Kyveli y Neferit regresaron por donde vinieron, tratando de parecer lo más casual posibles y no llamar la atención.
Subieron otra vez la escalera en espiral. La gran puerta de piedra reaccionó al amuleto de Neferit y empezó a deslizarse hacia arriba otra vez, llevándolas al pasillo de oro.
Todo bien hasta ahí, siguieron adelante hasta la siguiente puerta.
En dado momento, Kyveli se distanció de Neferit algunos pasos. Venía atrás de ella, simplemente no iba a la misma velocidad. Eso fue suficiente.
Los ojos de los autómatas detenidos guardando el pasillo brillaron en rojo.
"Atención. Personal no autorizado detectado." Sonó una voz.
Faltando algunos metros para llegar a la puerta, el suelo entero del pasillo se abrió, revelando un foso. Neferit ya estaba alcanzando la puerta cuando esto ocurrió. El suelo se abrió un poco detrás de ella, donde estaba Kyveli.
Tirada de Poder para no caerse en el foso.
Motivo: Para caerme al poso
Tirada: 2d6
Dificultad: 8+
Resultado: 3(+3)=6 (Fracaso) [1, 2]
Kyveli no alcanza la mano de Neferit a tiempo y cae en el foso. Inmediatamente, el suelo se "cierra" encima suya, dejándola en oscuridad. El foso daba espacio apenas para mantenerse de pie.
"Buenas tardes apreciado invasor. Ahora son las [[14:30]]. Gracias por visitar la Gran Piramide. Por favor, manténgase quieto mientras procedemos a convertirlo en zumo de persona."
Una voz automática sonó de algún lado. Kyveli escuchó engrenajes girando, y no tardó en darse cuenta de que...
Las paredes se estaban cerrando sobre ella. Si no pensaba en algo rápido, iba a ser transformada en un papiro.
Kyveli analiza la trampa intentando buscar alguna salida pero no encuentra una a simple vista. Sabiendo que el tiempo se está agotando, decide cubrir su cuerpo y su lanza de energía psíquica. Entonces usa toda su fuerza para arrojar su lanza contra el "suelo" intentando agujerarlo. Si tiene éxito entonces saltará y embestira el agujero con su cuerpo cubierto en energía psíquica para salir agrandar el agujero y salir al mismo tiempo.
Motivo: Escape forzoso
Tirada: 2d6
Dificultad: 8+
Resultado: 10(+4)=14 (Exito) [5, 5]
El aire en el foso vibra con el zumbido de engranajes asesinos. Kyveli aprieta la lanza heredada de su padre.
El primer estocada perfora la losa de granito como si fuese arcilla seca. La explosión de esquirlas pinta el techo con cicatrices blancas. Kyveli no ve, no piensa: su cuerpo es un péndulo, apenas sintiendo la energía psíquica fluir gracias a sus emociones. La segunda embestida levanta una onda de choque que revienta tres bloques. El polvo se incendia con el aura violeta que la envuelve.
Salta del cráter inmediatamente, aun rodeada de su energía psíquica, la cual se disipa momentos después.
"Atención. Personal no autorizado detectado." Repitió la voz de antes.
Pero Neferit y Kyveli ya cruzaban la puerta rumbo a la salida, antes que pudiera activarse alguna otra trampa.
Dos siluetas emergen del pasillo oeste: Neferit con la postura rígida y cargando varios pergaminos, Kyveli arrastrando polvo de granito y jirones de túnica.
Una energía psíquica morada aún emana en ondas desde la lanza de Kyveli, chamuscando el aire. Parece que tuvieron algunos problemas para llegar.
A lo lejos, escuchan pasos pesados de autómatas acercándose de la localización de los tres. Necesitan ser rápidos ahora.
Neferit se acerca a Enheduanna.
—Tuvimos solo un pequeño contratiempo, pero creo que detrás vienen más. Sugiero salir lo más pronto posible... También sugiero repartir la carga.
No reaccionó a la llegada de sus compañeros, en su lugar se limito a decir:
-¿Cuántos vienen? Puedo distraerlo con mi disfraz mientras ustedes huyen. La otra opción es darme el artefacto -,Extendió la mano hacia la gata. En espera de cuál será su respuesta
—El artefacto son todos estos pergaminos. Tomen algunos y vámonos de aquí, no los puedo llevar todos.
Neferit coloca algunos de los planos en el suelo, toma otros y emprende la huida.
Los muros de la Gran Pirámide tiemblan con alarmas. Tres siluetas emergen por un ventanal abierto a veinte metros del suelo: Neferit, Kyveli y Enheduanna.
El sol de Manderbeko los recibe con su puño incandescente. Entre la multitud que rodea la entrada principal, Nórbus alza una de sus cuatro manos. A su lado, Asmoru.
La ciudad hierve: extranjeros vendimias pregonan especias entre nubes de vapor, caravanas levantan polvo de ceniza y en lo alto, la antigua Biblioteca de Thoth proyecta su sombra geométrica sobre el caos.
Sin palabras, el grupo se funde en el tráfico humano. Asmoru los guía con pasos que trazan líneas rectas entre la multitud. Nórbus camina pegado a Kyveli, ojos escudriñando cada rostro que se acerca de ellos, preparados para atacar si es necesario. Detrás, Enheduanna y Neferit.
Alcanzan las murallas exteriores. Las puertas de la ciudad aún están abiertas.
La ciudad de Manderbeko se desvanece en el horizonte como un miraje de piedra y polvo. El grupo, ahora una entidad cohesionada, se aleja de la ciudad mientras el alarma suena a lo lejos, llevándose consigo los pergaminos robados. La multitud se dispersa, y el ruido de la ciudad se desvanece, reemplazado por el sonido de los pasos y el crujido de los pergaminos en las manos de Enheduanna y Neferit.
El grupo se desplaza en silencio, cada uno sumido en sus propios pensamientos, mientras la ciudad de Manderbeko se convierte en un recuerdo, un punto en el horizonte que se aleja cada vez más.