motivo.

Con esa determinación se dirige a su cuarto, abre el armario y levanta un doble fondo. Allí está, la de los ojos negros. Recortadita, así, manejable y letal como ella sola.
Se ajusta las de filo a las fundas del abrigo largo y se enciende un puro. El humo disfraza aquel empalagoso -ahora- olor a canela.

A la mierda todo. El Sábado aún queda lejos.

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16/12/2009, 17:48
Max "Machete" Aguirre

Las ganas por abandonarse a la bronca mañanera le habían jugado una mala pasada a Machete: al salir del apartamento colocó -como siempre- una bolita de papel entre su puerta y el suelo (por aquello del más vale prevenir), cerró con llave convencional (las magnéticas eran patrimonio exclusivo de barrios más al norte) y se metió en la boca cinco o seis pastillas de Fresh Whisper (el sabor refrescante del caramelo en combinación con lo amargo del puro era una de las debilidades del mejicano)..., todo ello sin caer en la cuenta de algo importante.

Cita:

El ático está en Quake Port, en la cincuenta y tres con la quince. A la hora de comer.

¿A qué hora comía aquella gente?. Según entiende Max, la hora del almuerzo de un poli era muy relativa: de hecho solía coincidir con el horario de los puestos de Donuts...y eso daba un margen demasiado amplio. De cualquier forma, Aguirre prefiere llegar pronto a llegar tarde.

Hay diez tipos, viejo. Diez tipos esperándote. Paciencia.- se dice a sí mismo al recordar los detalles de la cita. Aguirre saca la cartera, aún en el descansillo del edificio de apartamentos, y comprueba si lo que lleva encima le llega para un taxi.

Notas de juego

Vamos para allá.

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16/12/2009, 18:06

Max encuentra dinero suficiente en su billetera para pagar un taxi, aunque este tarda bastante en llegar, parece que la suerte no es algo que esté cerca del mexicano aquel día. Luego de un rato, al fin se detuvo un taxi, aquel hubiera sido un buen pretexto para sacar la furia que Machete intentaba controlar dentro de si, la razón para sacar a Tijuana y las provincias circunvecinas pero no, la suerte no estaba con Max aquel medio día.

-Buen día, señor. ¿A dónde lo llevo?

La mujer se volvió hacia él, era joven pero contrario a las jóvenes de los tiempos que corrían, no era tan delgada. Tenía unos ojos bonitos y sin duda con esa cara y ese cuerpo, podría hacer mucho más que conducir taxis y ganar mucho dinero, pero la honradez era algo que debía valorarse en esos días. La sonrisa que esbozó al mexicano, no le demostró el temor que en realidad sintió al verlo pero tenía muchas horas en la calle y no había recogido más que a un prostituta y su novio drogadicto que no le habían pagado la carrera.

Notas de juego

Vamos (a)

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21/12/2009, 20:01
Max "Machete" Aguirre

No tenía Maximiliano Aguirre por costumbre utilizar el servicio de taxis. Quizá fuese rápido, pero era caro...y sobre todo contaba con uno de los engrendros profesionales más deplorables que al mejicano se le ocurren: el chófer taladradora.

Sí. Taladradora. Aquellos tipos con insomnio y más horas al volante que el jodido Otto, de los Simpsons. Carismáticos convencidos de que su vida era asunto de interés general. Para el taxista taladradora era imposible mantener la boca cerrada y Aguirre había asistido en alguna que otra ocasión a comentarios sobre el tiempo, la huelga de transporte, tal programa de radio o la turgencia del implante de pechos que se había colocado Morgana Sixxx.

Max, en esas circunstancias, sacaba del bolsillo una tarjeta roja -cual árbitro de fútbol- en forma de sentencia: "Conduzca y calle", por ejemplo, o el algo más radical "si dice usted una sola palabra más, lo descabezo como a un boquerón".

Sin embargo, hoy todo era diferente. De hecho, Aguirre ya había tomado asiento cuando reparó en la conductora. Ella lo miraba desde el espejo, y él desvió inmediatamente la vista hacia el cristal.

- Quake Port. Cincuenta y tres con la quince.

Si no estuviese tan cabreado jamás se habría quedado en aquel taxi. Otra rubia. Y tan guapa como las otras dos.

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23/12/2009, 20:22

Puse el auto en marcha, aquel no había sido un día demasiado bueno y aunque no estábamos ni cerca del lugar al que el latino quería ir, algo era algo y seguramente me ayudaría a llevar comida a la pequeña que tenía en casa. No quise decir mucho mientras avanzábamos por las avenidas menos transitadas, no quería hacerlo enojar con un viaje que durara más de los ya de por sí 20 o 25 minutos de tardaríamos en llegar a nuestro destino.

