Partida Rol por web

Ashes of Eden - Mind Wars

Epílogo

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14/04/2026, 04:41
La Voz

 

El calderón estalló en Digya poco después del ultimo intento de asesinato a Apolo, tras su desaparición en el desierto de cenizas.

El conocimiento de que una de las de mas alto rango dentro de Mentibus Illustrata había estado negociando con la Mano de Obisidiana desató una purga a gran escala dentro de la organización. Tan brutal fue que terminó uniendo las facciones contra Mentibus Illustrata, las cuales inmediatamente iniciaron una verdadera guerra secreta en las sociedades psíquicas. El objetivo de muchos no era tener cualquier clase de soberanía, era simplemente destruir completamente a Mentibus Illustrata.

Y Apolo? Nadie sabe que hubo de el. Algunos dicen que murió. Otros dicen que sigue vivo. Muchos afirman que regresó del desierto de cenizas, reunió sus hijos y nietos, así como sus amigos mas cercanos que seguían vivos, y huyó a nuevas tierras al sur, a una tierra sin explorar llamada Alva.

Mientras tanto, el misterio de la desaparición de los Ushinos siguió sin solución, y en pocos meses, el ultimo Ushino por fin desapareció en el desierto. Llevado por una Djinn, dicen.

Notas de juego

 

 

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14/04/2026, 05:53
Enheduanna

Abrió los ojos sepultado bajo miles de rocas.

Alzó la mano y sintió un líquido cayendo en su rostro. ¿La había perdido? Da igual. Empezó a mover su cuerpo para activar el control tierra. Las miles de rocas sobre él comenzaron a retirarse.

Poco a poco la presión fue disminuyendo. Las piedras más chicas rodaron por sus hombros. Las más grandes se partieron y se apartaron solas. Hasta que por una rendija se coló un rayo de luz. Le dio justo en la cara. Entonces bajó la cabeza y miró.

Su brazo derecho había desaparecido. La pierna izquierda también. El pecho era un desastre perforado por fragmentos de roca, y le estaba costando cada vez más respirar. La sangre se mezclaba con el polvo, espesa y negra.

No sintió miedo. No sintió nada. Con una indiferencia absoluta, volvió a usar el control. Las rocas que lo rodeaban empezaron a moverse solas hacia él. Se pegaron a los muñones, subieron por el torso, taparon las heridas con una costra gris. Del hombro derecho brotó un brazo nuevo, pero no de carne, de piedra. Dedo por dedo, igual que si hubiera estado moldeando barro toda la vida. La pierna izquierda se armó bloque por bloque. El pecho se llenó con losas oscuras donde antes había costillas, pulmones, latidos.

Cuando terminó, se quedó mirando su cuerpo. Más tierra que carne. Todo negro.

¿Norbus? ¿Kiveli?

No los veía. No los sentía. Igual, por si acaso, vomitó un par de parásitos jins en el suelo. Las bichitos cayeron entre las piedras y empezaron a moverse, buscando algún ser vivo.

Todavía no es tu hora. Seguí la luz. Protegela. Como sea.

Era la voz de su dios, corian.

Y ahí de lejos vio una luz. Un punto chiquito que titilaba en el fondo de la oscuridad.

No dudó. Se paró con ese cuerpo de piedra que tenía ahora, dio un paso, otro, y empezó a caminar hacia aquella luz. Como un bebe reciente nacido....usar su poder elemental...era una cosa...pero usarlo...solo para poder...mover su cuerpo fisico...es otra cosa....pero no importaba....la mision...es lo que importa

Caminó hacia la luz. Un paso. Otro.

Pero el cuerpo de piedra pesaba. Pesaba un montón. Usar el poder elemental era una cosa, pero usarlo solo para mover las piernas, para no caerse, para seguir avanzando... eso era otra historia. Pero no importaba. La misión era lo que importaba.

Así que empezó a gatear.

Como un recién nacido. Torpe, lento, arrastrándose sobre las rocas con ese brazo de piedra y esa pierna de piedra. De vez en cuando tenía que parar, buscar tierra limpia, y cambiar los pedazos de su cuerpo que empezaban a hacerle mal. Su cuerpo necesitaba los nutrientes del suelo. Sin eso, la roca se volvía veneno. Así que cavaba, absorbía, reemplazaba un bloque por otro. Una rutina horrible. Pero la seguía.

