Partida Rol por web

Abajo la Basílica

11. Acaso Amar.

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19/09/2011, 15:19
Director

Valeria había arrojado luz sobre lo que les deparaba a los hijos de Aimée. Pero el Palacio de Marfil era más una fortaleza (o una prisión) que una escuela de magia. Eso dejando de la lado los grilletes más sutiles, pero infinitamente más perversos, que llevarían al cuello los pequeños: el rada'aan. Aunque hablasteis toda la tarde sobre ello, no se os había ocurrido una forma de salvarlos sin arriesgar sus vidas y las vuestras.

Al cabo de las horas Valeria y Aranys se marcharon, y os dejaron de nuevo encerradas en aquel lúgubre sótano. En ocasiones os preguntabais si sería mucho mejor que una celda húmeda en La Jaula. Pero Valeria había sido tajante. A ninguna de vosotras se os concedería la clemencia de la cárcel. A Aimée la matarían, como hacían con todas los apóstatas demasiado mayores como para moldear sus mentes al antojo de la Basílica. Lotte había matado a un noble, y le esperaba una corta pero agónica danza en el extremo de la horca. Si cogían a Rowane... bueno, casi era preferible morir en la horca que la devolverían a su amo. Lord Hawald la tendría preparada una muerte mucho más lenta e infinitamente más dolorosa.

Pasaron cuatro días más. Cuatro lánguidos días en los que no veíais más luz que la que entraban por los diminutos ventanucos provistos de rejas. El aire estaba cargado, enrarecido y traía un olor a pescado y algas podridas.

Edith enfermó. La joven prostituta decía sentir palpitar las heridas supurantes de su rostro. Estaba cada vez más pálida, no había forma de bajarle la fiebre y vomitaba entre gargajos sanguinolentos toda la comida que intentaba comer. Las barritas de incienso que os había traído Aranys no bastaban para camuflar el hedor. Edith sólo parecía hallar paz en la inconsciencia del sueño, y en aquellos momentos del día en los que la fiebre bajaba y podía disfrutar de la compañía de Aimée.

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19/09/2011, 15:19
Astor

Al quinto día volvieron a escuchar el sonido de la llave girando en la cerradura. Por la puerta entraron Aranys y un hombre de gesto ansioso. Lotte tardó un par de latidos de corazón en reconocer a Astor. Su joven amante tenía los ojos hundidos por la preocupación, y los pómulos más marcados de los que recordaba. Lucía un rastrojo de barba descuidado, apenas una pelusilla que parecía poder borrarse mojándose el dedo y saliva y restregando con insistencia.

El joven entró en la estancia en tromba y se dirigió a Lotte como si fuera una flecha disparada por un arco.

Mi amor —le dijo, estrechándola con fuerza entre sus brazos y depositando con ternura un beso en el pelo—. Te he echado mucho de menos, ¿estás bien?

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19/09/2011, 21:43
Lotte

Estaba remendando un pantalón cuando la puerta se abrió, sentada en una silla y con la mirada perdida. Era la única manera que tenía de entretenerse, aparte de dar vueltas por el piso y dormir. Al reconocer a Aranys desvió la mirada de vuelta a su regazo, pero la levantó de inmediato al reconocer a Astor. Se puso en pie de un salto como si hubieran tirado de sus entrañas con un gancho y tiró la labor de costura sobre la silla, preparada para recibirle.

-¡Astor! -le dijo a su cuello. Se separó de él para poder mirarle a la cara y llevó las manos a sus las mejillas, frotando aquella barba desaliñada con los pulgares-. Menos mal que estás bien -Al volver a mirarle se dio cuenta de su mal aspecto. El reencuentro le supo entonces amargo-. ¿Qué haces aquí?

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19/09/2011, 21:54
Rowane

Por suerte o por desgracia, Rowane estaba más que acostumbrada a pasar los días encerrada en una jaula infinitamente menos espaciosa y menos cómoda (si es que se podía considerar cómoda) que aquella habitación, y por desgracia a soportar torturas peores que la que estaba haciendo padecer la enfermeda a la pobre Edith... De modo que no se quejó ni una sola vez.

La drow pareció todavía más inquieta y más asustadiza en cuanto Valeria se marchó, es más, raramente se movía mucho por la sala y a menos que alguien le dirigiese la palabra,no entabló conversación. De hecho, incluso en los primeros casos siempre respondía en un murmullo, con la mirada baja y evitando mirar a los ojos de su interlocutor, como si hacerlo fuese una afrenta o algo así. Aun tras días resultaba difícil identificar cómo sonaba normalmente su voz.

La entrada tempestuosa del humano la sobresaltó tanto que pegó un bote en la cama en la que se había sentado y pegó la espalda a la pared como si quisiera desaparecer contra la esquina. Tras los primeros segundos de sobresalto se dio cuenta de que no se trataba ningún Celestarum que hubiese irrumpido a por ellas de modo que soltó aire en un largo y aliviado suspiro y se quedó mirando curiosa la escena. ¿Quién era aquél humano?

