El grupo desciende por el boquete metálico hacia un mar de polvo grisáceos, iluminado solo por el Azimir. La luz es suficiente para ver, pero convierte las sombras en pozos inquietantes.
Sus botas se hunden en las cenizas, finas como harina quemada, levantando nubecillas silenciosas que flotan un instante antes de disiparse. El aire está quietísimo, solo roto por el crujido seco de sus pasos y el roce de ropas. El frío del metal abandonado es reemplazado por el frío del vacío.
Se dispersan, ojos escudriñando el suelo plateado por el Azimir. Buscan lo que vieron en la estructura: huellas. Las encuentran, sí, pero son fantasmas. Marcas apenas visibles, borrosas. Una pisada aquí, otra allá, desdibujadas por el viento inexistente pero persistente del desierto. Avanzan unos metros, siguiendo este rastro espectral que serpentea sin rumbo claro entre dunas bajas de polvo acumulado. Las huellas se hacen más tenues, más dispersas. Luego, simplemente, se detienen. Desaparecen. Apenas encuentran cualquier huella que siquiera se asemeje a la del Lamassu.
La frustración es un peso tangible en el silencioso grupo. Unos minutos pasan, dando vuellas sobre el mismo punto baldío, las miradas rastreando el suelo con creciente desesperanza. Las cenizas parecen tragarse toda esperanza de seguir. Se preguntan si quizás toda la exploración de la ruina no fue una grán perdida de tiempo.
Es entonces, cuando dan un paso más allá de donde murió el ultimo rastro, que el suelo cambia.
No son huellas aisladas. Es una herida abierta en el paisaje. Grandes surcos paralelos, profundos, tallados con fuerza en las cenizas por pesadas ruedas. Marcas de patas de bestias de carga, muchas, pisoteando en desorden pero siguiendo una dirección clara. Pequeños hoyos donde quizás clavaron estacas. Y, mezclado con todo, las huellas claras y numerosas de botas. Muchas botas.
Una caravana, o quizás un pequeño destacamento militar, ha pasado por aquí. El camino que trazaron es nítido, impertinente, avanzando sin titubeos hacia el noreste, alejándose de las ruinas y adéntrandose en las vastedades aún más oscuras del desierto.

-¡Oh! ¡Ohhhhhh! ¡Que genial eres Norbus!
Salto para ponerse encima del gunesdasma. Poso sus manos sobre su hombro y lo agito con algo de emocion
-¡Me gusta tu deseo suicidas! Definitivamente te hare mio. En cuerpo y mente jejejeje....¡Con un casamiento jejejeje! ¿Que dices? Tu y yo. Unidos como un gusano cerebral cancormiendo tu cerebro.
—No te preocupes norbito, si Asmoru no se come nuestro dinero, podemos comprarte otra lanza.
-Jo. excelente chiste para robar. A ver, a ver creo que matar estos monstruos me ha servido para perfeccionar mis tecnicas. Si deciden pasar la noche aca, yo hago guardia.
Cita:
Asmoru centro la mirada en Samira y luego la regreso a las marcas.
¿Que crees que sea?, no creo que fueran mas psíquicos enviados por mentibus, son demasiados como para que nos superaran.
Asmoru regreso la mirada al templo y luego tosió.
¿Caravana de Ushinos?
"Realmente no se, puede ser que si." Frunce el entrecejo. "A juzgar que encontramos vários cadáveres de Ushinos en las ruínas. Quizás era un grupo mayor que se separó."
Samira escudriña el horizonte. No ve movimiento, sólo la interminable planicie gris bajo el Azimir.
"Pero no creo que una caravana de Ushinos deje marcas más diferentes que una caravana de Humanos."
Neferit analiza las marcas en el suelo, buscando algún dato relevante.
Motivo: Survival
Tirada: 1d6
Dificultad: 9+
Resultado: 5(+2)=7 (Fracaso) [5]
Motivo: Ni idea
Tirada: 1d6
Resultado: 4 [4]
- "Sin pistas de nuestro objetivo, lo único que nos queda es seguir la pista de la caravana...Questionarlos sobre lo que han visto o oido. Puede que nos den algo de valor." Dice Kyveli mientras se agacha cerca de las huellas de la caravana, palmando las marcas con curiosidad. Luego tomaría un puñado de arena en su mano y la dejaría caer lentamente, mientras el viento se los lleva poco a poco, su vista clavada en el horizonte de manera reflexiva.
Tras recomponerse se dirigiría a Samira, parandose frente a ella con determinación.
- "He estado pensando en algunas cosas, Samira. Lo que dices sobre mi experiencia es verdad, no me cabe duda que nuestro combate contra Apolo será extremadamente peligroso y no me siento preparada para el enfrentamiento que se avecina. Te estoy pidiendo que me entrenés, a fin de maximizar nuestras posibilidades de cumplir la misión....Y mantener nuestras vidas intactas." Finalmente la joven agacha la cabeza. "Te suplico que me enseñes a controlar mis poderes."
La expresión de Samira primero es de sorpresa, pero poco a poco empieza a oscurecerse. Los labios de Samira, antes en una línea neutra, se tensionan casi imperceptiblemente. Los músculos de su mandíbula se contraen bajo la piel pálida.
Kyveli apenas nota cómo los dedos de Samira se clavan en los costados de su manto negro.
El silencio se alarga por tres, cuatro segundos.
"No sabes lo que me estás pidiendo."
Gira sobre sus talones antes de que Kyveli pueda responder. Sus pasos dejan marcas profundas en la ceniza mientras avanza hacia los surcos dejados por la caravana.
Camina detrás de Samira mientras gesticula con las manos y mantiene una mirada de preocupación - "¡Pero Samira! ¿Comprendes el peligro que nos espera? Tú misma has dicho que soy un peligro para mi misma y los que me rodean. Si no aprendo a controlar mis poderes ¿Quien sabe que podría pasar? Los dioses no quieran que se me vayan de la mano mientras intentamos matar a Apolo."
Asmoru seguía examinando las arenas con la idea de que en algún momento el desierto le susurrara donde estaba Apolo, pero salió de su trance una vez que escucho a Kyveli. Se mantuvo firme y enterró los pies en la arena y dejo que Samira se adelantara; Como por obra de algún truco que solo los Ushinos conocían, Asmuro se deslizo mientras seguía erguido hasta estar frente a Kyveli, la confronto con una mirada y dejo que su daga se deslizara y fuera iluminada por el Azimir.
Creeme, no sabes lo que estas pidiendo.
Amenazo para luego darse la vuelta y deslizarse hasta estar cerca de Samira, se detuvo a un par de pasos detrás de ella y saco los pies de la arena, estos se había deformado hasta tener una forma extraña y antinatural, pero mientras mas caminaba Asmoru, estos regresaban a su forma mas humana.
La mirada de Samira se clava en las huellas de la caravana, pero no las ve. Los dedos se entierran más en el manto negro, arrugando la tela como si quisieran estrangular un fantasma.
Murmura algo, la palabra sale rasposa. No se gira para mirar a Kyveli, ni repite sea lo que sea que murmuró, simplemente sigue caminando.