Se sienta...
—Prefiero que los cite—
Samira se sienta con las piernas cruzadas en el muelle. Está extrañamente quieta.
Desde su posición, observa al grupo. Samira ha elegido este punto específico porque domina la única vía de acceso al muelle. Desde aquí puede ver bien quien se acerca, pero a la vez, su mirada no deja al grupo.
Se esperaría que al menos refunfuñase algo, pero ni eso.
Motivo: pescar tiburón
Tirada: 2d6
Resultado: 5 [4, 1]
roll de survival
Aníbal Malik abre el pergamino.
"Sobre la pasión y la división" murmura Aníbal, leyendo el título en voz baja. Luego, sin volverse hacia Nórbus, recita las palabras como si rezara:
"La división no nace del odio, sino del afán. El Irongross lleva en su frente el símbolo de 'Dividido'. La historia dice que esto fue una maldición de los dioses, y de hecho, lo fue. Que significa dividido, si no la verdad de que cada uno de nosotros, desde que abre los ojos al sol, aprende a querer algo más que al otro? Querer más. Querer primero. Querer solo.
El que sabe domar su sed no bebe el agua que le toca por derecho; deja que la tierra se la beba primero. El que sabe domar su ira no golpea al que le pisotea la sombra; se queda quieto, y la sombra se hace más larga, y el pisoteón queda atrás. El que sabe domar su ambición no corre al desierto persiguiendo el rumor de un oasis; riega el naranjo que tiene en casa.
Pero nosotros, los de la piel rojo oscuro, nunca aprendimos a domar. Nuestra debilidad es la certeza de que nuestra ira es justa, y así somos esclavizados por ella misma. Nuestra pasión es el convencimiento de que nuestro deseo es el deseo del mundo, y así al mundo deseamos. Eso nos consume en un ciclo de muerte sin fin.
Esto no es un efecto solo de nuestro pueblo, es una realidad del mundo en que estamos. Cada nación que existe trata de ignorar sus proprios fallos y agarrarse solo a sus virtudes. Los humanos buscaron la salvación por los artefactos, los Bastemis por la ciencia, los Guneshadamas en el sol. Y cual fue el resultado? Los humanos fueron dominados por los artefactos, los Bastemis enloquecieron en su ciencia, y los Guneshadamas viven con miedo de la noche. El abismo no puede ser ignorado, el abismo debe ser enfrentado, y solo así podrá ser atravesado. Y para ser atravesado, uno no puede olvidarse de quien es, y para recordar quien es, debe saber hasta donde puede ir sin perderse.
El Irongross que aprenda esto podrá borrarse el símbolo de la frente: un pueblo nunca será una nación si cada habitante se cree a si mismo rey. Solo tras romperte y humillarte, y saber que en el desierto eres tan solo un gusano, podrás sufrir la metamorfosis para convertirte en una mariposa.
Hasta entonces, seguiremos siendo lo que somos. Un cuerpo en guerra con si mismo."
Neferit mantiene la garra inmóvil a unos centímetros de la superficie verde-oliva. Los pececillos plateados nadan en cardúmenes de quince o veinte. Un macho más grande, con la aleta dorsal rojiza, se acerca curioso. Neferit no mueve un músculo.
El pez rojizo da un toquecito con el morro al filo de su garra. Neferit lo deja morderse la punta. El pez tira, ella cede un milimetro. Otro pez se suma. Luego tres más. Forman un torbellino de branquias y colas que chocan contra la garra, cada vez más desesperados por entender qué clase de alga rara es esa que no se arranca.
Cuando el quinto pez muerde, Neferit da el golpe de muerte: un movimiento de muñeca tan rápido que el agua apenas se rompe. La garra se cierra en torno a tres cuerpos retorcidos. Los otros dos escapan en estela de burbujas.
Saca la garpa del agua con cuidado de no desgarrar las presas. Los peces aún se sacuden, boca abriendo y cerrando en silencio.
—¿Lo ven? Es sencillo...
Neferit celebra mostrando el pez a todos.
—Ahora iré a cambiar este pez por algo mejor. Practiquen ustedes, solo háganlo igual que yo. Hasta un guneshadama con media garra podría hacerlo.
Se aleja un poco del grupo, hacia un mercado de pescadores, buscando algo que sea interesante y que pueda cambiar por un pescado.
Kyveli se va a escabullir detrás de Samira parar empujarla al agua.
Yo no se pescar, ni nadar. Se me da muy mal estas cosas. Kyveli porque no tiras tu rayo laser al pescado y lo recoges? con tu nuevo set armas debe ser facil para vos
—¿Cree que su amigo tenga una guerra consigo mismo? Fue a este templo a resolver esos conflictos bélicos en su ser?—
—Toda mujer debería saber pescar, es la manera de llegar al corazón de un hombre... —asegura Neferit.
—¡Pescado, pescado! —exclama Neferit— ¡Pescado artesanal fresco!