Gateando. Arrastrándose. Siempre hacia la luz.

Y entonces lo encontró.

El hombre lobo estaba tirado en medio de la nada, iluminado apenas por ese resplandor ahazimir del cielo.  Estaba todo herido. Se estaba muriendo. La justicia divina había llegado hasta él. Ahora que era la fusión de toda su raza, compartía todo el dolor de los suyos. Se reía sin parar de su propio sufrimiento, una risa eterna.

Enheduanna se acercó.

Es el momento dijo, y levantó su mano de piedra para matarlo.

Pero la voz de su dios lo detuvo.

No. No lo mates. Él tiene que vivir. Como sea.

Enheduanna dudó por primera vez.

¿Por qué dudaba? ¿Por la bufona que se quejaba adentro suyo? No era eso. Era otra cosa. Era UN...deseo.

Quería encontrar a Norbus.
Quería matarlo.
Quería apoderarse de su cuerpo.

¿Dónde estaba ese maldito?

No. Estaba vivo. De alguna forma, lo sentía.

¿Por qué sentía ese deseo? Él era un jins. Los jins no deseaban así.

Y entonces se vio reflejado en la superficie de su brazo de piedra.

La energía psíquica. La misma que le había dado la victoria. También, por un momento muy breve, había hecho que la mente de Enheduanna se conectara con la de Norbus. Y en esa conexión, Enheduanna le pasó ese deseo al jins.

Y lo sabía.
Sabía que eso no debería funcionar.
Sabía que era una contradicción en todo lo que era.
Pero ahí estaba. Aquel deseo

-¡Tururulu!

Escucho un sonido. De entre la rocas vio una piedra

-¿Porque no lo haces? Abandona tu proposito. Se como Samira. Una egoista. Busca a norbus. Matalo. Se que tu lo quieres

Era la voz de Enheduanna. No podia hacer nada. No podia controlar su cuerpo pero...los daños sufridos...permitio que su voz fuera libre. Comunicarse con objetos inanimados.

-¡A c-callate! ¡Yo ire al paraiso por mi dios! ¡Yo sere la roca del nirvana!

-¿Y que tiene? Hasta los angeles de Dios cayeron y perecieron en el infierno

-Di todo lo que quieras. Yo tengo una mision que cumplir

Grito y levanto el cuerpo el Ushino. Este le miro con ojos por primera vez con temor. El lo sabia. El sabia que nunca seria un aliado confiable para corian pero grata fue su sorpresa a ver que la jins sujetaba su cuerpo y lo llevaba a rastra por el suelo

-¡JAJAJAJAJA!

Se rio de la emocion, y aquella Risa hizo que el Jins volviera recordar las risa enheduana. ¿O era los Jins? ¿Que importaba? Si mataba norbus esa risa...¡No! ¡La risa es distraccion! 

Y asi ambos abandonaron la torre....
 

Pasaron los días. O las semanas. O los meses. En el desierto de ceniza no había sol ni luna, solo esa luz muerta que del ahazimir

Enheduanna dejó el cuerpo del espíritu sobre una camilla improvisada. El hombre lobo estaba tan débil que ni siquiera podía moverse. Respiraba apenas, con esos cientos de bocas entreabiertas, esos cientos de ojos entrecerrados.

El jins sentía su propio cuerpo pudriéndose en vida. Moretones por todos lados, llagas que no cerraban, huesos rotos que habían sanado torcidos. Pero tenía que seguir.

El problema era el ushino. Estaba muy mal. No iba a sobrevivir así nomás.

Así que le ofreció su carne.

Un pedazo por día. Se arrancaba un trozo de su propio brazo, de su pierna, de donde pudiera, y se lo daba. El hombre lobo lo devoraba. Y después, milagrosamente, la carne del jins volvía a crecer. Y el hombre lobo volvía a comer. Y así, poco a poco, el espíritu de destrucción fue regenerándose.

Pero era un trabajo de locos. Como empujar una piedra enorme montaña arriba. Cuando creía que estaba cerca de la cima, la piedra se le escapaba y volvía a caer. Y tenía que empezar de nuevo. Una y otra vez. Todos los días. Para siempre.

Porque el ushino nunca quedaba del todo bien. Siempre faltaba algo. Siempre había que dar otro pedazo. Siempre había que seguir empujando.

