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Abajo la Basílica

El Laúd de Seis Cuerdas

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03/01/2011, 16:46
Narrador

El Laúd de Seis Cuerdas contuvo la respiración. Se había convertido en la taberna más importante de todo Port Coeur. Bardos de todos los rincones de Rhevraine acudían allí a hacerse un nombre y quizá, lograr la Capa Multicolor que los identificaría como Grandes Maestros. Era en El Laúd donde los mejores bardos de Ezora buscaban aprendices, o intercambiaban historias, o decidían qué canciones cantar o sobre qué hechos aplicaban el veto. Al más venerable de todos ellos lo llamaban simplemente Narrador, y estaba subiendo a escena en aquel momento.

Narrador era ya un anciano de manos temblorosas que se había retirado de los escenarios hacía años. El hecho de que hubiera accedido a actuar aquella noche presagiaba un acontecimiento importante. Narrador se sentó en el taburete y rasgueó el arpa para comprobar que estaba afinada.

--Os voy a contar una historia. Una historia de tiempos convulsos, de injusticia y tiranía, de unos miserables que ansiaban la libertad, de unos idealistas que estaban dispuestos a morir por un mundo mejor. Una historia que nos conviene recordar para no volver a caer en los mismos errores. Una historia para honrar a unos héroes que lucharon, a unos valientes que murieron... a un mundo que salvaron. Yo estuve allí, y lo vi todo --los ojos del anciano se desenfocaron, como si estuvieran contemplando algo que estuviera muy lejano. Su voz bajó hasta convertirse casi en un susurro:--. Pero los recuerdos se agolpan con dificultad en mi mente. Ni siquiera yo recuerdo ahora cómo acaba. Dejad que os la cuente en voz alta y quizá podamos verlo más claro...

Notas de juego

Próximamente en sus pantallas...

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31/07/2011, 21:20
Narrador

Narrador tejía su historia, desgranando el origen de los protagonistas y cómo se unieron a la rebelión. Algunas de sus historias eran desconocidas, pues sus protagonistas como Rowane o Lotte eran prácticamente desconocidos antes de los acontecimientos que sacudieron Revraine. Otras en cambio eran muy conocidas, como la de Nimruil el Santo, aunque contadas con una profusión de detalles que hacían sospechar que Narrador estuvo realmente allí. Y en otros casos, como el de Marat o el de Aimée (aunque la mayoría de los oyentes la conocía simplemente como La Madame Tuerta) era muy diferentes a lo que había trascendido en su día.

Y llegó un momento en el que se burlaron de ellos, los vituperaron, los combatieron y los masacraron, les arrebataron todo lo que era valioso para ellos. Pero había una cosa que ya no podían hacerles —Narrador pasó una mirada por el Laúd de Seis Cuerdas—: ignoralos. Y es que aquellos que son tan locos como para pensar que pueden cambiar el mundo, son los que lo cambian. Para siempre.


Proximamente...

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16/09/2011, 11:04
Lady Lieselotte

Lady Lieselotte iba enfundada en una armadura de buen acero revraino, con incrustaciones de rubíes y filigranas de oro. También lucía una hermosa capa blanca ajustada a los hombros con un broche de oro macizo con el corazón en llamas de la Celestar guerrera. A lo largo del peto lucía numerosos blasones que la identificaban como la mariscal de los ejércitos de Revraine. Una espada ceremonial pendía del cinto, con la empuñadura también de oro y engastada de rubíes.

Era un mujer aún joven, y hermosa. Tenía el cabello fino y negro como el azabache, que enmarcaba un rostro armonioso y dominado por unos labios carnosos. Su ojos eran tan negros como las suaves cejas arqueadas, y destilaban autoridad. Las Capas Blancas la veían como el ejemplo de a dónde podía llegar una mujer en la sociedad civilizada de Revraine, tan joven y al frente de los ejércitos, sentada en un asiento del Triunvirato. Los hombres... aquellos bravos soldados que formaban ahora en impecable formación, frente a ella, asaltarían sin dudarlo la prisión del Oscuro por ella. Y ella lo sabía.

Se llaman a si mismos rebeldes y dicen luchar por la libertad —dijo Lady Lieselotte, dejando que la palabras resonaran en el patio de Los Salones de Celestar—, pero ¿cuántas vidas van a malgastar en la lucha por esa desatinada y sesgada percepción? Decidme: ¿quiénes son ellos para decir que Revraine no se merece la paz después de tanta sangre?

Lady Lieselotte paseó la mirada por los ejércitos mientras algunos hombres respondían a gritos.

Yo os lo diré. Son criminales, herejes, esclavos, traficantes y prostitutas. Han abandonado a la Diosa y han traicionado a este país. No es libertad lo que quieren: sino libertinaje, desorden, caos. Voto a Celestar que no hay nada más trágico en este mundo que conocer el bien y no hacerlo, mis Capas Blancas. ¡No puedo estar en medio de tanta y tan chocante maldad y no asumir una posición!