-Al menos hoy no tengo que ver al idiota del padre.

El silencio se hizo en el auto, algo que casi nunca me resultaba incómodo pero aquella mañana me habría gustado un pasajero con quien hablar, de esos que no se callan y te hacen olvidar la maldita desgracia en que casi todo el mundo vive. Un semáforo nos detuvo, lo miré por encima del hombro a través del espejo retrovisor y luego volví la vista al frente.

-Algo importante debe llevarle a ese barrio tan peligroso...

¿Había dicho eso en voz alta? Sí, lo había hecho pero no esperaba que me respondiera. Luego de varios kilómetros estábamos a unos 10 minutos de llegar a destino.

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27/12/2009, 15:23
Max "Machete" Aguirre

A Max se le estaba haciendo eterno el viaje. No encontraba la postura en el asiento, hacía calor y se sentía observado por la muchacha.
Además, el mejicano no dejaba de ver molestos fallos en la conducción viciada de la taxista: quizá se estaba poniendo demasiado quisquilloso, pero en ese último giro a la derecha a punto estuvo el coche de montarse sobre el arcén,...y ¡joder! los pasos de peatones están para algo. PASOS DE PEATONES, carajo. Si ves que va a cruzar una vieja, hay que parar,...y no pegar un frenazo justo cuando la anciana ya ha puesto el pié en la calzada.

Machete resoplaba por las narices, pues cree que determinados oficios no están hechos para que una mujer los desempeñe. Según Aguirre, ningún hombre podía cocinar como cocinaba su madre..., y ninguna mujer podía conducir como conducía él. La presencia de Zoe en el "equipo" le producía esa misma sensación, y la inclinación del mejicano por protegerla respondía al machismo más primario: en realidad, no creía que Ojos Verdes supiese cuidarse por sí misma.

El caso es que ya quedaba poco para llegar a Quake Port. Al menos la chica es silenciosa. Algo es alg...

Cita:

Algo importante debe llevarle a ese barrio tan peligroso...

Hija de la gran chingada. Jodida gringa con cara de talonera...¿Qué carajo le importa a ella?. ¿Y si resido allá?. ¿Y si soy un tipo peligroso que vive en un sitio peligroso?. Deberías meterle una patada al asiento, viejo, e incrustar esa pequeña cabellera amarilla en el cristal delantero. RESPETO. Siempre a vueltas con lo mismo. El respeto ha muerto, las maneras, la educación...

La mirada que ella pudo ver desde su espejo fué la de un hombre con ganas de abrir en canal a alguien y ahorcarlo con sus propios intestinos. Esa mirada duró lo justo para que la chica supiese que su cliente había tenido un mal día. Acto seguido, la enorme cabeza de Maximiliano Aguirre volvió a girar entre 45 y 90 grados para quitar aquellos ojos de mujer de su vista.

Desde luego, entre todos estaban poniendo hoy a prueba su santa paciencia.

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04/01/2010, 21:44

Chasqueé la lengua inconscientemente quizás tras ver la mirada de aquel tipejo a mi estúpida frase y volví al vista a la maldita calle.

-¡Maldita seas, Abril! ¡Siempre tienes que echarlo todo a perder!-me maldije mentalmente, siempre me resultaba más hacerlo en tercera persona, solía olvidar quién era.-Un día voy a terminar con una maldita bala en la cabeza, sólo lo lamentaría por Ingrid.

Me miré en el espejo retrovisor y ahí estaba, como mi estúpido padre había predicho:

"Siempre con lágrimas en los ojos, deberías ser más mujer y aprovechar lo que te enseño."

La última vez como siempre, había acompañado aquel último empellón con un golpe que me había dejado una menuda cicatriz en el labio y que había sangrado mucho. Luego habría dejado de tocarme por causa de Ingrid, ella era mi hermana y mi hija al mismo tiempo. Sacudí la cabeza para no echar a llorar recordando esas malditas manos tocándome y para no maldecir a mi madre una vez más por no darse cuenta, también porque necesitaba fuerza para llevar de comer a mi pequeña. Pronto vislumbré la calle y tomé el camino corto, así que en cinco minutos, estaba detenida frente al lugar donde aquel hombre me había ordenado ir, eso sí, con los ojos en todos lados, no fuera cosa de terminar como una maldita coladera o violada por drogadictos asquerosos.

-Trece con cincuenta, señor...-no lo miré, no quería desafiarlo de ninguna manera.

Notas de juego

Post en la otra escena, sólo para mí. Por favor ^^