Y en medio de todo eso, empezaron a llegar los asesinos.

Cazadores de todo tipo. Gente armada hasta los dientes. Todos con una sola misión: matar al jins y cobrar la recompensa.

Mató al primero una noche. Un tipo flaco con dos cuchillas. Lo interrogó antes de que se muriera, y ahí supo todo.

Alexios de mentrivu ilustrata. Tesorero y administrador del dinero de Apolo

Apolo odiaba este tipo alexios. Siempre huia de el. Para Apolo el dinero era infinito. "simplemente da el dinero a mentrivu ilustrata y ya" pero alexios era distinto, el sabia que malgastar dinero no es el camino para sostener una organizacion a largo plazo. Por eso siempre molestaba apolo con recorte, gasto, dinero y de donde iba reunir mas dinero. Y por eso, cuando se entero de todo lo que le paso apolo despidió a la mitad de su trabajadores dentro mentrivu ilustrata. ¿Para qué? Para juntar la plata que le sobraria y poner la cabeza de Enheduanna como la recompensa más alta de todo Dygia. Financió a los Profetas Rojos. Les dio plata a los reyes y soberanos para que aceptaran cualquier cosa que los Profetas quisieran hacer. Y así, la vida del jins cambió para siempre.

Las mañanas eran para pelear contra los cazadores que iban por su cabeza. Las tardes para darle su carne al espíritu de destrucción. Las noches para cargar a Ameri.

Porque además de todo, tenía que llevar a Ameri. Una roca pesada, enorme, que cargaba en sus manos mientras caminaba por el desierto. La sostenía contra el pecho, la apoyaba en el hombro, la arrastraba si hacía falta. Pero no la soltaba.

Entre toda la gente que mataba para defenderse, les sacaba las cosas. El botín. Armas, monedas, objetos raros, cualquier cosa que pudiera servir. Y como su cuerpo tenía ese poder psíquico antigravedad, empezó a acumular todo eso en sí mismo. Lo absorbía. Lo guardaba en su propia carne de piedra.

Así que además de cargar al espíritu inválido, además de empujar la roca montaña arriba todos los días, además de dar pedazos de su propio cuerpo para que otro viviera, también cargaba con todo el peso de lo que había robado.

Y el peso se acumulaba.

Una y otra vez.

Más y más peso sobre su cuerpo.

Y seguía caminando.

No podía soltar el peso de Ameri. Porque sabía que si la soltaba, el moriría. Y el era parte de la misión. La misión era lo único que importaba.

No podía soltar ningún objeto de los que acumulaba. Porque con su poder gravitatorio lanzaba esas cosas contra sus enemigos. Los controlaba como si fueran mil flechas. Una lluvia de metal, piedra y hueso que caía sobre los cazadores antes de que pudieran acercarse. Sin eso, ya estaría muerto la jins.

Y cuando se hizo famoso, llegaron más guerreros. Y más. Y más. Con mejores armas, mejores artefactos, mejores objetos anómalos. Tipos que podían atravesar paredes, tipos que podían ver el futuro, tipos que podían borrar la memoria de un solo vistazo. Para sobrevivir, tenía que actualizarse siempre. Robar lo que ellos traían. Sumarlo a su carga. Si no acumulaba más objetos, si se quedaba atrás, entonces moriría. Y si moría, perdía la misión.

Así que seguía acumulando. Seguía cargando. Seguía empujando la piedra montaña arriba, una y otra vez, mientras los cazadores llegaban y él los mataba y les sacaba las cosas y esas cosas se pegaban a su cuerpo y pesaban más y más y más.

Al final la propia Jins se volvio mas una montaña andante. Lleno de incontables tesoro para usar y desplegar sobre sus enemigos pero con un peso tan inmenso que solo podia soportarlo a medias por su psiquismo anti gravitatorio entremezclado con toda la flechas que le lanzaba sus enemigos

Pero estaba la segunda opción.

Soltar a Ameri. Soltar la roca que llevaba sobre su cuerpo. Dejarla en el desierto, abandonarla, y usar toda esa energía para buscar a Norbus. Matarlo. Poseer su cuerpo. Cumplir el deseo que ahora llevaba pegado a los huesos como una segunda piel.

¿Podía hacer eso?

¿Debía hacer eso?