Mientras camina por el mercado analiza cuidadosamente los estantes en busca de algo útil.
—Algunos pescados son monstruos, eso sí —comenta— O más bien, algunos monstruos tienen forma de criatura marina.
Motivo: Evitar caerse en el agua
Tirada: 1d6
Resultado: 2(+2)=4 [2]
Tira 1d6+P Kyveli
Neferit sube las escaleras hacia el nivel del mercado de pescadores. Los puestos se alinean en filas irregulares: lonjas de pescado sobre bancos de madera manchados, redes colgando de postes, y cubos con agua verde-oliva y peces debatiéndose.
Neferit elige un puesto cuyo dueño, una mujer de cabellos grises amarrados en una trenza gruesa, acaba de cerrar una venta con una cocinera. Tras un rato, regresa con dinero.
No son muchas monedas ni de mucho valor. No es suficiente para comprar armas ni objetos, pero suficiente para comprar una cena.
Aníbal Malik dejó que el pergamino se enrollara solo. Sus dedos quedaron suspendidos en el aire un instante más de lo necesario.
"Quizás si" dijo, y su voz sonó más vieja de lo habitual. "Quizás Apolo lleva más tiempo en guerra consigo mismo que contra cualquier espíritu dorado."
El anciano se volvió hacia Nórbus.
"Perdió a tantos. Antes mismo de empezar su guerra perdió toda su familia. Su madre y sus hermanos de armas. Conquistó otra cuando se volvió aventurero, obtuvo una nueva madre, reencontró su padre, y los volvió a perder en un solo dia. Todo en la guerra contra los Espiritus Dorados. Ahora tiene a Mentibus Illustrata... Pero... El ciclo continua."
"La culpa no es un lobo que ladra afuera de tu puerta, mercenario. Es una sierpe que vive en tu estómago y te recuerda cada amanecer que sigues respirando mientras otros no. Apolo ha luchado contra los Doce Espíritus durante veinte años. Pero por más que luche, no puede recuperar a los que ya cayeron."
El anciano hizo una pausa.
"Por qué cazas al Espíritu de la Destrucción?" murmuró, como si hablara consigo mismo. "No por justicia. No por deber. Sino porque en lo más profundo anhelas que algo, al fin, te destruya a ti también. Para que el ciclo termine. Para que el peso desaparezca. Para que, por una vez, no seas tú quien sobrevive."
Motivo: Kyveli se escabulle
Tirada: 1d6
Resultado: 1(+4)=5 [1]
Samira es lanzada al agua sin muchas cerimonias.
Emerge trastabillando, con el turbante negro cayéndole por un lado y el manto empapado. Se queda de pie quieta, tosiendo agua, mira a su alrededor y los ojos se fijan en Kyveli. Se pone roja de rabia.
"Maldita perra"
Se sube otra vez al muelle lo mas rápido que puede, toma un ladrillo del suelo y se pone a correr atrás de Kyveli.
"Te via dar bromita, te via dar chapuceo, así en todos los dientes"
Al ver la expresión de deseos de sangre en la cara de Samira, Kyveli se echa a correr.
— "Carajo ¡Sólo fue una bromita hermana, no tienes que ponerte así!"
Se levanta y de un suspiro toma su escoba mientras escucha sabiamente las palabras del viejo, ahí mismo lo ve, un punto de oscuridad, el proposito de su entrada al templo y su conversatorio con el sabio señor, una mota de polvo y suciedad que interrumpe el orden del templo...
Unicamente se acerca a ella y... Suelta la escoba...
—Quizás moldear el caos es lo mejor que podemos hacer en lugar de exterminarlo, como el calor fulminante del sol que nos unira a todos un día, es inevitable, la flama nos consumira a todos, pero somos nosotros quienes elegiremos como seremos moldeados, como una espada o una lanza. Nuestro destino y nuestras acciones definen el filo de nuestro armamento, y no deberíamos quitarle el filo a conceptos tan elementales, a veces solo hay que dejar que las cosas ocurran—
Empieza a caminar una vez más a su destino.
—Fue un placer hablar con usted sabio hombre, quizás en otra oportunidad el fulminante calor del sol unira nuestras almas—
Motivo: Percepción check
Tirada: 2d6
Dificultad: 5+
Resultado: 6(+2)=8 (Exito) [3, 3]
El grupo abandona el muelle por las escaleras de piedra que suben en zigzag por la plataforma inferior. El sol se hunde entre las murallas, tiñendo los ladrillos-ceniza de un rojo oxidado que recuerda a la sangre seca. Cuando llegan al Templo, ya anocheció.
Regresan al jardin de los naranjos portando las raciones que trajo Neferit. En el centro del jardín hay una mesa de madera tosca con bancos desparejos.
El agua de la fuente central corre con un murmullo constante que cubre cualquier conversación a distancia. Las luciérnagas empiezan a aparecer entre los arbustos.
Hora de cenar