La mariscal de Revraine desenvainó la espada ceremonial y la alzó al aire captando la luz del sol, gesto que fue repetido por los Capas Blancas en un estruendo de acero y vítores.

¡No vamos a permitir que unos miserables destruyan lo que tanto nos costó construir! ¡Esta revolución ha nacido muerta! ¡Por Celestar! ¡Por el Oeste! ¡Por Revraine!

Proximamente...

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08/12/2011, 20:30
Adrienne

Adrienne se subió al estrado que le habían preparado en la plaza central de Port Coeur, con la mismísima Basílica Argéntea a sus espaldas. Había una multitud congregada allí: nobles, plebeyos, soldados y esclavos por igual. Ella era una de las Voces de la Luz más influyente de la época, y se había rodeado de guerreros de su confianza. Buenos hombres y mujeres que darían su vida por la de ella.

Lo siento, pero no quiero un asiento en el Triunvirato —fueron sus primeras palabras a la multitud—. No es lo mío. No quiero gobernar o conquistar a nadie. Me gustaría ayudar a todo el mundo, si fuera posible. A plebeyos, a magos, a enanos, a drows. Todos queremos ayudarnos los unos a los otros. Somos así. Queremos vivir para la felicidad, no para la miseria ajena. No queremos odiar y despreciar a los demás. Ezora es rica, hay sitio para todos.

La vida puede ser libre y hermosa, pero nos hemos desviado del camino. La avaricia ha envenenado nuestras almas, ha levantando en el mundo murallas de odio, nos ha llevado a la miseria y al derramamiento de sangre. El don que nos ha concedido la Madre de Todos, un regalo que nos da libertad para cambiar el mundo, nos ha traído esclavitud. Nuestras leyes nos han aislado y nos han hecho cínicos. Nuestras victorias nos han hecho duros y faltos de sentimientos. Lo que necesitamos ahora es amabilidad, compasión y cariño. Sin estas cualidades, la vida será violenta y todo se perderá.

¡Todo lo que hemos conseguido clama por la bondad, clama por la fraternidad universal, por la unidad de todos! Incluso ahora, mi voz está llegando a cientos de almas, a cientos de hombres, mujeres y niños desesperados, víctimas de un sistema que tortura a la gente y encarcela a las personas inocentes. A aquellos que puedan oírme, os digo: "¡No desesperéis!".

El corazón le latía con violencia en el pecho. Estaba aterrada, y sin embargo, las palabras brotaban de sus labios como un torrente.

La desgracia que nos ha caído encima no es más que la presencia temporal de la avaricia, la amargura de los hombres, que temen el camino verdadero. El odio de los hombres pasará, los grilletes se romperán... y el poder que arrebataron al pueblo volverá al pueblo. Nos pueden matar, pero la libertad no perecerá jamás.

Hijos de la Luz, os hablo ahora a vosotros. No os entreguéis a esos bárbaros que os desprecian, que os esclavizan, que gobiernan vuestras vidas; que os dicen lo que hay que hacer, lo que hay que pensar y lo que hay que sentir. Que os martirizan, que os tratan como ganado y os usan como carnaza. ¡No os entreguéis a ellos! Son hombres de hielo, con mentes de hielo y corazones de hielo. ¡Vosotros no sois de hielo, no sois ganado! ¡Sois hombres! Con el amor y la humildad de Celestar en vuestros corazones. No odiéis. Sólo aquellos que no son amados odian. Los que no son amados y los idiotas. ¡Hijos de la Luz! ¡No luchéis por la esclavitud, luchad por la libertad!

En el capítulo dieciséis del libro del profeta Ebenezar está escrito que el reino de Celestar se halla dentro de todos, no de un hombre, o de un grupo de hombres, o de una raza, sino de TODOS. ¡En vosotros! ¡Vosotros, tenéis el poder! El poder de crear lo que se os antoje. El poder de crear felicidad. Vosotros tenéis el poder de hacer que esta vida sea libre y bella, de hacer de esta vida una maravillosa aventura. Por tanto, en nombre de Celestar, de Revraine y de todo el Oeste, usemos ese poder, unámonos. ¡Luchemos por un mundo nuevo, por un mundo digno, que dará a los hombres la posibilidad de trabajar, que dará a nuestros hijos un futuro y a los ancianos seguridad!

Prometiéndoos todo esto, las bestias han subido al poder. Pero mienten. No han cumplido esa promesa. No la cumplirán. El Triunvirato da libertad a si mismo, pero esclaviza al pueblo. Ahora, unámonos para cumplir la promesa, para liberar el mundo, para terminar con las barreras, para deshacernos de la codicia, del odio y de la intolerancia. Luchemos por un mundo de la razón, un mundo en que la felicidad llegue a todos. ¡Revrainos, en nombre de Celestar, unámonos!