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19/09/2011, 22:11
Aimée

Aimée había ido perdiendo la fuerza paulatinamente. De su rabia inicial apenas quedaba nada. Había tenido sentido al principio, cuando de ser por ella habría ido al Palacio de Marfil y habría arrancado las gargantas a todo el que se le cruzase por el camino hasta encontrar a sus hijos. Cuando, en su mente, Julien y Claire corrían a abrazarla con las mejillas húmedas y tenían una posibilidad para escapar, aún le corroía la rabia las entrañas. Pero tras la confesión de Valeria la pena se había adueñado de sus venas. Se daba cuenta que estaba perdida y sola y encerrada. Rememoraba las escenas de la redada y se mortificaba pensando en lo que podría haber hecho para impedirlo. Quizá suplicando... quizá sobornándolos... Ahora no le quedaba nada, sólo la taciturna Lotte y la enferma Edith.

Durante el tiempo en que su mejor amiga había estado convaleciente, Aimée no se había apartado de su lado. Había aplicado compresas frías en su frente y tratado de alimentarla con pequeñas cucharadas de puré que escupía poco después. Le había limpiado las hinchadas heridas y había besado su frente con amor maternal. Había implorado a Celestar (¿a quién si no?) que salvase a Edith, que no la dejase morir. Aquellas heridas habían sido culpa suya y se estaban pudriendo porque los perros asquerosos que habían enviado para arrancarle a sus hijos le habían mordido la cara.

A la llegada de Aster, Aimée estaba sentada junto a Edith. Le sostenía una mano entre las suyas, en silencio. En ocasiones se imaginaba que era la mano de Claire, tan fina y femenina. Iba de camino a convertirse en una mocita preciosa. Edith le había enseñado en una ocasión cómo realzar su belleza con colorete a escondidas de Aimée. Ella las había escuchado desde el despacho y las había observado desde la rendija de la puerta. Y cuando Edith levantó la vista y se puso colorada, las tres se rieron mucho. Luego Camille había subido bizcocho de nueces y lo habían comido aún caliente mientras Julien jugaba con el caballo de madera que le había tallado Jean-Marie.

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19/09/2011, 22:30
Aranys

Tenéis que marcharos —dijo la enana con nerviosismo, sacando túnicas bastas y capas de arpillera de un saco que llevaba al hombro para que os las pusierais sobre vuestras vestiduras—. Hemos recibido un chivatazo: los recaudadores de impuestos van a revisar este lugar mañana al alba, para comprobar que se dedica al almacenaje tal y como está escriturado. Os moveremos a otro piso franco y borraremos vuestro paso por aquí para no levantar sospechas.

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19/09/2011, 22:37
Astor

La ciudad está revuelta —le dijo Astor a Lotte—, y por nada del mundo permitiría que te pasara nada.

Cogió a Lotte por las mejillas y la besó en los labios. Fue entonces cuando se percató del estado de Edith.

¿Qué le pasa, puede moverse?

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19/09/2011, 22:54
Aimée

Aimée se percató de que hablaban de Edith y se levantó, interponiéndose entre los recién llegados y el jergón donde descansaba su amiga. Algo en su interior se retorció. Sabía lo que implicaba la pregunta del amante de Lotte.

-Sus heridas se le han infectado y tiene fiebre -informó-. Pero estará bien.

Su tono no era una amenaza, sino un aviso.

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20/09/2011, 01:49
Lotte

Se asomó de entre los brazos de Astor para mirar a sus compañeras. De pronto se sentía culpable, por Astor y porque quería protegerla pese a todo, y por Edith, a quien había llegado a despreciar en los últimos días por su vómito maloliente, sus delirios y sus náuseas y su olor a enfermedad. Lotte se apartó un poco sin decir nada, quitándose de entre Astor y Aimée para que pudieran solucionarlo.

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20/09/2011, 08:46
Astor

No me has contestado, Aimée —insistió Astor, mirándola al ojo sano—, ¿puede andar?

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20/09/2011, 08:47
Aranys

Aranys se acercó a la enferma. Iba a tocarla, pero la presencia vigilante de Aimée la disuadió.

Tiene mal aspecto —dijo la enana—. Si no la ve un sanador pronto...

La frase flotó en el aire durante unos cuantos latidos de corazón. Edith balbuceó algo en su delirio y se revolvió en el estrecho catre, a punto de caer al suelo.

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20/09/2011, 09:40
Aimée

-¿Tú crees que puede andar? -preguntó Aimée con tono hosco antes de que Aranys dijese aquello. La hechicera apretó los puños-. ¡Pues llamemos a uno! ¿No tenéis sanadores los rebeldes? ¿Cuando os hieren os dejáis morir? Yo no pienso dejarla atrás. Edith es todo lo que me queda. Vamos, ¡llamemos a un sanador!