Él es un jins. Él es la roca sobre la que se cimienta el paraíso de su dios. Su dios le dijo que protegiera la luz. Su dios le dijo que lo hiciera como sea. Pero su dios no le dijo que cargara con todo esto. Su dios no le dijo que se pudriera en vida mientras empujaba una piedra que nunca llegaba a la cima.

¿Qué debía hacer?

Los cazadores llegaban al amanecer. El ushino le comía la carne al mediodía. La noche traía el peso de Ameri en sus brazos y el peso del botín en su espalda y el peso del deseo en el pecho.

¿Qué debía hacer?

¿Seguir siendo la roca? ¿O soltarlo todo y buscar lo que realmente quería? ¿Caer en el infierno siguiendo la voz Enheduanna que aun le habla entre las roca?

La pregunta le quemaba la garganta. Se repetía en su cabeza mientras gateaba, mientras mataba, mientras sangraba, mientras daba un pedazo más de sí mismo para que otro viviera.

¡¿QUÉ DEBE HACER?!

Al final, perseguir al jins se convirtió en el Festival del Sol Rojo.

Los cazadores llegaban de todos los rincones de Dygia. Solos o en grupos. Con espadas, con magia, con trampas, con venenos. Algunos hasta se aliaban entre ellos para matarlo, y después se mataban entre ellos para quedarse con la recompensa. Una masacre. Todos los días. Sin parar.

La tierra era barro rojo. Sangre mezclada con polvo. Y el cielo se oscureció con un color carmesí que solo aparece cuando se ha matado demasiado. Los viejos del desierto lo llamaban el Sol Rojo. Un festival donde la única música era el choque de las armas y los gritos de los que caían.

Y los cadáveres se quedaban ahí. Amontonados. Los cuervos no llegaban a ese lugar. Los gusanos tardaban en aparecer. Pero el jins necesitaba comer. Necesitaba nutrientes para mantener su cuerpo de piedra vivo, para que la roca no lo envenenara desde adentro.

Así que aprendió a alimentarse de los muertos.

El Festival del Sol Rojo. Un cielo rojo. Un jins alimentándose de cadáveres para poder seguir caminando, para poder seguir empujando la piedra, para poder seguir dándole carne al espíritu, para poder seguir acumulando peso.

Para poder seguir.

Nada más que eso.

Seguir eternamente entre la decision

De alcanzar el cielo

O caer en el infierno de su deseo negado

 

 

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14/04/2026, 06:14
Neferit

Neferit meditaba bajo el sol, como hacía todas las mañanas, y rezaba por el favor del gran astro celestial. Era un día más en su academia de cazadores.

Sus pupilos comenzaban su práctica diaria, a estas alturas del año solo quedaban unos cuantos. Pero esto era intencional, solo los mejores podían llegar al final, uno promedio no sobreviviría. Los que quedaban, pronto enfrentarían su primera prueba en el desierto de ceniza, justo después de escoger su especialización, y para eso debía ponerlos a combatir contra enemigos reales. Algunos preferían caer con fuerza sobre su enemigo, con ataques rápidos y contundentes, otros preferían el subterfugio y el engaño. Unos pocos dedicaban gran parte de su tiempo a estudiar el uso de artefactos u objetos anómalos.

Anut era diferente, insistía en usar la pistola de Neferit. Ya una vez la había disparado, y por más suerte que otra cosa, le había atinado a uno de los objetivos de práctica en forma de quimera. ¿O era un talento natural? No importaba, Anut era muy joven, y su pistola demasiado preciada como para entregársela. Era única, incluso si existían otras, esta era especial.

Sus heridas habían sanado, las que se podían ver, al menos; de la enorme cicatriz en su cara solo había quedado tejido blanco donde no crecía pelo. Por dentro aún dolía, y la mayoría de sus noches se despertaba sudando frío. Pero tener esa pistola a su lado la tranquilizaba, pues pertenecía a quien una vez fue su amigo. De los otros no quedaba nada, aunque Neferit estaba segura de que si algún día volvía a ese lugar, quizás podría encontrar algún recuerdo.

Pero ese día no sería hoy. Hoy debía entrenar a sus estudiantes. Los que quedaban eran bastante buenos, pero, ¿estarían listos para cazar a un djinn? Solo había una manera de saberlo.

Ese príncipe... Guapo pero un poco irresponsable. Debería estar aquí ahora, o a quién fuera que haya enviado con el cargamento de monstruos. Seguro al viejo Kabede... No, seguro vendrían ambos; el viejo no lo dejaría venir solo.

—¿Qué tiene de especial esa estúpida pistola, de todos modos? —preguntó Anut— Seguro que podría conseguir una mejor...

Quizás tenía razón, quizás era solo una estúpidas pistola, quizás solo se aferraba a ella porque se aferraba aún al pasado.

—¿Por qué no estás practicando con los demás? —preguntó Neferit.

—Sabes que soy mejor que todos los demás... —respondió Anut.

—La más arrogante, sí...

 

Algo interrumpió su conversación. Algo era diferente de pronto. Sus sentidos se agudizaron, el aire de pronto se escuchaba más detallado, el movimiento del pasto con el viento se movía más lento. ¿Podría ser? Ciertamente se sentía así.

Sacó de su bolsillo su péndulo. Golpeado, pero funcional. Lo sostuvo frente a ella un momento. La luz del sol se reflejaba sobre su superficie, tanto que parecía brilla como la misma luminaria. En silencio aguardó, mirándolo fijamente, y entonces dio un salto. Luego otro, y luego comenzó a girar en círculos. Anut la miró sorprendida, y Neferit sonrió.

—¿Qué significa? —preguntó la joven Anut.

—Es el momento... —respondió Neferit sonriendo.

—¿Momento para qué?

Tomó su pistola y se levantó. La sostuvo frente a ella un momento, admirándola; algunas de sus partes también reflejaban la luz del sol. Suspiró hondo y miró a Anut. Lanzó la pistola al aire y la atajó por el cañón. Vaciló un momento, pero finalmente extendió su brazo hacia su pupila.

—Ahora es tuya...

—Pero...

—No puedo usarla, nunca podré, dolería cada vez que tirara del gatillo, pero una pistola debe disparar, para eso fue creada, igual que un cazador debe cazar, para eso existimos... Pídele al sol que te ilumine tanto como a su usuario anterior.

Anut tomó la pistola, sus ojos brillando de emoción.

—¿Cuándo puedo empezar a disparar?

Neferit sonrió. Levantó su péndulo. Ahora se movía más erráticamente. Sonrió aún más.

—Si yo fuera tú, la cargaría ya mismo y correría a buscar cobertura...

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14/04/2026, 06:50
Nórbus

Norbus volvió a despertar en un escenario familiar, aquel donde inició su largo camino de penitencia. Estaba lejos de las tierras anómalas que consideraba retazos del inframundo; lejos de sus aliados más cercanos... y lejos de la Traidora de Sangre Dorada. En el vacío de su soledad, su corazón comenzó a llenarse de una ira antigua.

—¿Este... es el fin? —susurraba.

Se vio rodeado por la fría noche. A diferencia de su primer renacimiento, ocurrido bajo el bautismo del alba, esta vez la penumbra era absoluta. No había sol que lo levantara con sus dones, ni mano humana que se tendiera hacia él.

—La oscuridad... acabó con todo —

decía, mientras se arrastraba entre las dunas.

Buscaba desesperadamente a sus amigos, a Enheduanna, a Apolo; cualquier asidero para no caer en el abismo. Pero en las oscuras arenas no había nada.

—Todo se lo llevó... todo—

Repetía para sí mismo, mientras sus dedos escarbaban la tierra en busca de un resto de pasado. Quizás Neferit estaría allí, lista para sobrevivir a las incertidumbres del futuro. Pero sus manos solo hallaron restos de piedra

Norbus continuó cavando aunque la sangre empezara a brotar de sus dedos, y entonces, la vio: la jaula dorada de su único adepto. Peri.

El gundeshama sintió una sacudida de emoción. No todo estaba perdido. Su viejo aliado volvería con él y juntos emprenderían una nueva aventura en busca de los enigmas del sol. ¡Peri y Norbus, los intrépidos creyentes! ¡Volverían a encontrarse con Apolo y su glorioso mensajero de luz! Las ideas se agolparon en su mente; el dolor de sus extremidades y la sangre que borboteaba en la arena parecían un precio justo por no estar solo. En su delirio, imaginó que reuniría a un nuevo rebaño y que, finalmente, encontraría de nuevo a Neferit.