- Tiradas (1)
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20/09/2011, 14:15
Aranys

La voz de Aimée restalló como un látigo. Era la clase de voz de alguien acostumbrado a ser obedecido. Pero Aranys no obedeció, sino que bajó la cabeza avergonzada. «Eres una cobarde —se reprochó a si misma.»

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20/09/2011, 14:18
Astor

Astor resopló.

No tenemos tiempo de tratarla aquí —razonó—, la clase de sanadores que puede arreglarla en un santiamén, con chasquear los dedos, están de parte de La Basílica. ¿Lo recuerdas?

Señaló con un dedo en dirección al exterior, a través de los ventanucos.

Se empiezan a ver Capas Blancas incluso aquí, en El Nidal. Los controles son cada vez más habituales. Si llevamos a alguien a rastras vamos a llamar demasiado la atención —miró a Lotte—. Y vuestras cabezas tienen precio. ¡Es demasiado arriesgado!

Podéis tirar saber (local, Port Coeur) contra CD 23.

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20/09/2011, 14:29
Rowane
Sólo para el director
- Tiradas (1)
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20/09/2011, 14:40
Aimée

Aimée negó con la cabeza enérgicamente. No iba a dejar que le dijeran lo que hacer con Edith. ¿Qué iban a proponer, que le cortasen el cuello como a un caballo al que se le ha roto la pata?

Al mencionar Astor a los sanadores de Celestar, Aimée recordó algo que había escuchado en el burdel. Uno de los mercenarios de Jean-Marie se había salvado de la muerte por los pelos gracias a la ayuda de un milagrero drow. Se llamaba...

-Nimruil. Nimruil, en el Nidal. Podemos acudir a él. Quizá hasta pueda curarle del todo el rostro y la deje sin cicatrices. -El oro para pagarle no era un problema. Aimée tenía de sobra-. Lo único que necesito es que me llevéis hasta él. Por favor, Astor. Estoy en deuda con vosotros, pero si Edith se muere yo...

- Tiradas (1)
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20/09/2011, 15:19
Rowane

Yo te ayudo a llevarla—musitó la vocecita de Rowane contrastando en medio de toda aquella algarabía de tonos tensos. Aunque enseguida se apresuró a añadir sumisamente—. S-si quieres...

O estaban demasiado enfrascados en la conversación que ni se habían percatado, o es que la drow podía ser tremendamente silenciosa cuando quería. No estaba claro pero el caso era se había levantado y se había acercado a unos pasos de ellos, llevaba ya un rato ahí en silencio hasta que finalmente había reunido el convencimiento suficiente para hablar. Trataba de mirar a Aimée a la cara aunque le costaba, lo hacía a intervalos.

No quiero tener que volver a dejar a nadie atrás por culpa  de los Hijos de la Luz—dijo como si eso fuera una explicación de por qué se ofrecía—. Ni... quiero que nadie más tenga que hacerlo. 

Los humanos la intimidaban un poco pero ella sabía perfectamente lo que era verse obligada a abandonar todo lo que te quedaba para sobrevivir. Era una sensación horrible que no le deseaba a nadie. Cierto era que no conocía de nada más que de cuatro días a aquellas dos pero parecía que Aimée estaba muy unida a Edith y con eso le bastaba. La drow sabía lo que era perder al único amigo que te queda.

O al único que has tenido.

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20/09/2011, 21:58
Lotte

No le prestaba mucha atención al bulto gimiente que era Edith ni a la drow; miraba alternativamente a Aimée y a Astor. A los dos les debía mucho, pero... podía entender lo que decía Aimée. Llamó la atención de Astor poniéndole una mano en el hombro.

-Astor, por favor... -suplicó.

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20/09/2011, 22:17
Astor

Astor iba a protestar, pero cerró la boca. Sabía que era inútil negarle algo a Lotte. Acabaría haciendo lo que ella quisiera. Siempre se salía con la suya.

Está bien —aceptó a regañadientes—, pero no podemos salir a plena luz del día con ella a cuestas o los Hijos de la Luz nos detendrán antes de que lleguemos a ver a ese Nimruil.

Miró a Aranys a los ojos. La enana, que era cobarde por naturaleza, rebulló inquieta, a sabiendas de lo que iba a decir Astor no le iba a gustar.

Podríamos llevarnos las cosas ahora, y sacar a Edith por la noche —le dijo.

Aranys chasqueó la lengua y resopló, pero acabó expresando su aquiescencia con un cabeceo. Astor volvió la vista hacia Aimée.

¿Crees que... estará bien hasta la noche?

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20/09/2011, 22:37
Aimée

-Gracias... -dijo a la drow, sorprendida por su ofrecimiento. Aquello merecía algo más-, Rowane.

Lotte había convencido a Astor, al parecer. Suspiró aliviada y asintió a la pregunta del rebelde.

-Sí. Yo cuidaré de ella.