Pero cuando Norbus finalmente desenterró la jaula... la realidad se quebró.

Peri estaba vivo, pero de su boca brotaban parasitos negros, discipulos de la oscuridad, mientras su cuerpo se convulsionaba en una agonía antinatural.

—No...—

El horror dio paso a una rabia ciega. Norbus tomó una roca. El ave se agitaba, cobrando una conciencia nueva y oscura; ya no profería sus habituales groserías, solo emitía sonidos guturales que herían el aire. Con un movimiento súbito, Norbus golpeó a Peri en la cabeza. El sonido del cráneo rompiéndose resonó en el silencio del desierto, paralizando al gundeshama por un instante.

—Peri... yo...—

Antes de terminar, notó que del cráneo aplastado seguían emergiendo parásitos. Peri, maldito por una vida que ya no era suya, continuaba moviéndose. Entonces Norbus empezó a golpear al ave como un neandertal, despojado de sentidos y de empatía. La oscuridad le había arrebatado la fe; ya no podía confiar en nadie. Todos podían ser djinns: Enheduanna, incluso su amada Neferit.

Golpeó el cuerpo de Peri hasta convertirlo en una masa indescifrable. Su sangre era negruzca y los parásitos parecían brotar de una fuente inagotable. Siguió y siguió, hasta que una luz brilló a sus espaldas.

Norbus sintió de nuevo la presencia: el ángel de luz, su único y verdadero acompañante. Si había vuelto en ese instante de carnicería, era por su acción. El ángel miraba a Norbus mientras el calor de su brillo quemaba sus heridas.

—La oscuridad... no se lo llevó todo—

dijo Norbus, contemplando al sol con un asombro desquiciado

—Solo somos... nosotros—

Un susurro de revelación dio paso a una risa histriónica que desgarró la noche.

—¡SOLO TÚ... Y YO! ¡HAHAHA! ¡LOS DEMÁS SOLO SE BAÑAN EN EL MANTO DE LA OSCURIDAD! ¡ENHEDUANNA, NEFERIT, INCLUSIVE LA REALEZA... TODOS ESTÁN MANCHADOS POR LOS RESTOS DE LAS SOMBRAS!

El pequeño ángel permaneció allí, postrado y silente, hasta que su voz dictó el nuevo destino:

—Sí... Norbus... Tienes que liquidar a todos los que tengan la bruma oscura en su linaje. En especial a... Enheduanna.

Esa noche, Norbus perdió su horizonte, mientras marchaba por las desiertas dunas con su única fuente de iluminación y en el único en el cual podía confiar. Lo que fue una búsqueda noble se transformó en una obsesión sangrienta. Así comenzó la purga: guardias del príncipe Yonas, vagabundos de ropajes negros, caravanas que osaban viajar bajo la luna... todo aquel incapaz de convencer al gundeshama de su pureza era sacrificado ante la imponente fuerza del sol que él creía ejercer.

Sus víctimas eran halladas al día siguiente, calcinadas y rodeadas de garabatos que imitaban al gigante carmesí, junto a textos crípticos que maldecían a Enheduanna. Así nació la leyenda de la Esfera Roja: un demonio que recorre las dunas con una fragante iluminación roja, y cuya piel, según cuentan los supervivientes, refleja la oscuridad con extraños diamantes incrustados en su carne.

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16/04/2026, 12:25
La Voz

EL ROL DE LA PAPAYA presenta

Un Rol de LaPapaya

 

 

                                                          MAIN CAST                  

 

                                     Irukandji starring as                                     Neferit

                                               EvoS starring as                                     Asmoru

                                    Smokingman starring as                                     Norbus

                                       Nombredeusuario starring as                                   Enheduanna

                      Tae starring as                                                       Kyveli

                                   

                                             SUPORTING CAST

                                      LaPapaya starring as                                    Todo el mundo, vamos

 

                                                    MUSIC COMPOSER                                          La Playlist de Papaya, Musenet, Suno

                                     CHARACTER DESIGNER                                                  Gemini

                                         EDITORS                                                                 Clip Studio

 

                     PLATAFORM                                    Comunidad Umbria, Discord    

Directed By                                                          Robert B. Weide

Executive Producer                                      Larry David

 

               Based on the setting made using Microscope